OBRAS DEL MENSAJE


¿Quién Ha Creído A Nuestro Anuncio?
Toledo, Ohio, E.U.A.
51-0719
1 Gracias Hermano Baxter. Gracias Hermano.
[La audiencia aplaude].
Muchas gracias por esa bienvenida. Me siento muy bien por eso. Me sorprendió un poco ver al Hermano Upshaw.
Soy solo un poco más bajo de estatura que el Hermano Baxter [Palabras no claras]. En verdad es un gran privilegio estar aquí esta noche.
Acabo de escuchar esta tarde más buenas noticias, mi esposa tal vez llegue durante esta reunión. Y espero que ella llegue aquí. Y digo que si nosotros no… los vamos a extrañar. Gracias. Gracias.
Si hay algún reconocimiento para la familia Branham, que sea para ella. Ella es la que se lo merece. Treinta años de edad y canosa. Ella ha visto el problema. Cuando he tenido allá en mi teléfono… En los momentos que he visto que hemos tenido, ese porc… un promedio de tantas como sesenta y cuatro llamadas de larga distancia por hora, día y noche, y la gente en la puerta y así sucesivamente. Ella ha pasado un tiempo tremendo. Pero Dios nos ha bendecido, y somos felices por estar sirviéndole a Él.
2 Verdaderamente me sorprendí de ver al congresista aquí esta noche. Nunca olvidaré su sanidad. Siento que eso… Él era a quien se refería el Ángel del Señor cuando se encontró conmigo y me dijo: “Vas a orar por grandes hombres, hombres de Estado, reyes de la tierra”. Cómo podría alguna vez creer que yo estaría orando por personas como esas. Mi primer sobresalto fue cuando el rey Jorge de Inglaterra me envió un telegrama, para que fuera a orar por él para que sanara de su esclerosis múltiple, lo cual Dios sí lo sanó. Yo estaba…
Luego la noche cuando yo nunca conocí al congresista Upshaw, cuando se estaba postulando… Él se postuló para presidente, creo que alrededor de 1919. Y creo que él era algo en el estado de Georgia de dónde él salió, senador o algo allá. Él ha sido un hombre conocido internacionalmente, sirvió en el congreso y se retiró en el congreso.
3 Y una noche entré al Templo. Y yo no conocía a nadie, así como conozco aquí. Estaban las sillas de ruedas alineadas por allí, pues, así como lo están aquí esta noche.
Alguien el día de hoy, un hombre de negocios estaba sentado, quería saber por qué esa dama fue sanada anoche en la silla de ruedas, por qué yo no sané a alguien más en una silla de ruedas.
Dije: “Yo nunca la sané a ella, y yo no sano a nadie. Jesucristo la sanó por sus… los méritos de la fe de ella. Y yo vi que fue hecho y le conté al respecto y eso es todo”. Dije: “Yo se lo pudiera decir a cada uno de ellos, si Él me lo mostrara. Pero solo puedo hacer lo que Él me dice que haga”.
4 Y yo nunca escuché en mi vida de este hombre noble, el Sr. Upshaw. Uds. saben por mi charla que no tengo educación. Fui criado en una familia grande de diez hijos. No tengo ni siquiera una educación de secundaria. Hasta séptimo grado fue lo más lejos que llegué en la escuela. Yo tuve que trabajar, para cuidar de nueve niños. Mi padre no era muy saludable, murió joven, y tuve que trabajar. Nunca recibí mi educación, hubiera sabido del señor Upshaw.
Bueno, una noche entré al edificio, y vi una visión. Todas las sillas de ruedas estaban colocadas allí. Yo miré, y vi a un hombre joven en su adolescencia, que se cayó; se lastimó. Él se cayó en un pajar o algo. Eso era todo lo que podía decir, que sabía. Yo lo vi en un lugar alto, usaba un cuello de apariencia rara, parecía el mismo hombre. Alguien le estaba aplaudiendo. Eso era todo lo que yo sabía.
Alguien dijo… El Hermano Baxter dijo: “¿Sabe quién era ese que Ud. vio?”.
Yo dije: “No”.
Dijo: “Ese es… ¿Escuchó alguna vez del congresista Upshaw?”.
Le respondí: “No, señor”.
Dijo: “Él está sentado frente a usted. Ese es él”.
Luego miré, y dije: “Ese es el tipo. Es él, que está sentado allí”.
5 Seguí adelante y comencé a mirar para ver qué iba a suceder. Vi a un doctor parado de esa manera, un doctor delgado, usando unos lentes grandes de carey. Y él tenía una de esas cosas enfrente de su cabeza que… un cristal de esos con los que miran adentro de la boca. Lo vi negando con su cabeza de esa manera, y dijo…
Miré hacia abajo, allí yacía una niñita de color tendida al lado de él. Él le había quitado las amígdalas, y eso la paralizó de su… o de su garganta para abajo. Ella estaba paralizada. Yo miré a la niñita, y dije: “Veo un doctor. Ha operado, le ha quitado las amígdalas, una niña de color que está paralizada”.
Yo miré, tendida allí a la derecha estaba una mujer anciana de color llorando de esa manera. Ella dijo: “Buen Señor, esa es mi bebé”.
Miré que estaba tendida allí; dije: “Sí, esa es su bebé. Han pasado dos años desde que eso sucedió, ¿no es así, madre?”.
Ella dijo: “Eso es correcto”.
Dije: “Me imagino por la manera que se ve, que sucedió hace dos años”.
Ella dijo: “Ese tiempo ha sido”.
Yo miré de nuevo por este lado y llamé otra línea de oración. Y en eso miré; vi un sendero yendo de esta manera, o resultó ser una calle. Vi a esa niñita de color yendo por la calle con una muñeca en su brazo. Eso era todo. Dije: “Muy bien, madre. Todo ha terminado. Su bebé está sanada”. Allí sucedió, ¿ven?
6 El Espíritu del Señor entró en la audiencia y acabo con mi fuerza. Y justo cuando empezaba a bajar, mi hermano corrió hacia mí y me atrapó. Y yo miré; vi al congresista Upshaw. Y él había estado en reuniones desde que era un niño cuando recién se cayó y lastimó. Él quería ser sanado entonces por Dios. Escuchó al Sr. Roberts; había estado en las reuniones del Sr. Freeman, el Sr. Ogilvie, y muchos de ellos habían orado por él.
Amigos, tengo algo que decir siguiendo esa dirección, dentro de poco. No importa qué tanta fe tenga usted, nunca cambiará la voluntad predestinada de Dios. Tiene que ser por visión para ver qué sucede.
Y a medida que comenzaba, lo vi a él en un traje café yendo por la calle, inclinando su sombrero delante de la gente de esa manera. Yo dije: “El congresista Upshaw está sanado en el nombre del Señor”.
Allí, después de haber estado acostado, haber estado lisiado durante sesenta y seis años, acostado en cama durante muchos años, y andaba alrededor en una silla de ruedas… Envió a personas a la universidad mediante la venta de libros en las calles, esto está ahora en nuestro gobierno; y sirvió su tiempo como un hombre valiente, como un gran hombre, como un hombre de Estado y congresista de nuestros Estados Unidos de América. Ahí, ese hombre, por primera vez en sesenta y seis años, tiró sus muletas a un lado y quedó perfectamente sano. Hizo caso a lo que el Espíritu Santo le dijo que hiciera.
Allí sentada a su lado estaba una mujer, llevaba unos años con artritis, gritó, que dijo: “¿Qué de mí?”. ¿Cómo podía yo decirlo? ¿Qué le podía yo decir a ella? El Padre tenía que mostrarme, primero.
7 Y el Sr. Upshaw ya había oído suficiente de eso antes. Dijo que antes de asistir a las reuniones, él sabía que no era yo. Que lo que Dios decía, a través de allí, tenía fe para creer, porque había visto a otros. Y aquí está el Sr. Upshaw y su esposa sentados aquí esta noche para escuchar este testimonio, que es la verdad. Dios… [El hermano Upshaw interrumpe].
Y él dice: “Vamos a alabar a Dios”. Amén. Eso es… Y aquí está él solo como… a los ochenta años de edad, tan vivo como cualquier niño.
8 Ahora, para cualquiera de ustedes, yo estoy… Y concerniente a la sanidad, les he dicho muchas veces, yo no puedo hacer nada hasta que el Padre me muestre lo que se ha hecho.
Alguien dijo: “Hermano Branham, ¿por qué no llama a la gente y solo ora por cada uno de ellos?”. Eso está bien. Puedo hacer eso. Eso está bien. Esa no es exactamente la forma como conduzco las reuniones. Yo conduzco las reuniones de acuerdo con la manifestación del Espíritu de Dios que se me ha dado para ministrar a la gente. Ahora, hacemos lo mejor que sabemos, para ministrarlos.
Y ahora, antes de seguir adelante, quiero leer una Escritura para confirmar lo que acabo de decir. Quiero leer de San Juan 5, Uds. que desean marcarlo. Y yo… Quiero que escuchen atentamente ahora.
Ahora, mis palabras son palabras de un hombre, fallarán. Pero la Palabra de Dios, es la Palabra de Dios que no puede fallar. ¿Cuántos creen que la Palabra de Dios es verdad e infaliblemente la verdad? Gracias. Entonces eso… Puede ser mal entendido, leeré sobre Jesús. Esta es la primera parte de Su ministerio, Él se estaba declarando a Sí mismo delante de la gente.
Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua.
Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
…Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?
Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.
Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda.
Y al instante aquel hombre fue sanado… [Espacio en blanco en la cinta] y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.
Ahora, quiero que lean todo el capítulo completo. Pero yo quiero leer el versículo 19 y 20. Cuando fue cuestionado…
Ahora, llegaré al versículo en un momento. Quiero que se fijen en la escena. Y ahora, por favor denme toda su atención en estas líneas, para que no… Voy a despejar todas las supersticiones y pensamientos que no deberían ser.
9 Jesús era el Hijo de Dios nacido virginalmente. Creemos eso. Si somos Cristianos, tenemos que creer que Él nació virginalmente. Y yo creo que el Espíritu Santo hizo sombra sobre una muchachita, María, y creó la célula de sangre en su vientre que se desarrolló en el Hijo de Dios. Y creo que Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo al mundo. Porque Él dijo: “No soy Yo el que hace las obras; es Mi Padre que mora en Mí”.
Y ahora, Él pasó por este estanque a inicios de Su ministerio, el cual estaba en el mercado de ovejas. No tendríamos tiempo de entrar en eso, porque Uds. lectores saben lo que es el mercado de ovejas, el estanque estaba allí en Betesda, tenía cinco pórticos por donde entraban las ovejas de diferentes partes, y el estanque… al estanque.
10 Y ahora, el… Algunas personas pensaban que estas personas que esperaban allí eran supersticiosas. Había un Ángel que descendía y agitaba el agua; que picaba las aguas; es un agua muy peligrosa. Y el primer hombre que entraba con fe era completamente sanado de cualquier enfermedad que tuviera.
Ahora, observemos el cuadro. Y alrededor de esta puerta ahora había grandes multitudes.
Ahora, ¿en qué piensan que consistía una multitud? Ahora, se nos dice que una multitud consistía de dos mil. Y multitudes era en plural, grandes multitudes. Ahora, probablemente hay, digamos diez mil personas. Tal vez fueron más. Pero diremos que por lo menos de cinco a diez mil personas.
11 Ahora, veamos qué clase de grupo era ese: de lisiados, cojos, ciegos, paralíticos. Esa era una masa de la humanidad desfigurada, esperando que se agitara esta agua. Los historiadores nos dicen que ellos incluso peleaban por meterse al agua, se cortaban con cuchillos para tratar de adelantarse al otro, para entrar y ver si su fe era suficiente para sanarlos completamente.
Ahora, Jesús pasó por este estanque. Ahora, Jesús nunca se vistió diferente a cualquier otro hombre de su época. Él nunca usó sus diferentes… para hacerse notar.
El reino de Dios no es la manera que Ud. usa sus ropas; es lo que está en su corazón. Uds. no tienen que voltearse el cuello, o que los llamen doctor o reverendo. Es lo que Ud. es en su corazón.
Jesús era un hombre judío común de apariencia ordinaria. Y Él pasó en medio de la gente, y ellos se mezclaban. Ni siquiera sabrían en dónde estaba Él. Simplemente caminó directamente. No estaba vestido diferente. No había nada raro acerca de Él con respecto a Su atuendo, que lo conformaba.
12 Y Él entró, y supo que un hombre había estado acostado allí durante treinta y ocho años, tenía una enfermedad. Ahora, miren. Allí estaban los lisiados, cojos, paralíticos; y aquí estaba un hombre con una enfermedad, una afección. Tal vez tenía tuberculosis. Él pudo haber tenido hipertensión. Pudo haber estado anémico, con problema cardíaco. Pero llevaba treinta y ocho años con una enfermedad. Él no estaba atado a una camilla, o a una cama, o en una silla. Él dijo: “Entre tanto que voy al agua, otro mejor que yo desciende antes que yo”.
Y entonces el Ángel, tan pronto como la primera persona era sanada, toda la virtud del Ángel se iba del agua hacia la persona, y partía. Y ellos no esperaban solo por otro día: hasta otra estación. Podría ser un mes. Pero esperaban.
Nosotros no podemos esperar de una noche a otra. Si no se ora por nosotros la primera noche y sanamos, no hay nada al respecto. Eso muestra cómo han cambiado los tiempos. Y qué grupo de neuróticos hay en la edad en la que estamos viviendo. La Biblia dice que sería de esta manera. Y estamos aquí.
13 Ahora, observe esto. Jesús supo que este hombre llevaba mucho tiempo acostado allí. Él no sabía nada excepto lo que el Padre le mostraba. Y Él pasó y sanó a este hombre y se alejó de esa multitud de seres humanos lisiados, afligidos y sufrientes y se alejó de ellos.
¿Se pudieran imaginar eso…? ¿Creen que Jesús tuvo compasión? ¿Creen que Él estaba lleno de amor? Seguro, yo creo eso. Pero estas cosas que van con ello, que el noventa por ciento de los lectores Bíblicos pasa por encima de eso. Fallan en ver la verdad de eso. Seguro que Él estaba lleno de amor.
Y pareciera que, si Él estaba tan lleno de amor, como sabemos que lo estaba, y viendo a esa gente que yacía allí paralítica, retorcida, y seca, ciega, llorando, sin tener la manera de ganarse la vida, solo mendigando y… Pareciera que ese amoroso Hijo de Dios se hubiera acercado y hubiera dicho: “Ahora, hombre ciego, recibe tu vista. Hombre lisiado, llevas tanto tiempo aquí, levántate. Y señor, tú con el brazo seco, ¿por qué no te levantas?”.
14 En lugar de eso, se va hacia un hombre que solo estaba enfermo, y que había vivido una vida ordinaria con una enfermedad durante treinta y ocho años. Eso se ve extraño, ¿no es así? Usted casi no podría entender eso. Ahora, quiero que recuerden esa palabra: “No podría entenderlo…”, si las Escrituras no lo declararan después.
Los judíos lo cuestionaron a Él. Ahora, escuchen lo que Él dice en el versículo 19.
Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.
Ahora, noten. ¿Por qué Jesús no sanó al paralítico que estaba allí? ¿Por qué no sanó al afligido? ¿Por qué sanó a un hombre que solo tenía, tal vez un problema estomacal, o algo, y dejó al resto allí? Porque Su propia Palabra dice: “Él no podía hacer nada excepto que el Padre lo mostrara”. ¿Es eso correcto? Bueno, ¿acaso no es Él el mismo de ayer, hoy, y por los siglos?
15 Alguien me cuestionó hoy. Dijo: “Bueno, si Ud. puede ver todas las cosas…”.
Dije: “Yo no puedo ver todas las cosas”.
Él dijo: “Bueno, usted… usted…. Esa mujer sentada allí limitada en la silla de ruedas, Ud. le dijo que se levantara. Y aquí está todo un grupo numeroso de personas sentadas delante de usted, ¿por qué no les dice que se levanten?”.
“¿Cómo puedo yo, excepto que Dios me lo muestre?”.
Dijo: “Bueno yo tenía una tía sentada allá atrás. Ella tenía un problema cardíaco. Y Ud. sanó al hombre sentado allí con…”.
Yo dije: “Hermano, yo no sané a nadie con problema cardíaco. Jesucristo sanó a ese hombre por su oración. Yo solo vi que se llevó a cabo”. Ahora, Él sana a los paralíticos.
Pero la gente estos días… Jesús dijo: “Una generación débil y adúltera demanda señales”. ¿Es eso correcto? “Si no viereis prodigios”, dijo Jesús: “y señales, no creeréis”.
Ahora, hay lisiados siendo sanados. Pero la cuestión es, quiero llegar a ustedes que están lisiados, el noventa por ciento de la gente que está lisiada, cuando el doctor dice: “Muy bien, Ud. se quedará sentado allí de por vida”, ellos no pueden evitarlo. En el fondo, hay algo que los asusta y les dice que eso será verdad. Y tienen miedo de permitirse salir.
Bueno, Uds. no están sin esperanza, como tampoco un hombre con problema cardíaco. Yo me paro y miro a los lisiados, y veo lo que está mal con ellos y diferentes cosas. Es verdad. Puedo ver eso, o cualquier cosa de ese tipo.
16 Yo nunca hablo y digo: “Este hombre, este chico aquí cae y muere, se lastima a sí mismo, y así sucesivamente, y se quiebra la columna vertebral, y todo”. Él lo sabe. Y el lisiad … La gente aquí los ve y sabe que están lisiados, y la artritis y el corazón, cosas así. Ellos ven eso.
Pero lo que hace… El poder de Dios es… es cuando está un hombre parado aquí que se ve saludable, y uno le dice lo que está mal con él, cuando al ojo natural, él se ve bien. El ojo natural puede ver que el hombre está lisiado. Miren, tal vez su pierna está doblada, o su… O ven al hombre sentado allí ciego con un bastón, o él va caminando y alguien lo va guiando, o…. Ud. sabe que está ciego. Pero la cuestión es, la gente que se ve saludable.
17 Oh, Cristianos, pellizquen al hombre interior ahora y despierten a la realidad, que Jesucristo está aquí para manifestarse a Sí mismo a ustedes. Y Su actitud presente ahora es la misma hacia usted como es… como lo fue allá atrás. Pero Él solo puede hacer lo que la fe de Ud. vindicará, o la fe de Ud. irá al Padre y acepta lo que Él ya ha hecho por usted.
Ahora, a ustedes, personas que están lisiadas. No está ninguno de Uds. aquí tan mal como el congresista Upshaw. Él llevaba sesenta y seis años lisiado, lo empujaban en una silla de ruedas, yacía en camas, lo ayudaban e iba con muletas. Nunca lo había visto o escuchado de él en mi vida, y Dios sabe que eso es verdad. Y aquí está el hombre esta noche, parado delante de Uds., perfectamente sano, ¿ven?
18 El congresista con una esposa espiritual lo instruyó y dijo: “Creed”. Y él, siendo él mismo un hombre espiritual, creyó. Y cuando vio la operación del Espíritu, él, dentro de sí mismo, dijo: “Si Dios solo responde a mi oración y deja que los hermanos me vean, entonces creo”.
No importa cuántos hombres hayan tratado de echar fuera y empujar, y quitarle las muletas, eso solo… Pues, yo puedo bajar allí y tratar de levantar a alguien de una silla de ruedas, y decir: “Póngase de pie, sujétese, sujétese, haga esto”. Eso solo es un acto de fe. Eso está bien. Si eso le ayuda, adelante. Deje que alguien lo haga.
19 Pero por mi parte, cuando le digo que se levante de la silla de ruedas, haga lo que le digo, Ud. va a caminar. Eso es todo al respecto. Porque yo no le voy a decir hasta que el Padre celestial me muestre que Ud. está sanado. Y haga tal como se le dice. Cuando lo escuche en la plataforma, y le digo qué hacer, Ud. vaya y hágalo, y sanará, porque no soy yo.
Y nunca ni una sola vez de los literalmente cientos de miles, no ha fallado ni una sola vez. No puede fallar con Uds. Porque no soy yo; es Él que lo hace, ¿ven? No soy yo, es Él. Yo solo hablo, porque no hablo de mí mismo. Él habla a través de mí. Y allí es donde la mayoría…
20 Ahora, Dios muestra visiones. Quiero que algunos de ellos, si por favor, me dicen la hora. Yo…. Tal vez pueda ver el reloj. No estoy seguro. ¿Pasan cinco? Gracias. Si puedo… Pues, no quiero tardarme mucho. Quiero mencionarles una pequeña historia, cada noche, un pequeño testimonio. Luego está un poco más fresco esta noche, lo cual agradezco.
Y queridos amigos Cristianos, tal vez yo esté celebrando mis últimas reuniones en los Estados Unidos hasta donde yo sé. Voy a ir al extranjero ahora. Y siento el llamado para terminar mi viaje en el extranjero en África y en las distintas partes del mundo. No sé cuándo pueda regresar de nuevo. Solo será a través de la voluntad de Dios, y lo que sea que Él me indique que haga. Y yo les amo. Y sé que un día debo estar ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas de las cosas que hemos hecho en esta vida.
Ahora, para… por algo que tal vez algunas personas aquí han estado en las reuniones y saben esto. Y de ahora en adelante, trataré de dar un testimonio cuando llegue a la plataforma y luego me marcharé.
21 Y al repartir las tarjetas de oración del día… Sus tarjetas de oración no tienen nada que ver con esto, es solo un número para mantenerlos alineados. Ellos tratan de… Le pido a mi muchacho…
Al principio, le enviábamos las tarjetas de oración al ministro. Al principio, yo no las tenía en absoluto. Yo decía: “Todos los que quieran oración, vengan”. Oh, tenían peleas, sobre quién iba a estar al frente de las líneas; porque yo solo llegaba a unos cuantos, ¿y quién iba a entrar?
Teníamos que hacer algo. Repartimos tarjetas de oración. Luego pensamos: “Bueno, según el orden de llegada”. Y el primer día allí, simplemente repartíamos todas las tarjetas que podíamos. Si alguien llegaba un poco tarde, ya estaban agotadas. Y solo los que recibían las primeras cien o doscientas, eran los únicos por los que se oraba. Si un hombre venía con un caso de emergencia, no podía ponerse delante de alguien más, porque él les había ganado.
22 Después llegó a tal punto, que se las dábamos a los ministros. Bueno, entonces… Y digamos que a cada ministro, le enviábamos doscientas, y al siguiente ministro doscientas, a todos los ministros que estaban cooperando. Y eso aún causó que perdieran miembros en sus iglesias. Si alguien le daba a un miembro una tarjeta de oración, y no se la daba a esta otra persona, y luego el primer ministro metía a su grupo; para cuando se terminaba de ministrar a su grupo, el resto de eso había terminado… el servicio estaba terminado. Eso provocó problemas.
Y la única manera exitosa que hemos encontrado de hacerlo, es tomar un grupo de tarjetas diariamente, e ir allá abajo. No importa si han estado allí docenas de veces, o si ha estado allí…. Y luego las tomamos y las repartimos, cincuenta tarjetas. Comenzamos con el número uno.
23 Y si no los llamaban después de diez o quince, decían: “No la quiero. De todas maneras no me llamarán”. ¿Ven? Porque esos eran todos las que podía llamar en una noche. Algunas veces quizá a uno o dos. Y la gente lo malentiende. Y empiezan a llegar las cartas. “No se ora por nosotros”.
Nuestro Maestro entró a una ciudad, y sanó a un hombre, y se fue de la ciudad. ¿Es eso correcto? Y si Él es el mismo de ayer, hoy y por los siglos. ¿Ven lo que quiero decir?
Ahora, luego pensamos esto, y el Señor una noche me lo reveló. Dijo: “Ve allá y reparte un grupo de tarjetas. Y después que lo hagas, que nadie se entere de dónde será y sal a la plataforma”. Y de donde sea que Él me ponga en mente, a partir de allí comienzo. Y eso les da a todos una oportunidad justa para entrar cada día.
Y las tarjetas de oración, son más los que son sanados en la audiencia que en la plataforma. Uds. saben que eso es verdad. Así que la tarjeta de oración no tiene nada que ver al respecto. Yo pregunto cada noche cuántos no tienen tarjetas de oración. Y trato de observar a esa gente para ver lo que el Señor me mostrará acerca de ellos, y que sean sanados.
24 Ahora, es la oración, la oración de Uds., la oración de Uds. Ahora, recuerden, si van a ser sanados, no piensen que alguien tiene un don de sanidad Divina para sanarlos. Si van a ser sanados por medio de sanidad Divina, son Uds. los que tienen el don de sanidad. Es su fe en Cristo, no esta persona, o ningún otro hombre. Es su propia fe individual en Cristo. ¿Cuántos entienden eso? Eso es verdad.
Yo no podría hacer nada. Podría orar por Uds. O su vecino podría orar por ustedes. Pero es su fe que hace la sanidad. Usted mismo lo acepta, individualmente, lo que Cristo hizo por usted. Aférrese a ello, y es la verdad.
Ahora, lo único que hace esto, algunas veces corrige la vida del hombre.
25 Yo no sé, ellos me dijeron… (Oh, parece un sueño después que termina la reunión, cuando viene la unción) de un hombre que vino aquí anoche a la plataforma, y el Espíritu de Dios fue hacia él, y le dijo que él era alguna clase de crítico, y que me había estado criticando. Y el administrador y demás me dijeron, el… Mi muchacho dijo que el hombre humildemente extendió su mano y se disculpó, y dijo que eso era verdad. ¿Es eso cierto? Después lo arregló con Dios, y se fue a su lugar. Dijo que una mujer sorda fue sanada, y así sucesivamente; y una mujer en una silla de ruedas, y diferentes cosas. Ellos me dicen. Cuando comienzan a hablar al respecto, yo empiezo a… Pareciera que sucedió hace mucho. Puedo pensar acerca de eso.
Anoche al salir, podía escuchar a alguien llamándome. No podía distinguir donde estaba. Y yo mismo no tuve nada que ver con eso.
26 Ahora, así es como sucede. Ahora, durante los siguientes minutos: mientras yo estaba en Houston cuando se estaba tomando esta fotografía, el Doctor F. F. Bosworth, uno de los ancianos más finos que hay en el mundo… Estoy ansioso por que el congresista lo conozca.
Él va a ir conmigo a África, el Sr. Bosworth. Queremos ver que termine su ministerio y que termine su trayecto con gran gozo. Y él va a ir con nosotros a África. Yo le amo con un piadoso amor Cristiano.
Y él entró a mi habitación, dijo: “Hermano Branham mire esto”. Casi una noche antes que se tomara esta fotografía. Y allí él me dio la fotografía de la señorita Florence Nightingale, la tátara nieta de la finada Florence Nightingale de Inglaterra, que fue para África. Y ella se estaba muriendo con un crecimiento maligno sobre el [Palabras inciertas] del estómago. Y ellos expusieron su fotografía.
27 Y yo pensé en Georgie Carter, mi pianista en la Iglesia Bautista Milltown en Indiana, era la persona más delgada que jamás había visto. Ella pesaba treinta y tantas libras [13 kg. Aprox. Trad.], con tuberculosis, y había estado sobre su espalda durante nueve años ocho meses. Y una hora después del momento que el Espíritu Santo me mostró en dónde estaba y que orara por ella, estaba tocando el piano de nuevo. Y ella es mi pianista allá esta noche. Hace seis, siete años, está tan saludable como cualquiera.
Pero esta mujer tenía casi seis pies de altura [Un metro ochenta y tres centímetros. —Traductor] Georgie era una mujer pequeña. Esta mujer medía casi seis pies y pesaba alrededor de treinta y cinco o cuarenta libras. [De 15 a 20 kg. Trad.] Y ellos hicieron que se parara, sosteniéndola, y su cuerpo con solo un pedazo de tela alrededor de ella. A pesar de lo duro de corazón que soy, eso me quebrantó hasta las lágrimas. Y yo…
Ella me estaba suplicando: “Hermano Branham, última llamada. Por favor vuele rápidamente al África”. Dijo: “Yo creo que si pudiera verlo, Dios me sanará”. Ahora, ella no pertenecía a una iglesia fundamental. Entonces… Pero ella tenía fe.
Toda la fe no yace en la iglesia fundamental, o no… no yace en la iglesia Pentecostal, o en la iglesia de la Santidad. Yace en un individuo. He visto a un Católico Romano venir a la plataforma y sanar milagrosamente de cosas. Y distinta gente…
28 He visto en Winnipeg, Canadá, un adorador de Buda, un niño pequeño ciego se convirtió en la plataforma. Yo dije: “Tú estando ciego, ¿crees?”.
Él dijo: “Si Jesucristo me sana esta noche, no adoraré a ningún otro Dios sino a Jesucristo”. Y sus ojos se abrieron. Allí lo tiene. Buda…
Espero ver indios e hindúes en África, y hotentotes que sean traídos a la gracia salvadora de Jesucristo.
Escuchen. Yo oré, y dije: “Dios, no puedo ir allá ahora a menos que Tú me guíes. Así que te pido, Señor, si Tú sanas a esa mujer, esa será una luz verde”.
Y el Hermano Bosworth arrodillado conmigo, dijo: “Ve a África”. El Hermano Baxter ni siquiera sabe esto.
Y nos tomamos allí de las manos, el Hermano Bosworth y yo, y mi esposa, y mi niñita. Y nos arrodillamos y oramos para que Dios sanara a la mujer. Lo encomendé al Señor, y lo dejé pasar. Nunca supe nada de eso, lo dejé pasar.
29 Y cuando el Hermano Baxter y yo, y todos nosotros llegamos a Londres, el Hermano Baxter y yo íbamos entrando, que está escuchando… sentado allí escuchándome ahora. Cuando íbamos entrando, yo dije: “Bueno, va a estar tranquilo aquí por un rato”.
Así que empecé a caminar y me vocearon. Y cuando llegué allá, me preguntaba si era la llamada del rey para que fuera al Palacio Buckingham, o qué era, inmediatamente.
Pero lo que era, el llamado era para que fuera a… [Espacio en blanco en la cinta]. Estaba una dama que acababa de volar en frente de mí de África, y casi no podían sacarla del avión: la señorita Florence Nightingale. Cómo supo que yo iba a estar allí, aún no lo sé. Y yo le dije a este ministro, dije: “Llévela a algún lado y lo veré dentro de un día más o menos”. Queríamos ir al palacio.
Así que él dijo: “Si acaso ella vive tanto así”. Dijo: “Hermano Branham, ella se está muriendo”.
30 Así que la llevaron al palacio, y ese día cuando el Hermano Baxter y yo, y el Hermano Lindsay, y el Hermano Moore, los administradores, fuimos al palacio. El ministro vino por nosotros, y fuimos al palacio para orar por la mujer. Cuando entré a la habitación, amigos, no puedo decirles cómo me sentí. Allí yacía un esqueleto respirando.
Ahora, estoy en una audiencia mixta. Ahora, Uds. escuchan a su doctor, yo soy su hermano. Ahora, por favor entiéndame de la manera correcta. Cuando bajaron la cobija, el Hermano Baxter volteó la cabeza.
Y ella quería… Ahora, ella no podía hablarme, y tuve que agacharme y dejar que la enfermera dijera lo que ella estaba diciendo. Y de dónde venía la humedad suficiente para que las lágrimas rodaran por sus mejillas, no lo sé. Ella quería morir. Ella quería que le pidiera a Dios que la dejara morir.
31 Bueno, yo la tomé de la mano, y lo frío… solo como huesos. Su cabeza aquí, el cráneo, como se junta, uno podía ver los lugares. Sus ojos estaban hundidos. Y sus senos, como mujer, no estaban, se hundieron en sus costillas. Y cuando jalaron la cobija por aquí, sus huesos… sus piernas aquí arriba en el lugar, en sus cuencas, eran así de redondas.
Ellos ni siquiera podían encontrar venas para inyectar glucosa o nada. Ella llevaba meses sin comer, no podía tragar nada. Tuvieron que meterle el agua y por el estilo. Y ahora, no podían encontrar las venas para alimentarla. Y allí, el anillo de su cadera se había unido, y la piel de ambos lados del anillo estaban pegados de esa manera. Uds. nunca han visto un cuadro como ese en sus vidas.
Yo me arrodillé, y dije: “Padre celestial, ten misericordia”. Le dije a ella, dije: “No estoy bajo unción; solo he venido para acá. Pero voy a orar, pero no para que Ud. muera”. Y comencé a orar. Y ella dijo: “¿Podría usted…?”…[Palabras no claras].
Me iba a agachar y la enfermera dijo: “Ella dice: Hermano Branham, siempre he creído que si podía acercarme a usted, Dios contestaría la oración”. Si yo fuera un hipócrita, Dios recompensaría una fe como esa. Es verdad.
32 Y cuando fui a orar por ella, en el momento cuando comencé a orar… El Hermano Baxter que está aquí es un testigo. Cuando comencé a orar, una pequeña tórtola voló a la ventana, comenzó a hacer: “Coo, coo, coo, coo”. Y todo…
Yo empecé. Dije: “Padre nuestro, que estás en los cielos…”.
La pequeña tórtola comenzó haciendo: “Coo, coo”.
Dije: “Santificado sea Tu Nombre”.
Él dijo: “Coo, coo”, caminando de un lado a otro.
Y cuando terminé mi oración, y dije: “Amén”, pedí por su sanidad, y la pequeña tórtola voló.
Los ministros lo acentuaron. Y cuando yo empecé a decirle a la mujer para consolarla, el Espíritu Santo habló y dijo: “Ella va a estar sana”. Y hoy, ella pesa ciento treinta y cinco libras [61 Kg. Trad.] con perfecta salud. Hay una la luz verde ardiendo en África.
33 Nos fuimos de allí a Helsinki. (Y tengo que darme prisa, tomar solo una parte de esto) Antes de partir, yo estaba en… Una noche, el Espíritu Santo se me apareció en Miami, Florida. Vi a un muchachito que mataron en un accidente y yacía en una región que se miraba rocosa. Y oh, la condición de ese niño, él… Yo lo describí. Y muchos de ustedes, personas que están aquí lo saben, siendo que hablé al respecto.
Y yo lo pregunté… Fui a la carpa, y dije: “Va a haber un muchachito en alguna parte que será resucitado. Es una tierra que se ve rocosa. Él tiene cabello café, con un corte de cabello cuadrado. Trae unos pantaloncitos cortos. Sus pies van a traspasar sus calcetines, y está completamente mallugado por un accidente. Y él va a estar muerto. Y el Señor lo va a traer de nuevo”. Yo dije: “Así dice el Señor”. Dije: “Todos Uds. escríbanlo en sus Biblias, y aparecerá en la Voz de Sanidad. Y uno de estos días, cuándo, yo no sé (porque la visión duró unas dos horas) será en algún momento”.
34 Y creo que esta es una de las docenas y cientos de cosas que Él ha mostrado. Llevo a cualquier persona al expediente, si acaso no ha llegado a acontecer cada una de ellas.
Luego cuando… Unas dos o tres noches después de eso, me llevaron detrás de la carpa, dijeron: “Un niñito está tendido aquí atrás, venga a verlo”. El niño se había ahogado; de unos cinco años de edad, cabello muy negro como carbón, bueno… Yo dije: “No, ese no es él”. Ofrecí una oración de consuelo, y seguí adelante.
Subí por toda la región Oeste, a través de Canadá. Y lo conté por todas partes en mis reuniones. Dije: “Escríbanlo en su Biblia. Hay una visión que todavía no se cumple. Es de un niñito que va a estar camino a la funeraria o algo, y Dios lo va a sanar. Estará allí. Es una región rocosa, muchos árboles. Y el muchachito es de unos ocho o diez años de edad, una carita plana, y ojos café”. Y dije: “Él tiene un corte de cabello parecido al de una niña. Está vestido muy pobremente”.
35 ¿Cuántos recuerdan que dije eso? ¿Hay alguien aquí que lo recuerde? Aquí está un hombre levantando su mano. Sí, está otro por aquel lado. Eso fue mucho antes (¿Ven?) que llegara a suceder. Allá atrás, sí, yo veo sus manos. Muy bien. Eso fue casi un año y medio o dos años antes que sucediera.
Un día cuando nos encontrábamos en Helsinki, cuando subimos a Kuopio. Era momento de ayuno, yo estaba ayunando y orando.
Ellos cantan, los rusos y todos, algunos de ellos estaban allá, y los finlandeses. Cantaron un canto hermoso: “En el Gólgota”. Y todos sus cantos están en tono menor, muy triste. Estaba un inglés allí abajo, debajo de la torre, borracho. Nosotros lo guiamos a Cristo cuando bajamos.
Le dije a los hermanos, yo dije: “Algo extraño va a suceder. Siento que el Ángel del Señor está cerca, y ni siquiera es hora para la reunión”. Estábamos teniendo unas reuniones maravillosas. Miles, se pararon por media milla [0.8 km. Trad.], como unas cinco o seis cuadras, tan lejos como ellos podían pararse a las tres de la tarde tratando de entrar al Messuhalli, el cual tenía capacidad para unos veinticinco mil o más. Así que entonces, esperando.
36 Y cuando uno pasaba… Uno podía pasar al lado de ellos y lágrimas estarían cayendo de sus mejillas, simplemente en respeto, ellos se paraban de esa manera. Hermoso… Oh, vaya.
Nosotros lo tenemos fácil por acá. Tenemos… Estamos bien alimentados y vestidos y no tenemos necesidad de nada, según pensamos. Hermano, ellos nos podrían enseñar Cristianismo. Ellos tienen que orar y aferrarse a Dios por todo lo que obtienen. Nosotros recibiremos una economía si no arreglamos nuestra manera de vivir en este país.
Yo soy estadounidense, nací aquí y por generación y generación. Yo volé sobre muchos Branham muertos que yacen en Alemania y Francia, y por allí, que murieron en guerras. Y si esta noche fuera mi llamado, yo moriría gustosamente por mi país. Pero necesita enderezarse. Eso es exactamente correcto.
Estamos hablando de un avivamiento, y todavía no hemos tenido un avivamiento. Tenemos muchas reuniones que se prolongan, pero un avivamiento es cuando se derriban los cobertizos y se empieza a orar y arreglar las cosas con Dios. Una religión predicada a la antigua, de atrás del desierto, tan azul como el cielo, que mata el pecado, que hace que la gente se arregle con Dios, ese avivamiento es el que necesitamos, no el unirse a la iglesia. Amén. No sé por qué dije eso, pero ya lo dije.
37 Noten. Muy bien. Y aquella gente, encantadora. Y cuando bajamos, yo continuaba diciéndole al hermano: “Algo va a suceder”. Bajamos la colina. Y abajo, un carro iba con rapidez.
No hay muchos carros en Finlandia. Los Ford de segunda mano se venden por unos cuatro mil dólares, la gasolina cuesta aproximadamente un dólar con cincuenta centavos el galón. Hay muy pocos carros allá, escasamente se mira uno.
Y un accidente, un Ford hecho en América modelo ´35, verde, había arrollado a unos niños de la escuela. Dos niños pequeños se fueron por este lado. Ellos intentaron correr de vuelta. Uno se fue por un lado y el otro, por el otro lado. Y el parachoques golpeó a uno por la barbilla. Él se fue por este lado.
Cuando el conductor giró su auto hacia la derecha, lo golpeó en la barbilla y lo tiró hacia abajo, lo hizo rodar una y otra vez, golpeó la curva y contra un árbol y contusionó su cerebro. Y el otro pequeño, lo golpeó justo delante de él, lo golpeó con el parachoques, lo hizo rodar, pasó por encima de él.
Y el carro era conducido a unas sesenta millas por hora [96 km/h. Trad.]. Lo atropelló por la espalda, y lo arrojó en el aire cuando salió así. Y él cayó como un saco en la tierra. Piensen en un perro siendo golpeado de esa manera o algo.
38 Después de un rato, unos cuantos minutos, quince minutos después llegamos a la escena. El muchachito estaba tendido, muerto. El hermano y los demás fueron allá y lo vieron. Yo no podía ver al niño. Simplemente eso…
El Hermano Lindsay regresó. Muchos de Uds. conocen al Hermano Gordon Lindsay. El Hermano Baxter, no creo que… No, él no estaba en la escena. El Hermano Baxter no subió con nosotros. Él estaba tomando un paseo, él y mi hermano. Y cuando yo llegué allí, yo…
El Hermano Lindsay regresó llorando. El Hermano Moore regresó llorando, la Hermana Isaacson, la intérprete…
Bueno, yo no sabía qué pensar. Y finalmente, eché un vistazo al niño. Y empecé a llorar. Y yo tengo un hijo aquí. Y pensé: “Muy lejos, en América, mi muchacho”. Ahora, si no hubiera estado tan emocionado, lo habría reconocido rápidamente. Pero me di la vuelta. Eso cubría su carita. Y yo…
39 Parecía que Algo acaba de poner Su mano en mi hombro o algo así. Y me di la vuelta, no hay nadie allí. Pensé: “Espera. ¿Qué es esta sensación extraña?”. Esperé unos momentos. Le dije: “Déjame ver a ese niño otra vez”. Y levantaron de nuevo lo que estaba sobre él, y allí estaba tendido. Y le dije: “Pregúntale a los ministros si ese niño alguna vez ha estado en una iglesia”.
“No”.
“¿Ellos lo conocen?”.
“No”.
Yo dije: “He visto al niño en alguna parte”. Lo volví a mirar. Vi su pequeño pie que atravesaba su calcetín. Miré alrededor, vi esa región escarpada. Yo dije: “Aquí está él”.
Dije: “Hermano Moore, mire en su Biblia”.
Dijo: “¿A qué se refiere?”.
Yo dije: “Mire la hoja, Ud. y el Hermano Lindsay. Así dice el Señor, allí está el muchachito que vi en América. El niño vivirá de nuevo en unos cuantos minutos”. Nunca sabrán lo que se siente cuando uno sabe en dónde está parado. Eso es correcto.
40 Dije: “¿Es ese el niño?”. El Hermano Moore miró la hoja en su Biblia donde muchos… Le pedí a cientos y cientos de personas que lo escribieran allí. Él dijo: “Hermano Branham, esa es exactamente la descripción”.
Yo dije: “Ese es el niño”. Muy bien. Ellos se juntaron, se arrodillaron. Yo dije: “Oh Dios Eterno, allá en mi patria en América, una noche Tú me visitaste y me mostraste esta región rocosa y a este muchachito. Y él está aquí muerto, esperando que lleguen su padre y madre para escuchar estas tristes noticias”. Yo dije: “Tú Quien me separaste desde el vientre de mi madre y me enviaste a ver estas visiones, ahora, Dios Todopoderoso, habla; y muerte, ve a tomarlo, yo llamo por su vida en el Nombre de Jesucristo Quien mostró la visión”.
Y el niñito gritó, se paró de un salto sobre sus pies, y tan normal y sano como cualquiera que está sentado aquí en el edificio esta noche. Ese toque llegó como una raya de fuego.
41 Esa noche cuando ellos trataron de traerme a la reunión, pues la… Estaban tan atestados bajando por la calle, los oficiales, los del patrullaje policial, oficiales del ejército tuvieron que venir y tomarme a cuadras de distancia por la calle. Al entrar, nunca lo olvidaré.
Tendré que darme prisa, solo una cosa más. Y terminaré de contarles mañana en la noche sobre el otro niño.
Yo iba entrando a la habitación, con dos soldados finlandeses detrás de mí y dos en frente empujándome por todo el trayecto. Y yo entré a la habitación, y ellos… El auditorio estaba atestado. Oh, vaya. Y de arriba abajo por las calles y ellos tenían tiendas por todo alrededor. Y yo tenía a uno de los hombres principales de la ciudad, que nosotros llamamos alcalde, escribió en sus libros, firmado con su propio nombre, siendo testigo del poder de Dios Todopoderoso para resucitar a los muertos.
42 Ahora, he visto que eso se ha hecho tres veces. Tal vez pueda mencionarlo después cuando la Sra. Hattie Waldrop aquí en Phoenix, y Ralph Perry en casa. Ahora… Quiero decir que han sido declarados muertos, tendidos en… Este niño, cuando yo comencé a entrar…
Yo iba al cuarto pequeño, y escuché que se cerraba una puerta. Y allí estaba el baño de las damas, tal como estaba. Y cuando salió, el cuadro más lastimoso que haya visto en mi vida. Era una niñita.
¿Cuántos reciben el periódico de “La Voz De La Sanidad?”. Probablemente han visto su fotografía y saben de qué estoy hablando. Ella traía puesta una cosa grande de acero alrededor de ella de esta manera y una pierna estaba más corta que la otra. Y ella no tenía control de esta extremidad. Y tenía un zapato grande que le habían hecho en la parte inferior de este aparato ortopédico. Y el aparato era de una pieza, para que no doblara la rodilla. Era de una pieza. Subía alrededor de ella y se ataba alrededor. Y había un gancho en el dedo del pie de su zapato, una correa que subía y pasaba por sus hombros y enganchaba en la parte de atrás del aparato ortopédico. Y luego ella tenía dos muletas aquí con las que caminaba.
Y ella colocaba las muletas hacia enfrente, y giraba su pequeño hombro, y eso movía su extremidad hacia enfrente. Y no había crecido del todo, y sin usarla, el peso de eso volaba sobre esto aquí (¿entienden?) el apoyo. Y ella se sostenía y caminaba. Y eso le ayudaba a caminar. Ella bajaba ese zapato, podía dar el paso.
43 Y la pobre pequeñita parada allí… Y las damas, si Uds. supieran cómo ellas tenían que vestirse… La pequeñita estaba parada allí, y pequeños trapos colgaban de su faldita interior, y su ropita toda desgarrada. Y me vine a dar cuenta después que era una huerfanita de guerra. Al padre y a la madre los mataron en la guerra, la rusa.
Y ella salió allí, y ella… su cabellito se miraba desaliñado. Y cuando me vio parado allí, ella miró y se enderezó de esa manera, e inclinó su cabecita. ¡Oh, vaya! Algo simplemente se aplastó en mi corazón. Yo miré a la cosita. Yo… Oh, solo tuve la sensación más horrible. Y ese soldado dijo: “Mum, mum”, empujándome.
No… Y sabía que ella quería… ella quería hablarme, solo que les habían dicho que… no molestaran en la calle o cualquier cosa.
Y yo amo esos pequeños niñitos. Yo solía tenerlos a todos en la iglesia. Y cuando estaban en el auditorio en el servicio de la tarde… Ellos me dieron de ese viejo dinerito finlandés, y yo salía allí y se los daba para que pudieran comprar sus dulces. Y se tomaban de sus falditas, y decían: “Kiitos”. “Kiitos” significa “gracias”. Y ellos gritarían: “Kiitos”. Y yo tendría una línea de niños de aquí hasta atrás del edificio siguiéndome. Yo amo a los pequeñitos.
44 Y ella me miró de esa manera, y sus pequeños labios comenzaron a temblar, y se quedó quieta. Y yo le hice señas, que viniera. Sabía que ella quería venir. Y ella vino a donde yo estaba. Y ella se acercó con su pequeña muleta y su cosa, vino caminando. Yo quería ver lo que ella iba a hacer. Y ella tomó mi saco y me besó en el saco, lo bajó, miró para arriba hacia mí de esa manera, sostuvo sus pequeñas muletas, tomó su faldita jalándola hacia atrás y dijo: “Kiitos”. Y las lágrimas corriendo por sus pequeñas mejillas de ese modo, cayendo. Oh, yo… Me parecía que mi corazón iba a estallar. La miré para abajo y vi que estaba sanada. Supe que Dios recompensaría una fe como esa. Yo dije: “Querida, estás sanada”.
Y ella no podía entenderme. Ellos me empujaron para que entrara.
Tuvimos una gran reunión esa noche. Y la gente, cuando veían que algo se revelaba allí, solo tiraban sus muletas y comenzaban a andar.
45 Y esa noche, ellos simplemente tomaban a manos llenas. Uds. lo vieron en el periódico, con las manos llenas de muletas y cosas como esas, y palos donde la gente que había sido sanada de esas cosas. Simplemente tendrían… Los colocaron al lado mío, y el Dr. Manninen y demás cuando tomaron la fotografía. Y yo le dije a mi hermano… Él dijo: “Tenemos que llevarte”. Él me jaló de allí.
Y yo dije: “Solo unos pocos más”. Y en la providencia sabia de Dios, exactamente la tarjeta que llamaron, escuché un ruido y era ella. Era ella la que seguía de subir a la plataforma. Y aquí venía atravesando. Y yo dije: “Hermana Isaacson”, la intérprete, “solo cite mi voz”.
Ella dijo: “Muy bien”.
Y yo dije: “Querida, tú eres la niñita que se encontró conmigo allá afuera en el pasillo”. Y ella asintió con su cabecita cuando la intérprete lo dijo así.
Y yo dije: “Jesucristo te sanó, cariño. Ve allá y siéntate, y que te quiten tu aparato ortopédico. Y justo cuando tú… cuando se suelte tu aparato ortopédico, deja que tu manita baje de esa manera. Estás sanada”. Yo dije: “Te vi en una visión. Estás sanada”. Ella caminó hacia allá. Los ujieres comenzaron a quitarle el aparato ortopédico. Y en el momento que ellos…
46 Yo comencé a orar por otra mujer que estaba parada allí, que había venido. En ese momento escuché un grito. Y miré, y aquí venía ella cruzando la plataforma, con el aparato ortopédico y las muletas sobre su cabeza y corriendo tan a prisa como podía hacerlo. Igual que el congresista Upshaw, perfectamente sana. Recuperada.
¿Qué es? Jesucristo, el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. Su poder es ilimitado. Está limitado a la fe suya. ¿Creen eso? Eso está confirmado entre miles de miles de personas.
Y a propósito, creo que allí mismo en mi libro, creo que tenemos su dirección, y del niñito que levantó… que resucitó de entre los muertos. Mencionaré el otro mañana por la noche.
47 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Él está aquí esta noche. Jesús, el Hijo de Dios, para bendecir a cada uno en la Presencia Divina. Yo no puedo sanarlos. Dios tal vez sea capaz de mostrarme lo que Él ha hecho por ustedes. Si Uds. confiesan su fe en Él, y creen que Él me ha enviado a hacer [Cinta en blanco]… en esto veréis la gloria del Señor. Inclinemos nuestros rostros… [Cinta en blanco]… mientras oramos.
Padre celestial, simplemente amamos testificar de Tu camino. Eso está todavía ardiendo en mi corazón, esa pobre huerfanita finlandesa, la cosita sin mamá y sin papá, los dos asesinados, pobrecita, llevada de un lugar a otro.
Y estoy pensando esta noche de las escenas que veo aquí en casa cuando salen al bote de la basura y rastrillan esas rebanadas grandes de pan y pedazos de carne. Y esos pobres pequeños finlandeses, caminando en las calles: algunos de ellos con manitas sucias, exprimiendo las lágrimas de sus ojitos. Ellos estarían felices de tener uno de esos pedazos de pan. Oh, Dios, no somos dignos.
48 Sin embargo, un día glorioso cruzaremos la frontera. Entonces nos sentaremos en Tu mesa, nos miraremos unos a otros, lágrimas corriendo por nuestras mejillas por las grandes batallas, vemos a muchos de los antiguos veteranos que han peleado a lo largo de la batalla. Nos saludaremos unos a otros, y lloraremos un poco. Y el Rey saldrá y limpiará todas las lágrimas de nuestros ojos. Dirá: “No llores más ahora. La batalla ha terminado; estás en casa. Entra al gozo del Señor”. Ese es el día por el que estoy trabajando, Señor. Ese es el día por el que estoy luchando. No interesa si la gente cree a nuestro anuncio o no, Señor, nosotros lo enseñamos, y Tú estás confirmándolo.
Y sabemos que Tú estás aquí para dar a conocer Tus bendiciones. Dios, bendice a esta gente esta noche, Señor Jesús. Muchos padres ancianos y madres sentados… [Cinta en blanco]… casi están acabados. Los doctores los han desahuciado. Muchos están sentados aquí en estas sillas de ruedas y piensan que nunca volverán a caminar, a menos que algo suceda. Muchos hermanos ancianos están sentados aquí, tal vez con problema cardíaco, o una hermana que partirá en unas cuantas semanas si algo no sucede; el cáncer se los come. Oh, ten misericordia, Jesús. Sé con nosotros otra vez esta noche de una manera especial.
49 Yo testifiqué de Tu Ángel para mostrar visiones. Oh Padre, no es que esta audiencia pueda oír mi voz, porque no les hablo a ellos. Te estoy hablando a Ti. Yo oro Dios, para que muestres visiones esta noche, que pueda aparecer visible si fuera posible. Por todo este edificio aquí, que el Ángel de Dios extienda Sus grandes alas por aquí, y las gotas de rocío destiladas de misericordia caigan de ellos, Señor, sobre cada corazón hambriento aquí. Y que tengan fe para ser sanados esta noche, y acepten su sanidad del Señor. Si hay alguien que cumpla con este requisito que Tú has requerido, Señor, muéstraselo a Tu siervo. Y que Él envuelva a Tu siervo ahora, abrace, Señor, y esconda.
Sabiendo que sentado aquí está el Hermano Upshaw, que esperó durante sesenta y seis años. Pero en la tenue luz de sus días, Tú lo bendijiste. Le diste el deseo de su corazón. Tú no privas del bien a los que andan en integridad.
50 Aquí hay personas que muriendo de cáncer, ahora están sanas. Una mujer que estaba lisiada anoche en una silla de ruedas, está aquí caminando ahora, sana. Oh, Cristo, que hombres y mujeres se den cuenta, quita sus supersticiones y miren ahora al Calvario, de donde viene nuestra ayuda, y que puedan verlo a Él a quien estamos tratando de representar. El Cordero de Dios está herido por nuestras rebeliones, por Sus llagas hemos sido curados, Que ellos lo vean a Él en Su poder y Su gloria. Que lo vean a Él en el poder de Su resurrección esta noche. Y como Sus discípulos de antaño, cuando venían de Emaús, cuando esta audiencia se vaya de aquí esta noche que ellos puedan ser como aquellos que regresaban de Emaús, que vieron el poder del Cristo resucitado, dijeron: “¿No ardían nuestros corazones en nosotros?”. Porque Él estaba allí… [Cinta en blanco] Sanándolos. Concédelo Señor.
Ahora, yo mismo me encomiendo a Ti… [Cinta en blanco]… Glorioso derramamiento de Tus bendiciones, porque lo pido en el Nombre de Tu Hijo, Jesús. Amén.
51 Ahora, recuerden, mientras hago esta declaración: Yo no soy responsable por los críticos que están en la reunión. ¿Puedo decir eso otra vez? No seré responsable por los críticos en la reunión. Si hay algunas personas aquí que solo son críticos, o solo vinieron por curiosidad, yo no me quedaría mientras se está llevando a cabo esta parte del servicio. Regresen mañana y escuchen la predicación. Pero no se queden para esto. Porque tengan la certeza que cuando el espíritu de demonología y el poder son liberados, buscan un lugar para ir si pueden hacerlo. Y la incredulidad, ciertamente tomará su postura. (O si Uds. es un creyente, verdadero, y solo está con una fe débil o algo sucede, podemos encargarnos de eso). Pero cuando Ud. es un incrédulo, o yo no tengo nada que ver al respecto, porque yo no podría hacer que eso se vaya de usted.
Y ahora, Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y puede hacer mucho más abundantemente de lo que lo entendemos, que Su gracia y Ser, unja nuestra reunión ahora. Y que se establezca la fe de ustedes. Y me imagino viendo a un peregrino solitario, rechazado del hombre, un Varón de lágrimas experimentado en quebranto, acusado de ser un diablo, uno que lee la mente, un espiritista, que venía por aquí caminando, malentendido. Pero Él era el propio Hijo de Dios.
Y Él está aquí esta noche. Él está aquí ahora mismo conmigo. Él está aquí con Ud. y Él conoce todas las cosas. Yo no sé nada. Pero Él puede dar a conocer todas las cosas, ¿acaso Él no puede?
52 Viene un pobre anciano lisiado. Muy bien, solo venga para acá un momento. Tan reverentes como puedan serlo. Me pregunto si los Cristianos se dan cuenta de la posición en la que me encuentro. ¿Se dan cuenta que en una audiencia de este tamaño, hay supersticiones, críticos, y de todo sentados aquí? Y yo hice una declaración acerca de Jesucristo.
Usted dice: “Hermano Branham, ¿no tiene miedo?”. ¡No, señor! Ni un poquito. Yo sé Quién está aquí, y yo he creído en Él. Y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.
El hombre es un desconocido para mí, hablando humanamente. Yo no lo conozco.
Somos desconocidos, ¿no es así, señor? Sí, señor, somos desconocidos. Ahora, señor, solo quiero su atención para hablar con usted solo un momento. Y ahora, hay… Si somos desconocidos, y no sé nada de usted, tendrá que venir de alguna fuente espiritual, ¿no es así, señor? Tendrá que venir de alguna fuente espiritual. Usted se da cuenta de que algo está sucediendo. Por supuesto, eso solo es el Ángel del Señor. ¿Es Ud. un creyente? Sí, señor. Usted… Yo creo que usted cree. Usted es más que eso. ¿Acaso no es Ud. un ministro? Usted ha predicado sermones poderosos en unas reuniones. ¿No es eso correcto? Usted ha estado en un hospital o en la oficina de un doctor, o algo, para una revisión. ¿No es eso correcto? ¿No es eso correcto? Sí, señor, veo que lo está revisando. Sí, su problema está en su hígado… está en su vesícula, creo. ¿No es eso correcto? Creo que tiene cáncer. Creo que es que… Jesucristo está aquí para sanarlo. ¿Cree eso? Muy bien. Oh, veo…veo que está colgando de esa manera, es la vejiga en lugar de un… ¿No es eso correcto? Una vejiga. Venga aquí solo un momento.
53 Dios todopoderoso, que trajo de nuevo a Jesucristo de entre los muertos, pensando en este hombre que está lisiado, y viéndote que te mueves allá. Pero él es Tu siervo, y esta mano que estoy sosteniendo ha ondeado muchas veces a pecadores para la gloria. Ten misericordia, Dios eterno. Y mientras está Él en Tu presencia, parado aquí reconociendo esto, la última oportunidad de su vida para recibirlo, que ahora, las bendiciones de Dios vengan sobre este, Tu siervo. Y mientras pongo mi mano sobre él, pido que el cáncer lo deje en el Nombre de Jesucristo. Dios le bendiga, hermano. Vaya regocijándose ahora. Baje caminando.
Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. Muy bien. Ahora todos tan reverentes como puedan estar. Amén. [Espacio en blanco en la cinta]. Quiere alabar al Señor con él. Él está sanado. Se acaba de dar cuenta que recién… Sí, señor. Él quiere alabar al Señor desde los escalones, porque está sanado. Bendito sea el Nombre del Señor Jesús.
Te damos las gracias a Ti, Señor, por Tu poder, y Tus siervos te aman. Y que esto sea una gracia. Que nuestro hermano predique aún muchos sermones poderosos, y convierta a muchos pecadores a la Cruz de Cristo. Concédelo, Señor. Mientras te ofrecemos alabanza en el Nombre de Tu Hijo, Jesús, te damos adoración en nuestros corazones. Amén.
Oh, qué maravilloso, maravilloso, es Jesús para mí,
El consolador, el Príncipe de Paz,
El poderoso Dios es Él;
Salvándome, guardándome de todo pecado y vergüenza,
Maravilloso es mi Redentor, ¡Alabado sea Su nombre!
¿Le aman a Él? Que Su paz repose sobre ustedes, sea bondadoso con ustedes.
54 Muy bien. Dama, o debiera decir, mi hermana. Usted es una Cristiana. Ese deseo que tiene en su corazón de recibir el Espíritu Santo, Ud. quiere recibirlo, ¿no es así? Ha habido problemas que le han causado… Usted ha estado nerviosa durante mucho tiempo, ¿no es así? Sin embargo usted es sincera. Sí, tiene un problema cardíaco también. Es… Usted todavía tiene nerviosismo, fue lo que provocó eso. Se sofoca, al acostarse es peor que nunca. ¿No es así? Veo que en la cama, intenta usted misma sostenerse como… Por cierto, cuando me toqué… Oh, querida hermana, usted tiene más que eso. Usted tiene cáncer; está en el seno además, ¿no es así? Uh-huh. Venga aquí, hermana. ¿Cree que Jesús la sanó hace mil novecientos años? ¿Lo acepta ahora?
Dios ten misericordia, bendice a esta mujer. Que reciba el Espíritu Santo, y sea sanada en el Nombre de Jesucristo. Amén. Vaya, recíbalo, hermana, y sea sana. Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. Qué maravilloso. Amén.
55 Ahora, yo no soy una persona excitable. Pero “amén” significa “así sea”. La Biblia dice que la congregación dijo “Amén”. Que así sea: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Tengan fe ahora. No duden. Crean. Todas las cosas son posibles para los que creen. Amén.
¿Cuántos no tienen tarjetas de oración? Veamos sus manos alrededor. Oh, un grupo numeroso de ustedes. Muy bien. ¿Creen ustedes?
Muy bien, hermana, su gran fe la sanó hace un rato mientras estaba sentada allí. Baje de la plataforma.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”. Esa es la manera de recibirlo. Nerviosa, nerviosismo mental… Qué maravilloso. Jesucristo es el mismo de ayer, hoy, y por los siglos. ¿No creen Uds. eso? Amén.
¿Qué está pensando, hermana? Maravilloso, ¿no es así? Usted está un tanto interesada en ese niño también, ¿no es así? ¿Huh? ¿Acaso no tiene dos de ellos? ¿No es eso correcto? ¿No están dos de ellos aquí? Muy bien. Muy bien. ¿Cree usted? Muy bien. Dios le bendiga. Reciba su sanidad. Amén.
56 Papá, ¿qué piensa con respecto a eso? El ministro allí acaba de sanar. ¿No es Él maravilloso? Usted se está sintiendo mejor, ¿no es así? Su amigo allí quiere ser sanado también, ¿no es así, que está sentado al lado suyo?
Mire hacia acá, señor, solo un momentito. ¿Cree con todo el corazón? Le gustaría que ese crecimiento saliera de tu nariz, ¿no? Amén. Póngase de pie y reciba su sanidad en el Nombre del Señor Jesús. Amén.
¿Qué piensa al respecto, señora, que está sentada a este lado de él? ¿Cree con todo su corazón también? Muy bien. Usted tiene un problema en la garganta, ¿verdad? Póngase de pie y reciba su sanidad entonces en el nombre del Señor Jesús. Amén.
Eso hace que todo un grupo de ellos sanen. Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. Todos crean. Tengan fe en Dios.
Venga, hermana. ¡Vaya!, anemia, diabetes, problemas del corazón. Vaya y sea sanada, hermana, en el Nombre del Señor Jesús.
Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. Correcto, tengan fe en Dios.
57 Señor, su problema cardíaco acaba de ser sanado, sentado allí. Eso es correcto. El tercer hombre sentado allí. Póngase de pie. Usted tenía un problema cardíaco, ¿no es así? Eso lo dejó justo en ese momento, señor. Vaya a casa y sea sano ahora, en el Nombre del Señor Jesús. Amén. No dude, tenga fe.
Muy bien, venga, señor. ¿No le gustaría aliviarse de esa asma? ¿No le gustaría aliviarse de eso? Vaya y crea en el Señor Jesucristo y recíbalo. Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. Tengan fe.
Venga, dama. ¿Cree usted? ¿Cree que Dios ha enviado Su don para sanarla? ¿Lo cree? Muy bien, Ud. necesita una transfusión de sangre del Calvario. Está anémica. Siga adelante y sea sanada en el Nombre de Jesucristo. Aquí está. Tenga fe.
Venga, dama. Mire hacia acá. ¿Me cree como el profeta de Dios? ¿Sí? Su problema cardíaco acaba de dejarla entonces. Vaya a casa y sea sanada en el Nombre de Jesús. ¡Alabado sea Dios!
Joven en la parte de atrás, ¿quiere ser sanado de esa tuberculosis? ¿Quiere? Póngase de pie y acepte su sanidad en el Nombre del Señor Jesús. Amén. Amén.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”. Muy bien.
58 La dama está sorda. Inclinemos nuestros rostros. Dios Todopoderoso, Autor de vida, Dador de todo buen don, manda Tus bendiciones sobre la mujer. Tú que moriste para redimir, Tú que fuiste herido por nuestras rebeliones, molido por nuestra iniquidad, el castigo de Tu paz… nuestra paz fue sobre Ti, y por Tus llagas hemos sido curados. Tú que llamaste al espíritu sordo y te obedeció, oh Dios eterno, escucha la oración de Tu siervo humilde, y yo te represento aquí esta noche en el poder de sanidad Divina. Escucha la oración de Tu siervo, y que este demonio que está agarrando a la mujer, la sacuda, sal de ella.
Tú demonio, sal de la mujer. En el Nombre de Jesucristo, sal de ella.
¿Me escucha? Muy bien. Usted ha tenido complicaciones y todo ha salido mal con usted. ¿Puede escucharme bien ahora? ¿Puede escucharme ahora? ¿Me escucha ahora? Usted está sanada. Baje de la plataforma y sea sana. Está sanada.
Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”.
Muy bien, venga, dama. ¿Me cree como el profeta de Dios? ¿Me cree? Usted ha tenido un problema de riñón durante mucho tiempo, ¿no es así? Baje de la plataforma y sea sanada. Jesucristo la sana.
Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”. Amén. Él está aquí para sanar. ¿Lo creen? Tengan fe.
59 ¿Cree en Él con todo su corazón? Si es así, puede irse a casa. Ya no tendrá que lidiar con su camilla y catre. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén. Amén. Allí está ella. Quiten la camilla del camino. Allí está ella. Muy bien. ¿Cree en Jesucristo? Quiten su camilla, porque alguien más sentado allí está a punto de ser sanado.
Sean reverentes. Miren hacia acá. Crean con todo el corazón.
Muy bien, señor. ¿Cree usted? Su problema cardíaco ya lo ha dejado. Puede bajar de la plataforma. (Se nuestro último, y así sucesivamente). Solo baje caminando de la plataforma siendo sano.
¿Creen con todo su corazón? Miren hacia allá, ustedes sin… Miren hacia acá.
¿Qué hay de usted, señor, sentado allí con problemas estomacales? Levántese y sea sanado en el Nombre de Jesús.
El hombre al lado suyo tiene problemas de hemorroides, ¿verdad? Levántese y sea sanado en el Nombre de Jesús.
La dama con artritis, si quiere creer en el Señor, póngase de pie y sea sanada en el Nombre de Jesús.
Todo el resto de ustedes, ¿le creen? ¿Qué con eso? Él está aquí. Pónganse de pie. Levanten su mano. Acepten su sanidad.
Satanás, en el Nombre de Jesucristo, quítate de estas personas.
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