OBRAS DEL MENSAJE


El Ciego Bartimeo
San Juan, Puerto Rico, E.U.A.
59-0208
1 Lamento no tener asientos para toda la gente. Pero seremos muy breves. Les agradecemos por su fina cooperación. Deseo tomar esta oportunidad para decirle a este grupo de ministros, que verdaderamente aprecio su fina cooperación, hermanos míos. Como había dicho, esta es la primera vez que estas iglesias han cancelado sus servicios un domingo por la noche. Yo ciertamente les agradezco. Que descansen las bendiciones de Dios sobre todos ustedes.
Y a toda la gente que está aquí, que no tienen una iglesia en donde reunirse, yo recomiendo a estos hombres que creen el mismo mensaje que yo les estoy predicando. Ellos también están peleando fervientemente por la fe que una vez fue entregada a los santos. Si yo viviera aquí en Puerto Rico, yo pertenecería a una de sus iglesias, la que estuviera más cerca de mí.
2 Quiero tomar esta oportunidad para agradecer a los Hombres Cristianos de Negocio, por haberme invitado aquí. Yo confió que su grupo crezca y que hagan cosas maravillosas para el Reino de Dios, por la razón que su grupo se para, para ayudar a la iglesia, uniendo el cuerpo de Cristo como uno. Si hay hombres de negocio aquí, que aún no son miembros de este grupo, yo se los recomiendo como una fina hermandad, que disfruta de las bendiciones de Jesucristo, verdaderos caballeros Cristianos. Yo recomendaría que se uniera a este grupo. No tiene que pertenecer a una cierta iglesia, ellos son interdenominacionales. Ellos solo quieren tener compañerismo.
A todos ustedes que han sido salvos durante esta reunión, busque una buena iglesia ahora, bautícese, y sea un miembro de esa iglesia.
Y quiero agradecer a Sally Olson por su fina cooperación.
3 Hoy tuve el privilegio de hablar con algunas personas portorriqueñas que están en la prisión. Quiero decir esto, que el mismo espíritu fino que encontré entre ustedes, la prisión no lo saca fuera. Ellos siguen siendo la misma gente, aún estando en la prisión, amorosos y bondadosos. Y cuando el Espíritu de Dios entró, ellos se gozaron igual como se gozan ustedes aquí. No importa donde pongan a un santo, Dios vendrá y estará con él. Uno entró al vientre de una ballena y Dios vino y estuvo con él. Entraron tres a un horno de fuego, Dios fue con ellos. Uno entró a la fosa de leones, y Dios fue con él. Usted no puede esconder a un santo de su Dios.
4 Sally Olson…, Yo encontré un lugar en mi corazón para ella. No la conocía muy bien anteriormente, pero ahora veo su carga. A pesar de ser escandinava, ella me dice, “Hermano Branham, esta gente es mi gente.” Ellos la aman. Como no amar a una persona tan hermosa, y su pequeño orfanatorio.
Yo vi a esos niños hermosos portorriqueños cuando llegué al aeropuerto la otra noche, sin madre y sin padre, y llegaron a mí y me abrazaron y me besaron. Eso ya ocupó un lugar. Yo también tengo niños. Yo sé lo que significa ser amado, y amar a los demás. Dios bendiga a la hermana Olsen.
5 Todos ustedes, pueblo querido, yo le he predicado a grupos más grandes, pero jamás a gente tan buena. Si es la voluntad de Dios, y el deseo de ustedes, algún día me gustaría regresar algún día [palabras inciertas – Tran.]. Gracias. Yo haré eso. Al sentirme tan bienvenido, siento que el Espíritu Santo me enviará de nuevo. Gracias. Eso le hace algo a mi corazón.
Los hermanos me acaban de decir que han tomado una ofrenda para mí. Amigos, eso no es solicitado. Jamás he tomado una ofrenda en mi vida. Pero ya no sé cómo regresársela. Yo les prometo que yo la pondré para continuar la obra de Cristo. Que Dios les bendiga y les pague al cien por uno.
Yo pudiera hablarles toda la noche. Y cuando yo regrese, trataremos de obtener un lugar más grande donde todos se puedan sentar, y así quedarnos dos o tres semanas. Gracias. Y estoy seguro que el Espíritu Santo podrá obrar allí ampliamente. Mientras esperamos regresar, díganle a todos, tengan servicios de oración. La oración es lo que cambia las cosas. Ese es el secreto de todo esto; es la oración. Yo paso la mayor parte de mi vida en eso, algunas veces por semanas tras semanas.
6 Ahora, entraremos directo a las Escrituras. Ni quisiera empezar. Tengo una carga en mi corazón por ustedes. Les amo en mi corazón, ese espíritu dulce y humilde. Como deseo poder hablar su idioma. Quisiera poder simplemente expresarles lo que estoy pensando. Pero yo oro para que el Espíritu Santo lo exprese por mí. Lo digo sinceramente.
Ahora yo pienso que algunos que están aquí, si yo llego a regresar en seis meses, algunos se habrán ido. Algunos estarán desaparecidos. Con una audiencia de este tamaño, muchos de los ancianos, aún yo, me podré haber ido para ese entonces. Pero si algunos se han ido, no hay duda que esta es la última vez que nos veremos, como lo hacemos esta noche, hasta que nos paremos ante Su Presencia y le veamos a Él, quien es El invisible entre nosotros esta noche.
7 Así que les quiero decir a los pastores que esto ha sido una tensión muy fuerte de fe. Yo casi me desmayo cada noche. El Espíritu se mueve a través de la gente. Estoy seguro que semanas después que yo me haya ido, habrá gente llegando con sus pastores a decir y testificar de su sanidad. Así tiene que ser. Y ustedes acuérdense, si esto no es así, yo sería un falso profeta. Pero es la verdad. Hay tantos que han sanado, no puedo hablar suficientemente rápido. Es rara la vez que yo he visto eso en una reunión.
También quiero darle las gracias a este buen intérprete. Yo sé que no lo interpretaría de esa manera. Yo he tenido muchos intérpretes, pero es raro encontrar un intérprete tan lleno del Espíritu Santo, que se profundiza y puede interpretar lo dicho, tal y como el Espíritu Santo lo habla. Eso demuestra que es el mismo Espíritu Santo obrando entre nosotros. Que Dios le bendiga a él y a este joven también.
8 Esta gente es tan humilde que usted tiene que permitir que el uno le interprete al otro. Dios habita en la humildad. Ahora, a nuestro texto. Estaremos hablando sobre el tema de “El Ciego Bartimeo.” Bartimeo.
Hace tiempo yo leí una historia sobre el ciego Bartimeo. Y así la contaron, que él había estado ciego por muchos años, desde que él era un jovencito. Y él era un limosnero, como dice la Escritura. Él tenía una esposa y una niña pequeña. Su niñita era de unos doce años y jamás había visto su rostro.
9 Y en esos días había muchos limosneros. Los hombres de negocio y los turistas llegaban por la mañana al trabajo y ellos les daban una moneda, lo que les sobraba del día. Y si no tenían algo para atraer la atención de aquellos que pasaban, entonces no recibían nada.
Se nos dice que el ciego Bartimeo tenía dos tórtolas que saltaban la una sobre la otra. Y eso atraía la atención de la gente que pasaba.
10 Pero un día su esposa se enfermó. Mandaron llamar al doctor y el doctor dijo, “No puedo hacer nada, Bartimeo. Ella se va a morir.” Así que él salió al lado de su casa, a tientas usando sus manos, y el lloró, “¿Jehová, que puedo hacer sin ella? Te prometo que si Tú la dejas vivir, mañana yo te haré una ofrenda, mis dos tortolitas.” La mujer sanó y él las ofreció.
No pasó mucho tiempo, cuando su niña pequeña se enfermó. Y salió él a orar por ella. No tenía nada más que ofrecer, solo su cordero.
11 Ahora, sin duda que ustedes han visto a los perros que guían a las personas ciegas. Pero en esos días, un cordero guiaba a las personas, los ciegos. Y Bartimeo tenía un cordero que lo guiaba al portón de Jericó, donde él pedía limosna. Así que su hijita sanó y fue él a ofrecer su cordero.
Al entrar al templo, el sacerdote le dijo, “¿Ciego Bartimeo, a dónde vas?”
Él dijo, “Voy a ofrendar mi cordero. Yo le prometí a Dios que lo haría.”
El sacerdote le dice, “Oh, Bartimeo, tú no puedes hacer eso. Yo te doy dinero para que te compres un cordero para sacrificar.”
Él dijo, “No, sacerdote, yo jamás le prometí a Dios un cordero; yo le prometí a Él, este cordero.”
Y le dijo, “Bartimeo, tú no puedes hacer eso; ese cordero son tus ojos.”
Él le dijo, “Es cierto, sacerdote. Pero si Bartimeo cumple su promesa a Dios, Dios le proveerá un cordero para ser los ojos de Bartimeo.” Amén.
12 Debió haber sido una mañana fría. Toda la noche había soñado que de nuevo podía ver. Y llegó tarde al portón. Ya habían entrado a la ciudad todos los hombres de negocio y solo había unos pocos turistas en esos días. ¿Qué podía hacer? No recibiría una moneda. ¿Cómo iba a comer? Él escuchó. No escuchaba a nadie.
Así que fue y tomó su lugar al lado del portón. A tientas buscó hasta que encontró una piedra grande que cayó cuando Dios había sacudido los muros de Jericó. Había sido una mañana fría y se sentó en el calor de los rayos del sol. Y allí estaba sentado y empezó a pensar en lo que había estado soñando la noche anterior. Oh, que sueño tan maravilloso. Él había soñado que podía ver. Luego inclinó su cabeza, y empezó a pensar de los años pasados, cuando él era pequeño. A todos nos gusta regresar a esos tiempos y pensar en esas escenas de nuestra niñez.
13 Y empezó a pensar de cuando era un pequeño, corriendo sobre los montes, tan solo era un niño judío de siete u ocho años. ¡Cuánto amaba recoger flores de la orilla del río Jordán! Y las flores hermosas de los cerros de Palestina, que hermosos colores tenían. Y como era que sus ojos obscuros solían ver las flores, y cuando veía los cielos hermosos y esas grandes nubes blancas. Pero ahora había estado oscuro por muchos, muchos años.
Entonces recordó cuan feliz había sido cuando su madre judía le llamaba a comer a medio día. Y después de comer, lo tomaba en sus brazos y salía al porche a arrullarlo para tomar su siesta de medio día. Ella le acariciaba su cabello negro y tocaba su mejilla, como es que sus ojos contemplaban el rostro hermoso de ella. Su mamá, oh, como lo podía recordar.
14 Y también se acordó que ella le contaba historias de la Biblia. Es bueno que las madres les hablen a sus niños de esas cosas. “Instruye al niño en su camino: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.” Eso es lo que las Escrituras dicen. Y ella lo mecía y le contaba del gran Jehová.
Había una historia que a él le gustaba, muy en especial. Se trataba de los días del profeta Elías. Él amaba pensar en ese gran y poderoso profeta, y de la mujer Sunamita. Como es que esta mujer era mujer tan buena. A pesar de ser Sunamita, ella sabía que ese profeta era un hombre de Dios. Y a ella le gustaba hacer cosas nobles para él. Así que un día ella hizo que su esposo le construyera un cuarto pequeño al lado de su casa, para que él tuviera donde quedarse durante sus viajes.
15 Y un día, al llegar él y su siervo, vieron lo bien que ella los había tratado, y él quiso hacer algo bueno para ella. Así que, se dieron cuenta que ella no tenía hijos.
Y la madre acariciaba el pelo negro del pequeño Bartimeo, y le decía, “Bartimeo, toda madre desea tener un hijito como tú.”
Así que, el profeta pensó que esto podía ser la mejor cosa que le pudiese acontecer a esa mujer bondadosa (Porque ella lo mantendría en las cosas del Señor.), así que él oró por la mujer, y ella tuvo un niñito.
16 Y cuando llegó a tener unos doce años, un día él estaba en el campo de cosecha con su papá, parece ser que le dió insolación. Él dijo, “Mi cabeza, mi cabeza.” Y el siervo lo llevó a su mamá. Ella lo cargó en su regazo, y el niño empeoraba de salud. Hasta que después de un rato, no había aliento en él. Estaba muerto.
Y miren lo que hizo esa madre. Ella no lo puso en la camita del niño; tampoco lo puso en su cama de ella. Pero ella salió de su casa y a la vuelta lo recostó en la cama del profeta. Ese es un buen lugar donde ponerlo.
Luego le dijo a su esposo; todos estaban gritando. Ella dijo, “Ensilla una mula y cabalga. No te detengas. Yo iré a las montañas a una cueva donde vive un profeta.”
“Oh,” dijo su esposo, “¿De qué sirve eso ahora?”
Dijo ella, “Todo está bien.” Y así se fue a encontrar al hombre de Dios que podía pronunciar una bendición, podía dar una profecía y decirles el tiempo en que nacería su bebé. Seguramente, si Dios podía darles un bebé, Dios les podía decir por qué se lo había llevado. Amén.
17 Entonces la encontramos llegando con el profeta. El profeta miró, y la podía ver llegando. Ahora, Dios no le dice siempre todas las cosas a Su profeta; El solo le dice lo que Él quiere que sepan. Dios no le había dicho a Elías que el bebé estaba muerto. Esto es lo que dijo, “Aquí viene la Sunamita, y está agobiada, y Dios me lo ha ocultado.” Él le dijo, “¿Está bien todo contigo, con tu esposo, y con el bebé?”
Escuchen lo que ella dijo, “Todo está bien.” Su bebé era un cadáver, y su esposo estaba frenético, y su corazón estaba destrozado. Pero todo estaba bien. ¿Por qué? Ella está en la presencia del representante de Dios. Ella sabía que algo tenía que acontecer. Eso me gusta. Y ella se arrodilló a sus pies y le empezó a contar.
18 Le dijo él a su siervo Giezi, “Toma mi bordón y ve al bebé. Si alguien trata de detenerte, no te detengas. Ve.” Ese es el mensaje.
Ese es el mensaje para los ministros hoy. No se detengan para esas fiestas sociales y cosas semejantes, juegos de dados en la iglesia, bailes. El mensaje es urgente. La gente está muerta en pecado y transgresiones. No tenemos tiempo para argumentar teología: ¿Eres Metodista? ¿Bautista? ¿Católico? Eso no hace ninguna diferencia. Has llegar el mensaje.
Ahora, yo pienso que de allí tomó Pablo el poner pañuelos sobre la gente, porque yo creo que Pablo era un fundamentalista. Ahora, usted ve que Elías sabía que Dios estaba en él, y todo lo que él tocaba estaba bendecido. Si él conseguía que la mujer creyera la misma cosa…
19 Pero la fe de la mujer no estaba en el cayado. Su fe estaba en el profeta. El cayado puede servir cuando el profeta no estaba allí, pero el profeta estaba allí en ese entonces. Ella entonces le dijo, “Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré.” Eso me gusta. Retenga sus convicciones. Hoy tenemos ante nosotros, el representante de Dios en la tierra, el Espíritu Santo.
Ahora, cuando Dios da la promesa, agárrese del Espíritu de Dios, y no tenga miedo. “No me voy a soltar. Me voy a agarrar de Tu Palabra, Señor, hasta que se cumpla. No me voy a soltar.”
20 Elías sabía que la única manera de deshacerse de ella, era irse con ella. Así que se ciñó los lomos y fue a la casa. Se encontró con el siervo que regresaba…?…Elías entró al cuarto, cerró la puerta, mantuvo a los incrédulos afuera, caminó de un lado a otro hasta que el Espíritu llego sobre Él. Entonces él corrió, se cruzó sobre su cuerpo del bebé. Él bebé estornudó siete veces, y dió un brinco a su regazo.
21 Oh, como es que él amaba esa pequeña historia. Oh, pensó él, “Si tan solo yo hubiera vivido en ese día, yo haría que orara ese profeta por mis ojos ciegos.”
Y entonces, “Shh, shh,” Él escuchó que algo venía. Eran los pasos de una pequeña mula. Y él escuchó que alguien venía corriendo delante de ella. Toma su abrigo harapiento, se lo pone y sale. “Tenga misericordia. Deme una moneda. No me han dado nada en todo el día y tengo una niña pequeña en casa, con hambre. Tengo una esposa en casa con hambre. Por favor ayúdeme.”
22 De repente se escucha una voz, “Quítate de mi camino, limosnero ciego. Hoy no tengo tiempo para limosneros ciegos. Soy un siervo del Señor, y soy el jefe de la Asociación Ministerial de Jerusalén. Entiendo que hoy entra y sale de esta ciudad un profeta fanático de Galilea. Y la asociación de Jericó me ha llamado. Hoy tendremos una reunión del consejo. Nos encargaremos de que no pueda tener sanidades aquí. Venimos para detenerlo. Quítate del camino. Voy de prisa.” Y así se fueron.
A tientas el ciego Bartimeo se regresó a su piedra. El sol ya había dado vuelta y había sombra donde se había sentado. Él se movió para estar de nuevo bajo el sol. Se encontró otra piedra y se sentó, y continúo su sueño. Él dijo, “Solo pensar que el mismo profeta Elías y Eliseo vinieron por esta misma calle unidos como uno, rumbo al Jordán, y allí golpeó el agua con su manto y cruzó. Uno golpeó las aguas y regresó. El Jordán se secó.
23 Piense en eso, “Ellos pasaron como a cien yardas [91 m – Trad.] de donde yo estoy sentado. Si tan solo yo hubiera vivido en ese entonces, hubiera corrido y dicho, Oh, profetas de Dios, oren por mí, y ellos hubieran orado, y mis ojos ciegos se hubieran abierto. ”Pero, ¡Ay!, el sacerdote dijo, Los días de los milagros ya pasaron. Ya no hay sanidad, no hay más profetas. Esos días ya pasaron.“
Luego se acordó que su madre le dijo que a unas quinientas yardas [457 m. – Trad.] de donde él estaba sentado, el gran Josué, por el poder de Dios, abrió el Jordán y trajo a su pueblo a esta tierra. ¿Qué le habrá pasado a ese gran Jehová?
24 Entonces se acordó de Josué, caminando sobre las murallas una tarde. Y él había visto a un hombre con su espada desenvainada. Él iba a encontrarse con Josué. Josué el gran y poderoso guerrero sacó su espada y gritó, “¿Estás con nosotros o estás con nuestro enemigo?” Y el hombre dijo, “No. Soy el Capitán del ejército del Señor.” Josué tiró su espada, se quitó su sombrero, y arrojó su escudo.
No se daba cuenta que ese mismo Capitán estaba tan solo a cien yardas [91 m. – Trad.] de él, saliendo de la ciudad. ¡Oh, Aleluya!
Ese mismo Capitán de los ejércitos del Señor está aquí ahora mismo, el mismo.
25 Y él escuchó ruido, y estaban gritando. Algunos decían una cosa y otros decían otra cosa. Y escuchó que alguien dijo, “¡Hosanna al Rey!”
Y él escuchó a otros decir, “Fuera con ese fanático. Sáquenlo de nuestra ciudad.”
Así que el ciego Bartimeo se preguntó que era todo ese bullicio. Luego escuchó una voz, dijo, “Tú Quien puedes resucitar muertos, Tú Quien dice que resucitaste a Lázaro, ven aquí. Tenemos un cementerio lleno, resucita algunos de ellos.” Oh, esos críticos existen en cada edad.
26 Pero ante toda la multitud iba un hombre que se veía frágil, con su rostro hacia Jerusalén. Él iba allí para morir por los pecados del mundo. Y todo el peso de todo pecado estaba sobre Él. Él no escuchaba sus clamores. Y ellos le tiraban fruta podrida. Sin duda, se burlaban de Él. “Haber, déjame verte sanar a alguien.”
Y el ciego Bartimeo reconoció la voz del mismo sacerdote con el que él había hablado. Así que se preguntó, que estará pasando. Y empezó a gritar, “¿Qué está pasando?”
Y alguien le dijo, “Siéntate. Quítate del camino.” Y lo empujaron. El pobre viejo se cayó. Y él clamó, “Alguien dígame por favor, ¿de qué se tratan todos estos gritos?”
27 “Después de un rato, una dama bondadosa pasó y se inclinó. Ella dijo, ”Pobre hombre, ¿qué es lo que quieres?“
“Señora, quiero saber de qué se trata todo este ruido.”
“Oh” dijo ella, “señor, que no entiende usted que Jesús de Nazaret, el Profeta de Galilea está pasando por aquí.”
“No señora. Nunca he escuchado de Él.”
“¿Oh señor, es usted un Israelita? ¿Qué no sabe usted las Escrituras? Yo soy una… Yo soy una seguidora de Jesús de Nazaret.”
“¿Y son todos los seguidores de Él, amables como usted?” Claro que sí. Demuestre amabilidad, sea cortés. Entonces él dijo, “¿Y qué de este Profeta?” Cuando él dijo, “Conoce usted a Moisés…”
Dijo ella, “Moisés dijo que el Señor nuestro Dios levantaría a un Dios-Profeta. ¿Entiende usted esto?”
“Oh,” dice el, “¿Es ese Él, El Hijo de David?”
“Sí.”
Dijo, “¿Cómo voy a saber?”
“Oh,” dice ella, “espere un momento. Ellos tuvieron un desayuno esta mañana allá en la ciudad, le dieron un desayuno.” Y dijo, “¿Se recuerda del hombre que colectaba impuestos, llamado Zaqueo?”
“Si, yo me acuerdo de él.”
“Él se subió a ese árbol sicomoro y se cubrió con las ramas. Si Él es profeta…, Ni un profeta me podrá encontrar acá arriba. Así que él estaba sentado allá arriba en el árbol, y paso Jesús por allí, y Él se detuvo debajo del árbol, miro hacia arriba, y dijo, Zaqueo, baja de allí.”
“Oh, entonces ese si es profeta.” ¡Aún es profeta! “Oh,” dijo él, “¿entonces dónde está Él ahora?”
“Oh, Él está allá por el camino.”
“¿Pero piensa usted que Él me puede oír?
“Tan solo ore, Señor.”
Y él empezó a gritar, “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Una persona insignificante, un andrajoso harapiento, pobre, ciego. Pero él lloró, “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”
28 Ahora, Jesús no pudo haber oído su voz; Él se encontraba como a unas cien o doscientas yardas [de 91 a 182 m. – Trad] de Él, con gente gritando. Y Él no les estaba escuchando; lo estaban maltratando. Él estaba pensando en Jerusalén. Pero la fe de ese limosnero ciego, detuvo a Jesús, y Él se dio la vuelta. ¿Qué está pasando? Dijo, “Tráiganlo aquí.” ¿Qué estaba aconteciendo? Ese limosnero insignificante detuvo a Jesús en Su camino a Jerusalén. Su fe puede hacer lo mismo esta noche. Él dio la vuelta y empezó a ver. Dijo, “Tráiganlo aquí.” ¿Qué estaba aconteciendo? Dios proveyó un Cordero para los ojos ciegos de Bartimeo.
Ese mismo Cordero se ha provisto esta noche para cada persona aquí y en todo lugar. Él está pasando por aquí. Deje que su fe lo detenga y en su corazón clame, “¡Oh, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Esta es la última noche de reunión, ten misericordia de mí.” Él se detendrá y hará lo mismo allí, que hizo en ese entonces, porque Él es el Cordero provisto por Dios para toda cosa que usted necesite.
29 Inclinemos nuestras cabezas en todas partes y oremos silenciosamente. Mis preciosos amigos, sabiendo esto, en unos cuantos minutos, nos iremos y jamás nos veremos de nuevo, algunos aquí, hasta que nos encontremos ante Sus pies.
Quiero preguntarles algo, de lo profundo de mi corazón. Ustedes que no Le conocen a Él como su Salvador, no reconocen que Él es el Cordero que ha sido provisto para usted, mientras sus cabezas están inclinadas, podría usted decir esto, “Hermano Branham, ore por mí.” Yo creo que Dios escuchará su oración. Y para Dios, voy a elevar mi mano, diciendo, “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” Ahora levante su mano; mantengan sus cabezas inclinadas, por toda la audiencia, todos los que quieran ser liberados. Dios les bendiga. Mantengan sus manos en alto, por todo alrededor. Jesús se detendrá por usted esta noche, si quiere que él abra sus ojos, sus ojos espirituales, levanten sus manos. Dios les bendiga.
30 Ahora, vamos a orar. Oh Señor, como la ciega Fanny Crosby escribió en días pasados, “No pases, amable Salvador, Escucha mi humilde clamor. Mientras Tú llamas a otros, No pases de mí. Tú eres la fuente de toda comodidad, Eres más que la vida para mí. ¿A quién más tengo aquí en la tierra además de Ti? ¿O quien en el cielo, sino a Ti?
Oh Jesús, toca a cada corazón que tiene sus manos en alto, y perdónales por toda incredulidad que han tenido. Yo oro que el gran Espíritu Santo descienda ahora mismo y se mude a sus corazones, y les llene de poder, poder de fe que pueda detenerte para sus necesidades mientras estén en esta jornada terrestre. Recíbelos en Tu reino. Está escrito en Tu Palabra. Y Señor, Tu Palabra es verdadera. “Aquel que escuchare Mi Palabra, y crea en Él que Me ha enviado, tiene vida eterna. [Espacio en blanco en la cinta – Ed.]
31 Quiero dirigirme a la mujer… [Espacio en blanco en la cinta – Ed.] por lo regular, durante mis reuniones, los manejadores son los que hablan. Yo vengo directamente de mi cuarto a la línea de oración. Cuando yo hablo de esta manera, es bajo una unción diferente, el mismo Espíritu, pero vea usted, cuando usted está predicando, usted está recibiendo del el Espíritu Santo. Pero en esto, usted está dando, y eso le saca un poco de vida fuera de usted. Si tan solo una visión debilitó a Jesús, que me hará a mí, un pecador, salvo por gracia.
Una dama, si me puede escuchar, ¿me cree que soy Su profeta, o Su siervo? Si Dios conoce su corazón, y si lo conoce, usted está consiente que algo está sucediendo… Entre mí y la mujer hay una Luz. Para mí que es el mismo Espíritu Santo que guió a los hijos de Israel a través del desierto. Es Él mismo que después de Su resurrección, que envió la Luz para tumbar a Pablo mientras iba en camino a Damasco. Es el mismo Jesús que se paró al lado de la mujer junto al pozo.
32 Si Él me dice lo que está en su corazón, la razón por la cual usted está aquí, algo que usted sepa que yo no conozca nada al respecto, ¿me creerá que es el Hijo de Dios? Algo tiene que acontecer. La mujer está sufriendo con un nerviosismo. Eso es correcto. Ella también tiene diabetes. Eso es ASÍ DICE EL SEÑOR. Ahora, para que la audiencia pueda darse cuenta, levante su mano si eso es verdad. ¿Cree usted que el Dios que supo el nombre de Simón, también sabrá su nombre, y Él podrá decirme quien es usted, podrá usted creer eso? Entonces, Mary, váyase a casa.
Ahora, ustedes en la audiencia, crean ahora. Ahora, la unción está en la audiencia. El hombre parado aquí, con problema de espalda. Bien, ¿cree usted? Si usted lo cree, puede ser suyo. El pequeño, solo levanta la mano como yo. Tú estabas orando. Deja te digo de que estabas orando: Tú estabas diciendo, “Dios, deja que él me llame a mí.” Tu eres pequeño de estatura como lo era Zaqueo, pero Él sabía que tú estabas allí. Estas sano. Sigue adelante regocijando.
33 Detrás de él, ha bajado La Gloria de Dios. Allí parado con tuberculosis. Si ellos creen, puedes estar bien. Jesucristo te sana.
Quiero preguntar… Quiero preguntarle a esta audiencia, ¿qué fue lo que ellos tocaron? Ellos tocaron al Sumo Sacerdote. Él es el mismo hoy. Amén.
Esta dama. Yo no la conozco, pero Dios si la conoce. Si es así, levante su mano. Si Dios me revela el secreto de su corazón, de lo que usted quiere, algo que usted sabe que yo desconozco, ¿creerá usted en el Hijo de Dios? La mujer sufre de una condición nerviosa. De la manera en que le afecta es que no puede dormir. (Eso es correcto.) Está inquieta. ¿Usted piensa que estoy adivinando? Ahora, deje usted de pensar eso. Mire. Aquí.
La mujer también tiene a alguien más en su corazón por el cual ella está orando. Si Dios me revela eso, ¿me creerá que soy Su profeta? Es su hermano. Su hermano… ¿Usted cree que Él me puede decir cuál es el problema que tiene? Diabetes. Eso es correcto. Él no está aquí. Él vive en otra isla. República Dominicana. Sea muy reverente.
34 La dama que está aquí sentada, orando, tiene una condición asmática. Si usted cree… Le diré algo, la dama de la cual yo hablo es Católica. Ella ofrece sus oraciones con un rosario. Póngase de pie. ¿Acepta usted a Jesús? Levante sus manos. Sus pecados le son perdonados. Vaya en paz por su camino. ¡Aleluya! Es usted sana.
Sea reverente. Sentada cerca de ella, ese Espíritu aún está colgando allí. Es una mujer. Ella tiene artritis. Es… Su nombre es María. Crea y usted será sana. Amén.
La dama aquí, una desconocida para mí. Así es. Yo no la conozco. Si Dios me revela su problema…
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