S.62 51-0721  Vida De Demonios 

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OBRAS DEL MENSAJE

Vida De Demonios

Toledo, Ohio, E.U.A.

51-0721

1 Estaba… Yo estaba en la casa de mi madre, y me iba a quedar allí toda la noche. Había estado orando por los enfermos, y llegué tarde. Así que solo me detuve con mamá. Y yo estaba hablando con ella. Y nos fuimos a la cama. Un rato después vine… me levanté. Y simplemente no podía descansar. ¿Alguna vez han tenido esas noches inquietas? Tengan cuidado, si son Cristianos, ese pudiera ser Dios lidiando con Uds., ¿ven? Así que me levanté y andaba caminando. Y me di la vuelta… Yo tenía una carga; pensé: “Bueno, tal vez alguien está enfermo en alguna parte, y quieren que ore por ellos”.
Y me arrodillé, y yo no podía entrar bien en la oración. Y solo seguí un rato y después de un rato, miré a través del cuarto. Y ¿alguna vez, Uds. mujeres lavaron y metieron su ropa de esa manera y la apilaron en una silla? Esa es mi madre. Y luego planchar descalza en… Y si ella supiera que dije eso, me habría volteado de nuevo sobre su delantal a cuadros. Pero he visto a la pobrecita, muchas veces parada allí y parada con su plancha, Ud. sabe, descalza, planchando. Ella…

2 Pensé que ella había colocado sus ropas en la silla en la esquina, allí en la recámara. Y se miraba como algo blanco. Y comenzó a acercarse a mí. Yo miré eso. Y no era la silla; era algo que se estaba moviendo, blanco. Y eso… Parecía que yo había entrado en eso, o que entró en mí. Y en unos momentos, yo estaba caminando por una región desértica, y podía escuchar a un cordero balando, haciendo: “Baa-baa”. ¿Alguna vez han escuchado a un corderito balando? Es la cosa más lastimosa en el mundo. Y estaba balando. Yo dije: “Esa pobre cosita. Voy a ir a ver si la puedo encontrar”.
Y empecé a dirigirme hacia el arbusto y cosa. Y a medida que me acercaba, no era un cordero. Era un humano. Y estaba llamando, diciendo: “Milltown. Milltown”. Bueno, nunca en mi vida había escuchado del lugar. Entonces cuando volví en mí… Fui a la iglesia el siguiente miércoles por la noche. Y le dije a algunos de ellos: “¿Alguien sabe en dónde está Milltown?”. Nadie sabía.

3 Así que entonces, el domingo por la noche lo anuncié. “¿Alguien sabe en dónde está Milltown?”. Y un hermano de nombre George Wright, me imagino que muchos de Uds. que van al tabernáculo lo conocen.
Y él dijo: “Sí, Hermano Branham, a unas treinta y cinco millas (56 Km. Trad.) aquí por el Sur”. Dijo: “Yo vivo cerca de eso”.
Yo dije: “Voy a estar allá el próximo sábado; Dios quiere que vaya a Milltown. Hay alguien allá en problemas”.
Él dijo: “Una ciudad pequeña de unas cien o mil personas, por el Sur allá…”. Dijo…
Yo dije: “Bueno, estaré allá”.

4 Fuimos para allá, y recuerdo, yo fui a esa tienda donde da vuelta la esquina. Pensé: “¿Me pregunto qué quiere el Señor de mí?”. Entré y compré una caja. Y salí de allí, y pensé que podía predicar aquí mismo en la esquina. Bueno, me subí a la caja, y no podía pensar en nada para predicar. Y la gente allí en el campo, Ud. sabe, entra en sábado y hace sus compras.
El Hermano Wright dijo: “Voy a subir la colina para hacer un pequeño trato, Hermano Branham, tengo que llevarle unos huevos a un hombre allá arriba”. Dijo: “¿Quiere subir conmigo?”.
Yo dije: “Sí”. Y a medida que subía, allí estaba una iglesia grande blanca colocada en la colina. Y yo dije: “Oiga, mire. ¿No es esa una iglesia encantadora?”.
Él dijo: “Sí, es una lástima tocante a esa iglesia”. Dijo: “Esa es la iglesia Bautista, y el pastor de allí se metió en un problema”. Y dijo: “La iglesia se vino abajo, y desde entonces no han tenido un pastor”. Dijo: “La ciudad se hizo cargo. Toda la congregación dejó el lugar y se fue a otras iglesias”.

5 Y yo sentí que el Espíritu de Dios me decía: “Detente”. Yo fui allá y la puerta estaba cerrada. Y dije: “Siga adelante, Hermano Wright. Y yo… Regrese y recójame después de un rato”.
Y después que él se fue, yo me arrodillé allí y oré. Dije: “Señor, si me quieres en esta iglesia, abre estas puertas por mí”.
Y mientras estaba yo orando, me levanté, y escuché que alguien venía. Era un hombre que caminaba alrededor. Él dijo: “¡Hola!”.
Y le respondí: “¿Cómo le va?”.
Él dijo: “Vi que estaba orando”.
Dije: “Sí, señor. Yo solo… Soy un predicador, y simplemente estaba orando aquí en los escalones”.
Él dijo: “¿Quiere entrar?”.
Le respondí: “Sí, señor”.
Dijo: “Yo tengo las llaves”.
Yo dije: “Gracias, Señor”. Dije: “Gracias, Señor”. ¿Todos Uds. creen eso? Sí, señor. Sí, señor. Él es real.

6 Y él me abrió la puerta, y yo entré allí, tenía capacidad para unas trescientas o cuatrocientas personas. Y me acerqué al lugar. Y yo incliné mi rostro y oré. Dije: “¿A quién le pertenece?”.
Dijo: “Oh, a la ciudad”. Dijo: “Nosotros solo… Yo me encargo aquí”. Dijo: “Lo único que tenemos son funerales y por el estilo”.
Yo dije: “¿Me pregunto si yo pudiera llevar a cabo un avivamiento aquí?”.
Dijo: “Vea al oficial de la ciudad”.
Y yo fui y le pregunté. Él dijo: “Seguro, si Ud. le coloca un medidor”.
Le dije: “Bueno, yo trabajo para Servicios Públicos, colocaré mi propio medidor”.
Él dijo: “Muy bien”.
Puse el medidor, y anuncié por allí que iba a tener un avivamiento. Nunca olvidaré al primer hombre que le pregunté. Yo dije: “Voy a tener un avivamiento, señor, ¿vendrá?”.
Él dijo: “Oiga, criamos gallinas por aquí. No tengo tiempo para ir a ninguna iglesia”.
Yo dije: “Bueno, ¿no puede dejar a las gallinas solas por un ratito y venir a la reunión?”.

7 Él dijo: “Oh, no tenemos tiempo para nada como eso”. Dijo: “Tengo que ocuparme de mi negocio”. Dijo: “Usted encárguese de lo suyo”.
Yo dije: “No quise herir sus sentimientos, señor”.
Como unos diez días después, Ud. sabe, tuvieron que apartar tiempo para enterrar al hombre. Él murió. Y así que lo enterraron justo por allí enfrente de la iglesia.
Comenzamos un avivamiento. Y… Oh, yo salí y oré en el bosque, y pensé que el Señor me dio un gran mensaje, y yo estaba simplemente ardiendo en mi corazón, para entregarlo. Dije: “Oh, probablemente tendremos una gran multitud allí esta noche. Tal vez el Señor quiere que celebre un avivamiento”.

8 Así que yo llegué allá. ¿Saben quiénes estaban? George Wright, su esposa, y su hijo e hija. Tenía a cuatro en la congregación. De todas maneras prediqué el mensaje que el Señor me había dado. Y luego a la siguiente noche, estaba afuera un tipo de apariencia extraña. Y él estaba… Me dijeron que él era un Nazareno descarriado, una vez perteneció a la iglesia Nazarena y se había descarriado. Él tenía su pipa de mazorca en la boca, y la golpeó al lado del edificio, con su cabello colgándole en la cara, y un diente salido por un lado. Y se asomó, dijo: “¿En dónde está ese pequeño Billy Sunday del cual están hablando aquí?”. De esa manera.
El Sr. Wright fue por él y lo sentó. Yo estaba allí arriba leyendo la Biblia, detrás del púlpito. El Hermano Wright vino, dijo: “El tipo más difícil que hay en la región, acaba de entrar”. Dijo: “Oh, él es todo una maravilla”. Dijo: “Su nombre es William Hall. Dirige la floristería aquí arriba en la colina.
Dije: “Tal vez ese es el que el Señor está buscando”.
Así que yo empecé a predicar. El hermano Wright regresó con él, dijo: “¿Quiere sentarse enfrente?”.
Él dijo: “Yo me ocuparé de las cosas aquí atrás. Usted vaya enfrente”.
Y a medida que la reunión continuó, cuando terminó el servicio, el Sr. Hall estaba arrodillado en la barandilla, orando a Dios. Él es mi pastor asociado en aquel lugar ahora. Y todavía… Unas cuantas noches allí se llevaron a cabo unas sanidades. Y entonces eso hizo que llegara la gente. Tuvimos que colgar sistemas de amplificación afuera en los árboles. Pero parecía, sin embargo, que eso no era todo.

9 Así que estaba una jovencita que pertenecía a una cierta iglesia allí, que no mencionaré por nombre; ellos no creen en ningún Espíritu; solo la letra: “Hablamos donde la Palabra habla, y callamos donde calla”.
Y ellos habían hecho una proclamación allí, que cualquiera que fuera a esa reunión le darían una carta de su iglesia y los mandarían a casa. Su papá era un diácono en la iglesia. Y así que a ella consiguió uno de mis libritos. Y la dama, la muchacha, tiene ahora unos veinticinco años. Su nombre es la Srita. Georgie Carter. Ella había estado postrada durante nueve años y ocho meses, no había levantado su cabeza de la cama: tuberculosis. Y ni siquiera podían colocar la bacinilla debajo de ella. Mantenían una sábana de hule, y una sábana hospitalaria. Me imagino que Ud. sabe, Hermano Ryan, tenían que jalar la sábana hospitalaria de esa forma. Ella no había visto el mundo exterior, ningún lugar, aún las ventanas, durante nueve años y ocho meses.
Y alguien vino y me dijo, pero dijo: “Usted no puede ir a orar por ella”, dijo: “Ella está llorando por usted”. Y tan pronto como dijeron eso, parecía que esa era la persona que debía ir a ver.

10 Bueno, su mamá y papá no me dejaban ir. Dijeron: “No, no dejaremos que venga ese engañador”. Y después cuando me preparé para dejar el avivamiento, su papá dijo: “Bueno, él saldría de la casa”. Y su madre dijo que ella saldría y si acaso para satisfacer a la muchacha. Así que pienso que debieron haber conseguido permiso del predicador, solo para dejarme ir allá.
Así que yo fui a verla. Y la pobrecita tenía colocado allí mi librito. Y en la parte de atrás de la cama, antes que ella pudiera… que lo superara, al poner sus manos atrás, la pintura estaba totalmente desgastada de la cama donde ella se había sujetado, y llorado, y orado por liberación. Pero la iglesia no creía en sanidad Divina. Y ella consiguió este libro, y vio en el periódico donde otra muchachita había sido sanada, había sido enviada por visión. Y ella quería ser sanada.

11 Así que, oh, la pobrecita había llorado tanto. Y yo entré; ella dijo: “Hermano Branham, yo simplemente creí que si Ud. podía venir; Jesús me permitiría sanar”.
Y yo dije: “¿Le servirá a Él, hermana?”.
Dijo: “Con todo mi corazón”.
Y sus pequeños brazos, ella no podía levantar su taza para escupir. Ella empezaba y hacía: “Uh, uh, uh”, y luego le tenían que sostener la taza. Ella hacía: “Uh, uh, uh”, para escupir allí dentro de esa manera. Y esa es la condición en la que se encontraba. Yo me arrodillé y oré por ella, y salí de la habitación.

12 Y unas dos semanas después de eso, yo me encontraba de regreso para empezar otra reunión. Habíamos una reunión de tres o cuatro noches. Y había otro ministro allá, que no creía en inmersión. Y yo iba a bautizar a un montón allá en el río. Y él había tenido un avivamiento en una carpa. Y él dijo: “si alguien, uno de mi congregación, aún entra a esa iglesia, donde ese loco sanador divino”, dijo: “Yo haré… los sacaré definitivamente de la iglesia”. Él dijo: “La sola mención de…”. Dijo: “Ese tipo los ahogará en el agua, Ud. sabe”. Él dijo: “Bueno…”.
Yo fui allá para tener el servicio bautismal esa tarde. Y la pequeña Georgie, yo le dije, dije: “Ahora, ahora hermana, yo puedo orar por usted. Eso es todo lo que sé”.
Ella dijo: “¿Puede hacer por mí, como lo hizo con esa muchacha Nail?”.
Yo dije: “No, esa fue una visión, querida. Tengo que ver primero una visión”.
Dije: “Si alguna vez Él me manda de regreso, yo regresaré. Pero yo creo que Ud. va a aliviarse”, alentando su fe.

13 Y entonces, el último día del servicio fui a bautizar a Tottens Ford. Muchos de Uds. alrededor de Corydon saben en dónde está eso. Así que fui allá a bautizar. Y aquí este ministro había cerrado su servicio, y toda la congregación estaba parada en la ribera. Y yo caminé hasta el río, Ud. sabe. ¡Oh, vaya, qué sensación tan gloriosa, el agua, salpicando por todas partes! Y bauticé a cincuenta personas esa tarde. Y mientras yo estaba parado allí, simplemente parecía que Ángeles estaban sentados en cada rama de los árboles.

14 Y yo estaba parado allí, comencé a orar de esa manera. Yo dije: “Así como Dios envió a Juan a bautizar…”. Y yo dije, Él dijo: “Id por todo el mundo y haced discípulos de todas las naciones y bautizadlos. Estas señales seguirán a los que creen”. Y justo en ese momento, el Espíritu Santo descendió por toda esa ribera y toda la congregación de ese ministro salió al río, gritando con sus buenas ropas puestas. Y yo bauticé a cada uno de ellos esa tarde, a cada uno de ellos. Eso es correcto. Eso es verdad.
Las mujeres gritando con sus vestidos de seda puestos, jovencitas, y madres y papás, y trayendo a sus niñitos, y todo. Yo bauticé hasta que casi estaba oscuro. Tuvieron que sacarme del agua. Y así que yo estaba supuesto a tener la reunión en la iglesia Bautista esa noche. Fui con el hermano Wright y demás a cenar. Y mamá Wright, es una cocinera de verdad. Viven muy adentro en el campo. Y yo dije: “No quiero cenar en este momento”. Dije: “Voy a salir por aquí a orar. El Señor quiere que ore. Hay algo que pesa en mi corazón”.
Así que entonces, él dijo: “Bueno, cuando yo toqué la campana, se viene Hermano Branham”, dijo: “porque tendremos que darnos prisa”.
Yo dije: “Muy bien”.

15 Y yo fui para allá, y me arrodillé. ¿Alguna sintieron como, Ud. sabe, las espinas picándole, y el piso demasiado duro? ¿Alguna vez han tenido eso? Ese es el momento para seguir presionando. Ese es el diablo tratando de impedírselos. Siga adelante. Mientras esté Ud. haciendo lo correcto, no puede estar errado, ¿ven? No puede irse por ese camino, cuando se está yendo por este otro camino. Y yo sé que es correcto el orar. Y yo simplemente seguí orando; el viento soplaba, y una espina me golpeó el rostro. Yo solo dije: “Gracias Señor”. Y seguí orando.
Y después de un rato, me perdí en el Espíritu. ¿Alguna vez se han perdido en el Espíritu? Discúlpenme por hablar tan a prisa como una zarza ardiente, pero estoy tratando de apurarme. Pero yo simplemente me perdí en el Espíritu. Casi ni sabía en dónde estaba. Escuché que sonó esa campana, pero yo estaba pasando un tiempo demasiado bueno con Dios en ese momento como para pensar en la cena. Y la campana sonó y sonó. Y sabía que se estaba oscureciendo. Y yo solo estaba orando. Dije: “Gracias, Señor, por Tu bondad”.

16 Y justo en ese momento se puso un tanto silencioso. Pensé: me voy a levantar e iré para allá entonces. Tal vez el primer grupo ya se alejó de la mesa. Y yo dije: “Gracias Señor”.
Y a medida que abría los ojos, brillando allí en un pequeño arbusto de cornejo, una especie de luz verde esmeralda, amarillenta, brillando directamente en mí. Y habló una voz parecida a una gran voz grave, muy atrás en el bosque, y dijo: “Pasa por camino de los Carters”. Eso fue suficiente. Eso lo tenía. Di un brinco y empecé a gritar, fui corriendo. Tenían a grupos de rescate buscándome afuera en el bosque. Yo brinqué la cerca y allí en el campo, y brinqué a los brazos del Hermano Wright.
Él dijo: “Hermano Billy”, él dijo: “Mamá ha estado esperándolo para la cena desde hace una hora”. Él dijo: “Ellos andan por todas partes de colina aquí, buscándolo”.

17 Yo dije: “Bueno, Hermano Wright, no voy a cenar”. Yo dije: “Georgie Carter va a sanar completamente en los próximos minutos”. Ella estaba a unas ocho millas (12 Km. Trad.) de distancia
Él dijo: “¿Qué?”.
Yo dije: “Sí señor. ASÍ DICE EL SEÑOR”.
Él dijo: “¿Me quiere decir que ella se va a levantar?”.
Le respondí: “Ella va a estar bien y normal en los próximos minutos, tan pronto como pueda llegar allá”.
Él dijo: “¿Puedo ir con usted?”.
Yo dije: “Sí señor”.
Y allí estaba un hombre de Texas, acababa de traer a su esposa, y ella fue sanada. Él dijo: “Hermano Branham, ¿puedo ir con usted?”. Él había visto sanar a la muchachita Nale, unas semanas antes de eso.
Yo dije: “Sí señor”.
Él dijo: “Me quiere decir que ese montón de huesos que…”.
Yo dije: “Ella va a sanar dentro de unos minutos”.
Nos subimos al auto y nos fuimos para allá. Ahora, Dios trabaja en ambas puntas de la línea. ¿Cree Uds. eso?

18 Cuando estaban llevando a cabo una reunión de oración en la casa de Juan Marcos, Pedro estaba en la prisión, y el Ángel del Señor estaba allí. Ustedes saben lo que quiero decir.
Y luego esta mujer, la madre, la señora Carter… Quiero que todos le escriban si lo desean. Ella fue muy crítica. Pero ella… La pequeña Georgie lloró. Ella le prometió a Dios que si podía sanar esa tarde, que ella bajaría y se bautizaría. Así que… Y ella no se había levantado de esa cama, ahora, su cabeza levantada, durante nueve años y ocho meses.
Y entonces, ella estaba postrada allí llorando, y su madre se puso tan nerviosa. Su madre se sentó allí, una mujer bastante joven, se puso canosa y le dio la parálisis, quedándose allí junto a la cama todo el tiempo, día y noche, con solo lo poco que podía dormir. Muy bien.
Su madre se fue a la cocina; ella se arrodilló, dijo: “Oh querido Dios…”. Con sinceridad ahora, simplemente había sido mal enseñada. Dijo: “Oh querido Dios”, dijo: “Ten misericordia de mi pobre muchachita allí adentro, la pobrecita acostada allí, a solo unos días de la muerte. Y ella acostada allí. Y ese impostor pasó por esta región aquí, afirmando ser algo”. Y dijo: “Y tiene a mi niña toda destrozada”. Dijo: “Dios, ten misericordia”. Empezó a orar de esa manera.

19 Ahora, aquí está su testimonio. Yo no sé esto; estas son sus palabras. Ella dijo: “Ella levantó su cabeza de esa manera; se estaba limpiando las lágrimas de sus ojos. Su hija vivía enseguida. Eran buenas personas. Y el sol se estaba ocultando en el oeste, y estaba brillando de esta manera contra esta pared”. Ella dijo: “Ella vio una sombra bajando por la pared”. Y pensó que era su hija que venía alrededor de la casa. Pero cuando Él se acercó a ella, ella dijo: “Era el Señor Jesucristo”. Dijo: “Él se acercó de esa manera. Él dijo: ¿Quién es este?”.
Y dijo que miraron. Y ella me estaba mirando con esta frente alta, y esta Biblia colocada en mi corazón, viniendo, entrando a la casa. Y ella dijo: “Oh, misericordia, yo… yo… yo me quedé… estoy dormida”. Ella nunca había visto una visión. Ella dijo: “Estoy…. Estoy dormida”.
Y ella corrió y le dijo a Georgie, dijo: “Georgie, yo estaba allá hace unos minutos orando, y me pareció ver una figura en la pared, se parecía como a Jesús. Y vi venir al Hermano Branham”, dijo: “con dos hombres que lo seguían. Él tenía una Biblia en su corazón”. Y en ese momento se cerró mi puerta afuera, y aquí venía yo y los dos hombres.

20 Déjeme decirle. ¡Oh, vaya! Me sentía bien. Hermano, Uds. nunca sabrán cómo se siente hasta que sepan en dónde están parados. Entonces todos los demonios del infierno no pueden detenerlo; no hay nada que pueda hacerlo. Entonces saben en dónde están.
Y caminé hasta el porche. Yo nunca… Me pareció que sentí que salía de mi cuerpo, y vi a mi cuerpo abrir esa puerta y entrar. Y allí estaba la muchachita acostada. Y la madre simplemente se cayó al piso y se desmayó. Y yo caminé hasta la cama donde ella estaba. Dije: “Hermana Georgie, aún el Señor Jesús, a quien amas y en quien confiaste todo este tiempo, se encontró conmigo en el bosque, y dijo que yo debía venir y que tú sanarías. Por lo tanto, en obediencia a la comisión que se me dio hace unos momentos en el bosque, yo te tomo por la mano, y digo: En el Nombre de Jesucristo, ponte de pie y sé sana”.

21 Y esa pobre muchachita, que no pesaba más de treinta seis o treinta y siete libras [16 Kg. Trad.], solo un montón de huesos… Pues, no podría haberse parado aunque tuviera que hacerlo. No solo se paró, sino que ella brincó sobre sus pies, gritando con toda su fuerza. Y la gente allí comenzó a gritar. Perfectamente normal y sana. Y su madre se desmayó. Y su hermana vino corriendo. Y ella no sabía qué hacer. Ella comenzó a gritar, su cabello… corriendo por el camino, jalándose el cabello de esa manera, porque algo había sucedido. Su padre estaba saliendo de su establo con un poco de leche, en un pequeño recipiente como este. Y oyó tocar el piano, y corrió hacia la casa para ver de qué se trataba. Y allí estaba su hija que no se había movido de esa cama durante nueve años y ocho meses, sentada en el piano, tocando: “Jesús, mantenme cerca de la cruz. Hay una fuente preciosa, gratis para todos, un torrente de sanidad, que fluye de la fuente del Calvario”, ¡perfectamente normal y sana!
¡Vaya! Aquí venía el predicador Marengo Bautista, y todos ellos, entrando. Y ella corrió al patio. Bendijo las hojas, bendijo el pasto. Ella estaba tan feliz.
Hermano, hermana, de eso hace seis años. Esta noche, Georgie Carter está tocando el piano en la iglesia Bautista de Milltown donde yo todavía soy el pastor. Escríbanle. Señorita Georgie G-e-o-r-g-i-e C-a-r-t-e-r, Milltown, Indiana. Consigan su propio testimonio personal.
El mismo Jesucristo que sanó a Georgie esa noche, está aquí mismo esta noche, para hacer la misma cosa con cada individuo que está parado en la Presencia Divina. ¿Creen Uds. eso?

22 Nuestro Padre celestial, que Tu presencia se acerque. Oh, Dios, que unja a cada persona que está ahora en esta Presencia Divina. Que el poder de Dios sature a este grupito que está aquí esperando. Hombres y mujeres sentados aquí, y con el sudor corriendo por sus rostros, ellos son fieles, Señor. Ahora te pido, Dios, sabiendo que Tú tienes que ser soberano a Tu Palabra. Solamente puedes sanarnos a medida que creemos. Pero si es posible, Señor, que los Ángeles de Dios se sienten en cada hilera, visiten de arriba abajo aquí esta noche, alrededor de esta plataforma, abajo por esta audiencia. Y que cada persona reciba un toque Divino de Él, de Quien yo testifico.
Dios, concede esta noche, que esta sea la noche más grande que hayamos visto en todos los días de nuestra vida. Que el poder de Dios cubra este edificio. Y que estas personas que fielmente esperan, abanicándose con los abanicos, que el Espíritu de Dios se mueva sobre cada uno de ellos y sane a cada persona en el edificio esta noche. Concédelo, Dios eterno, por medio del Nombre de Tu Hijo, Jesucristo. Amén.
Queridos hermanos, oren. Yo creo que Dios va a hacer algo por nosotros esta noche.

23 ¿Harían esto por mí, audiencia? ¿Estarían esperando, observando, y al primer toque del Espíritu Santo que los toque, en respuesta a la oración, hace solo unos momentos, se pondrían de pie y le darían a Dios la gloria? Mientras que las cosas están sucediendo aquí, Dios se está moviendo en el Espíritu entre Su pueblo. Cuando Dios haga algo por alguien, entonces Ud. párese y acepte su sanidad también.
Déjenme decirles, si Uds. hacen eso, habrá una ola de gloria que golpeará este edificio, y cuando el Espíritu Santo cae en eso, es cuando el agua está agitada. Entren y consigan la de Uds. en ese momento. Yo no voy a poder ministrar a cada uno de ustedes. Pero el Espíritu Santo puede tocar a cada uno de ustedes al mismo tiempo. ¿No lo creen? Entonces salgan de este edificio, encomendándoselo a Dios. Testifiquen de eso; crean con todo su corazón; aférrense a ello, y observen lo que sucede. Dios responderá. Amén. ¿Creen eso?

24 ¿Cuántas tarjetas repartieron? Muy bien. Comencemos de aquí, solo fórmense en la línea. Él repartió la F a partir de la 51. Comenzaremos aquí mismo, 51, 52, 53, 54, 55, tantos como pueda meter allí, me imagino. Deje que sea hasta el… Bueno, puede conseguir… ¿Puede meter más de diez allí? Muy bien, intentemos los primeros diez, y luego quizá podamos meter a más después de eso. Del 51 al 60, vienen siendo seis… del 51 al 60. Y tan pronto como entre ese grupo, tan pronto lo acomoden, si hay más espacio, párense inmediatamente. Solo comience con el 61, 62, 63, 64, 65 hasta el 70. Cuando esa audiencia se siente, comiencen inmediatamente en el 80. Y luego cuando esos… En ese momento, cada uno de Uds. deberá estar en la posición correcta, el Espíritu Santo cayendo en este edificio sobre cada uno de Uds. para ser sanados.
Adelante, Hermano Baxter.
Muy bien, vamos a empezar rápidamente, mientras se están formando allí arriba y colocándolos… los ujieres están preparando a esa gente. Muy bien.

25 ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Creen que es la verdad? Maravilloso. ¿Cuántos saben que han recibido una sanidad esta semana? Veamos sus manos, en la audiencia, por todas partes. Mire eso, Hermano Baxter. Yo sé que eso es verdad.
¿Cuántos creen que van a recibir una sanidad esta noche, de Dios? Veamos su mano. Él nunca los rechazará. Él no puede rechazarlos. Él es Aquel que no los rechaza, porque Él es Dios. Ahora, en cuanto a solo a las personas que están sentadas de esta manera, sentadas aquí, amigos, miro aquí abajo a estas personas; veo a una, dos, tres sillas de ruedas, cuatro sillas de ruedas. Ahora, el resto, sí, cinco, aquí está uno sentado aquí.

26 Ahora, ustedes que están en sillas de ruedas, no piensen que su caso es… Ahora, lo que Uds. quieren hacer es esto: acepten su sanidad, ¿ven? Solo digan: “Ahora estoy sanado. Ahora mismo estoy sanado”, ¿ven? Y solo sigan creyéndolo. Y si solamente ejercitan la suficiente fe, lo suficiente para ponerse de pie, Dios me lo mostrará, entonces Uds. levántense, igual como lo hizo la dama sentada por allí, las otra noche. ¿En algún momento vieron al a dama sentada allí en esa silla de ruedas, parada de esa manera? Y yo miré hacia allá y la vi a ella. Y vi que había estado con un doctor y todo. Y de repente, la vi que iba caminando, de esa manera. Yo dije: “Póngase de pie. Está concluido”. Porque Dios la había sanado completamente.
Ahora, estén en oración, y sean reverentes mientras oramos. Muy bien.

27 Creo que Dios va a contestar la oración. Y solo preparen todo, para que… Yo lo creo, ¿y ustedes? Creo que algo va a suceder esta noche. Lo estoy esperando, simplemente lo siento. Muy bien.
¿Cómo está, señor? ¿Va a creer allí abajo ahora? Muy bien. Tenga fe. ¿Van a creer todos Uds., por allí? Por aquí, y aquí atrás, ¿van a creer con todo su corazón? Muy bien, eso está bien ahora.
Muy bien, hermano, Yo estoy… Después de hablar, me sacude un poco, Ud. sabe, me pongo… Me imagino que es ese nerviosismo humano, Ud. sabe, solo es… Simplemente sucede de esa manera, me imagino. Pero, de todos modos, tengo que aquietarme para la unción de ese Ángel del Señor.
Ahora, no quiero decir que eso los vaya a sanar. Eso no tiene nada que ver con su sanidad: solo que les pudiera acrecentar su fe (¿Lo ven?), o algo como eso. Porque me supongo que usted y yo somos desconocidos. Creo que nunca lo he visto. No lo conozco. [Espacio en blanco en la cinta].

28 Usted, se ve como que tiene dolores de cabeza o algo. Alguna especie de… ¿No es eso correcto, algo mal arriba en…? Digamos que es sinusitis. Lo veo sentado de esa manera. ¿Lo ve? Y está… tiene alguna clase de episodios de debilidad que vienen sobre usted también, ¿cierto? Se pone muy débil. Por cierto, Ud. es un ministro también. Lo veo a usted. Usted es un ministro del Evangelio. Veo eso. Y tienen un problema cardíaco; se sofoca, ¿no es eso correcto? Lo veo que sostiene su… ¿No es eso verdad, hermano ministro? Venga aquí solo un minuto. Somos hermanos.

29 Nuestro Padre celestial, pido misericordia para mi querido hermano. Y ruego que Tu Espíritu que está aquí ahora, bendiga a mi hermano. Sé sobre él, y sánalo, Señor. Y que a partir de esta noche, él jamás vuelva a ser afectado. En el Nombre de Jesucristo. Amén. Dios le bendiga, hermano. Vaya ahora, y vaya para estar bien también.
Digamos: ¡Alabado sea Dios!“. ¡Oh, vaya! Ahora, cuando me di vuelta de esa manera, se siente como un jalón por todo el lugar.
Usted ha tenido una operación. Si estoy… Vea si estoy equivocado. ¿Acaso no…? Cuando la vi cubierta, ¿pero acaso no le extirparon algo de su cuerpo, una costilla o algo como eso? Oh, siete costillas de su cuerpo. Vi a un cirujano mientras se daba la vuelta. Uno era alto, un hombre delgado, que realizó la operación. ¿Es eso correcto? Él tenía algo blanco en su rostro. Él se dio la vuelta… Había varios en la mesa. Una enfermera rubia, vi que se puso a un lado. Usted ha estado nerviosa y débil desde entonces, ¿no es así hermana? Ha estado en el sanatorio; parece que nada le ayuda. ¿Fue eso verdad? Venga aquí.

30 Querido Padre celestial, la pobre mujercita moribunda, se acerca para recibir su bendición. Estoy pensando, ¿qué harías Tú? Padre, Tú pondrías Tus manos sobre ella. Reprenderías ese demonio; él tendría que escucharte.
Y ahora como Tú subiste a lo Alto y diste dones a los hombres, y ella… Han orado por ella, y su fe, Señor, está tratando de creer. Pero antes de que ella muera, Señor, ayúdala.
Satanás, como un creyente en Jesucristo, como representándolo a Él en Su sufrimiento vicario en el Calvario, te ordeno, por medio de Jesucristo, que dejes a la mujer. Sal de ella.
Váyase de aquí esta noche, coma lo que pueda. Pésese en unos cuantos días y escríbame su testimonio. Dios le bendiga, hermana.
Otra cosa, desde que Ud. era niña, ha tenido que ver [Palabras poco claras]. Uno de sus ojos [Palabras poco claras] muévalos para arriba [Palabras poco claras] [Espacio en blanco en la cinta].
Solo le estaba diciendo algo que vi en una visión, lo cual fue [Palabras poco claras] eso… Digamos: “¡Alabado sea el Señor!”.
Muy bien, traiga a la dama. Ahora, todos tan reverentes como puedan serlo.

31 Ahora, tome esta otra mano, y siéntalo, toque esa mano aquí, ¿ve? ¿Ve lo que quiero decir? Ahora, es solo… Eso llega directo a mi corazón. Es como un “brrrr”. Eso es cáncer. Está vivo. Y ahora, la Escritura dice… Ahora, la he estado observando, el cáncer está en su garganta, ¿no es así? ¿Es eso correcto? Sí, señora. Veo en dónde se encuentra… Por supuesto, uno no podría darse cuenta externamente, pero puede [Palabras poco claras] por la visión.
Ahora, ¿no es extraño que el otro humano pondría su mano sobre eso y no hace ninguna diferencia? Y luego Ud. sube aquí y pone su mano allí, y allí está. ¿No es así?
Ahora, entonces, hay Algo aquí, que me tiene ungido, que es capaz de saber lo que está mal con usted. ¿no es eso cierto? Lo que pasa aquí: ¿vio esa fotografía del Ángel del Señor que mostré? Usted la ha visto. Ahora, eso es lo que es ahora. Sí. Esa fotografía que enseñé aquí, tiene la fotografía del Ángel arriba, donde yo estaba parado.

32 Ahora, ahora, hay algo mal con usted, (¿ve?), un cáncer. Y Ud. pone su mano aquí, y tan pronto como hacemos contacto, algo brinca. Ahora, ¿qué es eso? Es el cáncer en usted, y el Ángel del Señor está aquí. Ahora, eso está tratando de agarrarla y Dios está queriendo sanarla. Ahora, yo no puedo hacer que eso se vaya, pero su fe en Jesucristo hará que eso la deje, ¿ve? Es una vida. Ahora, ¿qué es un cáncer? Es un germen. Son células que se están desarrollando. Están sobre su cuello, le están minando su sangre, harán que Ud. se vaya pronto. ¿Ve?
Ahora, ahora a la manera de sanidad Divina, si Ud. fuera el cáncer, yo solo llamaría su vida y la sacaría, y su cuerpo caería muerto. Después de un rato solo se descompondría y desaparecería. Durante los primeros días, si eso se va de Ud., se sentirá maravillosa. Su garganta se sentirá bien. Pero entonces, se pondrá peor que nunca. Y escupiría pedazos grandes y cosas. Y muchas veces, cuando la gente se pone muy enferma, de esa manera, dice: “He perdido mi sanidad”. No crea eso, si eso lo deja. Usted siga testificando. Si el hombre… Jesús le dijo al hombre, dijo: “Tú hijo vive”, y el hombre creyó lo que Él dijo. ¿Ve? Usted crea lo que se le dice.

33 Ahora, si por el Espíritu de Dios, fui capaz de ver cuál era su problema, y su vida, y Ud. sabe que eso es verdad, ahora, lo que Él dice de esta manera, será también verdad, ¿no es así? Si eso fue verdad, sin saber, esto será verdad por saberlo. ¿Es eso correcto?
Ahora, quiero que vuelva a poner su mano aquí. Quiero que se fije. Ahora, quiero que vea; no es la posición en la que se toma la mano (¿Lo ve?), es de la misma forma en cualquier parte [palabras poco claras] aquí.
Ahora, la Biblia dice: “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto”. ¿Es eso correcto? Usted viene siendo una desconocida. Yo no la conozco. Usted colocó su mano en la mía, algo destella. Y le diré lo que es. Allí está un testigo, ¿no es así? Y Ud. lo está observando ahora. Mírelo allí. Ahora, obsérvelo. Quiero que se acerque bien, para que pueda notarlo. Obsérvelo aquí como viene y va. Ahora, allí se está muriendo ahora. ¿Ve?
Ahora, veo que está regresando… Aquí viene de nuevo. Ahora, mírelo. ¿Ve? Son como olas. Ahora, ese cáncer está excitado. La vida de ese cáncer, la vida de ese germen allí dentro, está excitado. Ese es un espíritu, porque cerca de aquí, usted y yo, está la cosa que puede hacer que eso se vaya de allí por su fe.

34 Ahora, voy a orar por usted, porque Ud. sabe que tiene cáncer. Usted ha estado muy nerviosa y preocupada. No estoy leyendo su mente. Pero usted sabe de qué estoy hablando, ¿no es así? Ni siquiera tengo que decirlo. Pero ahora, lo que estoy tratando de hacer, es hacer que esto se vaya. Ahora, voy a orar, y voy a hacer que la audiencia incline sus rostros. Quiero que Ud. observe mi mano. Si se va, Ud. está sanada. Serán tres testigos. ¿Es eso correcto? Si se queda allí, Ud. todavía tiene cáncer.
Ahora, recuerde, yo no puedo hacer que se vaya. Ahora, la razón por la que le pedí que observara (¿Ve?) es usted quien tiene el cáncer. Si acaso sale, habrá un cáncer suelto. ¿Ve? Y si esto, ahora, si su fe es todo lo que puede hacer que se vaya. Ahora, quiero que crea mientras yo oro. Y quiero que observe mi mano, vea si eso se mueve de alguna manera. ¿Ve? Y luego si eso solo se baja, la hinchazón se va, las vibraciones de allí se van, si vuelve a la normalidad, igual que esta mano, usted está sanada. Si no es así, usted no lo está, ¿ve? Yo no tengo nada que ver con eso. Es su fe de aquí en adelante.
¿Inclinarán sus rostros en la audiencia?
Nuestro Padre celestial, solo para que la mujercita y estos ministros que están sentados aquí mirando mi mano, puedan saber que Tú eres Cristo, el Hijo de Dios, y sabes que Tu siervo está diciendo aquello que es verdad… Tú le dijiste al profeta Moisés: “Con esas dos señales, ellos te creerán”. Y esta gente cree, sin estas señales. Ellos te creen a Ti. Y ahora, Padre, pido por misericordia para esta pobre mujercita, que sabemos que no puede vivir más tiempo de esta manera. Ten misericordia de ella, y sánala, en el Nombre del Señor Jesús. Pido por su sanidad.

35 Ahora, antes que levante mi cabeza, o que mire, no se ha detenido; todavía continúa. ¿No es así, dama? Está igual como estaba. Ahora, a la audiencia, no se ha detenido. Todavía continúa. Ahora, yo no puedo hacer que se detenga ahora, hermana, porque [Palabras poco claras] exhibiendo eso [Palabras poco claras]. Pero ahora mire aquí. Mire. [Palabras poco claras].
[Espacio en blanco en la cinta]… reclamando poder sobre usted, por el sufrimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, sal de la mujer. [Espacio en blanco en la cinta].
Ahora, amigos, no solo estaba tratando de hablarles fuerte. No estoy tratando de dejarlos sordos. Pero algunas veces esos demonios se ponen desobedientes, y luego uno tiene que echarlos fuera. Si pudieran salir con facilidad, muy bien, pero Ud. viene a la casa y usted… Y yo le digo que salga, y usted continúa, estaba bien. Pero cuando se tiene que echar fuera, eso es diferente, ¿ve? Y uno simplemente no puede estar mimando esas cosas. Muy bien.
Traigan al…

36 ¿Están enamorados de Jesús? ¿Acaso no es Él maravilloso? Ahora, si Él estuviera parado aquí mismo esta noche, usando mi traje, Él no podría hacer más por usted, de lo que Él está haciendo ahora por usted. Él podría saber lo que está mal; Él podría decirle lo que está mal, pero Él diría: “El Hijo no puede hacer nada excepto que el Padre se lo muestre”. ¿Es eso correcto?
Y Él dijo. “Ahora, estas cosas que yo hago, vosotros también”.
¿Se acuerdan cuando Natanael vino a Él, lo que le dijo? “Yo te conocí. Tú eres un Cristiano”, en otras palabras.
“¿Cuándo me conociste?”.
“Antes que Felipe te llamara cuando estabas debajo del árbol, te vi”.
¿Qué hizo Él? Él lo vio en una visión. ¿Es eso correcto?

37 Ahora, aquí está parada una niñita, delante de mí. No creo conocerla. ¿Somos desconocidos, querida? Yo no sé nada de ti, ¿cierto? Nada en absoluto. Y lo que, solo por decir… ¿De dónde eres? Ontario, Canadá. Y nacimos a muchas millas de distancia, años de diferencia. Nunca te he visto en mi vida. Si hubiese algo en el mundo que yo pudiera saber de ti, ciertamente tendría que venir a través de un poder sobrenatural. ¿Es eso correcto? Hermano Baxter, ¿conoce a la niña? Él también es de Canadá. Por medio de Jesucristo podemos encontrarnos en un terreno común, ¿cierto? Eso es correcto.
Quiero que camines y te acerques un poco más. Veo que estás muy frágil. Yo no sé lo que está mal contigo. Pero solo quiero que me hables, mientras hablo contigo. No quiero que estés…

38 [Espacio en blanco en la cinta]. Un asma, ¿no es así? Una condición asmática. Por cierto, la han revisado en un hospital o algo como eso. ¿No es eso correcto? Veo que un doctor está alrededor de usted. Por cierto, veo algo diferente. Usted también estuvo en un accidente. ¿Acaso no estuvo en un accidente? Se lastimó, ¿no es así, en un accidente automovilístico? ¿Es eso verdad?
Ahora, veamos si puedo regresar. Hay algo tocante a un doctor, ¿no fue así? ¿Me escuchó hablando? Ese no era yo. Eso era… eso era… no era yo. Eso era mi voz, pero yo no estaba haciendo eso. Ahora, lo que sea que dijo a través de mí, y lo que sea que Eso le dijo a usted, ¿fue eso la verdad? Ahora, solo diga si eso es la verdad. Levante su mano si eso fue verdad. Si no fue lo que Ud. estaba pensando al respecto. Usted no estaba pensando en esas cosas, ¿cierto? Así que no pudiera ser yo leyendo la mente, ¿verdad? Tendría que ir detrás de eso, ¿cierto? Cosas que, me imagino, nadie en el auditorio sabría al respecto, a menos que fuera usted, ¿ve? O a menos que sea alguien muy cercano a usted que lo sabe.

39 Ahora, le dije la verdad, ¿no es así? Ahora, ¿Me cree como el profeta de Dios, que le he dicho la verdad? Haga lo que yo le digo que haga. Voy a poner manos sobre usted, hermana, querida. Yo tengo una niñita en casa. Y sé que si ella estuviera enferma… Ahora, en conmemoración con lo que Jesús dijo cuando murió en el Calvario, Él la sanó. Y ahora, Ud. se da cuenta de un Ser sobrenatural, el cual cree que es Su Presencia, está aquí ahora. ¿Es eso correcto? La bendigo, mi hermana, en el Nombre del Señor Jesucristo, que Él le quite esta asma de usted. Y que se vaya de aquí esta noche, y regrese a esa región encantadora, y sea una mujer sana, y testifique de la gracia de Dios para con usted, todos los días de su vida. Que Él la use para comenzar un avivamiento chapado a la antigua en su comunidad, por su testimonio. Porque estas bendiciones pongo sobre usted en el Nombre de Jesucristo. Amén.

40 ¿Qué piensa; está sanada? Muy bien, lo está. Ahora, puede bajar de la plataforma, sanada. Dios le bendiga, hermana.
Digamos: “¡Alabado sea Dios!”.

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