OBRAS DEL MENSAJE


El Mensaje a La Iglesia De Laodicea
Dallas, Texas, E.U.A.
58-0609
1 Gracias, muchas gracias, de todo corazón, Gracias. Es un privilegio estar aquí en Dallas en esta noche. Yo ciertamente he esperado con gran anticipación regresar al estado de Texas otra vez. Y hace algún tiempo, cuando estuve en Waterloo, tuve contacto con el Hermano Lindsay, quien me invitó a esta Convención de la Voz De Sanidad. Después, en Chattanooga conocí a mi estimado amigo, el Hermano David duPlessis, quien también me alentó para venir y ser parte de esta convención, para ver si quizás [Chillido en la cinta.] y de esa manera. Y fue muy fino de parte de ellos el pedirme que fuera su orador para los servicios de la noche durante estas seis noches. Me perdí una por no saber cuándo… Iba a ser por la tarde. Y pido perdón por eso, porque llegue a la ciudad tan tarde que no pude llegar para predicar en la tarde. Pero ciertamente es un privilegio estar aquí en esta noche y el estar asociado con esta convención de la Voz de Sanidad. Y estamos confiando en que Dios nos dará algo extremadamente, abundante por encima de todo lo que pudiéramos pedir o pensar.
2 Al escuchar al Hermano Vidiar, justo ahora, mientras nos acercábamos en el coche, sobre ir allá a Finlandia, yo creo. Eso es maravilloso. Y nosotros creemos que nuestro Señor viene pronto, y ahora nosotros nos estamos uniendo, y espigando los campos en las partes que aún quedan: como Rut en el campo, yo supongo, juntando aquello que es salvable, y a quien Dios ha ordenado a la vida eterna; estamos tratando de juntar eso. Y también estoy contento de saber que vivimos en uno de los días más grandes en el que el hombre alguna vez haya vivido, justo antes de la venida del Rey.
3 Creo que esta es mi tercera visita a Dallas. Una vez fue con un ministro; olvido cual… pienso que su nombre era Hermano Goff. Él tenía una pequeña iglesia acá, creo, halla en Dallas, correcto. Y luego, vine una vez a un estadio, o algo aquí, se me olvida cual era el nombre del lugar. Fair Park: eso es exactamente correcto, señor. Y luego esto, yo creo, que es nuestra tercera vez. Y estamos contentos de estar aquí en esta noche y ministrar hasta el viernes en la noche, si el Señor lo permite.
4 Pero ciertamente me hace sentir un poco fuera de lugar, o un poco pequeño, como un anciano, lo que en el Sur le llamarían, un predicador sasafrás. ¿Cuántos saben que es un sasafrás? Vaya, ¿de qué parte de Kentucky es usted? Así que aquí estamos para hablar delante de estos finos ministros y para hablar en el servicio de la tarde. Ciertamente me hace sentir bien. Y pensar que muchos de estos hombres estaban en el campo predicando cuando yo aún era un muchacho pecador, jineteando caballos de carreras, o alrededor del cuadrilátero de boxeo en algún lugar. Y el saber que ellos limpiaron el camino para que yo pudiera correr sobre un buen camino. Así que yo estoy agradecido por mis hermanos, en esta noche. Y confío que el pequeño esfuerzo que yo pueda dar, será de bendición para todos, para hacer que el pecador se dé cuenta que es un pecador, y para que mis hermanos sean inspirados, avanzar con una anticipación más grande de la que alguna vez hayan tenido.
5 Ahora, yo…Claro ustedes saben que yo aún nunca he…Yo fui ordenado en la iglesia Misionera Bautista. Y después de dejar la iglesia Misionera Bautista, nunca tomé ninguna afiliación con ninguna iglesia-ninguna cierta denominación-porque yo trato de pararme en la brecha entre todas ellas y decir, “Somos hermanos.” Y yo creo que eso es lo correcto, nosotros somos hermanos. Y así, de esa manera, yo no represento a ninguna iglesia denominacional, pero yo represento a la iglesia, la iglesia del Señor Jesucristo. Es ahí donde todos ustedes pertenecen, en el gran cuerpo de Cristo. Y estamos esperando que ese día llegue cuando Él raptará a Su iglesia para ir al hogar. Si el Señor lo permite, esta semana quiero hablar sobre algo de eso: sobre El Poste De Amarre De La Iglesia Que Se Va, La Escritura Sobre La Pared, Y Unidos Bajo Dios, y algunas cosas de ese tipo, en esta semana que viene, si el Señor lo permite.
Ahora, yo creo que este es el verdadero fundamento: la Biblia. Yo creo que Dios hace muchas cosas que no están en la Biblia. Él puede hacer lo que sea, porque Él es Dios. Pero yo pienso que la doctrina debe salir de la Escritura: ese ese es el Libro de Dios para nosotros.
6 Ahora, en el Antiguo Testamento ellos tenían dos o tres maneras de saber si algo era verdad o no, y eso era, que ellos tomaban lo que ellos llamaban el Urim y Tumim. Y eso era… Se me ha dicho que eso era el pectoral que Aarón tenía, en el cual había doce piedras. Y luego cuando un profeta profetizaba o un soñador relataba su sueño, y no (una conglomeración de luces que) alumbraban en este Urim y Tumim, entonces el profeta estaba errado. Vea, Dios siempre tiene una manera de contestar de manera sobrenatural (Ve); la verdad siempre es conocida. Así que si no se iluminaban parpadeando, entonces el profeta estaba errado.
7 Y ahora, después que este sacerdocio se terminó…Y tenemos un nuevo sacerdocio en esta noche: Jesucristo, siendo el Sumo Sacerdote. Nosotros tenemos un Urim y Tumim, y esa es la Biblia. “El que le quitare o le agregare, su parte será quitada del libro de la vida.” Así que haremos nuestro mejor esfuerzo, con la ayuda de Dios, de permanecer justo en estas páginas. Yo seguido he dicho esto; yo no quiero nada menos que lo que Dios tiene en la Biblia, sino que yo quiero todo lo que Él tiene en la Biblia- solo todas las promesas que son para nosotros.
8 Así que antes de que abramos Su Palabra para un texto, inclinemos nuestros rostros, tan solo por un momento para orar.
Eterno y bendito Dios, es un gran privilegio, en esta noche, estar parados en Tu presencia divina, bajo esta gran carpa debajo de la cual Tus hijos se han reunido sin ningún otro propósito más que el escuchar la Palabra y ver el movimiento del Dios viviente. Y pedimos en esta noche que Tú derrames Tus bendiciones sobre nosotros en gran manera. Cambia nuestras maneras de pensar, si están erradas, Señor, y pon nuestro pensar en Tu Hijo, el Señor Jesús. Que nuestros corazones sean llenos con Su presencia. Y que cuando nos vayamos en esta noche de la reunión, que podamos decir como los caminantes que venían de Emaús, “¿No ardían nuestros corazones mientras Él nos hablaba por el camino?”
Y ahora, Padre, oramos que el Espíritu Santo tomé estas pocas palabras que han sido leídas y que derrame el contenido de ellas sobre cada corazón. Concédelo, Señor. Ayúdame, Padre, mientras estoy parado aquí, para que mi alma se pueda regocijar en Tu bendita presencia, porque lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.
9 En esta noche, para comenzar parte de esta convención, para hablar, he escogido un pequeño texto que se encuentra en el libro de Apocalipsis, para ustedes que están anotando, en Apocalipsis el tercer capítulo en el versículo 20. Deseo leer esta porción de la Palabra.
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Este texto de Apocalipsis, aquí, es el mensaje a la iglesia de Laodicea. La cual yo realmente creo que -no siendo exactamente, un dispensacionalista- pero aun así creo que estamos en el final de la dispensación Gentil de la cual se habló. Y yo creo que la edad de la iglesia de Laodicea era la última edad de la iglesia. Y creo que ahí es donde estamos en esta noche. Y es por eso que he tomado esto como un texto.
Y algunos pudieran decir, “¿Pues, Hermano Branham, no es ese un texto pequeño para un grupo de personas de este tamaño y para una convención de este calibre? Usted solo leyó una cuantas palabras de un pequeño versículo de la Escritura.” Pero vea usted, no es el tamaño de la Escritura; no es el tamaño de la lectura; es lo que contiene lo que cuenta.
10 Hace algún tiempo en Louisville, Kentucky, un pequeño amigo mío estaba en el ático, un viejo desván, en la casa. Y él estaba moviendo las cosas, el pequeño amigo, y él se encontró con un viejo baúl. Y en este baúl él encontró una vieja estampilla postal, de alguna media-pulgada cuadrada. Y él pensó que quizás, con esta estampilla el podría comprar una nieve, así que con esto en su mente, él corrió por la calle para ir con su amigo que coleccionaba estampillas viejas, y le dijo a su amigo, “Encontré una pequeña y vieja, estampilla. Es bastante vieja, pero me pregunto si esta estampilla vale algo.”
Y el coleccionista de estampillas sacó su lente, y la miro un poco, y rápidamente dijo, “Te daré un dólar por esta estampilla.” Y por su puerto, el pequeño niño, no esperaba más de cinco centavos… Así que la venta se hizo rápidamente, porque ese dólar significaba muchos conos de nieve. Así que después de algún tiempo, como dos semanas después este colector vendió esta cierta estampilla por $2,500. Y como seis meses después, se vendió por $500,000. Vean, no era la pequeña estampilla, el pequeño pedazo de papel; era lo que estaba escrito en el papel lo que contaba.
Es de esa manera con mi texto en esta noche: no es el papel sobre el cual está escrito, no es el tamaño del texto, sino que es lo que está escrito sobre él. Es la Palabra del Dios viviente. Es tan esencial, al punto que los cielos y la tierra pasarán, pero Ella nunca pasará. Ve, Dios nota cada pequeña palabra que leemos. Dios sabe cada pequeño pensamiento que pasa por nuestra mente, cada pequeño acto que hacemos.
11 Yo estaba pensando un poco sobre esto, que muchas veces la iglesia en su manera floja de hacer las cosas, y de pensar cosas, y tomar las cosas tal como son, cuando deberíamos de pensar lo que hacemos y lo que decimos. Deberíamos de pensarlo antes de hablarlo.
Mi madre sureña solía decirme, “Piensa dos veces y habla una vez.” Son las pequeñas cosas, a veces, las que dejamos sin hacer que significan tanto para nosotros. Nos ponemos tan de prisa para iniciar a correr por cosas de esta edad neurótica en la que vivimos. Nos corresponde, como la iglesia de Dios en esta noche, parar y esperar un minuto, y ver en dónde estamos.
12 Hace algún tiempo yo estaba parado en Vancouver, Colombia Británica, y el Rey Jorge de Inglaterra había venido a visitar Canadá. Y él estaba caminando por la calle en su carruaje, y su bella reina estaba sentada a su lado. Y el Señor Baxter, uno de mis asociados, estaba llorando, porque él dijo, “Solo piense, Hermano Branham, nuestro rey pasó por aquí,”
Y yo pensé, “¿Si eso hace que un Canadiense llore por causa del Rey Jorge, el rey honorable, pasando por ahí, que será cuando pase Jesús-Él es el Rey de reyes-con Su hermosa, novia, la iglesia?”
13 Y todas las escuelas cerraron. Y los maestros dieron a los niños una pequeña bandera Británica para mostrar su lealtad al rey mientras él pasaba. Y mientras el rey pasaba, había cierta escuela en la cual una pequeña niña no volvió a su lugar. Y la maestra, estaba alarmada, corrió a la calle para saber que había sido de la niña. Y ella miró por la calle, ella vio a la pequeña niña parada junto a un poste de telégrafo, llorando con todas sus fuerzas. Así que la maestra fue hacia la pequeña niña, y le dijo, “¿Cariño, porque estas llorando así?” Dijo, “¿Fue, porque no pudiste ondear tu bandera para el rey?”
Y ella dijo, “Si, yo agité mi bandera para el rey, maestra.”
“Bueno,” dijo, “¿no pudiste…gritar, Salve al rey?”
Dijo, “Si, yo grite, Salve al rey, maestra.”
“Bueno,” dijo, “¿no viste al rey?”
Ella dijo, “Sí, yo vi al rey, maestra.”
Dijo, “Bueno entonces, ¿porque estas llorando, cariño?”
Ella dijo, “Maestra, vea usted, yo vi al rey, pero soy tan pequeña que el rey no me vio a mí.”
Pero cuán diferente es con Jesús. No tienes que estar dentro del grupo de los “Quién es Quién.” Usted no tiene que tener su nombre en algún gran libro de algún tipo. No importa quién sea usted, Jesús lo ve a usted, y Él conoce cada cosa que nosotros hacemos. Cada cosa que usted hace por Él, cada movimiento que usted hace, Él lo escribe en Su libro. Él nos conoce a todos, ya sea que seamos importantes para el mundo o no seamos importantes. Todos somos importantes para Su reino, ya sea que seamos ricos, pobres, o indiferentes.
Vean, esto también es un perdón. Para los grupos pequeños, yo he leído la suficiente Escritura en esta noche como para cerrar todo lugar de contrabando en Dallas, que pondría a cada iglesia que está en pleito la una con la otra, las pondría de regreso en un compañerismo chapeado a la antigua y en un avivamiento. Eso lo haría.
14 Hace algún tiempo en los tiempos del noble Abraham Lincoln, se dijo que había un prisionero en el campamento, que había sido sentenciado a muerte por un crimen federal que él había cometido. Y un buen hombre fue y le preguntó al Presidente, “¿Perdonaría usted a este cierto hombre?” (Y el Presidente Lincoln, como nosotros sabemos era Cristiano…) El hombre dijo, “¿Señor, sabe usted que el hombre tiene un alma mortal…o, una alma inmortal que usted va a quitar de su cuerpo? ¿Y le quitaría usted su vida mientras él le suplica por misericordia?”
El Señor Lincoln, se estaba preparando para subirse a su carruaje, tan solo escribió un pequeño pedazo de papel y dijo, “Yo perdono a este hombre. Abraham Lincoln.”
Y el hombre se dio prisa para regresar a la celda de la prisión y dijo, “Señor, yo tengo su perdón de parte del Presidente de los Estados Unidos.”
Y el hombre lo miró y dijo, “Oh, si ese fuese un verdadero perdón, estaría sobre algún gran papel con un sello, y tendría toda clase de letras en oro sobre ella, si es que viniese del Presidente.” Y él dijo, “¿Porque te burlas de mí, sabiendo que me van a fusilar al amanecer?”
Él le dijo, “Yo no me estoy burlando de usted, señor. Esto tiene la firma de Abraham Lincoln.”
“Oh,” él dijo, “Eso no es suficiente para que yo lo crea.” Y el rechazo recibirlo, y lo mataron a la mañana siguiente.
15 Ahora, hay un perdón, muy grande, escrito por Abraham Lincoln que está cierta persona debía ser perdonada en ese día y el pelotón de fusilamiento lo mato al día siguiente. Fue juzgado en la Corte Federal, y aquí está la decisión: un perdón no es un perdón al menos que sea aceptado como un perdón.
Y esta es la Palabra de Dios la cual yo acabo de leer. Es un perdón para aquellos que la quieren recibir como un perdón, y es sanidad para aquellos que quieran recibirla como sanidad. Y puede ser cualquier gran bendición que Dios ha prometido, si la creemos y la aceptamos como tal, sin importar su tamaño, en qué clase de libro esté escrita, mientras que sea la Palabra eterna de Dios.
16 Es muy extraño ver que en la Escritura esté un hombre tocando una puerta. Se me olvida el artista- o el nombre-de quien pintó la famosa foto de Jesús tocando a la puerta. No puedo recordar su nombre. Él es un artista griego, creo yo. Y todas las grandes pinturas, antes de que puedan ser colgadas en el salón de la fama, tienen que primero pasar por el salón de los críticos.
Y entonces, esto me recuerda a la iglesia. Antes de que la iglesia pueda ser llevada a la gloria, tiene que pasar por el mundo de críticas. Y a veces nosotros tratamos de hacernos más pequeños, y alejarnos de las críticas. Pues, eso solo son pruebas. Son pepitas de oro para usted. Es algo que Dios ha permitido que venga a usted para probarlo y para sacarlo como oro puro al cien por ciento, que está brillando. “Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución,” así dice la Escritura. Así que a las críticas, nosotros les damos la bienvenida porque sois examinados por fuego lo cual se hace para nuestra pruebas.
17 Así que este artista, cuando la pintura estaba pasando por el salón de los críticos, hubo un crítico que dijo, “Señor, yo creo que su retrato de Cristo es hermoso. Y yo pienso, parado a la puerta, y la gran anticipación de estar mirando y esperando que alguien abriese,” pero dijo, “pero hay una cosa que está mal: eso es que, usted no le puso una chapa para que Él pudiese entrar.”
Y el artista dijo, “Oh, yo lo pinté de esa manera a propósito. Vea, en este caso la chapa está por dentro. Usted tiene que abrirla. Cristo es quien toca.” Y es de esa manera con cada persona que está aquí en esta noche buscando a Dios por cualquier motivo. Él está tocando a la puerta, pero usted es el que tiene que abrir. Usted es quien tiene el control; usted es quien está adentro y puede abrir la puerta. Si usted necesita salvación, si Él toca, recíbalo, abra la puerta. Si usted necesita sanidad, abra la puerta. Eso es todo lo que usted tiene que hacer. Y luego Él entrará.
18 Entonces si notan, un hombre que está tocando la puerta es porque está tratando de entrar. Y seguramente, ningún hombre tocaría la puerta de otro si no tuviese algo importante, o algo que él considera importante, de qué hablar con él. Y grandes hombres han tocado puertas a través de las edades.
Por ejemplo, allá en los días de Roma… ¿Que hubiera sucedido si el gran Cesar, Cesar Augusto, hubiera ido a la casa de un campesino y le hubiera tocado la puerta? Este campesino hubiera venido a la puerta; él hubiera visto que era ese gran Emperador, él se hubiera postrado sobre su rostro y diría, “Gran hombre, gran Cesar Augusto, entre en mi casa.” Cuan gran honor hubiera sido para un hombre pobre, un campesino, el tener al Emperador de Roma parado a su puerta. Ese hubiera sido un gran honor.
O en los días del difunto Adolfo Hitler. Que sí Adolfo Hitler hubiese ido a la puerta de un campesino, o a la de un lacayo Alemán, a la puerta de un soldado, y le hubiera tocado la puerta. Y cuando este soldado abre la puerta y ve al gran Führer de Alemania ese día parado a su puerta, él se hubiera puesto en posición de atención y le hubiera saludado, y dicho, “Oh, Hitler, entre a mi casa. Cualquier cosa que haya en esta casa es suya.” ¿Porque? Hitler fue un hombre importante en su día, especialmente para un Alemán, en los días en los que él era el dictador de Alemania.
19 O podría decir esto: ¿Que si nuestro gran Presidente, Dwight Eisenhower, hubiera venido a Dallas esta noche, y él pudiera haber venido a la casa del mejor Demócrata que hay en Dallas?, eso hubiera sido un gran honor para usted. Seguro. Pueda que usted haya estado en desacuerdo con el sobre política, pero Dwight Eisenhower es el Presidente de los Estados Unidos. Él es un gran hombre. Es la importancia de la persona que está tocando a la puerta, la que cuenta. Seguramente que sí.
Y si él viniera y tocará a su puerta y aunque usted pudiese no estar de acuerdo con él, usted no le diría, “Ahora, espere un minuto, Sr. Eisenhower, váyase de mi puerta. Yo soy un Demócrata.” No, señor. Usted le hubiera invitado a entrar. ¿Y qué hubiera sucedido? Pues mañana, si Dwight Eisenhower se hubiera humillado a sí mismo (yo creo que él es un gran presidente.), y si él se humilló a sí mismo como para venir a su puerta, de un hombre pobre, pues, la televisión lo difundiría. Mañana todo el mundo sabría que Dwight Eisenhower vino a la puerta de un hombre pobre en Dallas, Texas, y como es que él se humilló tanto a sí mismo al hacer esto.
20 O que si hubiera sido la reina que acaba de visitar este lugar. Ella fue a Canadá, la Reina de Inglaterra. Y ella vino a los Estados Unidos. ¿Que si ella hubiera ido a una de las puertas de ustedes, de una de las mujeres, aquí? Quizás usted la hubiera mirado a ella y diría, “Yo no sé quién es usted.”
Si ella dijera, “Yo soy la Reina de Inglaterra,” aunque usted no es parte de su reino, aun así usted hubiera estado honrada de tener a la Reina de Inglaterra a su puerta. Cualquier persona lo estaría, porque ella es una mujer importante. Ella es la más grande reina en la tierra, una de las grandes… Supongo que es la reina de la que se sabe que es la más grande de todas, la Reina de Inglaterra. Pues, usted hubiera dicho, “Entre, Reina, y vea mi casa. Y si hay algo aquí que usted desee, puede tomarlo.”
Y si hubiera una pequeña baratija en el estante la cual su abuela se demoró en regalársela a usted, y si ella se la hubiera pedido, usted se la hubiera dado, por causa de la importancia de ella. Ella es una gran mujer. Hubiera sido un honor el poder darle ese pequeño tesoro a la Reina de Inglaterra (Seguramente que sí), por causa de la importancia de ella.
Pero oh, hermano, hermana, esto es lo que yo quiero decirles: ¿Quién es más importante que Jesús para tocar a su puerta? ¿Y quién es más rechazado que Jesús? Él es más rechazado que cualquiera de los presidentes, dictadores, reyes que hayan sido rechazados alguna vez. Jesús ha sido el más rechazado. La reina, el dictador, puede haber venido a usted para darle algo o quitarle algo, pero Jesús, viene a su puerta y quiere darle algo: la mejor cosa que usted pudiera alguna vez recibir, vida eterna; y es rechazado en la puerta. Oh, es algo trágico. Si un hombre o una mujer simplemente se detuvieran y solamente pensara por un momento, que el Rey, el Señor, el Rey de Vida, el Hijo del Dios eterno, está tocando a la puerta del corazón mortal para darle algo bueno, y Él es rechazado.
21 Toda promesa divina en la Biblia es suya en esta noche. Si la fe de Dios toca a su corazón, entonces usted las puede obtener. ¿Porque nos preocupamos? ¿Porque tratamos de decir, “Pues, yo simplemente tengo miedo de que no sucederá.”? ¿Cómo podríamos alguna vez comprender eso en nuestra mente, cuando el Rey de Gloria lo prometió-Jesucristo, el Hijo de Dios? “He aquí yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él.”
Ahora, aquí cenaré significa “comunión o compañerismo.” Jesús quiere compañerismo. Eso es lo que está deseando Dios en su corazón esta noche. Él lo desea en Dallas y en todo lugar en el mundo: un quebrantamiento de prejuicios, una limpieza desde el púlpito, hasta el sótano, y un avivamiento chapado a la antigua que estremezca y una a las denominaciones y haga una verdadera iglesia del Dios viviente-que estreche manos con los de la Santidad, los Bautistas, los Metodistas, los Pentecostales, los Nazarenos. Él anhela entrar y tener compañerismo con Su pueblo, entrar en comunión y traerles algo bueno; pero la iglesia y la gente lo mantiene alejado. Ustedes lo rechazan a Él, porque dicen, “Pues, ese grupo no cree exactamente como yo creo.” ¿Qué diferencia hace eso? Eso no tiene nada que ver con ello.
Nosotros somos cristianos, nacidos de nuevo en la misma familia, un montón de hijos. Nosotros nunca miraremos las cosas de ojo a ojo, hasta que lo veamos a Él cara a cara, y seamos transformados y hechos al igual que Él en su cuerpo glorioso.
22 Necesitamos un quebrantamiento, una limpieza, una limpieza de casa, que comience un verdadero avivamiento, entonces los dones, y poderes, y la manifestación del Espíritu Santo pueda descender a la iglesia mostrando grandes señales y maravillas. ¿Cómo puede Dios hacer eso con un grupo dividido? Nosotros no podemos hacerlo. Dios ama a Su pueblo. Y todos debemos unirnos juntos, en grandes grupos, y olvidemos que somos Bautistas y Presbiterianos, y de esa manera.
23 Él toca a la puerta de cada mortal. Ese es su deber; es por eso que Él está aquí. Nadie es pasado por alto; todos son invitados: paralíticos, lisiados, paralizados, ciegos. Usted siéntense, en Dallas en esta noche, y cada iglesia aquí, Metodista, Bautista, Pentecostal, Nazareno, Peregrinos de Santidad, Unitarios, Dualitarios, Trinitarios, todos ustedes, y derriben todas estas pequeñas cosas y únanse, ellos dejaran vacíos los hospitales de los alrededores de aquí y [palabras no entendibles]. Oh, causaría que algo sucediera que estaría en los encabezados de los periódicos. La televisión lo promulgaría alrededor del mundo cuando Cristo entre a los hogares de Dallas. Eso se haría, amigos.
Eso es a lo que estas reuniones están apuntando. Esa es la idea de que estos ministros estén sentados aquí en la plataforma. Ese es mi propósito al estar aquí, para intentar decirle a usted que Cristo ama a Su pueblo y ustedes tienen que unirse para el movimiento del Espíritu Santo y el rapto de la iglesia. Si Dios permite, esta semana, voy a llegar a ello.
24 Ahora usted dice, “Señor Branham, yo solo quiero que usted sepa que yo le permití a Jesús entrar hace ya mucho tiempo.” Bueno, me da gusto saber que usted Le permitió entrar. Pero ahora, hay mucho más que solo dejarlo entrar y permitirle hacer Su voluntad después de que Él haya entrado.
Si usted me invita a su hogar, y yo toco a su puerta, y yo creo que usted me ama lo suficiente, usted diría, “Entre, Hermano Branham,” y estrecharía mi mano y diría, “Bienvenido.” Bueno, si usted me dijera que soy bienvenido, hay suficiente de Kentucky en mí para creer que sería bienvenido a cualquier cosa que hay en la casa. Yo me quitaría los zapatos, me estiraría en la cama, y descansaría. Si me diera hambre, iría a la nevera y me haría un emparedado, seguro que sí. Yo me sentiría bienvenido si usted me dijera que era bienvenido.
25 Pero cuando usted deja entrar a Jesús, la gente toma una actitud diferente. Ustedes dicen, “Jesús, ahora yo no quiero que me dejes ir al infierno. Sino que Te dejare entrar, pero quédate en la entrada.” Ahora saben, en el corazón humano, después de que Él entra por la primera puerta, hay muchas otras puertas pequeñas por todos lados. Hablemos de unas cuantas de ellas. No para herir sus sentimientos, sino solo para hablar sobre ellas por unos cuantos minutos.
Ahora, la primera puerta, con la que usted se topa en cuanto entra, es la puerta de la vida privada. Ahora usted dice, “Jesús, Tú puedes entrar y salvarme del infierno, pero no Te vayas a meter en mi vida privada. Si Tú haces eso, yo simplemente no podré seguir adelante contigo.” Esa es la razón por la cual nunca llegamos a ningún lado. Usted está dispuesto a aceptar alguna clase de bautismo, y alguna clase de rituales de la iglesia, pero cuando Cristo comienza a entrar y les dice que saquen el pecado que hay en el campamento: ahora usted ya no puede jugar naipes, y no se puede quedar en casa cada mañana que hay servicio de oración y escuchar a, ese bribón, Arthur Godfrey; o tener ese rock and roll de Elvis Presley en su casa; o recostarse en su patio de atrás y broncearse; y ustedes diáconos y miembros de iglesia que fuman y cosas. Con razón ustedes… Con razón Cristo no puede hacer lo correcto en sus corazones.
26 Yo no quiero herir sus sentimientos. ¿Pero que le paso a las morales de la iglesia Pentecostal? Solía ser errado que una de ustedes mujeres se cortara el cabello. Yo recuerdo eso. Pero ahora ustedes dicen, “Predicador, ya va a empezar. Usted está golpeando eso.” Muy bien. ¿Ven ustedes dónde está su vida privada? La Biblia está en contra de eso. Si en los días de su abuela la Biblia decía que eso estaba mal, aún es la misma Biblia en esta noche. La Biblia dice que si una mujer se corta su cabello él puede divorciarla; ella deshonra su cabeza. Ahora, eso es correcto. Eso es lo que dice la Escritura. Ahora, hay algo mal en algún lado, ya sea en la banca o en el púlpito, en algún lugar. Eso es correcto. Ahora, eso es la verdad.
Ahora, noten. Solía ser errado que las damas usarán sus faldas cortas de enfrente y largas de atrás y así, pero ahora las mujeres Pentecostales usan pantaloncillos cortos. Ahora, eso es cierto. ¿Por qué lo hacen? Pues, ustedes dicen, “Yo no los uso. Yo uso pantalones de mujer.” Eso es peor. ¿Sabía usted que la Biblia dice que una mujer que se viste con traje de hombre es abominación ante los ojos de Dios?
27 ¿Porque no podemos tener un servicio de sanidad y un gran avivamiento? Párese por ello. El pecado está a la puerta; ahí es donde está. Ustedes dicen, “Pues, yo pertenezco a esto y…” Eso no tiene nada que ver con ello. Es Cristo a través de Su Palabra, tocando al corazón. Eso es verdad.
Algunas de estas pequeñas prendas indecentes que algunas mujeres usan… “Pues,” ustedes me dicen, “Hermano Branham, esa es la única clase de ropa que venden.” Pero aun venden máquinas para coser y telas [palabra no entendibles] les place a ustedes. Y dejen me les pregunto algo, hermanas. ¿Sabe de qué será culpable en el día del juicio? Por cometer adulterio con pecadores. La Biblia dice…Jesús, nuestro bendito Señor dijo, “Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Y si usted se presenta a sí misma de esa manera, pueda que usted sea tan pura como un lirio para su esposo, o su novio, pero Jesús dijo que usted cometió adulterio con un pecador por cuanto se presentó a sí misma de esa manera delante de él. Ahora, Jesús dijo que. ¿Quién es culpable? Usted se presentó a sí misma de esa manera.
28 Ahora, usted dice, “Hermano Branham, usted está hablando contra las mujeres.” Muy bien, ustedes hombres. Y cualquier hombre que permitiría que su esposa fume cigarrillos y vista esa clase de ropa, eso muestra que clase de hombres son. Se supone que usted es el que gobierna la casa. ¿Qué ha sucedido? Ustedes no pueden formar hogares Americanos. Con razón tenemos delincuencia juvenil. Tenemos delincuencia de los padres. Tenemos delincuencia de las iglesias. Ciertamente que la tenemos. Eso es verdad. No es para lastimarlos, sino para decirles la verdad, tenemos que limpiar las cosas para tener un avivamiento y sacar a todos los bichos antes de que Dios pueda entrar.
Parado en la puerta, usted dice “Usted está interfiriendo con mi vida privada.” Ahí lo tienen, lo ven. Bueno entonces, usted tiene otra pequeña puerta llamada “orgullo.” Oh, vaya. “No comience a meterse en eso. Ahora mire, Hermano Branham, yo creo que es mucho por hoy.” Muy bien. Es su vida privada. Usted dice, “Usted no tiene negocio entrando a mi vida privada.” Eso es lo que usted le está diciendo a Cristo. Yo estoy hablando de la Palabra. La Palabra habla por sí sola. Eso es correcto.
29 Vida privada. “Solo yo y los Jones…” usted sabe. “Yo y mi denominación.” Usted no tiene derecho para hacer líneas denominacionales en la hermandad. Eso es correcto. Puede que ustedes difieran en doctrinas y cosas así, lo cual está bien. (Yo como pay de cereza y alguien más come pay de manzana; pero ambos estamos comiendo pay de todas formas.) No tenemos derecho de hacer líneas tan solo porque un individuo no cree igual que usted. Usted se llevará a toda la iglesia denominacional con usted, “Así, que yo voy empacar esto; yo le diré a usted, yo no voy con esos santos rodadores.” Si usted se va al cielo, usted se va a ir con ellos. Habrá muchos de ellos allá.
“Bueno, yo soy Presbiteriano, y yo no voy a…” Bueno, entonces muy bien. Ahí lo tiene. Ve, usted lo dejará a Él entrar. Usted le permite a Él salvarlo del infierno, pero usted no le permite que Él sea su Señor. Señor significa “dominio.” Señor significa “propiedad.” Cuando Él entre, permita que Él sea su Señor.
30 Este gran evangelista, Billy Graham, estuve en su desayuno en Louisville, en su gran reunión ahí. Y escuche al hombre pararse, y el tomo la Biblia, y dijo, “Este es el ejemplo” (lo cual es correcto, exactamente). Él dijo, “Cuando Pablo entraba en una ciudad él tenía un avivamiento,” dijo, “él volvía un año después, y aquel individuo que fue salvo, tenía a otros treinta salvos.” Él dijo, “Yo entro en una ciudad y tengo un avivamiento y 20,000 son salvos, y regreso en seis semanas y no puedo encontrar veinte.”
¿Qué es lo que pasa? Esto es lo que pasa. Ellos solo se entusiasmaron con el evangelismo y la gran multitud de personas. Eso es todo. Eso es exactamente correcto. Y los Pentecostales están llegando a ser de la misma manera. Lo que necesitamos es que Cristo sea el Señor [palabras no entendibles] a Sus súbditos aquí diciendo, “Señor, entra.”
31 Ahora, Él volvió a decir que ahí había una pequeña puerta llamada Fe. Desearía tener el tiempo para abrir todas estas puertas, pero quiero abrir, mire esta pequeña puerta llamada fe. Usted sabe, usted dice, “Bueno, ahora yo tengo fe, Hermano Branham, yo le permití a Jesús entrar a mi corazón.” Usted pensaría que usted le ha hecho a Él algún tipo de honor al hacer esto. Hay veces que ustedes actúan de esa manera. Oh, qué gran cosa hizo usted al permitir que Jesús entrara por la puerta y se pare ahí. Él no se quedará ahí parado por mucho tiempo, no se preocupe. Yo no me quedaría mucho tiempo: ni usted no se quedaría mucho tiempo en mi casa si yo dijera, “Venga, solo pase y parece ahí. No se mueva; no vaya a jugar con nada de lo que hay aquí.” Usted se daría cuenta de que usted no es bienvenido. Esa es la razón por la cual solo hay 20 de los 20,000.
Ahora, nosotros necesitamos permitirle a Él entrar, y cuando Él entre, adórele y diga, “Entra, Señor. Sé mi Salvador. Sé mi Dios. Sé quién me gobierna. Sé mi sanador. Sé mi… Sé todo lo que yo quiero conocer en la vida, se. sé mi Señor. Toma todo lo que yo tengo, Señor., y gobiernalo. Toma mis emociones. Ya no me avergonzaré más. Toma mi orgullo. Párate en la puerta y lávame, Señor, con Tu Palabra.” Entonces Usted verá un avivamiento comenzar. “Párate en mi vida privada, Señor. Guíame, oh Señor.” Él nunca lo separará de la Palabra. Él lo mantendrá a usted justo en Su Palabra. No porque los Bautistas lo hacen, los Pentecostales lo hacen, los Presbiterianos lo hacen, sino porque la Palabra de Dios así lo dice, usted lo cree.
32 Un hombre que alguna vez ha nacido del Espíritu de Dios se encuentra con algo que nunca se aleja de él. No hay ningún hombre que tenga el derecho de predicar el Evangelio, hasta que él haya estado en las arenas sagradas de la parte de atrás del desierto. Hay teólogos en el mundo que son inteligentes, y hábiles, y pueden explicar cualquier cosa-que derriban cualquier cosa, aun toda la Biblia. Puede que ellos tuerzan su mente y todo lo demás, pero si alguna vez usted ha dejado que Dios entre completamente en su corazón, y ha obtenido esa experiencia en la parte de atrás del desierto, entonces, hermano, ni todos los diablos del infierno pueden entrar en esa tierra que [palabras no entendibles]. Es algo que es real.
Solo una pequeña puerta de fe. “Oh,” ustedes dicen, “predicador, yo sé que ustedes creen en sanidad divina, pero mi fe no enseña eso.” Entonces ustedes tienen la fe equivocada, ven. Si usted deja que Jesús entre, usted ya no dirá, “Los días de los milagros han pasado.” Jesús está ahí adentro, y Él es el milagro. Él es el hacedor de los milagros. Y los días de los milagros no han pasado; ellos están en su corazón, tan presentes como en los días que Él caminó en Galilea. Él está ahí.
33 Esa es la razón por la cual la gente no Lo deja entrar. Dejen que, Él se pare una vez, en la puerta. Use la fe de Dios; es suya. Si usted ha nacido de nuevo y ha dejado que Cristo entre por la puerta, Él se parará justo en la puerta y dirá, “Yo soy el mismo de ayer, hoy y por todos los siglos.” Eso es correcto. Cada palabra que yo he dicho es parte de Él. “Yo solamente estoy aquí sentado. Yo soy tu Rey. Soy tu sanador. Soy tu gozo. Soy la fuente de vida. Soy el Alfa, Omega. Soy tu despertar en mañana. Soy tu ir la cama en la noche.”
Como dijo David, “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo. Si hago mi cama en el infierno, Él estará ahí conmigo.” Oh, nosotros necesitamos de un avivamiento chapado a la antigua. Cuan cierto.
34 Ahora noten, solo una cosa más. Él le dijo aquí a esta edad de la iglesia de Laodicea, en la edad en la cual ustedes están viviendo ahora mismo, Él dijo, “Yo te aconsejo que de Mí compres oro refinado en fuego.” Dijo, “Porque tú dices: yo soy rico.” Ahora, ¿qué tan rica es la iglesia hoy? Tiene los edificios más grandes que alguna vez haya tenido, la más grande cantidad de dinero que alguna vez haya poseído. “Tú dices, me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad. Y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego, desnudo y no lo sabéis.” ¿Qué es esto? “… y no lo sabéis.”
Ahora, si usted viera a un hombre que viene por la calle que fuera un desdichado, estuviera desnudo, ciego, y usted pudiera correr hacia él y decirle, “Señor, usted está desnudo.”
“Oh, ¿lo estoy, señor? Pues, ayúdeme.”
“Yo tengo ayuda para usted aquí, y entre rápidamente, déjeme vestirlo.” Si él lo escuchará a usted, pues muy bien. ¿Pero que si el hombre está en esa condición y no lo sabe? Y la Biblia dice que en esta última edad de la iglesia ella estaría en esa condición.
35 Ahora ustedes pueblo Pentecostal, ustedes tienen las mejores iglesias que alguna vez han tenido. Y ustedes estarían mucho mejor allá en una misión con… en la calle por allá, con un pequeño sartén de diez centavos, pegándole como si fuera batería, o algo por el estilo, llamando a los pecadores al arrepentimiento, que el estar dentro de estas grandes iglesias que ustedes tienen, que se están convirtiendo en morgues. Ustedes saben que esa es la verdad.
Ahora, yo no quiero herir sus sentimientos. Yo soy su hermano. Y yo simplemente les estoy diciendo la verdad. Así que la iglesia de Laodicea… Esa es la razón por la cual yo hable sobre ustedes mujeres que se pintan todas, ustedes mujeres Pentecostales que usan manicure por toda su cara, ustedes saben, o esa cosa, lo que sea que sea. Ustedes no necesitan eso. No, señor. Eso es del diablo. Ciertamente que lo es.
Déjenme decirles, solo hubo una mujer en la Biblia que se pintó la cara, y su nombre fue Jezabel. Y Dios se la dio a comer a los perros. Así que ven, es comida para perro el pintarse la cara así. Yo no digo eso como chiste. Este no es un lugar para contar chistes, amigos. Yo solo les estoy diciendo la verdad. Es una característica pagana. ¿Qué ha pasado?
Ahora, decía que… miserable, desventurada, ciega, y no lo sabéis.
36 Yo fui criado en Kentucky en una pequeña y vieja casa de techo de cartón. Y Mamá nos solía tomar a todos los Branham pequeños y nos metía a todos en un cuarto: como tres a los pies, tres en la cabecera, y tres atravesados por el medio. Y nosotros solo teníamos un viejo pedazo de lona de tela que ella ponía sobre la cama para mantener la nieve y la lluvia fuera de nuestros ojos. Y el viento entraba y… En la noche cuando ese viento frío entraba, a veces—Mamá lo llamaba “materia”—el frío entraba en nuestros ojos, y hacía que se nos pegaran los ojos. Y yo era el mayor, y ella decía, “Billy, ven acá.”
Yo decía, “Mami, no puedo ver. Mis ojos están pegados.”
Y mi pequeño hermano, Edward, decía, “Yo tampoco puedo ver, Mami.”
Pues ven, nosotros habíamos contraído frío en los ojos. Y eso traía infecciones, y hacía que nuestros párpados se quedaran pegados el uno al otro. Y mi abuelo era un cazador de mapaches, y solía atrapar mapaches, mapaches, y los mataba y les quitaba la manteca. Y Mamá iba allá a traer ese viejo sartén, lo ponía sobre la estufa—con ese aceite de mapache. Ella la calentaba muy bien, y subía, y la frotaba sobre nuestros ojos y después de un rato nuestros ojos se abrían. Yo no sé cómo lo hacía, pero suavizaba la materia en nuestros ojos, y nosotros podíamos ver.
37 Le digo algo, hermano, ha habido una frialdad en la iglesia. Y la iglesia Pentecostal ha contraído un mal resfriado en alguna parte. Y se necesitará más que sólo el aceite de mapache para abrir sus ojos. [Palabras no entendibles]. “Te daré colirio y unge tus ojos con colirio para que veas.” Y si la predicación de la Palabra no lo hace, yo no conozco de ningún otro colirio. El Espíritu Santo calienta la Palabra, y en esta noche por toda la iglesia… Y la iglesia ama esa Palabra. Seguro. Y eso abre los ojos. Entonces ustedes podrán ver que se ha metido un vientecito frío en la iglesia por algún lado. Yo creo que nosotros tenemos que quebrantar y dejar el, “Yo soy esto y soy aquello.” Y me pregunto qué somos al final de todo. Oh, si ustedes solo supieran, amigos: ustedes son hijos e hijas de Dios y Dios está tratando de… Ustedes tienen sus ojos pegados, eso es todo. Lo que queremos en este avivamiento es que Dios reparta el colirio para que se abran los ojos.
38 Vea alrededor. Vean cuán bueno ha sido Dios para con nosotros. “He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye Mi voz, y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él. Si los Bautistas Me oyen, si los Metodistas lo oyen, si los Pentecostales lo oyen, si los Nazarenos, los Peregrinos de la Santidad, yo entraré. Pondré un poco de aceite sobre sus ojos y abriré sus ojos para que vean en dónde están.”
Oh, ustedes saben la iglesia Pentecostal ha tenido un avivamiento. Hace algún tiempo cuando este pequeño ministro, el pequeño hermano judío aquí, el que me introdujo para encabezar este avivamiento, nosotros tuvimos un avivamiento maravilloso. Yo no sé de ningún otro lugar a través de la historia en el que se haya tenido un avivamiento como el que se ha tenido: en esta edad Pentecostal. Eso es correcto. En esta noche hay fuegos del avivamiento que están ardiendo por toda nación bajo el cielo. Eso es cierto. Estamos en el tiempo del fin. Es maravilloso. Y déjenme decirles a ustedes personas que están en Dallas, una de las oficinas centrales de estas grandes iglesias, estas grandes personas… Ahora, no se sientan mal porque he estado diciendo estas cosas como lo he dicho. Lo estoy diciendo para su propio bien y para el bien del Evangelio, amigo.
39 Ahora vean, entonces podremos tener verdaderos servicios de sanidad. Entonces podremos hacer que algo real suceda cuando derribemos nuestras pequeñas paredes, y nos enderezamos, y nos lavemos la cara, y nos sacudamos, vengamos a un [Palabras no entendibles] de la Cruz. Eso es correcto. Entonces Dios nos bendecirá. Entonces los cánticos de Sion harán volver las bendiciones chapadas a la antigua por las cuales hemos añorado. Dios tiene…Los cielos Pentecostales están llenos de ellas. ¿Porque aceptaríamos un substituto cuando las cosas reales están a la mano? No hay necesidad de eso. ¿Pero saben qué? Hemos visto tanto, al punto que hemos perdido el valor de lo que tenemos.
40 Una vez hubo un hombre que iba a ver el mar. Él quería un pequeño descanso; él nunca había visto el mar. Él había sido criado en un lugar que se parecía más al desierto, y él estaba en camino a ver el mar. Y él dijo, “Yo voy a ir… Yo simplemente deseo oler la sal en la brisa, y ver las grandes olas saladas, que las hacen azules; oír el chillido salvaje de las gaviotas mientras dan vuelta sobre el mar. Yo anhelo oírlo y verlo. Será un tiempo de descanso para mí, porque yo he escuchado que tal cosa existe.”
Así que se preparó para ir a la orilla del mar. Justo antes de que él llegara a la orilla, él se encontró con un viejo lobo del mar, lo cual significa “un viejo marinero”, que venía de regreso. Y él dijo, “¿A dónde vais, mi buen hombre?”
Él dijo, “Voy a la orilla del mar, señor.” Él dijo, “Voy a ver las grandes olas,” y le explico cómo es que su corazón estaría tan conmovido con solo ver esas cosas.
Y el viejo marinero dijo, “Ahora, yo nací en ese mar.” Él dijo, “Yo nací en un barco.” Él dijo, “Y he visto esas olas por cuarenta años y he oído a esas gaviotas gritar. Yo no veo nada conmovedor en ello.” Pues vean, él lo había visto tanto, que llegó a ser común. Eso es lo que ha pasado con la sanidad divina.
41 Alguien me dijo que ayer aquí un predicadorcito había orado por una niña, y sus piernas crecieron dos o tres pulgadas. ¡Oh misericordia! eso debería de hacer arder este lugar. Seguro, eso debería hacerlo. Él Rey está aquí. El gran poderoso Cristo de Dios que reina sobre los cielos y la tierra está presente y puede hacer cosas grandes y maravillosas si nosotros solamente le creemos a Él. ¿Lo creen? Seguramente que sí, si nosotros solamente le creemos a Él, tengan fe y digan, “Dios, si Tú abres nuestros ojos en esta noche, permítenos ver Tu gloria, Padre Dios, entonces veremos grandes cosas, pero como puedes hacerlo al menos que nuestros ojos sean abiertos.” ¿No es eso correcto? Tenemos que tenerlo. Y nosotros vemos que acontecen tantos milagros que… Nosotros vemos a la gente gritar y “Alabar al Señor,” y aun así fallamos en verlo. ¿No es eso correcto? Correcto. Movimientos grandes y maravillosos, llegan a ser comunes para nosotros—son tan comunes que no les prestamos nada de atención.
42 Hace algún tiempo, allá en Louisiana… o, creo que fue Georgia, un anciano predicador de color que yo conocía… Él era un gran hombre anciano, de alma grande. Pero había un anciano que fue a… Su esposa iba a una iglesia, y ella era una mujer piadosa, una anciana santa. Ella decía que ella había orado por su esposo durante mucho tiempo. Su nombre era Gabriel, pero ellos le decían “Gabo” para abreviar. Así que ellos simplemente no podían lograr que el anciano Gabo se enderezará. De alguna manera u otra ellos no podían lograr que él se arreglara con la iglesia y con Dios. Así que este anciano predicador de color llevó al anciano Gabo de cacería con él muchas veces y ellos salían y cazaban. Así que un día ellos habían estado cazando; y en el camino de regreso, oh, ambos llevaban conejos, y pájaros colgando por encima de ellos al punto que ya casi, ni podían caminar, simplemente estaban muy cargados. Ellos venían caminando por un cierto sendero conocido, y mientras caminaban por el sendero, el predicador continuaba mirando hacia atrás hacia el Occidente mientras el sol se estaba poniendo.
Hermano, déjeme decirle, la iglesia, debería saber que es hora de que el sol se ponga. El sol se está poniendo. ¿Qué son estas bendiciones que vemos? ¿Qué dijo el profeta? “Pero al atardecer habrá luz.” ¿Qué clase de luz? ¿Cómo viaja el sol? Sube rápidamente en el Este y se pone en el Occidente. Y la civilización surgió en el Este y viajó rumbo al occidente. El Este y el Oeste se han unido. Yo voy a predicar respecto a eso esta semana, si el Señor lo permite.
43 Ahora, noten, la misma luz, cuando el sol sale y brilla en el Este, el mismo sol brilla en el Occidente. ¿Lo entienden? La Biblia dice… o, el profeta dijo que habría un día el cual no sería ni día ni noche, un tiempo tenebroso—simplemente un tiempo tenebroso. Hemos tenido suficiente luz para unirnos a una iglesia, y construir una organización, iglesias finas. Hemos tenido eso por dos mil años, con la promesa de Dios que habría luz en el tiempo de la tarde. ¿Y qué es? La misma luz que cayó en el Oriente, el mismo Espíritu Santo que cayó en Pentecostés, trayendo los mismos resultados, está cayendo hoy sobre el pueblo del Occidente, trayendo los mismos resultados que produjo allá atrás. Sera una luz.
44 Y mientras él miraba hacia el occidente, el anciano de color caminando por ahí, tocó al predicador en el hombro. El predicador volteo, y vio al anciano Gabo, y las lágrimas estaban rodando por sus mejillas. Y él dijo, “Predicador, hoy es Sábado. Y mañana usted me va a encontrar en la banca de los arrepentidos. Y voy a tomar una silla al lado de mi querida esposa, allá atrás en esa iglesia. Ahí voy a permanecer fiel hasta que Dios me quite la vida.”
El predicador estaba tan contento de escuchar eso. Él dijo, “Gabo, tu sabes que yo aprecio eso. Yo amo el oírte decir eso, Gabo, ¿pero que causó el cambio repentino? ¿Fue el sermón que predique? ¿Fueron las cosas sobre las cuales yo te he hablado, sobre la bondad del Señor?
Él dijo, “No, predicador, mientras yo venía por esa curva del sendero, yo sentí un toque en mi corazón.” Él dijo, “Usted sabe, predicador, que yo no le podría pegar ni a un granero.” Él dijo, “Yo soy el peor tirador de toda la región. Y sin embargo, solo mire, colgando de mi están los conejos y las aves que yo mismo obtuve,” Él dijo, “Él debe de amarme o no me las hubiera dado.” Una pequeña cosa, sencilla como eso y el llamado de Cristo en el corazón. “Gabo, yo estuve en la mira de tu pistola hoy.”
45 ¿Qué de usted en esta noche? ¿Qué de ustedes que condujeron hasta aquí en buenos autos? Que de usted que está sentado aquí en buena salud, no como este pequeño niño tendido ahí, retorciéndose en su catre. Que de usted, joven dama, que está sentada aquí en buena salud, no como esa niñita enferma en el edificio ahí, esa pequeña niña con apariencia espástica. ¿No sabe usted que ese es Dios tocando a la puerta de su corazón para decirle, “Es bueno verle.”? Es por Su bondad que ayer usted pudo comer su cena de domingo.
46 Yo estuve hace unos meses en Bombay, India, donde le predique a casi medio millón de almas, y al ver esas pequeñas madres con sus bebés, y sus pequeños vientres todos hinchados, muriéndose de hambre, la basura que usted tiró al cesto los alimentaria. ¿No sabe usted que Dios está llamando a su corazón? Y aquí nosotros decimos, “Pues, yo pertenezco a la iglesia, Hermano Branham….” Prejuiciosos, indiferentes-con la puerta cerrada. Oh, si todo este grupo de unas mil personas presente en esta noche (o quizás sean menos), si ustedes le abrieran todas las puertas de su corazón a Jesucristo en esta noche, comenzaría un avivamiento en estas cuantas noches que estaría en los encabezados de los periódicos. Cristo vendría.
Él desea eso. Ese es el deseo de Dios en esta noche por encima de todas las cosas, es el tener a Su iglesia como una. Tocando a su puerta. Ministros finos, ropa fina, carros finos, trabajos finos: con razón Cristo está parado a la puerta. Porque no le dejan entrar. Déjenlo entrar. Inclinemos nuestros rostros por un momento.
47 Que todo ojo esté cerrado por favor. Yo me pregunto, antes de que oremos, hay algunos aquí que levantaran su mano y dirían, “Hermano Branham, yo no estoy levantando mi mano a usted. Yo estoy levantándola a Dios, porque yo siento que en algún lugar, en los últimos días, yo he escuchado un pequeño llamado a mi puerta. Yo no he vivido la vida que debería vivir, Hermano Branham. Yo he tenido prejuicios. Soy un miembro de iglesia. Yo debí de haberlo hecho mejor; yo sé que debí haberlo hecho. He discutido con mis vecinos. He argumentado con diferentes iglesias sobre sus doctrinas. Yo he vendido… No he vivido de la manera que debería. Yo no debí hacer las cosas que he hecho, pero con la gracia de Dios voy a abrir las puertas en esta noche. Voy a dejar que Él sea mi Señor desde ahora en adelante. Y voy a tomarlo muy en serio, Hermano Branham. Yo no estoy levantando mi mano a usted, yo estoy levantando mi mano a Cristo. Yo iré, Señor.” Y permítanme recordarlos en oración. Ahora sin hacer ruido, mientras todos están en oración. Levanten sus manos, por todo el edificio. Dios les bendiga. Siéntense en silencio.
Mensaje extraido de Messagehub
