OBRAS DEL MENSAJE


La Historia De Mi Vida
Toledo, Ohio, E.U.A.
51-0722A
1 Gracias, hermano Baxter. Buenas noches, amigos, o mejor dicho, buenas tardes. Allá en el sur, esto sería noche; y luego cuando pasa de las siete en punto, es noche. Pienso que esto… Yo nunca puedo decir bien eso. Y cuando ellos me dicen que estoy comiendo mi cena; son las siete. Mamá solía llamarme a la mesa luego de estar arando, pues, era hora de almuerzo a las doce. En diferentes partes del país ellos le llaman desayuno, almuerzo, y cena. Entonces siento como que me quitaron una comida en alguna parte, así que yo… Creo que sólo es la manera como fuimos criados, ¿no les parece?
Bueno, estoy contento de estar aquí esta tarde. Hace un calor terrible en este auditorio, y confío que Dios se encuentre con nosotros y nos de Su bendición. Y esta noche, la noche de clausura del servicio, o de estos servicios, de aquí vamos a ir a Erie, Pennsylvania. Y nosotros, todos estamos cordialmente invitados a venir en cualquier parte, en cualquier momento; siempre estamos contentos de ver a nuestros amigos en cualquier parte.
2 Acabo de conocer a los ujieres hace unos momentos. Siempre que voy a las reuniones, no logro conocer a nadie. Y entonces casi en el momento en que uno comienza a conocer a algunos de los hermanos o algo así, luego uno tiene que decir: “Bueno, hasta luego; tenemos que irnos a otro lado”. Pero esta es la última de estas.
Cuando regrese otra vez, si nuestro Señor lo permite, cuando regresemos de ultramar, del África, yo nunca pienso tener otro itinerario. Esa siempre ha sido la cosa que me ha dolido. Justo cuando estoy en un lugar… Ahora, así como aquí, yo creo que, si Dios lo quiere, nos quedaremos aquí mismo. Ahora, eso es correcto. Pero miren, hay un itinerario: uno tiene que ir a algun otro lugar. Y eso es siempre lo que me duele. Yo nunca quiero que sea de esa manera; yo prefiero quedarme aquí mismo hasta que Dios diga: “Mira, ya terminé contigo aquí; tú ve a alguna otra parte”. ¿Ven? Luego justo en el momento aquí, cuando el interés de la gente ya está comenzando a aumentar en cinco o seis noches, al punto en que ellos realmente comienzan a entender la cosa, que ellos comienzan a tener fe.
3 Yo creo que las últimas dos noches en esta serie de reuniones, han sido las… algunas de las… una de las unciones más grandes que he sentido sobre mí que en cualquier otra reunión o en cualquier otra parte. Y anteanoche, yo nunca tuve nada que sobrepasar a eso. Cuando Él se acercó a mí cara a cara. Yo simplemente… Yo no sé cuándo dejé la plataforma. Lo siguiente que supe es que yo estaba en un garaje aquí afuera en alguna parte. Y es un, fue un… Le pregunté a los hermanos la mañana siguiente; yo dije: “¿Quedó alguna gente enferma?”Já. A mí me pareció cómo que debió haber alcanzado a todos. Y quizás Uds. no estaban esperándolo exactamente en ese preciso momento.
4 Yo experimenté una vez en Vandalia, Illinois, en el principio del ministerio, cuando Eso cayó así, y no quedó una sola persona enferma en ninguna parte. Ellos amontonaron las sillas de ruedas, y las muletas, y las camillas, y todo en las esquinas, y se las llevaron. Ellos sencillamente fueron… Todo sucedió en el mismo momento. Oh, yo quisiera ver eso otra vez esta noche.
Veo aquí abajo y veo muchos; aquí hay aproximadamente… Algunos de ellos han sido sanados que estaban lisiados y distintas cosas. Y muchas veces al mirar a la gente yo puedo ver lo que está mal con ellos, pero ese no es el caso. La cosa es, la razón que yo llamo a la gente que parece que están saludables… Ese es el lado fenomenal, cuando ellos lucen saludables, y luego por allí hay algo que anda mal con ellos.
5 Pero si uno le dice a alguien que algo está mal con ellos, y uno ve que ellos están lisiados, uno dice: “Bueno, Ud. es un paralítico”. Pues, seguro, cualquiera puede ver eso con su ojo natural. Así que yo pudiera ver que ellos están lisiados y quizás algo así. Pero muy raramente yo les digo algo a ellos a menos que yo vea que ellos son sanados. Entonces cuando veo que ellos son sanados, yo los llamo. Y Dios ya ha hecho la obra en ellos; es que la fe de ellos ha llegado a un cierto punto; eso es todo.
Me parece que Uds. no pueden oír muy bien detrás de esto, ¿verdad? Tiene un sonido terrible, pero todo se va en esa dirección.
6 Ahora, el hermano Baxter dijo esta tarde, que yo creo que con la, que hable sobre la historia de mi vida esta tar-… ¿Cuántos aquí han oído esa historia? Veamos sus manos. Esa… Bueno, sólo unos pocos. Uds. entonces me perdonarían si yo… Uds. me perdonarían por… no usando vanas repeticiones o repitiendo algo, si yo la contara otra vez para aquellos que no la han oído; Uds. me perdonarán por ello, por favor. Es sólo para… No es nada de lo cual estar orgulloso, no, es algo de lo cual estar avergonzado, la manera en que yo he tratado a mi Señor. Pero confío que a medida que retrocedo unas cuantas páginas, y no trataré de… sólo tocaré las partes más sobresalientes por causa del calor, del intenso calor aquí.
Pero yo quiero que mis errores Uds. los hagan peldaños para Uds. en Cristo, que Uds. sobrepasen eso, y especialmente los jóvenes que van creciendo y aún tienen vida por delante, hasta que ellos lleguen a la edad… Ahora, Uds. simplemente miren mis errores, y no traten de seguir ese ejemplo, pero sólo digan: “Ahora, lo que el hermano Branham dijo, ahora yo voy a pasar más allá de eso”.
7 Uds. no pueden oír allá atrás, ¿verdad? Yo pensé que así sería. ¿Me pregunto si este micrófono aquí está prendido? Si estuviera, tal vez yo pudiera poner este aquí atrás, bueno, y así la voz no se iría allá atrás, saldría hacia delante también, si no hay altavoz. Vaya, está muy mal. Bueno, yo… Muy bien, si Uds. tienen… Yo iba a decir que agarraran su silla, pero no creo que Uds. pudieran hacerlo. Oh, es una lástima. Algún, un día de estos me voy a construir un auditorio de modo que yo pueda decir que esta es la manera en que yo lo quiero, de manera que ellos puedan tenerlo así alrededor. Oigan, quizás así está bien. Gracias.
Uds. saben, siendo que estamos hablando de esa manera, yo tengo una pequeña idea de que así es como el Señor está lidiando conmigo ahora mismo, tener un local central en alguna parte en América de manera que yo pueda estar allí todo el tiempo y permitir que la gente venga de donde ellos deseen, al lugar. ¿Ven Uds.? Y entonces yo puedo quedarme allí día y noche. ¿Ven…? [Palabras confusas]. Puede que esa sea la voluntad del Espíritu Santo cuando uno ve la cosa moviéndose en el pueblo. Ahora, eso estaba en mi corazón, pensar así. ¿Ven Uds.?
8 Y ahora, yo siento de esta manera, cristianos, miren, esta noche… Yo vine hoy, y ni siquiera tengo nada sino sólo mi… oré dos o tres veces hoy, pero no pensaba estar bajo la unción, porque yo sabía que predicaría o relataría la historia de mi vida esta tarde, lo cual el hermano Baxter me pidió que hiciera eso. Y yo pienso que sería una cosa buena.
Y ahora, mientras estamos hablando sobre eso, miren cuando Uds. ven que… Alguien dice: “El hermano Branham no tiene más reuniones”. Bueno, no piensen que es porque yo estoy descarriado o algo así, sino es que yo estoy buscando la voluntad perfecta de Dios. Hay una voluntad permisiva y una voluntad perfecta. ¿No es correcto eso, hermanos? Y yo siento como que, por largo tiempo, yo como que he estado en la permiso – (¿Así está mejor?) como que he estado en la voluntad permisiva y no en la voluntad perfecta.
9 Ahora, hay una manera perfecta y una manera permisiva. Y yo pienso que si Dios, aquí en la plataforma, puede mostrarme cosas que han sido, y en mis habitaciones y demás, Él es capaz de decirme exactamente donde Él me quiere y lo que Él quiere que yo haga. Pero yo pienso que mientras yo lo tenga todo preparado, o yo siento como que Él no pondrá Sus manos en ello, mientras que sea yo haciéndolo.
Y de esa manera es con todo. Mientras que Uds. no vayan a hacer… Si alguien habla acerca de Ud., y Ud. habla acerca de ellos, Dios no puede pelear su batalla; Ud. mismo la está peleando. ¿Ven? Simplemente suéltese y deje que Él lo haga. Y sólo encomiende la cosa a Él. El arma más grande que yo conozco de un cristiano hoy, es una rendición a Dios. Cuando Ud. no puede hacer nada al respecto, encomiéndeselo a Él, y Dios se encargará de ello. ¿No creen Uds. eso? Así que mientras yo esté ausente y en ultramar, si Dios lo permite, yo voy a contar con que Uds. van a estar orando por mí. Y especialmente si entramos a Jerusalén.
10 Ahora, sólo piensen en los cientos de miles de judíos que están allí, que ni siquiera, nunca supieron que Jesús estuvo aquí en la tierra. Y ahora, cuando ellos les enviaron millones de Biblias, y ellos leyeron acerca de Él; ellos dicen: “Veámoslo a Él obrar la señal de un profeta, y nosotros lo aceptaremos como el Mesías”. Oh, hermanos, eso es lo que nosotros queremos, ¿no es así?
Ahora, si Dios desciende y trae Su presencia del Cristo resucitado allí entre esos Judíos, y el Espíritu Santo lidia y sale allí y les dice a ellos cosas que ellos han hecho allí en esos países y así por el estilo, entonces yo quiero que ellos lo acepten a Él entonces como el Mesías, como el Redentor de ellos. Y esa va a ser la cosa que yo creo que quizás traerá a los Judíos, esa gente que está hambreando y sedienta…
11 Uds. saben que esa es una de las más grandes señales que tenemos hoy de la venida del Señor, es ver a esos Judíos regresando de todas partes del mundo. Es maravilloso. Yo acostumbraba cantar un cantito acerca de: “las naciones están en quiebra, Israel está despertando, las señales que la Biblia predijo”. Algo acerca de la higuera reverdeciendo y lo demás.
Oh, yo estaba hablando con un ateo no hace mucho; hace como cinco, cuatro o cinco años, él dijo: “Mire, predicador, yo puedo probarle a Ud. por la Biblia y por la Palabra de Jesucristo, como Ud. lo llama a Él, que Él dijo algo que estaba errado”.
Yo dije: “Oh, no”.
Él dijo: “Sí, así es”, dijo, “yo puedo probarlo en la Biblia”. Dijo: “Él dijo, allí en Mateo 24, Él dijo, Todas estas cosas, dijo, cuando ellas se cumplan, pues entonces, esa generación no pasaría hasta que ellos hubieren visto todas las cosas cumplirse”.
Yo dije: “Eso es exactamente lo que Él quiso decir”.
Él dijo: “Bueno, esa generación ha estado muerta hace muchos, muchos años”.
Yo dije: “No, esa generación no, sino la generación que viere a la higuera reverdeciendo, esa es la generación que no va… hasta… Él dijo: Cuando esta generación, la generación de la cual Él estaba hablando, no a la cual le estaba hablando, sino de la cual estaba hablando. Y cuando esa generación viere esto, no pasará hasta que todas estas cosas se hayan cumplido”.
12 Y yo creo que le estoy hablando a gente que están esperando que el Señor venga. Y yo creo que estamos en las meras sombras de Su venida, ahora mismo. Oh, qué tiempo más glorioso el saber que algún día feliz Él aparecerá por el horizonte oriental y descenderá para recibir a Su Iglesia. Yo estoy tan contento hoy de que por gracia Él me ha contado a mí junto con todos Uds. Yo creo que Uds. irán allá. Y creo, por Su gracia, que Él me permitirá ir con Uds. Y entonces vamos a tener suficiente tiempo para hablar, ¿no es así? Para siempre.
Ahora, voy a darme prisa lo más que pueda. Voy a colocar mi reloj aquí para no hablar demasiado, y estoy un poquito atrasado para comenzar. Yo siempre llego tarde, porque nunca me gusta apresurarme acerca de nada. Uds. saben, ese es el problema de nosotros hoy, andamos demasiado apurados. Y yo… Cuando me casé, yo llegué tarde a mi boda. Y alguien dijo: “Tú llegarás tarde a tu funeral”.
Yo dije: “Espero que así sea”. Ja-ja-ja.
13 Hubo un hombre que estaba tratando de decirme, dijo… Él estaba tratando de venderme un seguro, y así que yo… No es que yo tenga nada en contra de eso, pero yo pienso que mucha de la gente americana está mal asegurada. Así que, yo dije: “Oh”, dije… Él dijo: “Tú no tienes seguro”.
Yo dije: “Oh, sí”.
“Oh”, él dijo: “Discúlpame, Billy, yo no sabía que tú tenías seguro”.
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “¿Qué clase de seguro tienes?”
Yo dije: “Bendita seguridad, Jesús es mío, oh, qué anticipo…”
Y entonces él se detuvo y miró un ratito, Uds. saben, y él estaba parado entre algunas personas. Él dijo: “Pero Billy, eso no te pondrá acá en el cementerio”.
Yo dije: “Lo sé, pero me sacará. No me preocupa el entrar allí”… [Palabras inciertas]… No nos preocupa entrar allí; la cosa es salir, ¿no es correcto eso? Así que, el Espíritu Santo es el Agente de Seguros de Dios en esta tarde, repartiendo pólizas a todos los que quieran recibirlas, Uds. pueden tener una. Si Ud. no es salvo y no conoce la gracia de nuestro Señor Jesús, acéptelo a Él hoy. “El que oye Mis Palabras y cree en Él que me envió, ha pasado de muerte a Vida, y no vendrá a condenación”. Oh, yo pienso que eso es maravilloso, ¿Uds. no? [El micrófono hace mucho ruido.] Esa cosa sí que suena fuerte, ¿no es así?
14 Muy bien, ahora queremos leer una porción de la Escritura, porque yo no creo que ningún servicio esté completo sin la lectura de la Escritura. ¿Cuántos aquí están lejos de casa? Veamos sus manos, lejos de casa. Oh, hermanos, miren allí. Eso es… No hay lugar como ese, ¿verdad? No hay lugar como nuestra casa, aunque sea tan humilde. Y yo quiero hablar acerca de un hogar en esta tarde, un hogar que yo tuve y que tengo, y un hogar al cual iremos. El hogar fue instituido por Dios en el Huerto del Edén. Y ahora, para esto vamos a leer la Escritura en Hebreos 13, comenzando con el versículo 10:
Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
15 Inclinemos nuestros rostros por un momento. Bendito Salvador, Tú nos guiarás hasta que lleguemos a esa ribera feliz, donde los Ángeles esperan para acompañarnos en Su alabanza por los siglos de los siglos. Esas son las palabras del poeta. Y nosotros te amamos a Ti hoy, Señor. Y nos damos cuenta que hombres que alguna vez fueron algo sobre la tierra, fueron hombres que confiaron en Ti. Tú emocionaste los corazones del poeta, le hablaste a Tu iglesia, hiciste que el cansado estuviera contento, que el perdido fuera salvado, que el enfermo fuera sanado, aquellos que no tienen esperanza les ha sido dada una esperanza, y nos has dado una promesa tan grande de que hay una… Esto es simplemente el negativo, la sombra, y que algún día la muerte revelará la fotografía del negativo al positivo. Y cuando pasemos por ese terrible ácido de la muerte, entonces conoceremos como somos conocidos y le veremos cara a cara.
Y mientras estamos aquí, Señor, hoy, preparándonos, cantando salmos, y testificando, y leyendo Tu Palabra, rogamos que Tú te encuentres con nosotros. Y concede hoy que, si hubiere alguno aquí que no te conozca a Ti, que ellos se conviertan en Tus siervos hoy. Y rogamos que Tú nos bendigas juntos, y que el Espíritu Santo ahora, cautive cada corazón.
Y querido Dios, puesto que le temo al momento para volver al pasado a través de esa jornada larga, sangrienta, manchada de sangre que yo recorrí, y repasar eso nuevamente en mi corazón, mi corazón está turbado. Pero entonces cuando pienso en ello, recuerdo el canto: Sublime Gracia del Señor, que a un infeliz salvó; yo ciego fui, mas hoy veo ya; perdido y Él me halló. Ahora, Señor, ayúdanos hoy, y que el Espíritu Santo esté aquí y nos bendiga en esta reunión. Pues te lo pedimos en el Nombre de Tu amado Hijo, Jesús. Amén.
16 Ahora, deseo hablar acerca de mí, parte de mi vida. Probablemente el hermano Baxter les ha referido a Uds. muchas veces, y en mi libro acerca de cómo el Ángel del Señor vino a mí y cómo es que Él me guío a través de la vida. Pero yo quiero abordarlo de un ángulo distinto esta tarde, del lado de una vida humana.
Mi padre fue una persona de muy poca educación, y él probablemente no hubiera conocido su nombre si hubiera sido escrito delante de él, no tuvo educación, ninguna en lo absoluto. Nosotros fuimos criados en las montañas de Kentucky. Mi madre, su padre era un maestro de escuela, y ella recibió una educación bastante buena. Pero si hay alguien aquí de esa parte de Kentucky, y de los alrededores de Burkesville, de donde yo vengo, bueno, allá cuando los arroyos crecieron, la escuela llegó a su fin. Y la mayoría de los niños recibieron su educación en el campo de maíz con el azadón cuello de ganso arrancando trepadoras y hierbas. Y nosotros tuvimos un tiempo muy difícil, nos criamos muy pobres.
17 Y la pequeña cabaña en que yo nací tenía dos cuartos en ella. Recientemente yo le saqué una fotografía para ponerla en mi libro allá atrás, una cabañita de troncos. Mi padre dejó Kentucky en sus primeros días, como a la edad de los doce, supongo; yo tenía como tres años de edad. Y él se mudó para Indiana. Nosotros vivíamos en la carretera Utica, un poco más arriba de Jeffersonville, yendo al noreste de Jeffersonville. Yo tuve mis estudios allí en la escuela Utica Pike, el viejo terreno aún permanece allí hoy. El árbol todavía está allí, casi no puedo pasar por ese lugar sin que se me quebrante el corazón, al pensar en los días de mi niñez. Y no hay días como esos.
Mi papá ya partió; él murió en mis brazos. A medida que su cabello caía sobre mis brazos, él alzó la mirada hacia mí, y sonrió y cerró esos ojos azules, y se fue para encontrarse con Dios, hace años. Mi madre, hasta donde sé, está viva hoy. Ella ya está envejeciendo; cada vez que voy a salir, veo a la pobrecita; ella comienza a llorar y a temblar. Ella dice: “Algún día tú vas a regresar, Billy, y mamá no estará aquí”.
Yo digo: “Pero madre, sólo espera en la puerta; no tardará mucho; yo estaré yendo a casa también”.
18 Y ella siempre se preocupa por mí viajando en aviones; a ella no le gusta mucho que yo viaje en aviones. Pero todos nosotros hoy, la mayoría de Uds. tienen una experiencia de la niñez, o mejor dicho de la infancia. Todos nosotros volvamos a casa, al pasado, por un ratito. ¿No les gustaría a Uds. volver a los días antiguos? Oh, hermanos, yo daría cualquier cosa.
Hoy, si yo tuviera un millón de dólares, y si yo los tuviera, yo ciertamente me iría a la obra del Señor, enseguida, tan rápido como pudiera obtenerlo. Yo construiría ese Tabernáculo y cosas de las que estábamos hablando y todo lo que yo tenía, de lo que estábamos hablando. Y pondría cada centavo en la obra del Señor. Pero si yo lo tuviera hoy, y fuese para que fuera mío para disfrutar de los placeres de esta vida, pues, si yo pudiera ponerlo allí y ver una vez más a mi anciano padre venir caminando por ese pasillo, y que sólo se acercara allí y me dijera: “Buenas noches hijo”, y desapareciera, yo daría cada centavo de ello para verlo a él. Y yo sólo… Uds. harían la misma cosa por algunos de sus padres que han partido. Pero esos días ya pasaron.
19 Y jóvenes que están aquí, Uds. no saben qué buen amigo Uds. tienen en su madre y papá hasta que ellos han partido. Cuando ellos han partido, entonces Uds. realmente saben quiénes eran ellos. Y yo he oído a muchos, los hijos en estos días dicen: “El viejo y la vieja”. Oh, hermanos, nunca hagan eso. Ud. no sabe quién es ese. Ellos saben lo que es mejor, y Ud. no.
Cuando yo lo vi a él estando allí en su féretro, y yo vi que su cabello comenzó a ponerse un poquito gris por la orilla, a los cincuenta y dos años, yo pensé: “Muchas preocupaciones acerca de mí pusieron esas canas allí”. Y cómo quisiera poder peinarlas hacia atrás, pero ya es demasiado tarde. Así que no hagan nada de lo cual Uds. se arrepentirían en el futuro. Si Uds. solamente miraran el día presente, Uds. serían una persona miserable; miren allá al final, y luego vivan por eso, hasta el final.
20 Cuando éramos niñitos, nosotros vivíamos en la colina en un lugar donde teníamos una cosita de apariencia enorme, mitad tejamanil y mitad tabla superpuesta, mejor dicho, y mitad troncos, así era la casa. Pero era muy fuerte, troncos y tablas superpuestas habían sido puestas encima de ella. Yo pensé que esa casa nunca se iría de aquí. O que estaría allí para siempre. Pero no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
Cuando yo entré a Toledo y bajé por alguna de sus calles aquí donde están sus hermosos hogares, por aquí atrás en…
El otro día yo iba paseando y detuve mi camioneta, y ya está casi en las últimas, o yo no diría en malas condiciones, tiene ciento cincuenta mil millas en ella. Simplemente está cansada; no está en malas condiciones. Así que yo bajé por algunos de esos arroyos allí y cuán hermoso lucía aquello. Y pensé: “Los hogares hermosos y la gente parecía que vivían en un paraíso”.
Y esta es una ciudad hermosa, aquí mismo cerca del lago. A mí mismo me gustaría vivir aquí. Pero amigos, llegará un tiempo en que ya no habrá más Toledo aquí. Correcto. Un día de estos una bomba atómica caerá en este lugar; no quedará nada de él. Ahora, Uds. saben que esa es la verdad, estamos avanzando hacia esa edad ahora mismo. Y es más tarde de lo que Uds. piensan. Correcto.
21 Y no hace mucho cuando yo escuché esa expresión, estuve pensando de cuando esa gente allí en Bélgica y los alrededores, regresaron de la guerra. Y era… Ellos tenían faroles allí de noche, los niñitos corrían por allí cargando los faroles. Y alrededor en las fronteras rusas ellos estaban haciendo surcos y cosas, escarbando el terreno; ellos no podían ararlo. Y simplemente escarbándolo lo suficiente para removerlo y así sembrar el grano antes de que cayera la nieve. Porque si ellos no sembraban ese grano antes de que cayera la nieve, al año siguiente no habría cosecha y habría… Todos morirían de hambre. Y ellos trabajaban de día y de noche, simplemente escarbando la tierra para sembrar el grano.
Y mis hermanos ministros, yo me pregunto si eso no es verdad en el sentido espiritual hoy; vale más que trabajemos día y noche para sembrar este grano en el corazón. Es más tarde de lo que pensamos. Viene la cosecha. Trabajemos día y noche por ella.
22 Y ahora, todos nosotros, yendo, como dije, en un viajecito de vuelta a casa en esta tarde… Yo recuerdo la vieja casa donde vivimos; había un montón de árboles de manzanas que estaban alrededor afuera, y nosotros acostumbrábamos llegar allí. Papá… Nosotros lo llamamos a él papá, y así que él… Yo pensé que él nunca moriría ya que él era un hombrecito tan fuerte; él era un maderero. Él tenía músculos grandes y fuertes y solía enrollarse las mangas de su camisa para lavarse afuera debajo del viejo manzano. ¿Alguna vez tuvieron Uds. una cacerola para lavarse puesta sobre una pequeña banca debajo de un manzano? Había un pedazo de espejo partido colocado allí, Uds. saben, para lavarnos, y el jabón puesto arriba en una de las ramas… [Palabras inciertas]… todos se están riendo. Uds. deben haber tenido… Yo no soy el único campesino.
23 ¿Cuántos alguna vez durmieron en un colchón de paja? Veamos sus manos. Bueno, vaya, me voy a quitar mi saco; estoy en casa. Un colchón de paja, pues, eso es maravilloso, vaya, ¿una almohada de hojas de maíz? Vaya, eso es correcto. Bueno, eso es tan americano como lo es el jamón ahumado y la melaza de sorgo, ¿no es cierto? Déjenme decirles que es maravilloso.
Bueno, nosotros teníamos el antiguo… Nunca olvidaré una noche cuando acabábamos de rellenar nuevamente los colchones después de trillar, Uds. saben, la trilladora pasó, y era una de esas enormes apisonadoras. Y yo estaba asustado, había algo en la cama conmigo. Me vine a dar cuenta, mi mamá dijo que se había metido un saltamontes en el colchón. Él me saltó encima, un saltamontes en la paja nueva que le metimos al colchón. Y, pero no hay días como aquellos, ¿verdad?
24 Y recuerdo el, papá arreglando la mesa, él puso una tabla, una banca detrás, construyó una banca adonde todo este montón de pequeños irlandeses salían corriendo debajo de la mesa para llegar a sus lugares, a lavarse la cara, peinarse el cabello dejándolo tan liso a más no poder, Uds. saben, la carita tan lisa como una cebolla pelada. Y nos sentábamos detrás de esta mesa allí. Y teníamos una cacerola para el almuerzo donde ellos cocinaban de todo, estofado de vegetales. ¿Cuántos saben lo que es un estofado de vegetales? Oh, hermanos, eso es cuando Ud. hierve de todo, hasta el trapo para lavar los platos, creo yo, y juntan todo eso y lo sirven en el plato, Uds. saben, a medida que lo van pasando. ¿Alguna vez comieron pan de maíz horneado en una cacerola? Oh, hermanos. ¿No está bien eso? Estoy en casa ahora. A Uds. entonces no les importa que yo diga: “Pegar y naidie y acarriar y trajinar”, y todas esas palabras del campo, ¿verdad? Y así que estoy en mi propia casa.
Y… [Palabras inciertas]… Mamá solía cortarlo por la mitad y el pan de maíz, Uds. saben, y ponerlo en el plato, y yo me sentaba al lado de papá, y cada quien partía su propio pedazo a medida que lo pasaban. Y yo siempre agarraba la esquina, porque allí tenía bastante concha, y a mí me gustaba eso con mi sopa de garbanzos. Uds. saben, Uds. saben, una fuente grande de sopa de garbanzos y un pedazo de cebolla como de este tamaño, y pan de maíz, y un vaso grande de suero de leche sacado del manantial, ¿no sería eso bueno esta tarde? Umm um, vaya. Eso sería excelente. Nosotros solíamos ir al manantial allí abajo y agarrar ese suero de leche frío, Uds. saben, donde el agua caía sobre la lata. Eso era maravilloso.
25 Y miren, yo recuerdo cuando llegaba la hora del almuerzo y todos nosotros nos reuníamos con nuestro papá en la mesa, y él… Fue maravilloso vivir en aquellos días. A mí me gustaría sentarme allí otra vez esta tarde por un rato. Y, pero a medida que los días van pasando, yo…
Nosotros solíamos ir a la ciudad el sábado por la noche. ¿Recuerdan todos cuando solíamos ir a comprar nuestros comestibles el sábado por la noche? Nosotros teníamos un viejo furgón, y papá ponía un poco de paja allí atrás y todos nosotros los niños nos acomodábamos allí atrás, y él y mamá se sentaban al frente. Conducíamos una mula; y andábamos como siete millas hasta la ciudad. Y papá ganaba, creo que eran setenta y cinco centavos al día, y él compraba todos los comestibles y cosas para que nos durara toda la semana. Y cuando él pagaba la cuenta de los comestibles, el Sr. Grower, el dueño del abasto, pues, él nos daba una bolsita de caramelos, y, caramelos de palitos, de menta. Y oh, era sabroso. Y así que…
26 El problema es que había como ocho de esos pequeños Branham, y quizás él daba como seis palitos de caramelos, Uds. saben. Así que había como ocho pares de ojitos irlandeses vigilando que cada caramelo fuera partido por igual entre cada uno. Nosotros nos sentábamos allí afuera, Uds. saben, sería tiempo de frío. Nos cubríamos con edredones; nos comíamos ese caramelo, y todos los niños empezaban a comerse su caramelo. Y yo les jugué un pequeño truco a ellos; ahora, Uds. muchachos no intenten hacer esto, porque no pudiera funcionar. Así que, yo agarraba mi caramelo y hacía como que me lo estaba comiendo, y entonces agarraba un pedazo de la bolsa de papel de algo, Uds. saben, y lo envolvía, y me lo metía en el bolsillo. Yo esperaba hasta el lunes. Y mamá decía: “William”.
Yo decía: “Sí, señora”.
Me decía: “Anda al manantial a buscar una cubeta de agua”.
Era una cubeta grande de cedro y una jícara, Uds. saben, y yo tenía que ir al manantial; esa cosa era pesada. Y yo decía: “Edward”, lo llamábamos Jumpy, era su apodo, mi hermano que me seguía. Yo le decía: “Te diré lo que haré; te dejaré lamer este caramelo hasta que yo cuente diez si tú vas y me buscas esa cubeta de agua”. Ja-ja-ja. Yo tenía muy pocos deberes que hacer el lunes, mientras que ese caramelo duraba. Yo era un hombre de negocios. Ja-ja-ja. Lamía ese caramelo, y yo, oh, yo contaba, yo decía: “Uno, dos, tres…”
“No tan rápido”.
Yo decía: “Dos, tres”.
“Mira, tú estás contando muy rápido”.
Comenzaba otra vez, y él lamía un par de veces más, Uds. saben, y así que, entonces él mantenía ese caramelo allí, volvía a envolverlo hasta que yo tuviera algo más qué hacer, Uds. saben. La tenía fácil entonces el lunes; yo era un hombre de tiempo libre. Vaya, volver a aquellos días otra vez. Ese era un buen caramelo. Uds. saben, tal vez mañana yo pudiera salir y comprarme una caja de caramelos Hershey, pero no sabrían como sabía ese, Uds. saben, ese realmente era bueno.
27 ¿Alguna vez lo comieron Uds. con galletas saladas, esas galletas de barril, grandes, alguna vez comieron eso con caramelos de menta? ¿Alguna vez comieron azúcar morena con eso? Déjenme decirles, la segunda cosa que yo alguna vez robé en toda mi vida, y la única cosa de la cual yo sé, fue un puñado de azúcar morena de mi papá. Ellos tenían azúcar morena en una caja, y hacían melaza para el desayuno. ¿Alguna vez comieron Uds. melaza de azúcar morena? Oh, hermanos. Bien, yo voy a ir a casa con alguien para almorzar en un rato.
Yo entré, mi hermano me dijo, dijo: “Si tú vas a buscar el azúcar, yo buscaré la galleta”.
Yo dije: “Muy bien”.
Mamá y papá estaban trabajando en el jardín. Y yo entré y agarré un puñado grande, suficiente para ambos. Yo iba saliendo con eso; uno ni siquiera puede mirar recto cuando está diciendo una mentira, Uds. saben. Así que yo iba caminando así, por el jardín, era el único camino que yo tenía para salir. Y papá se volteó y dijo: “¿A dónde vas, William?”
Yo dije: “¿Sí?”
Él dijo: “¿Adónde vas?”
Yo dije: “Voy al granero”.
Y uh, él dijo: “¿Qué tienes en la mano?”
Y yo pensé: “Oh, oh”. Yo cambié; dije: “¿En cuál mano?” Uds. saben. Ja-ja-ja-ja-ja.
“Ven acá”. Oh, hermanos, ja-ja-ja. Yo no quise más azúcar por un buen tiempo. Ja-ja-ja. Pero ciertamente sabía muy bien. Todavía estoy hablando acerca del azúcar. Ja-ja-ja. Cuando mi padre nos daba una paliza, él tenía una correa de navaja hecha de un pedazo de cinturón de cuero. Oh, hermanos. Yo… Él tenía arriba sobre la puerta, la regla dorada, y tenía todos los Diez Mandamientos en ella; estaba hecha de nogal. Una rama como de este largo, Uds. saben, con esas ramitas allí en ella. Nosotros recibimos nuestra educación afuera en el cobertizo, corriendo alrededor de papá tan rápido como podíamos ir, así… [Cinta en blanco]… Si hubiera más papás como ese estaríamos en mejores condiciones. Amén. Eso es correcto. En lugar de complacer a su hijo y darle cincuenta centavos para ir al cine el domingo por la tarde. Así es.
28 Llegué a un lugar no hace mucho, iba a orar por una persona enferma. Entró un muchachito, y una pequeña María, Uds. saben, y pisando fuerte con su pie dijo: “Yo no voy a comer esto”. Dijo: “Bueno, mamá…”
Y el muchachito dijo: “Yo no sé qué hacer con esta naranja”. Y él la agarró y la lanzó contra la…
Dijo: “Muy bien, hijo”.
Oh, hermanos, ja-ja-ja. Él debería haber sido hijo de Charles Branham. Ja-ja-ja. Él no hubiera podido comer naranja en una o dos semanas. Él lo hubiera curado; él agarraba la varilla para cargar el mosquete, y como él decía: “Nos sacaba el diablo a golpes”. Así que yo pienso que quizás eso es lo que era. Nosotros pensábamos que eso se descubría de todas maneras cuando… Pero él era… Yo lo amo, él nunca me dio una golpiza que yo no mereciera, y yo lo amo a él hoy. Correcto. Desearía que pudiera sentarme y hablar con él. Espero hacerlo algún día. Yo creo que cuando lleguemos allá nos conoceremos el uno al otro, ¿Uds. no? Yo creo que yo los conoceré a Uds. así como Uds., como yo los conozco a Uds. ahora, únicamente que seremos inmortales, y nos conoceremos el uno al otro.
29 ¿Por qué? Ellos conocieron a Elías y a Moisés. Y Pedro, Jacobo, y Juan los reconocieron a ellos. Y nosotros reconocimos a Jesús después de que Él regresó nuevamente a Su cuerpo glorificado. La Biblia dice: “Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser”, pero tendremos un cuerpo como el Suyo, porque le veremos tal como Él es. Así que tendremos uno como ese. Y Él estaba comiendo y lo demás. Ahora, yo sencillamente creo que el cielo es un lugar verdaderamente real al cual vamos. Amén.
Ahora, recuerdo cuando yo comencé en la escuela. No hace mucho yo me paré junto al viejo lugar donde estaba la escuela y la miré, y oh, parecía como que mi corazón se partiría. Recuerdo cuando solíamos ir allá a la escuela, y casi no teníamos ropa que ponernos, éramos unos niñitos muy pobres. Papá era un irlandés estricto; cada centavo que no se necesitaba para pagar la cuenta de los comestibles, él bebía con el resto de ello. Nosotros fuimos a la escuela sin ropa. Yo recuerdo todo un invierno. Ahora, no es una vergüenza ser pobre, pero yo ni siquiera tuve un abrigo que ponerme o una camisa que ponerme. Y yo tenía un abrigo que la Sra. Wathen, una mujer rica, me había regalado, tenía el emblema de una pequeña águila en el brazo, y yo lo mantenía cerrado así hacia arriba e iba todos los días a la escuela. Y nosotros teníamos que pedir prestado un pedazo de papel, no teníamos libros para estudiar; con razón soy ignorante. Y no teníamos, o analfabeta, mejor dicho, así que yo… No teníamos papel, ni libros, ni nada. Y no era como lo hacen hoy, que la comunidad lo provee, o la escuela. Y nosotros éramos…
30 Recuerdo que ese año yo quise estudiar, pero no tuve la oportunidad: los libros y cosas para estudiar. Recuerdo que llegó el tiempo de la primavera; yo había estado todo el invierno sin una camisa. Y el tiempo se puso caluroso allí, y antes de que despacharan en la escuela, la maestra me dijo un día, ella dijo: “William, ¿no tienes calor con ese abrigo?” Dijo; “Quítate ese abrigo”.
Yo no podía quitarme ese abrigo; no tenía camisa, y era sólo la piel. Así que yo estaba… Yo dije: “No, señora, yo tengo un poco de frío”.
Ella dijo: “¿Tienes frío en un día como este?”
Yo dije: “Si, señora”.
Dijo: “Es mejor que vengas aquí y te sientes frente al fuego”.
Vaya, esa estufa enorme, y ella prendió esa cosa, y el sudor me corría por la cara. Ella dijo: “¿Todavía tienes frío, todavía tienes frío?”
Yo dije: “Sí, señora”.
Ella dijo: “Será mejor que te vayas a casa; tú estás enfermo”. Yo no estaba enfermo, pero es que no tenía camisa; y yo no podía quitarme ese abrigo.
31 Así que yo me preguntaba cómo iba a poder regresar a la escuela; esperé un par de días. La hermana de mi padre que vive allí al otro lado de la colina, una distancia de nosotros, nosotros… Ellos solían venir a la casa; él tenía una mu… Ellos tenían una muchacha como de mi edad; ella había dejado su vestido allí. Así que un día pensé que yo podía sacar una camisa de eso. Entonces le corté la parte de abajo aquí, y agarré la otra parte y me la metí por dentro de mis pantalones, y fui a la escuela con ella. Sus pequeñas mangas así aquí arriba, Uds. saben, y, tenía todo eso allí… ¿Cómo es que Uds. le llaman a esa cosa que va así alrededor en ella? Oh, sí, bordado. Yo tenía toda esa clase de cosas así por encima, Uds. saben. Y así que yo, ellos dijeron: “Ese es un vestido de hembra”.
Y yo dije: “Ese es mi traje indio”. Ja-ja-ja. Traje indio, era ese bordado por todo su vestido, Uds. saben. Y los niños se reían de mí.
32 Y recuerdo, ese invierno en la escuela todos los niños… Era 1917; hubo una gran nieve en Indiana, me imagino que Uds. la tuvieron aquí en Ohio también, cualquiera de Uds. puede recordar hasta ese tiempo. Así que hubo una… Cayó aguanieve, y a veces los ventisqueros tendrían diecisiete, dieciocho pies de profundidad. Y entonces, la mayoría de los niños tenían trineos, y podían salir a pasear en trineos. Y mi hermano y yo no teníamos ningún trineo. Así que nos conseguimos una cazuela en el basurero. Y nos metíamos en esa cazuela. Todo por encima era aguanieve, Uds. saben, y nosotros nos sentábamos y metíamos nuestras piernas el uno alrededor del otro y nos deslizábamos por la colina. Ahora, nosotros no teníamos tanta clase como el resto de ellos, pero igualito nos estábamos deslizando. Así que nosotros… Eso funcionó bien hasta que a la cazuela se le desprendió el fondo. Así que tuvimos que buscar otro trineo.
Entonces conseguimos un tronco, y lo cortamos de cierta manera. Teníamos que cortar, traer nuestra leña del río, y del bosque para quemar. Todas las tardes cuando regresábamos de la escuela, teníamos que aserrar madera casi hasta la noche. Entonces recuerdo que agarramos el tronco, e íbamos bajando por él, deslizándonos en el hielo. Y hay un muchacho que iba a la escuela allí.
33 Si no me equivoco algunos de los amigos del Tabernáculo están aquí esta tarde, de mi iglesia, yo oí que ellos estaban. Era Lloyd Ford, es quien era, para Uds. que… Y estoy seguro que el hermano Ryan sabe quién es Lloyd Ford; acabo de verlo aquí hace un rato, creo. Estaba hablando con él el otro día, y le conté acerca de eso.
Fue durante el tiempo de esa Primera Guerra Mundial, y todo el que fuera lo suficientemente grande para ponerse un uniforme, tenía un uniforme. Y oh, yo tenía tantas ganas de ser un soldado. Y entonces cuando tuve la suficiente edad para estar en el ejército, ellos no me aceptaron. Así que, después de todo pude unirme al ejército y ponerme un uniforme. Uds. tal vez no lo vean. No está por afuera, va por dentro, es decir en las filas cristianas. Dios me dio el Espíritu Santo, y yo estoy en la guerra hoy, en la batalla contra el bien y el mal, y yo estoy a favor del bien. Y yo siento mi uniforme ya sea que Uds. lo vean o no.
34 Ahora, este muchacho, yo dije: “Cuando tú…” Él tenía un traje de explorador, y él vendía esa revista “Pathfinder”. Yo dije: “Cuando tú gastes eso, ¿me lo darías?”
Y él dijo: “Seguro”.
Bueno, yo nunca vi un traje durar tanto tiempo. Pero después de un rato, después de que él… Finalmente no lo vi usándolo por mucho tiempo; y le dije: “Lloyd, ¿qué de ese traje?”
Él dijo: “Pues, le preguntaré a mi madre”.
Y entonces él dijo: “No”. Dijo: “Ella tomó el saco y con eso hizo una camita, y los pantalones, ella remendó unos pantalones de mi papá con eso”, y dijo: “No me quedó nada sino una sola pernera”.
Yo dije: “Tráeme eso”.
Así que agarré esta pernera, tenía una pequeña cuerda en el lado. Bueno, yo tenía tantas ganas de ponerme esa pernera para la escuela, y no sabía cómo lo iba a hacer. Así que un día la metí en mi abrigo, y cuando iba paseándome en este tronco bajando por la colina, hice como que me había lastimado la pierna, y dije: “Oh, qué cosa”. Dije: “Me lastimé mucho mi pierna”. Dije: “Pero recuerdo que tengo una de mis perneras de explorador aquí adentro”. Saqué esa pernera, y oh, yo pensaba que era alguien entonces.
35 Y recuerdo que pasamos al pizarrón. ¿Alguna vez fueron Uds. a una escuela del campo? ¿Cuántos fueron a una escuela del campo donde ellos tenían ocho grados [palabras confusas]? Y yo me paré junto al pizarrón así, para resolver el problema, Uds. saben. Y tenía esa pernera en ese lado, y me paré de esta manera y trabajé de lado, así. Vi a todos mirar esa sola pernera. Todos los niños empezaron a burlarse de mí, y yo me puse a llorar; la maestra hizo que me fuera a casa. Ja-ja. Oh, fue una lucha difícil en esos días.
Recuerdo que un día cerca de la primavera, mamá hizo palomitas de maíz. Eso realmente fue una rareza. Nosotros no podíamos, mi hermano y yo no podíamos comer nuestro almuerzo como los otros niños; las madres de ellos cocinaban ese pan de horno, y oh, vaya, era exquisito. Pero nosotros… Ellos tenían emparedados, hacían emparedados. Oh, lo que nosotros teníamos, nosotros teníamos una pequeña cubeta de melaza como de este alto, y en un lado estaría un pequeño jarro lleno de verduras, quizás del otro lado un pequeño jarro lleno de habichuelas, un pedazo de pan para cada uno metido dentro de eso, y una cuchara. A nosotros nos daba pena comer delante de los otros niños, porque ellos tenían emparedados, y tortas, y galletas, y cosas así. Y nosotros nos íbamos a la colina frente a la escuela y nos sentábamos allí. Y poníamos estos pequeños jarros entre nosotros. Y que Dios lo bendiga, él está en la gloria hoy. Pero nosotros nos sentábamos y comíamos el uno con el otro, así.
36 Y recuerdo que mamá hizo palomitas de maíz para ponerlas en un árbol de navidad. Nosotros conseguimos un viejo árbol de cedro y envolvimos las palomitas de maíz alrededor de él. A ella le quedó suficiente, a tal grado que ella nos dio una cubetita, una cubetita extra llena de palomitas de maíz. Nosotros la llevamos a la escuela ese día. Y yo me ponía a pensar en qué tan bueno eso sabría cómo a las diez. Así que levanté mi mano, y la maestra me preguntó, y yo dije: “¿Me da un permiso?”
Ella dijo: “Sí”.
Y cuando salí al guardarropa, le quité la tapa y agarré un puñado bien grande de ese maíz. Salí y me paré detrás de la vieja chimenea, y me comí esas palomitas de maíz, vaya, estaban buenas. Cuando llegara la hora del almuerzo, pues, yo sabía que él iba a extrañar eso. Así que, nos fuimos a la ladera y nos sentamos. Queríamos comer las palomitas de maíz primero, Uds. saben cómo son los niños. Así que la abrimos y más o menos la mitad de eso había desaparecido, ese puñado que yo había agarrado. Mi hermano dijo: “Oye, algo le sucedió a eso, ¿no es cierto?”
Yo dije: “Seguro que sí”.
37 No hace mucho cuando yo venía de Texas en un avivamiento, una de las reuniones… Recuerdo, nosotros nos alejamos de la casa, y de la gente, y allí… Tan pronto como pudimos estar libres, nos fuimos a pasear por la carretera, y yo tenía al niño y a mi esposa. Nos detuvimos junto a la vieja escuela, y ellos estaban arrancando violetas, mi esposa y el niño. Y yo quise beber agua de esa vieja bomba otra vez. Estuve bebiendo, y déjenme decirles, este país puede que tenga un hermoso escenario desde Florida y Arizona, pero nosotros por aquí tenemos el agua, ¿no es así? Sí, señor, no hay mejor agua en el mundo que la que tenemos aquí mismo en la parte central de América, esa cantera caliza. Bebiendo, yo estuve bebiendo esa agua; me recosté de la cerca así, miré al otro lado donde antes estaba la escuela; ya no estaba.
Y yo recuerdo en el tiempo de la guerra cuando todos nosotros los niños nos parábamos allí, y su… Las medias que teníamos, quizás se nos bajaban, y los dedos de los pies se nos salían de los zapatos como cabezas de tortuga, y nuestras manos unos sobre otros, los hombros así, y la maestra con esa vara larga, Uds. saben, haciéndonos formar la fila, Uds. saben, marchando así, al entrar.
38 Comencé a ir contando por la fila; pensé: “Sí, Ralph Fields, él está en la eternidad. Mencioné tres o cuatro más de los muchachos: ”William Hensel, está en la eternidad“. Pensé: ”¿Quién estaba parado junto a él?“ Yo. Pensé… ¿Quién dice…? ¿Quién me seguía a mí? Edward, está en la eternidad. Miré detrás de mí y vi a Bill Ault: en la eternidad. Detrás de ese, Howard Higgins, en la eternidad…”
Oh, yo miré al otro lado de la colina donde antes estaba el viejo hogar, y allí había un proyecto de viviendas; el hogar ya no estaba. El viejo lugar no era como antes; el viejo manantial estaba tapado, los campos se habían convertido en el césped de la gente, apenas en un pequeño lapso de veinte y tantos años. Allí comencé a llorar, pensé—dije: “Oh Dios, aquí no tenemos ciudad permanente”. Luego pensé: “Papá, cómo yo acostumbraba verlo venir del campo, su cabello negro y ondulado, y viniendo del campo; él se encontraba con mamá afuera en el portón y a todos nosotros los niños, y nos tomaba en sus brazos y entraba a la casa”. Pero él partió; ya se ha corrompido. “No tenemos aquí ciudad permanente, mas buscamos la por venir, cuyo Arquitecto y Constructor es Dios”.
39 Me quedé parado allí y comencé a llorar. Recordé el día que le quité ese puñado de palomitas de maíz a mi hermano allí. Yo sólo… La primera vez que yo alguna vez estuve… Cuando estuve tan necesitado que me comería una mano; esa es la verdad. No estoy diciendo eso sólo por decirlo, pero esa es la verdad. Yo siempre… Siempre que alguien me compraba un emparedado o algo, o deseaba que pudiera pagárselo, pero no podía hacerlo. Y había tenido unas cuantas reuniones; me daban una ofrenda o dos. Y yo decía: “Oh Dios, cuánto deseo que Tú pudieras levantarme de aquí y permitirme llevarle a él ese puñado de palomitas de maíz hoy. Yo daría cualquier cosa, Señor, cualquier cosa, si Tú me permitieras llevarle a él ese puñado de palomitas de maíz”. Él murió a los diecinueve años, cuando yo estaba allá en el oeste trabajando para un rancho de ganado, y él murió llamándome. Y ellos podían oírlo a él desde el hospital hasta las calles, diciendo: “Déjenme ver a mi hermano Bill una vez más antes de irme. Díganle que sea un buen muchacho”.
Allí él ya no estaba, y yo tenía esa mancha sobre mí por haberle quitado ese puñado de palomitas de maíz a mi hermano. Pienso en su tumba, cuando lo sepultamos, oh, nosotros éramos verdaderos hermanos. Recuerdo que yo agarré una de las sábanas de mi mamá cuando llegó la primera nieve; yo fui allí y la coloqué sobre su tumba, pues pensé que él tendría frío. Eso fue antes de que yo fuera cristiano. Pero ahora comprendo que él no está allí; él partió.
40 Cómo empecé a llorar, mi esposa, la niñita me escuchó, y ellas se acercaron allí y dijo: “Bill, mira, yo pensé que tú viniste a casa para descansar”. Y ellas me agarraron y pusieron al niño arriba en mi hombro, y yo miré atrás al viejo lugar, y dije:
Preciosos recuerdos, cómo perduran,
Cómo ellos siempre inundan mi alma;
En la tranquilidad de la media noche,
Preciosas y sagradas escenas se desarrollan.
Miré allá, di la vuelta, nos subimos al carro y nos fuimos. Cuando era un muchacho yo era más o menos tímido. Hay muchas de esas cosas que simplemente las omitiré. Yo era más o menos tímido, y Uds. pudieran pensar que esto es extraño, pero a mí realmente no me gustaban las damas. Yo no tengo… No me gustaban las muchachas en lo absoluto.
Y es porque mi padre, ellos iban al río donde ellos beben y todo eso, y yo veía que allí llegaban mujeres, mujeres casadas, sus esposos no estaban con ellas, y veía cuán infieles ellas podían comportarse. Yo dije: “Si así es como son ellas, yo nunca quiero tener nada que ver con ninguna de ellas”. Y yo había resuelto en mi mente, que yo nunca me iba casar, nunca tendría nada que ver con mujeres, yo iba a ser un trampero. A mí me encanta la cacería y poner trampas.
41 Y me imagino que Uds. se preguntan cómo fue que llegué a casarme. Pero recuerdo la primera cita que alguna vez tuve, cuando ya tenía como diecisiete, dieciocho años de edad. Como todos los muchachos, Uds. saben, Uds. conocen a esa primera novia, Uds. saben, ojos como de paloma, y dientes como de perlas, cuello como de cisne, y Uds. saben cómo es eso: es la cosa más bonita que Uds. jamás habían visto en su vida. Y yo conocí a una. Y vaya, yo pensaba que ella era tan bonita. Y entonces el muchacho que vivía muy cerca de mí, él dijo: “Te diré qué…” Él también tenía una novia, y dijo: “Las reuniremos a las dos, y yo conseguiré el Ford de mi papá”. Y teníamos que levantarle el eje trasero y ponerle un poquito de gasolina para echarlo a andar con la manivela, Uds. recuerdan cómo Uds. acostumbraban… Así que conseguimos lo suficiente para comprar dos galones de gasolina. Y con eso podíamos pasear un buen tiempo. Así que buscamos a nuestras novias e íbamos a llevarlas a pasear.
Y yo nunca olvidaré esa noche que salimos. Y yo paré en un lugarcito para comprar unos emparedados y unas Coca-Colas. Y así que, recuerdo que entré y compré los emparedados y salí, y nos bebimos las Coca-Colas y comimos los emparedados. Yo fui a devolver las botellas. Y ese fue el tiempo en que las muchachas comenzaron a ser sabelotodo, comenzaron a fumar y cosas así. Y cuando regresé, para sorpresa mía, mi reinita estaba sentada allí fumándose un cigarrillo.
42 Bueno, yo siempre he tenido mi opinión de una mujer que fuma cigarrillos, y nunca la he cambiado. Es la cosa más baja que ella puede hacer. Correcto. Ahora, yo no estoy aquí para predicarles el Evangelio a Uds. Estos hombres hacen eso. Pero déjeme decirle algo, hermana: Esa es la peor “Quinta Columna” que tiene América. Las estadísticas de los médicos prueban que ochenta por ciento de los niños, si son niños amamantados, mueren cuando ellos tienen dieciocho meses de nacidos debido al veneno de la nicotina. Esas son las estadísticas, yo obtengo eso del gobierno. Y es la nicotina [palabras confusas].
Y aquí no hace mucho, hace unas horas cuando estaba comiendo mi desayuno, yo me senté en uno de los restaurantitos de por aquí, y ahí estaba una dama sentada allí, de cincuenta años de edad, con el suficiente manicure sobre su rostro como para… o como sea que le llamen a esa cosa, y por toda la cara, tanto que con eso hubieran podido pintar un granero. Y ella estaba sentada allí adentro, y tenía su cigarrillo en la mano haciendo [El hermano Branham lo ilustra.] Yo sentí lástima por la mujer, tan degradada y contaminada.
43 Bueno, escuche hermano, no tenga temor de que Rusia venga para acá a destruirnos. Nos estamos destruyendo a nosotros mismos. Correcto. Nuestra propia moral nos está degradando. No es el petirrojo que picotea la manzana que la daña; es el gusano en el corazón que mata la manzana. Allí es donde está el asunto hoy. Termitas, ellas se están carcomiendo el fundamento de nuestra nación. Miren, no se levanten y se salgan. Escuchen, déjenme decirles. Si Uds. lo hacen, mujeres, si Uds. usan esas cosas, por el amor de Cristo, no lo hagan más. Permitan que este sea el día cuando dejen eso, de aquí en adelante. Porque si el Ángel de Dios, cuyo siervo soy, si Uds. no han pensado más en hacerlo, más de lo que Él me ha revelado a mí, cuando Uds. lleguen a las puertas del Cielo, Uds. ciertamente serán dejados afuera. Ahora, recuerden eso. Uds. acéptenme a mí como profeta de Dios, manténganse alejadas de semejante cosas como esas, si Uds. esperan entrar a las puertas de la Gloria. Correcto.
44 Yo sé que cuando Él se encontró conmigo cuando yo era un muchachito, la primera cosa que Él me dijo fue: “Nunca bebas, fumes, ni deshonres tu cuerpo en ninguna manera; habrá una obra que tú harás cuando fueres de mayor edad”. Ahora, cuando el Ángel se encontró conmigo allá en el arbusto, como Uds. saben…
Ahí estaba esa pequeñita sentada allí, damita bonita, fumando ese cigarrillo. Y yo… Ella dije: “Fúmate un cigarrillo, Billy”.
Yo dije: “No, señorita, yo no fumo”.
Y ella dijo: “Mira, tú dijiste que no bailabas”. Ellas querían ir a bailar a cierto lugar.
Yo dije: “No”.
Dijo: “Tú no bailas; no bebes, no fumas”, dijo, “¿qué te gusta hacer?”
Yo dije: “A mí me gusta cazar y pescar… [Cinta en blanco]…”
45 Me levanté y me fui para la colina, y me senté allí en el campo esa noche, la luna estaba brillando; yo dije: “No puedo tener amigos; yo soy una oveja negra entre los muchachos. Y Señor, alguien… déjame morir. Yo no quiero vivir así. Soy un prisionero y no sé qué hacer”.
Pero lo que yo veo ahora, está todo en el gran programa de Dios. Yo tal vez perdí muchos amigos en ese tiempo, pero hoy Él me los está devolviendo diez mil veces más, al hacer lo que era correcto, para aferrarme a Él. Y dije: “Oh, yo no sé. Quizás sea mejor que intente quitarme la vida”.
Y un poco más adelante, recuerdo entonces que seguí así, pensé: “Bueno, yo aguantaré”. El tiempo pasó; muchas cosas sucedieron.
46 Cuando me casé… Yo conocí a esta muchacha. Yo estoy muy contento, mi hijo está presente esta tarde y sabe que esto acerca de su madre es verdad. Ella era una dama, totalmente. Ella era una muchacha cristiana. Y yo la conocí, y ella era muy simpática. Y yo comencé a salir con ella. Y ella ni fumaba, bebía, bailaba ni iba a lugares así. Así que, lo único que hacíamos, salíamos a pasear de noche, y teníamos que estar en casa a cierta hora, a las nueve. Y yo regresaba; ella era una verdadera dama, padres excelentes.
Así que yo pensaba en lo bonita que ella era, pero su padre era un organizador en el ferrocarril de Pennsylvania, ganaba como quinientos y tantos dólares al mes, durante el tiempo de la depresión económica. Yo ganaba veinte centavos la hora haciendo zanjas. ¿Qué era eso para cazarme con una muchacha como esa? Pero ella era muy encantadora. Su tumba hoy tiene algunas flores que yo planté sobre ella. Ella yace allí debajo, su cuerpo. Su alma está en la gloria con mi bebé. Yo todavía la amo a ella hoy con todo mi corazón. Y ella es… Qué persona tan encantadora.
47 Y ella vino a mi vida. Y yo sabía que tenía que llegar a un lugar en que yo le tenía que decir: “Mira, tú debes…” Yo tenía que casarme con ella, o debía dejarla en paz, dejarla para alguien. Una muchacha así, una dama ciertamente encontrará a alguien que sea bueno con ella, y yo no ganaba suficiente dinero para hacerme cargo de ella“. Así que dije: ”Bueno, lo único que tengo que hacer: yo tengo que decirle adiós y dejar que algún otro muchacho que pueda hacerse cargo de ella…“ Yo la amaba lo suficiente, aunque tuviera que sacrificar el estar con ella, dejar que alguien se hiciera cargo, la tomara, que pudiera cuidar de ella y mantenerla bien.
Así que traté de decidirme, y dije: “Bueno, yo… Tal vez yo pueda. Tal vez yo pueda mantenerla”. Dije: “Es tan difícil hacerlo, pedirle a ella eso”. Así que finalmente pensé: “¿Cómo la puedo pedir?” Y yo me imagino que Uds. se preguntan cómo lo hice. Yo… Durante más o menos un mes yo intenté armarme de valor para hacerlo. Yo no sé si Uds. hermanos tienen tanta dificultad así o no, pero a mí me costó mucho. Y yo la miraba, y pensaba que ella era bonita, y que ella era una buena muchacha. Y ¿por qué…? Yo pensaba: “Oh, ¿no podríamos nosotros ser felices juntos, quizás no tengamos mucho, pero pudiéramos ser felices?” Y entonces pensé: “¿Cómo lo haré?”
48 Así que intentaba preguntarle, Uds. saben, y yo… Uds. saben cómo se sienten, esa sensación bien rara, Uds. saben, y yo sólo… Eso me atascaba y no podía hacerlo. Así que ¿saben Uds. cómo le pedí que se casara conmigo? Le escribí una carta y le pregunté si ella se casaría conmigo. Y así que yo…
Ahora, no fue algo así como “Estimada Señorita”, fue un poquito más que eso, Uds. saben. ¿Cómo le llaman a eso?, sentimental. Y yo le pregunté que si ella se casaría conmigo. Y lo escribí toda una noche, Uds. saben, y lo puse en una carta; y al día siguiente yo iba a trabajar, así que la puse en el buzón. Y sabía que la iba a llevar a la iglesia el domingo por la noche, o el miércoles por la noche.
49 Y entonces, a medida que se acercaba el miércoles por la noche, comencé a ponerme nervioso, porque se me olvidó y la puse en el buzón y pensé: “¿Qué si su madre la leyó?” Miren, su madre es una buena mujer, y puede que ella esté aquí esta tarde. Y no estoy diciendo esto con ninguna mala intención, pero su padre era un muy bueno… él era un verdadero alemán, Brumbach. Y su madre era escocés, así que yo podía llevármela bien con Charlie, su papá. Pero su madre y yo simplemente, nosotros no veíamos las cosas en la manera que deberíamos. Ella era un poco, Uds. saben, un poquito clásica, y yo simplemente era uno de esos muchachos campesinos de por aquí. Así que yo pensé: “Ahora bien, ¿qué si quizás su madre leyó eso? Oh, vaya. Yo me enfrentaré a algo cuando vaya allá”.
Entonces llegó el miércoles y yo estaba tan nervioso que casi no podía levantarme. Yo tenía un viejo Ford todo maltratado, y sí que estaba en malas condiciones. Y yo casi podía recorrer cuarenta millas por hora en él. Eso era veinte millas en esta dirección y veinte millas de punta a punta en esta otra dirección, Uds. saben.
50 Así que recuerdo, fue en ese Ford que yo visité al hermano John Ryan por primera vez en Dowagiac, Michigan; Ud. recuerda esta historia, hermano Ryan. Así que recuerdo que pensé: “Oh, vaya”. Yo creo que esta es la primera vez que el hermano Ryan ha estado presente cuando yo he estado contando la historia de mi vida, hasta donde sé. Esto lo va a incluir a él dentro de unos instantes.
Y entonces recuerdo que en el… Yo pensé: “Ahora bien, ¿qué haré si su madre leyó eso?; va a haber problemas”.
Así que cuando llegó el miércoles por la noche yo paré el carro enfrente; yo tenía mejor conocimiento que tocar el claxon, pues pienso que estos muchachos, si vale la pena salir con la muchacha, vale la pena entrar a buscarla (correcto), no quedarse allí en el frente y tocar el claxon.
Así que subí hasta la puerta y toqué, y ella vino y abrió la puerta; dijo: “Pues, buenas noches, Billy”, dijo: “Pasa”.
Yo pensé: “Oh, oh, me va a hacer entrar allí adentro y cerrar la puerta, y entonces yo estaría en un tremendo aprieto, haciéndome entrar a la casa”. Pensé… Yo dije: “Gracias, Hope”, dije: “¿Me puedo sentar aquí afuera en el porche?”
Dijo: “Oh, no, pasa adelante”.
Yo pensé: “Ay de mí”. Así que entré, y sostuve el sombrero en mi mano, dije: “¿ya estás lista para ir a la iglesia?”
Ella dijo: “En sólo unos momentos”. Ella dijo: “Madre, ¿quisieras conversar, oh, con Bill mientras yo termino allí adentro?”
Oh, hermanos, ella vino, la Sra. Brumbach, vino y se sentó. Y oh, Uds. hablan tocante a sudar. Yo dije: “Ciertamente que hace un buen tiempo”.
“Sí, así es, Billy”.
Me quedé sentado allí un rato; yo pensé que esa muchacha nunca se alistaría. Así que, al poco rato ella salió; dijo: “Es una noche hermosa, caminemos a la iglesia”.
Yo pensé: “Oh, oh. Ahí va la oportunidad”. Pensé: “Será mejor que luzca muy bien porque esta es la última vez que podré estar contigo. Así que yo sabía eso. Ya la había tenido… Uds. saben cómo satanás le mentirá a uno. Él le hará creer a uno cualquier cosa”. Yo pensé: “Esto es todo; ella me va a decir que este es el final”.
Así que fui a la iglesia y yo nunca escuché lo que ese predicador dijo esa noche. Yo estuve sentado mirándola; yo sólo pensaba en lo bonita que ella era, y en lo simpática que era, y cómo yo esperaba que ella consiguiera a alguien que fuera bueno con ella. Y yo la miré y pensé: “Vaya” y el hermano Davis estaba allí predicando, Uds. saben, pero yo nunca oí lo que él dijo. Él despidió, y salimos afuera; yo pensé: “Ahora sí me dará la despedida”.
51 Comenzamos a caminar para la casa, era una noche de luna llena, Uds. saben, pasábamos bajo la sombra de los árboles, Uds. saben, cuando ella salió, ella tenía ojos café bien oscuros, cuando ella miraba alrededor yo sólo podía… Uds. saben cómo uno se siente, esa sensación extraña. Ahora, todos Uds. hicieron la misma cosa [palabras confusas.] Eso es correcto. Yo simplemente reconozco la mía. Ja-ja-ja. Miren, ¿no es correcto eso? Seguro, levanten la mano. Miren, así está mejor. Sí, señor.
Esa sensación, Uds. saben, y yo pensé: “Oh, qué cosa”, pues, yo pensé después que llegamos cerca de la casa, yo pensé que tal vez lo había olvidado, que nunca recibió la carta, Uds. saben. Y yo pensé que ésta se había quedado atascada en el buzón. Entonces me puse muy valiente; yo estaba conversando bastante animado yendo por la calle. Y yo simplemente hablé acerca del próximo domingo por la noche otra vez, Uds. saben, iba caminando por la calle. Pues, yo me estaba sintiendo bien. Pero más o menos cuando estábamos como a una cuadra de la casa, ella dijo: “Billy”.
Y yo dije: “¿Sí?”
Ella dijo: “Yo recibí tu carta”.
Oh, hermanos, allí estaba la cosa nuevamente. Yo dije: “Uh, uh, ¿verdad?”
Ella dijo: “Uh-uh”.
52 Bueno, yo seguí caminando; nadie dijo nada. Y yo pensé: “Mujer, di algo”. Uds. saben cómo las mujeres pueden mantenerlo a uno así en suspenso; Uds. saben. Bueno yo pensé: “Ciertamente, un hombre debería decir amén entonces”. Ser un hombre valiente. Ja-ja-ja. Y entonces ella dijo… sólo… Yo pensé: “¿Qué haré?” Y ella no decía una palabra. Y yo pensé: “Bueno, yo tengo que decir algo porque ya estábamos a unas cuantas puertas de su casa”. Y dije: “¿la leíste?”
Ella dijo: “Uh-uh”. Eso fue todo lo que ella dijo.
Yo pensé: “Oh, di algo, y dime que yo no puedo regresar o córreme, o haz algo, porque yo—yo estoy bajo una gran tensión aquí”. Yo dije: “¿La leíste toda?”
Ella dijo: “Uh-uh”.
Yo dije: “¿Qué piensas al respecto?”
Ella dijo: “Estuvo bien”, y nos casamos. Ja-ja-ja. Así fue como sucedió. Nos casamos por aquí en Fort Wayne, Indiana.
53 Y así que nos casamos. Y yo nunca olvidaré cuando ella me dijo que entonces yo tenía que preguntarles a sus padres por ella, dijo que eso era sólo… Oh, hermanos, aquí todo… Yo pensé que así me las había arreglado bien, pero allí estaba eso aún ante mí. Y yo dije: “Mira, Hope”, dije: “Tú sabes, yo creo que debemos hacer las cosas mitad y mitad”. ¿Ven? Yo dije: “Se supone que yo debo… Nosotros iremos por partes iguales en estas cosas”, dije: “comencémoslo ahora mismo, ¿qué dices?”
Ella dijo: “¿Qué quieres decir?”
Yo dije: “Siendo tú la muchacha, yo pienso que sería mejor que tú le preguntes a tu madre, y siendo yo el muchacho, yo le preguntaría a tu papá”.
Ella dijo: “Muy bien”.
Yo dije: “Sí. Bueno, déjame a mí preguntarle a tu papá primero, ¿quieres?” Si yo consigo su promesa, tú sabes, primero…“
Ella dijo: “Bueno, pregúntale esta noche”.
54 Bueno, yo sencillamente no podía hacerlo esa misma noche después de haber pasado por todo eso. Así que entonces esperé, la próxima vez que fui, que regresé. Me senté allí en el porche con ella un rato, y entramos y su padre estaba sentado escribiendo a máquina. Y nosotros entramos a la casa, y ella dijo: “Será mejor que le preguntes a papá esta noche porque tenemos que prepararnos”.
Y yo dije: “Sí, está bien”. Así que, entré, y él estaba sentado allí escribiendo, y yo conversé con su madre un ratito, Uds. saben, y miré para todos lados. Comencé a salir, y ella me miró; y yo dije… le hice señas; no me había olvidado. Entonces dije: “¿Sr. Brumbach?”
Dijo: “Sí, Bill”.
Yo dije: “¿Pudiera hablar con Ud. un momentito?”
Él dijo: “Sí, dime”. Y él se volteó.
Yo dije: “Yo—yo quiero decir acá afuera en el porche. Vi que él miró a la Sra. Brumbach. Yo pensé: ”Oh, oh, aquí está el asunto“. Así que salí al porche, y él salió allí. Yo dije… Yo sencillamente no podía decirlo; no me salían esas pa… yo me sentía bastante débil cada vez que intentaba decir algo, Uds. saben. Dije: ”Ciertamente es una noche hermosa, ¿no es así, Charlie?“
Él dijo: “Sí, así es, Bill”. Me senté allí un ratito.
Yo dije: “Ha hecho bastante calor”.
Él dijo: “Sí”, dijo, “te puedes casar con ella, Bill”. Ja-ja-ja. Pues, yo lo amo a él hoy.
Yo dije: “¿En serio?”
Él dijo: “Sí, en serio”.
Oh, hermanos, yo quería abrazarlo a él en ese momento.
Dijo: “Te puedes casar con ella”.
55 Yo dije: “Mire, Charlie”, dije, “yo sé que Ud. le dio a ella un buen hogar”. Dije: “Ud. le puede dar a ella todo lo que ella desee, pero yo no puedo”. Dije: “Yo solamente estoy ganando un sueldo muy pequeño”. Pero dije: “Charlie, ella no pudiera encontrar a alguien que la estimé más”. Y dije: “Yo trabajaré mientras que haya aliento en mi cuerpo para trabajar, y la mantendré. Y haré todo lo que yo pueda para mantenerla”.
Nunca se me olvidará; él también ya partió. Pero él me puso la mano en el hombro y dijo: “Bill, yo preferiría que tú te casaras con ella, y yo sé que tú la amas, y sé que ella te ama a ti. Yo preferiría que tú te casaras con ella, que alguien que tal vez tuviera mucho y que no fuera bueno con ella”. Dijo: “Después de todo, la vida no consiste en qué tanto de los bienes de este mundo tú poseas, sino en cuán contento tú estás con la porción que te es asignada a ti”. Eso es correcto, también… [Palabras inciertas]…
Yo dije: “Gracias, Charlie. Haré todo lo que yo pueda”.
56 Bueno, nos casamos; nos mudamos a una casita de dos cuartos que alquilamos. Nunca olvidaré cómo fuimos adquiriendo las cosas para el hogar. Muchos de Uds. se acuerdan de la depresión económica, ¿no es así? Oh, hermanos… [Cinta en blanco]… Como dos dólares, es lo que me costó la estufa. Yo fui a Sears and Roebucks y me compré un juego de comedor que no había sido pintado, y yo lo pinté. Y le puse tréboles grandes por todas partes. Yo era… [Palabras inciertas]… Ella es alemana y yo irlandés, Uds. saben, así que yo dije: “haremos eso, lo pintaremos de rojo con tréboles verdes bien grandes en él, sólo… nosotros simplemente… Nosotros éramos muy felices. No teníamos mucho en cuanto a los bienes de este mundo, pero éramos felices. Estábamos en casa.
Recuerdo entonces la primera vez que fui… Éramos muy felices, ella trabajaba en una fábrica de camisas, y estábamos tratando de ahorrar suficiente dinero para comprarnos unos muebles. Y teníamos oh, varios meses de casados. Y como al año, el pequeño Billy Paul vino a la escena. Oh, ella casi se muere. Y cómo recorrí yo los pasillos de un lado a otro cuando el pequeñito estaba naciendo. Y tan pronto como él nació, yo lo escuché llorar, y grité; yo dije: “Gracias, Señor, es un varón, y se llamará Billy Paul”… [Cinta en blanco]…
57 En unos minutos el doctor salió y dijo: “Bueno, reverendo, le cobraré por este linóleo que Ud. desgastó por todo esto aquí”, él dijo, “pero Ud. tuvo un varón”.
Yo dije: “Sí, su nombre es Billy Paul”.
Y me familiaricé con el hermano Ryan durante ese tiempo; lo conocí en un servicio un día, y lo oí testificar en Louisville. Así que, él me invitó, y allí fue que él vino a mi casa, y él se sentó allí un día. Ahora, Pentecostés era una cosa extraña para mí, y cuántas veces él intentó hablarme al respecto. Y él estaba sentado allí, y sencillamente se levantó; él levantó sus manos y comenzó a hablar en una lengua desconocida. Y se detuvo, me miró de frente, caminó hacia mí, puso su mano sobre mi hombro y dijo. “Hermano Billy, tú eres apenas un muchacho ahora; aún tienes mucha juventud por delante. Pero algún día eso se va a establecer, y el Dios Todopoderoso te va a usar para sacudir las naciones”. Y salió.
58 Ahí está el hombre sentado allí ahora que lo hizo. Yo amo a ese anciano. Y él se fue, se fue a su casa, y yo visitaba su hogar. Recuerdo que ahorramos nuestro dinero; nunca olvidaré cuánto dinero yo tenía; eran seis o siete dólares para hacer el viaje, que nosotros ahorramos. Yo estaba cansado; había estado, como ministro y estaba predicando, tenía el pequeño tabernáculo allá. Me fui de vacaciones; fui a visitar al hermano Ryan, fui a Dowagiac. Y él, fuimos a pescar al lago. De regreso yo estaba yendo a casa y pasé por Mishawaka. Y esa fue la primera vez que me relacioné con el pueblo pentecostal denominacional.
Y yo pasé creo que fue por Mishawaka, y había un tabernáculo grande allí, y la gente estaba aglomerada en las calles y en todas partes, ellos estaban… Yo pensé: “¿Qué es esto?” Y vi que tenían “Jesús Salva” y todo eso en la parte de atrás de sus carros. Así que estacioné mi viejo Ford y me detuve, y pensé: “¿Qué es esto?”
59 Y entré y vi lo que era, y era un servicio religioso. Pero oh, yo nunca había visto gente que no tenían modales. Ellos estaban gritando, y dando voces, y saltando, y eso era terrible para un bautista. Así que vi cómo actuaba esa gente; pensé: “¿No es eso terrible? Bueno, ellos no tenían modales en la iglesia en lo absoluto”.
Así que, pero hubo algo que se apoderó de mí. Y así que yo… Esa noche yo quería quedarme toda la noche, pero no… Yo conté mi dinero y tenía lo suficiente para comprar gasolina para llegar a casa. Y fui y me compré unos panes duros. Y sabía que yo podía quedarme un par de días con eso. No tenía habitación, no tenía dinero para pagar una habitación, así que me fui a dormir en un campo de maíz esa noche.
Pero, sin embargo, ellos pidieron que todos los predicadores pasaran a la plataforma, y ellos estaban llevando a cabo una conferencia. Y entonces, esa noche él dijo: “Todos los predicadores aquí, no tenemos tiempo para que prediquen, pero sí queremos que se levanten y digan su nombre y de dónde son. Cuando llegó mi turno yo dije: ”Billy Branham, evangelista, Jeffersonville, Indiana“, y me senté.
60 Así que entonces, ese día habían estado predicando muchos de los ministros jóvenes, pero esa noche cuando trajeron al ministro para que predicara, un hermano de color, y él era bastante anciano, y tenía sólo un pequeño margen de cabello blanco alrededor de la parte de atrás de su cabeza, y un saco de predicador bien grande y largo, con un cuello grande de terciopelo. El pobre anciano salió caminando así. Y él llegó allí, y era la primera vez que yo había visto un micrófono. Y él estaba predicando, comenzó a predicar; tomó su texto allá en Job, creo yo, 7 y 8, allí en alguna parte: “¿Dónde estabas tú cuando Yo fundaba la tierra, cuando alababan juntas las estrellas del alba y se regocijaban los hijos de Dios?”
Y el anciano, yo sentí tanta lástima por él; yo quería subir y sostener sus brazos para evitar que se cayera mientras que estaba predicando, y él era tan viejo. Y pensé: “¿Por qué no pusieron a algunos de esos jóvenes aquí arriba?” Ellos habían estado predicando todo el día, Uds. saben, sobre lo que Jesús hizo.
61 Pero él se fue más atrás de eso, y lo trajo a Él a través de los cielos así, y por el arcoíris horizontal en la segunda venida. Y cuando él llegó allí abajo, ese anciano gritó: “Wuupi”, pegó un salto y golpeó los tacones de sus zapatos y se fue bajando de la plataforma, dijo: “Uds. no tienen suficiente espacio aquí arriba para que yo predique”.
Yo miré eso, y pensé: “Hermano, si ese Espíritu Santo hará que un anciano actúe de esa manera, ¿qué no hará por mí? Eso es lo que yo quiero; eso es exactamente; eso es lo que yo quiero”.
Y me bajé de la plataforma, Uds. saben, diciendo: “Vaya”. Dijo: “Uds. no tienen espacio para que yo predique”. Yo pensé: “Oh, vaya, él ha estado en una fuente de juventud en alguna parte”. Pensé: “Yo quiero eso”.
62 Y esa noche allá en el campo de maíz, yo quería planchar mis pantalones, y los coloqué entre los dos asientos, Uds. saben, de esa manera, pantalones rayados, y los puse allí, y oré. Yo dije: “Dios, esa es la gente de lo más maravillosa; dame gracia delante de ellos. Déjame hallar alguna clase de gracia como esa; ellos tienen lo que yo estoy deseando”.
Así que recuerdo, la mañana siguiente me lavé y entré; eran como las diez. Yo pude haber comido con ellos, pero no podía depositar nada en su ofrenda. Así que no quise comer con ellos. Yo tenía mis panecillos, o panes. Y entré al carro, Uds. saben, y bebí un buen trago de agua en una llave, estacioné mi viejo Ford y me detuve, y entré. Y estaban cantando ese cantito que ellos cantan y batiendo las manos, cantando: “Yo Sé Que Fue La Sangre; Yo Sé Que Fue La Sangre”. Y oh, cada uno de ellos gritando y corriendo. Yo pensé: “Bueno, ¿qué sabes tú acerca de esto?”
63 Y me senté junto a un hermano de color. Y me senté allí; ellos tuvieron la conferencia allá en el norte. Ellos no pudieron tenerla en el sur por causa de la mezcla de los de color y los blancos. Y así que, yo me senté junto a un hermano de color ahí. Yo traía puesta una pequeña camiseta, Uds. saben. Nadie me conocía, así que, y un par de pantalones rayados. Yo estaba sentado allí escuchando, y un hombre, creo, de Cincinnati llamado Kirks, y él salió. Miren, él pertenecía a una de esas organizaciones pentecostales, no sé a cuál era, pero lo mejor que recuerdo, el tabernáculo de ese hombre… Su nombre es Raugh, R-a-u-g-h, un alemán, Raugh, Raugh, o algo así. Y era un… Yo me senté allí abajo, Uds. saben, y pensé: “Yo voy a disfrutar bien de esto hoy”.
Entonces este ministro salió; él dijo: “Anoche en la plataforma hubo un predicador joven aquí, creo que es el más joven que tuvimos en la audiencia; su nombre es Branham. Billy Branham”, dijo: “Si él está en la audiencia, bueno, queremos que él traiga el mensaje esta mañana”.
64 Oh, yo me agaché bien abajo, pues esos pantalones rayados y camiseta, Uds. saben; así que me agaché bien abajo, Uds. saben. Y él volvió a anunciar: “Si alguien afuera sabe en dónde está Billy Branham, de Indiana, allá en Jeffersonville…” Dijo: “Díganle que pase a la plataforma”.
Oh, yo no iba a subir allí delante de esos predicadores de esa manera. Y yo… Pues, yo no podía predicar, mis rústicas y lentas maneras bautistas no podían pensar en ello así de rápido, así que, la manera en que esos hombres estaban predicando. Yo me quedé sentado así bien calladito. Este hermano de color me miró y dijo: “Oye, ¿tú sabes quién es ese individuo?”
Oh, yo estaba en aprietos. Yo dije… tenía que decir algo entonces. Dije: “Mira amigo, mira; ese soy yo, ¿ves?”, pero dije: “no le digas a esa gente”. Dije: “Mira, yo traigo puestos estos pantalones rayados aquí, y esta camiseta”.
Él dijo: “A esa gente no le importa cómo tú estás vestido; sube allá”.
Y yo dije: “No, yo no puedo subir; quédate quieto”.
Él dijo: “¿Alguien sabe lo que… el paradero del Rev. Branham?”
Ese hermano de color dijo: “¡Aquí está!”
Fiu. “Aquí está”. Con pantalones rayados, camiseta.
Dijo: “Suba aquí, Sr. Branham”.
Oh, vaya, yo miré a ese hermano, y él se estaba riendo, Uds. saben.
65 Salí y pensé: “Señor, yo oré, ahora ¿qué voy a decir cuando llegue allí?” Comencé a subir sigilosamente a la plataforma, mis orejas estaban coloradas, Uds. saben. Y yo pensé: “¿Qué voy a hacer?” Y yo le tenía miedo a ese micrófono colgando allí, Uds. saben. Ellos lo tenían colgando de un cable. Y tomé la Biblia, y estaba temblando tanto que casi no podía sostenerla. Recuerdo que tomé mi texto de: “El Hombre Rico Alzó Sus Ojos En El Infierno Y Entonces Él Lloró”, y entonces él lloró, y entonces yo lloré. Ja-ja-ja. Algo se apoderó de mí. Yo no supe de más nada por más o menos media hora; ellos me tenían afuera. Y toda la gritería que yo alguna vez había oído en mi vida.
Allí se me acercó un individuo de Texas, traía puestas botas de vaquero y un sombrero enorme, Uds. saben, dijo: “Oye, yo soy el predicador…” Bueno, yo pensé: “Entonces, después de todo, esos pantalones rayados no están tan mal. Yo lo miré; él dijo: ”Oí que tú eras evangelista; yo quiero que vengas y me lleves a cabo un avivamiento en Texas“.
Y otro individuo se acercó, traía puestos esos pantaloncitos para jugar golf, Uds. saben, que Uds., pantalones bombachos. Él dijo: “Yo soy de Florida; yo tengo un gran montón, una iglesia allá con tantas personas en ella, ¿vendrás?”
Bueno, yo pensé: “Bueno, mi camiseta no está tan mal, estos son sólo gente sencilla”. Así que creo…
66 Y se acercó una dama, ella estaba enseñando a los indios en alguna parte. Y de repente, Uds. saben, yo empecé a anotar invitaciones rápidamente, y tenía toda una línea de ellas en la parte da atrás de un pedazo de papel. Y me subí a mi viejo Ford, y me fui por la carretera, vaya, oh, vaya. Y corrí a casa… Cuando entré… Ella siempre fue amorosa, hermano Ryan, Ud. sabe eso. Ud…. Ella siempre venía… Ella tenía cabello negro largo, y ella salía corriendo a la puerta a recibirme, y ella dijo: “Tú te ves tan contento”.
Yo dije: “Cariño, encontré la iglesia más maravillosa en el mundo”. Dije: “Un montón de gente que no se avergüenza de su religión, ellos gritan y claman y todo lo demás”.
Ella dijo: “¿Adónde has estado?”
Y yo dije: “Veamos, por allí en los alrededores de Mishawaka, allí”. Dije: “Oh, tú hablas tocante a una iglesia”, dije, “tú nunca viste tal cosa. Y lo creas o no, déjame que te muestre algo”. Yo saqué el papel y dije: “Tengo una invitación para ir a iglesias lo suficiente como para mantenerme viajando todo el año”.
Ella dijo: “¿Tú, cariño?”
Y yo dije: “Sí, yo”.
Y ella dijo: “Bueno…”
Yo dije: “¿Irías conmigo?”
Ella dijo: “Yo prometí ir contigo a cualquier parte hasta que la muerte nos separé”. Esa es una verdadera esposa. Que Dios le conceda descanso a su valerosa alma hoy. Entonces dijo: “Yo iré contigo a cualquier parte”.
Yo dije: “Muy bien”, dije, “mira, iremos a decirle a nuestros padres”.
67 Yo fui y le dije… Ella le iba a decir a su madre. Yo le dije a mamá, y mamá dijo: “Bueno”, dijo, “está bien, Billy”. Dijo: “Yo recuerdo a esa clase de gente allá en Kentucky cuando yo era una muchachita”, dijo, “ellos solían tener la casa de reunión Estrella Solitaria allá”. Dijo: “La gente se arrodillaba en el altar, y ellos oraban y gritaban y corrían”, esos son los antiguos bautistas misioneros, y dijo: “Ellos se han apartado de eso hoy en día en estas iglesias acá en Indiana, y en los alrededores”.
Y esa es una vergüenza para nosotros también. Correcto. Déjenme decirles, esta clase de bautista aquí que tenemos hoy, al cual Ud. le da un apretón de manos y pone su nombre en un papel; esa no es la manera en que yo lo obtuve, hermano. Nosotros nos arrodillábamos en el altar y nos golpeábamos uno al otro en la espalda hasta que vencíamos; nosotros teníamos algo cuando salíamos de allí. Sí, señor, no era esa cosa de estrechar manos con el predicador; nosotros éramos salvos.
68 Y entonces recuerdo, entonces cuando comenzamos, su madre dijo: “Bueno, Hope”, ella dijo: “Por supuesto que puedes ir, eso ya está dicho, pero déjame decirte”, dijo, “si tú lo haces tu madre se irá a la tumba con un corazón quebrantado”.
Oh, hermanos. Allí estaba el asunto. Y aquí es en donde yo cometí mi error, amigos. Yo escuché a mi suegra en lugar de escuchar a Dios. Y si yo hubiera proseguido adelante en ese momento, esta gran cosa se hubiera manifestado antes de esto, y la iglesia ya hubiese estado más avanzada en el camino. Pero presten atención a mis errores; aquí es donde comenzó el pesar.
Hope dijo: “Yo iré de todas maneras”.
Yo no quería herir los sentimientos de su madre, y su madre dijo: “¿Por qué no vas allá a la iglesia hasta que la pagues, y entonces compra una casa pastoral, y actúa como alguien que tiene algo de sentido, en lugar de… [Palabras inciertas]…? ¿Tú piensas que yo pudiera permitir que mi hija sea arrastrada de acá para allá a través del país, y que hoy ella coma, y que mañana no, y que nunca tenga una muda de ropa que ponerse”, y dijo, “y arrastrada de acá para allá con ese montón de basura?”
Pero yo descubrí, y no digo esto, sino sólo para decir la verdad. Lo que ella llamó basura, yo encuentro que es lo mejor de la cosecha. Esa es exactamente la verdad. Correcto.
Dijo: “Que mi hija sea arrastrada de acá para allá con semejante cosa…”
Hermano, por mis errores nosotros tuvimos que sepultarla un poco después de eso.
69 Miren, yo nunca lo olvidaré; los problemas comenzaron cuando… Mi padre enfermó, y murió en mis brazos al poco tiempo después de eso. Mi hermano iba montado en el lado de un carro, tenía quince años de edad. El hombre que lo estaba llevando y que le había dado un aventón, estaba bebiendo, golpeó su cabeza al lado de un poste, se quebró el cuello, se le desprendió el hígado, y él murió en los brazos de mi otro hermano. Y yo estaba parado en la plataforma predicando cuando sucedió. Ellos vinieron y me dijeron. Allí, déjenme decirles que el camino de un transgresor es duro. No le preste Ud. atención a lo que alguien en el mundo le diga; Ud. haga lo que Dios le diga que haga, sin importar lo que ello… A mí no me importa si es…
Una persona vino a mí no hace mucho y dijo: “Hermano Branham yo tengo Así Dice El Señor; yo sé que el Señor quiere que Ud. deje de hacer esto y deje de hacer aquello”.
Yo dije: “Mire, mi hermano, yo lo amo a Ud. con todo mi corazón, pero no venga a mí con eso”. Dije: “Porque eso no es Escritural”.
Ella dijo: “Pero yo también soy profeta”.
Yo dije: “Si Dios… Yo estoy en buena relación con Él, y si Él quiere que yo sepa algo Él me lo dirá”. Correcto. Yo dije: “Bueno, hubo una vez, hubieron dos profetas. Uno de ellos fue allá, y él era un profeta joven, y él profetizó contra el alt… Yo creo que está en 1 Reyes 13, y él profetizó contra el altar y sanó el brazo del rey después que él había estado paralizado. Y otro profeta dijo: ”El Señor me dice que pases por mi casa“, después que el Señor le había dicho que hiciera algo más. Y eran dos profetas, ¿Uds. recuerdan eso? No importa quién sea un profeta, o quién es, cuando Dios le diga a Ud. que haga algo, Ud. haga lo que Dios le dice que haga. Deje todo lo demás en paz (¿ven?); Ud. simplemente obedezca a Dios.
70 Y había lástima y sentimiento; yo dije: “Bueno, déjame decirte cariño, dejaremos esa cosa así, y entonces proseguiremos y…” Ella dijo: “Bill, yo iré contigo; haré cualquier cosa que tú quieras hacer”.
Yo dije: “Bueno, lo dejaremos así, y nosotros terminaremos de pagar nuestra iglesia, y quizás después de un tiempo nosotros podamos ir”. Y comenzó el pesar, una cosa tras otra; comenzaron los problemas, todo.
Ahora recuerden, entonces inmediatamente vino esa inundación de 1937. Recuerdo que el pobre hermano Ryan estaba en la ciudad en ese momento, cómo es que la inundación subía, y los trabajadores en el dique… Yo tenía una vieja lancha allí, y solía ir allá. Y uno se subía a esa lancha, y se mantenía de pie en esa lancha, y flotando por el río, y le predicaba a esa gente en el dique. Yo recuerdo la última vez que lo vi a Ud., hermano Ryan, allí. Yo pensé que Ud. había partido y estaba en la eternidad aquí hace unas semanas, hace unos meses. Yo nunca supe qué había sido de él.
71 Y hermanito George, la noche llegó, recuerdo que fue justo antes de la navidad; mi esposa fue al otro lado del río para comprar los regalos de los niños. Durante ese tiempo, había pasado otro año, un poco más de un año, fue como un año y once meses, entre… Había once meses entre los dos niños; nació una niñita. Yo la llamé Sharon Rose, según la Biblia, la Rosa de Sarón. Una preciosura, ella sólo creció lo suficiente hasta que podía hacer guu, y ella era tan dulce. Y yo amo los niñitos.
72 Y entonces, recuerdo que vino la inundación, y ella fue al otro lado del río para comprar unas cosas para los niños, para la navidad, y yo estaba trabajando. Y llegué a casa, y allá ella se había desmayado en la calle y la habían traído a la casa. Yo entré rápidamente, la miré, y yo… Un amiguito mío, el doctor Sam Adair de Jeffersonville, yo pienso que es uno de los mejores doctores en el mundo. Nosotros fuimos juntos a la escuela, y éramos amigos, pescábamos juntos, y Uds. saben. Nosotros anduvimos de acá para allá juntos. Somos vecinos ahora mismo. Y él… Yo lo llamé; yo acababa de llevarle una de esas lámparas para la navidad, como un regalo de navidad; era la noche, el día antes de la navidad. Y yo lo llamé, dije: “Sam, Hope se ha desmayado”. Y yo dije…
Él dijo: “Voy enseguida, Bill”.
Él vino y dijo: “Oh, vaya, ella tiene una fiebre de 105 (grados Fahrenheit); ella tiene neumonía”. Y dijo: “Tendrás que mantenerte despierto toda la noche, Bill, y darle a beber líquidos”.
Bueno, yo lo hice. Y esa noche me arrodillé y comencé a orar, y orar para que Dios la ayudara. Yo estaba en oración, y en eso, vi una sábana negra que bajó delante de mí. Vi la inundación de 1937 subir y veintidós pies de agua pasaron por la Calle Spring, comencé a profetizar. La gente dijo: “Tú estás loco; tú estás mal de la cabeza”. Allá en Falls City Transfer Company cuando yo di eso, allí a ellos, ellos dijeron: “Oh, Billy, vete a casa”.
Pero en menos de seis semanas, veintidós pies de agua se midieron sobre la Calle Spring, exactamente de la manera que fue dicho.
73 Y allí, yo vi esta sábana caer, y fui a mi iglesia; yo dije: “Creo que mi desobediencia ha traído tristeza a mi corazón. Mi esposa iba a partir”.
Y ellos dijeron: “Oh”, dijeron, “eso es sólo tu sentir por tu esposa”.
Ella empeoró. Vino la inundación, irrumpió esa noche, esa noche terrible, hermano Ryan. ¿Ud. recuerda cuando la gente estaba caminando por la calle y llorando y todo? Y yo tenía una camioneta de patrullaje allí, con la cual estaba trabajando, tratando de sacar a la gente de la inundación. Y fui allá, y había una… Mi esposa había sido trasladada al hospital temporal en la central del gobierno; todo lo demás había quedado bajo las aguas. Y yo fui allá para verla; y estaba buscando alrededor. Y me encontré con el hermano George DeArk; él está en la gloria hoy. Y él dijo: “Yo…”, dijo: “yo acabo de verte allá junto a la Iglesia de los Hermanos Unidos”.
Yo dije: “¿Ha visto Ud. al hermano Ryan?”
Él dijo: “Allá por la iglesia de los hermanos Unidos”.
El hermano George me abrazó y dijo: “Hermano Bill, si no vuelvo a verte; te veré en la mañana”.
Y esa es la hora de nuestro próximo encuentro; él partió durante la inundación; está en la gloria hoy. Cuando él estaba muriendo él miró, y dijo: “Oh, si yo tan sólo pudiera ver al hermano Bill una vez más. Oh, si tan sólo él pudiera estar aquí”. Él dijo: “Oh, ¿dónde estás?” Él miró hacia la ventana, dijo: “Oh, Jesús, yo sé que Tú vendrías”. Extendió sus manos y partió para encontrarse con Dios.
74 Entonces yo fui allá, esta inundación estaba a punto de romper el dique allá arriba, en la Calle Chestnut. Y algunos de ellos me llamaron, dijeron: “Ve rápidamente allá abajo”. Yo fui criado en el río, y pensé que era un barquero muy bueno. Llevé mi lancha allá rápidamente. Ellos dijeron: “Una mujer está atrapada allá”. Y yo miré hacia allá y oí a una mujer gritando, parada afuera en el porche con un bebé en sus brazos, gritando: “Tengan piedad, tengan piedad”, la casa sacudiéndose de esa manera, y la inundación bajando, arrasando, una extensión de ochenta millas de agua por todo eso allí.
Y agarré mi lancha y comencé a subir por los callejones de la… Así, y la ubiqué de tal forma que pudiera bajar y colocarme detrás del lugar en la corriente. Y llegué a la casa; y la mujer se había desmayado; la levanté y la llevé a la lancha (eran como las once de la noche), había dos o tres niñitas. Retrocedí y llegué a la orilla. Cuando ella volvió en sí, seguía gritando: “Mi bebé, mi bebé, oh, no dejen a mi bebé”. Y yo pensé que ella tenía un bebecito allá. El bebé que ella tenía era como de dos años de edad. Y salí otra vez para tratar de ver si habíamos dejado un bebecito acostado en una cama o algo, porque ella se había desmayado en el porche cuando yo la recogí.
75 Y cuando llegué allá y até mi lancha, y entré y busqué por toda la casa. Pero el bebé del cual ella estaba hablando era un bebé de dos años. Y en ese momento la casa fue sacudida del cimiento. Y yo salí rápidamente y salté a la lancha, metí mis manos en el agua y la desamarré, estaba helada, caía aguanieve, hacía frío, el viento soplando, había una ventisca. Y entré a la lancha; traté de jalar la cuerda del arranque. No podía hacerla arrancar, y la corriente me atrapó de esta manera, y me llevó a la calle Market, y me arrasó hacia el río. Allí estaban las cataratas Ohio crujiendo un poco más debajo de allí, las olas tan altas como este edificio aquí, pasando así con tal corriente. Y yo parado en esa lancha halando esa cuerda tratando de que ese motor arrancara, y no arrancaba. Parecía como que podía oír a alguien decir: “Mira, ¿en dónde está ese montón de basura?”
76 Déjeme decirle, hermano, el camino de un transgresor es duro. No permita Ud. que nadie le llame basura, no. Yo halé esa cuerda, y no arrancaba, y dije: “Oh, Dios, yo hice lo malo. Por favor, yo no quiero morir aquí en este río, mi bebé y mi esposa están acostados allá muy enfermos. Por favor Dios, no me dejes morir”.
Y yo estaba halando esa cuerda y no arrancaba, y me di la vuelta, y en ese momento la lancha ya estaba llena de agua casi como hasta la mitad, dirigiéndose hacia las cataratas. Yo sabía que diez minutos más sería demasiado. Halé otra vez; pensé: “Oh, Dios, perdóname por mis pecados”. Y halé otra vez; y cuando halé esa vez, el motor crepitó; halé otra vez y arrancó.
Di la vuelta así en la lancha, regresé, salí por allá bien cerca de Cane Run Creek, hacia New Albany. Regresé otra vez a Jeffersonville, volví a subir. Dije: “Iré a ver a mi esposa”.
Me dijeron: “Su esposa…”, dijeron: “¿En dónde está ella?”
Yo dije: “En el hospital del gobierno, por allá”.
Dijeron: “Toda esa cosa fue arrasada”.
77 Oh, hermanos, entonces subí a mi lancha y corrí a mi carro, y corrí tan rápido como pude, la patrulla en la que andaba, y salí hacia la central del gobierno allá. Me encontré con Major Weekly, un amigo mío, yo dije: “Major, ¿el hospital fue arrasado?”
Él dijo: “Sí, todo está bajo el agua allá, reverendo”, dijo: “pero creo que todos los pacientes lograron salir”.
Yo dije: “¿Ud. sabe si mi esposa logró salir o no?”
Dijo: “No sé”.
Y fui y vi a alguien más que dijo: “Sí, su esposa y todos los demás entraron en un vagón de ganado, y han ido hacia Charlestown”.
78 Bueno, corrí en el carro hacia Charlestown, el Arroyo Lancassange se había llenado por cuatro millas con agua muy veloz. Me monté a mi lancha, pero no podía avanzar, quedé vencido. Me encontré con algunos de ellos allí, dijeron: “Ud. sabe, cuando ellos cruzaron ese puente allá, el tren fue arrasado en la vía”, entre Charlestown y Jeffersonville. Y ahí estaba yo tratando de llegar allá, y quedé aislado allí a solas. Y tuve varios días para sentarme allí y considerarlo todo.
Entonces cuando pude cruzar y pasar otra vez, llegué a Charlestown; ellos dijeron allí: “No hemos oído nada de su esposa”. Me encontré con un viejo amigo mío, íbamos caminando juntos por la calle; él dijo: “Le preguntaremos a ese despachador”.
El despachador dijo: “Pues, sí, yo dejé a una madre enferma y a dos niños en Columbus, Indiana”.
79 Y entonces un amigo me recogió y me llevó a Columbus, entonces llegué a la iglesia bautista allí, estaban usando la sala del gimnasio para… un auditorio allí para enfermos, donde ponían a sus enfermos. Entré allí y la gente lloraba y caminaban los unos sobre los otros, y había catres por todas partes. Y yo comencé a gritar; me puse histérico. Y comencé a gritar: “Oh, Hope, ¿dónde estás amor? ¿Dónde estás?” E iba corriendo por allí: “¿Dónde estás?”
Y allá bien atrás en un rincón, yo nunca lo olvidaré; vi una mano huesuda levantarse así… [Cinta en blanco]… mi amada muriendo. Fui hasta allá, a ella rápidamente. La miré, esos ojos oscuros estaban bien hundidos en su cabeza, y su rostro liso y hermoso se había encogido. Y ella me miró. Y oh, yo no pude soportarlo. Me incliné al lado de la cama, y dije: “Oh, Dios, ten misericordia”.
Y ella dijo: “Me veo horrible, ¿no es verdad?”
Y yo dije: “No, tú estás bien, cariño”. Dije: “¿Dónde está Billy Paul y la bebé?”
Dijo: “Ellos están en… Alguien los tiene aquí abajo en una habitación”.
Yo dije: “¿Están ellos vivos y bien?”
Dijo: “Sí”.
Y en ese momento sentí que alguien me tocó en el hombro, y era el doctor, él dijo: “¿Reverendo Branham?”
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “¿No es Ud. amigo del doctor Sam Adair?”
Y yo dije: “Sí”.
Dijo: “Venga acá un momento”. Yo caminé allí, y él dijo: “Mire, reverendo Branham, quiero darle el golpe para que Ud. lo sepa, para que Ud. lo pueda superar”, dijo: “Su esposa ha desarrollado tuberculosis galopante; ella no puede sobrevivir sino sólo un poquito”. Dijo: “Ella está muriendo en estos momentos”.
Yo dije: “Doctor, eso no puede ser así”.
Él dijo: “Lo es”. Dijo: “Mire, no deje Ud. que ella lo sepa, pero Ud. simplemente siga adelante, porque el doctor Adair saber al respecto, y me dijo que se lo dijera a Ud., él no quería decírselo”.
Y yo dije: “Muy bien”.
80 Y regresé allá sabiendo que ella se estaba yendo, y oh hermanos… Y le pregunté al doctor, después de que todo se secó y yo podía llevarla a casa. Nos fuimos a casa; hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance para tratar de salvarle la vida. Pero no pudimos hacerlo. Yo le di tratamientos con neumotórax, fui y compré una máquina de neumotórax. Ellos ni siquiera tenían una en la ciudad. Cuando ella sostenía mi mano yo tenía que aflojarle los dedos fuertemente de mis manos. Ellos perforaron un orificio en su costado y colapsaron esos pulmones. Si hubiera que repetir eso, yo no lo haría. Y allí, cómo estaba ella, sufría y sufría.
Finalmente llegó un gran doctor de Louisville, llamado Miller. Él me llamó a un lado y dijo: “Reverendo Branham, ella no puede vivir sino sólo un poco más; ella va a morir”. Dijo: “Ella no puede vivir”.
81 Ahora, yo recuerdo que tenía que patrullar, me fui… Eso fue cuando yo entré a la conservación, trabajando como un guarda de casa. Y yo tenía que trabajar; estaba endeudado por todos lados. Ella estaba allá en el hospital esperando el último momento. Y yo recuerdo que un día estaba trabajando, y escuché por la radio que me estaban llamando para que fuera. Yo nunca olvidaré ese día mientras viva. Paré, me quité el cinturón, puse la pistola allí, y el sombrero. Incliné mi rostro delante de Dios, parecía como que mi iglesia se había ido. Todo se había ido, yo sólo estaba rendido por completo. La vida no significaba nada para mí. Y dije: “Padre Celestial, por favor no permitas que ella muera hasta que pueda verla una vez más”. Yo estaba como a veinte millas lejos de casa. Dije: “Por favor, no permitas que muera, que yo pueda verla a ella una vez más”.
Encendí las luces, la sirena, me fui por la carretera, paré enfrente del hospital, subí corriendo los escalones tan rápido como podía. Y miré y viniendo por el pasillo, venía el pobre doctor Adair. Yo amo a ese hombre; sencillamente hay algo acerca de él que yo amo. Él ha sido un amigo para mí. Hemos sido amigos desde que éramos niños. Él venía caminando con su rostro inclinado, alzó la mirada y me vio y las lágrimas bajaron por su mejilla, y él volteó de lado y comenzó a correr hacia el lado, y yo dije: “Espera un momento, Sam”. Me acerqué; le dije: “¿Ella partió?”
Dijo: “Creo que sí, Bill”.
Yo dije: “Vamos, ve conmigo, amigo”.
Él dijo: “Oh, Bill, no me pidas que vaya; no me pidas que vaya”. Dijo: “Yo no puedo entrar allí”, dijo, “Hope ha horneado muchos pasteles para mí, y hemos comido juntos”. Y dijo: “Ella es como mi hermana, Bill; yo hice todo lo que puedo hacer”. Dijo: “Dios sabe que hice todo lo que podía hacer”. Dijo: “Yo hice lo mejor que pude por ti, muchacho, pero” dijo, “ella ha muerto”.
Yo dije: “Doc, ¿no puedes ir conmigo?”
Dijo: “Yo sencillamente no puedo soportarlo más, Bill”.
Yo dije: “Yo voy a ir”.
Él dijo: “No… Espera, llévate a la enfermera”. Y la enfermera vino; ella tenía una medicina allí; dijo: “Tómate esta medicina sólo un momento”, dijo, “te calmará los nervios”.
Yo dije: “No, yo no la quiero”.
82 Entré al cuarto yo solo, y ella dijo: “Iré con Ud.”
Yo dije: “No, quiero ir solo”. Halé la puerta hacia adentro al entrar, rápidamente, y me acerqué hasta allí; ellos tenían una sábana sobre su rostro. Halé esa sábana hacia atrás. Cuando miré allí, ahí estaba acostada mi amada. La miré, y ella estaba encogida así. Puse mi mano sobre su cabeza, y estaba pegajosa. No podía ver ningún aliento, o [palabras confusas]. Y yo la moví, le dije: “Hope, amor, háblame por favor”. Dije: “Yo te amo con todo mi corazón, siempre te he amado, y siempre te amaré. Háblame una vez más, por favor”. Y la moví así. Le grité: “Hope”. Y entonces ella, sus ojos se abrieron, esos ojos grandes con esa mirada fija de la muerte en ellos, así como los ojos de un ángel. Ella me miró, y comenzó a sonreír; ella me hizo señas para que me agachara, y dijo: “Oh, ¿por qué me llamaste?”
Yo dije: “¿Que te llamé?” Dije: “Pues, cariño, yo… Ella… ¿He hecho mal?”
Ella dijo: “No, tú no has hecho mal”, dijo.
Justo en ese instante la enfermera entró corriendo; ella dijo: “Reverendo Branham, Ud. tendrá que salir”.
Y ella dijo: “Ven aquí, Hilda”, era una amiga de ella. Y aquí está lo que me hizo sentir… Ella dijo: “Ojalá que cuando tú te cases tengas un esposo como el mío. Él ha sido tan bueno conmigo, tan comprensivo”. Uds. saben cómo eso haría que Uds. se sintieran.
Yo dije: “No, cariño, yo no he hecho por ti como hubiera querido”, y habíamos tenido que pensar quizás en comprarle a ella un vestido de calicó una vez cada tres meses o cuatro meses. Yo dije: “Yo… tú trabajaste y me ayudaste a mantener a los niños”. Y la muchacha comenzó a llorar, salió de la habitación, la enfermera. Yo dije: “¿Por qué me dijiste que yo hice mal llamándote de regreso?”
Ella dijo: “Oh, Bill”, dijo: “Tú has predicado acerca de eso, cariño, y has hablado acerca de eso, pero” dijo, “tú no comprendes lo que es”. Dijo: “Yo estaba siendo llevada al hogar por un grupo de Ángeles blancos”. Dijo: “Era como un ambiente oriental con pájaros grandes volando de árbol a árbol, tan pacífico”.
Yo creo con todo mi corazón que sus ojos se abrieron para ver la visión; ella estaba yendo al paraíso. No sé si Uds. creen esto o no, pero yo me he parado al lado de la cama y he visto a santos partiendo, los he oído hablarles a sus seres queridos que habían partido hace años. Uds. han experimentado eso. Yo sólo me pregunto esto, amigo; mire, esto no es una doctrina; es sólo un pensamiento. Yo me pregunto si esa mañana… Y la muerte es tan difícil de todos modos.
83 Yo estaba parado al lado de un hombre hace algunos años; yo sólo… Él había sido cristiano por mucho tiempo, y él dijo, me habló y dijo: “Billy…”
Yo dije: “¿Está todo bien, Sr. Bledsoe?” Él tenía como ochenta años de edad.
Dijo “Oh, todo está bien, Billy”. Dijo: “Yo tengo tantas ganas de ver a mi Señor. Mi vida está toda gastada y acabada”. Dijo: “Yo quiero verlo a Él”. Él parado allí hablándome, su esposa allí. Él dijo: “Madre, pues”, él dijo, “yo tenía años que no te veía”. Él dijo: “Billy, ¿tú la ves a ella?”
Yo dije: “No”.
Él dijo: “¿Tú conoces, madre…? Madre, este es…”
Oh, la Sra. Bledsoe dijo: “Cariño, tú estás…”
Dijo: “Yo no estoy loco”. Dijo: “Hermana”, ella tenía años que había partido. Y yo me pregunto si en esa gran hora cuando estemos partiendo, Dios sabe que esta alma está saliendo del cuerpo como una muela siendo extraída de la boca. Yo me pregunto si Dios no le dice a mamá: “Baja y párate junto al Jordán; tu hijo viene para acá esta mañana”.
Y nuestros ojos, cuando se están abriendo del mundo natural al mundo espiritual, entonces se vuelve algo visual allí, y nosotros en realidad los vemos a ellos parados allí.
84 Yo pensé que ella estaba entrando al paraíso; yo dije: “¿Cómo era, cariño?”
Dijo: “Oh, era tan hermoso”. Ella dijo, [Espacio en blanco en la cinta.]
“¿Qué es eso, cariño?”
Ella dijo: “Debo volver rápidamente”. Dijo: “¿Me imagino que tú sabes por qué me estoy yendo?” Oh, eso fue lo que me dolió.
Yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Tú nunca debiste haber escuchado a mamá”.
Yo dije: “Lo sé”. Dije: “Yo sé que no debí haber escuchado a tu madre”. Dije: “Cariño, algún día yo lo compensaré, con la ayuda de Dios”.
Ella dijo: “Bill, si tú hubieras seguido y hecho lo que Dios te dijo que hicieras, hoy hubiera sido distinto”.
Yo dije: “Eso es correcto”, pero dije, “Amor, tú no podías evitarlo, tú estabas tratando de ser buena de corazón”. Dije: “Yo sé eso, cariño”.
85 Y entonces, ella dijo: “¿Me prometerás algo?”
Yo dije: “¿Qué?”
Yo no quiero ser un bebé, amigos, pero oh, cuando pienso en lo que le hice a Cristo, el mal que he hecho. Y yo dije…
Ella dijo: “Prométeme algo”.
Yo dije: “¿Qué?”
Ella dijo: “Prométeme que tú predicarás ese mismo Evangelio del Espíritu Santo hasta que la muerte te libere”.
Yo dije: “Lo prometo”.
Y ella dijo: “Quiero que me prometas algo más, que no te quedarás soltero”.
“Oh”, yo dije: “No puedo prometer eso, cariño; no puedo prometer eso”.
Dijo: “Yo tengo dos hijos”, y dijo, “no quiero que ellos anden de acá para allá. Encuentra una buena muchacha que tenga el bautismo del Espíritu Santo, y cásate con ella para que así puedas formar un hogar para los niños”.
Y yo dije: “No puedo prometerte eso, amor; yo te amo demasiado”.
Ella dijo: “Ya habrá alguien que aparecerá, Bill”. Dijo: “Prométeme eso, ¿quieres?
Y yo dije: “Bueno, no puedo prometerte eso”.
Ella dijo: “No dejes que me vaya sin que me lo prometas”.
86 Ella dijo: “Otra cosa”, dijo, “¿tú recuerdas aquella vez cuando estabas en Louisville, y querías comprar ese rifle para ir a cazar?” A mí me encantan las armas y pescar y demás, y yo me iba a ausentar, y ella dijo: “Tú sabes, ese rifle que tú querías comprar, y costaba tres dólares la cuota inicial”.
Y yo dije: “Sí”. Creo que costaba como diecisiete dólares.
Y dijo: “Tú no tenías dinero para hacer el primer pago”.
Yo dije: “Recuerdo eso”.
Ella dijo: “Bill, yo tenía tantas ganas de comprarte es rifle”. Dijo: “La porción que tú me dabas”, dijo, “yo nunca compré nada, pero he estado ahorrándolo”. Dijo: “Después que yo haya partido, cuando vayas a casa, busca debajo de esa cama plegadiza allí, encima de ese papel”, y dijo, “tú lo encontrarás puesto allí”.
Cuando fui a casa encontré eso, como dos dólares y ochenta centavos puestos allí, que ella había ahorrado para hacer ese pago por el rifle. Uds. no saben cómo hizo eso que me sintiera. Ella era una verdadera muchacha.
87 Y ella dijo: “Otra cosa, quiero disculparme contigo”. Dijo: “Yo hice algo mal”.
Y yo dije: “¿De qué se trata?”
Ella dijo: “Yo te oculté algo”.
Y yo dije: “¿Qué fue eso, cariño?”
Dijo: “¿Tú recuerdas esa vez que me compraste esas medias?”
Y yo dije: “No sé”.
Dijo: “Nosotros estábamos yendo a Fort Wayne”.
Yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Esas eran la clase incorrecta de medias”.
88 La cosa fue esta; ella estaba tomando su baño, y nosotros íbamos a ir a Fort Wayne. Su papá vivía en Fort Wayne en ese tiempo, y nosotros íbamos a ir allá. Y yo estaba en el, Uds. saben en dónde está el Tabernáculo Rediger, acababa de tener servicio. Bert Williams estaba predicando allí en ese entonces. Y nosotros íbamos a ir allí para esa noche. Y ella dijo: “Anda y cómprame un par de medias”.
Y yo nunca diseñé ropas para mujeres, y yo… Ella me dio como sesenta o setenta centavos, lo que costaba para comprar un par de medias. Y yo fui… Ella… Había dos o tres clases diferentes, una clase se llamaba, ¿cómo es?, ¿chiffon? ¿Es correcto eso? Y la otra la llaman, alguna cosa como esa, rayón, ¿correcto? Raylon, sí. ¿Cuál es la mejor? Chiffon, ¿no es así, Chiffon? Y yo estaba… Esa era la clase que ella quería.
89 Yo iba por la calle. Quería asegurarme de que me acordara, yo decía: “Chiffon, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon”.
Alguien me decía: “Hola, Billy”.
Yo decía: “Hola, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon, chiffon”.
Y yo pasé junto a Orville Speawn, y él dijo: “Bill”, dijo, “allá en el muelle las percas están mordiendo, como así de largo”, dijo, “oh, tú”, dijo, “tú deberías ver eso”.
Y yo dije: “¿Verdad, Orville?”
Y me puse a hablar con él, y olvidé lo que era. Y así que fui allá; yo sabía que ellos tenían medias en la tienda de baratillo. Conocía a la muchacha que trabajaba allí, y fui allá y dije, Thelma se acercó y yo dije: “Hola, Thelma”.
Y ella dijo: “Hola, hermano Billy”. Dijo: “¿Qué deseas?”
Y yo dije: “Hope quiere un par de medias”.
Y ella dijo: “Pues, Hope no quiere medias”.
Y yo dije: “Sí, sí, ella quiere un par”.
Dijo: “Ella no usa medias”.
Yo dije: “Sí; ella las quiere de estilo completo. Esa cosa, tú sabes, que tiene esa cosita en la parte de atrás, tú sabes. Y entonces”, yo dije: “ella las quiere de estilo completo”.
Y ella dijo…
90 Bueno, eso está errado; eso no es completo… ¿Qué es eso? Moda. Sí, correcto. Yo no sé mucho acerca de esas cosas, así que, y yo dije: “Ella quiere esa clase”.
Y ella dijo: “Bueno, esos son calcetines”.
Y yo dije: “Oh, muy bien”.
Dijo: “¿Qué clase deseas?”
Y después de que había sido tan ignorante, yo no quería mostrar más de ello, así que dije: “Bueno, ¿qué clase tienes?”
Ella dijo: “Tenemos de todo, desde rayón”.
Yo dije: “Esa es la que ella quiere”. Yo nunca oí los dos tipos distintos; todas ellas suenan igual para mí. Y entonces yo dije: “Esa es la clase que yo quiero”.
Ella dijo: “¿Hope quiere calcetines rayón?”
Yo dije: “Sí, señorita”.
Y ellas únicamente costaban como veinte centavos el par, algo así. Ella la buscó; yo dije: “Dame dos pares si eso es todo lo que cuesta”. Así que ella me dio dos pares. Y entonces me fui a casa. Uds. saben cómo a Uds. les gusta alardear delante de su esposa cuando Uds. tienen una ganga, Uds. saben. Y yo dije: “Oh, yo pensé que te diría, es sólo…” Yo dije: “Yo soy hijo de Abraham”, Uds. saben, hablándole a ella. Yo dije: “Uds. las mujeres salen de compra todo el día buscando gangas, y yo voy al centro, pago dos pares de medias, y me queda lo suficiente para comprar un tercer par si quisiera. Me quedó dinero, sólo dos pares. Todas Uds. comprar en Louisville”. Yo dije: “Tú sabes, Uds. tienen que ser Judíos, como yo, tú sabes”. Simplemente hablando de esa manera.
Y ella dijo: “¿Conseguiste rayón?”
Y yo dije: “¡Sí, señora!” Todas ellas suenan igual para mí.
91 Así que yo pensé que fue algo gracioso, cuando ella llegó a Fort Wayne, ella tuvo que comprar otro par de calcetines. Pero ella me dijo; dijo, allí en la hora de su muerte; ella dijo: “Bill, esas eran para una mujer más anciana; yo se las di a tu madre”. Ella dijo: “Eso”, dijo, “yo te oculté eso, porque no quise herir tus sentimientos, por esas que compraste”.
Oh, hermanos, Uds. no saben cómo me hizo sentir eso en ese momento. Y dije: “Dios te bendiga, cariño”.
Y ella dijo: “Mira, prométeme que tú, que tú no…”
Dije: “Yo no…”
Ella alzó la mirada y dijo: “Me voy, Bill”.
Y yo dije: “¿Te vas, cariño?”
Ella dijo: “Sí”.
Yo dije: “Amor, cuando tú vayas…”
92 Ahora, nosotros no creemos… Cual sea… Uds. crean lo que quieran. Yo no creo que un cristiano muera; no existe ninguna Escritura para ello en la Biblia. No, señor. “El que oye Mis Palabras y cree en El que Me envió, ha pasado de muerte a Vida, él… Yo soy la resurrección y la Vida”, dice Dios, “el que en Mí cree, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí no morirá eternamente”. Correcto.
Yo dije: “Mira, cariño, yo llevaré tu cuerpo aquí afuera, y lo sepultaré allí en Walnut Ridge. Y si Jesús tarda, yo estaré en alguna parte en el campo de batalla, si no, yo seré sepultado a tu lado”. Dije: “Esa mañana cuando el sol rehúse brillar, la luna se ponga negra como sangre”, dije, “el mundo esté todo frío y esperando” dije, “tú ve a las puertas de la ciudad en el lado oriental, y párate allí, cuando tú veas a Abraham, Isaac, y Jacob, y a ellos entrando”, dije, “comienza a gritar Bill tan alto como puedas”. Y yo dije: “Yo reuniré a los niños, y me encontraré contigo allí en la puerta”.
Y ella levantó esas manos huesudas y las cruzó sobre sí. Yo le di un beso de despedida. Ella cerró sus ojos y fue a encontrarse con Dios. Esa fue mi última cita con mi esposa. Y por la gracia de Dios, yo estoy tratando lo mejor que puedo para hacer un tiempo doble; esa es la razón que me esfuerzo tanto por predicar día y noche en una campaña tras otra; estoy tratando de compensar lo que perdí allá en el pasado.
93 Oh, fue difícil cuando me fui a casa. Me fui a casa y traté de acostarme. Mi madre quería que yo fuera a la casa; yo no podía. Y luego recuerdo que fui a nuestra casita. No había nada allí, y es que no teníamos nada. Yo creo que diez dólares hubieran comprado todo lo que teníamos en la casa. Pero era nuestra. Ella la mantenía limpia; y era nuestra; y no había ningún hogar como nuestro hogar. No me importa cuán humilde sea; no hay ningún hogar como el nuestro. La casa de mi madre no parece el correcto, ninguna otra parte.
Y yo fui allá, y me acosté, traté de dormir esa noche; nunca se me olvida. Y Uds. saben, un ratoncito se había metido en la… una rejilla donde teníamos unos papeles allí arriba, y yo lo escuché. Y eso… ella solía acostarse allí y tenía unos caramelos. Y yo comencé a llorar. Y cerré la puerta, y colgando en la parte de atrás de la puerta estaba su quimono, colgado en la parte de atrás de la puerta. Y oh, hermanos, allí estaba todo eso otra vez. Y mientras estaba acostado allí llorando, alguien tocó la puerta, y era el Sr. Broy. Él llegó, y dijo: “Hermano Billy”.
Dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “Te tengo malas noticias”.
Yo dije: “Hermano Frank, yo acabo de llevarla a ella a la morgue”.
Él dijo: “Eso no es todo; tu bebé también está muriendo, Sharon Rose”.
Y yo dije: “Seguramente que no”.
Dijo: “El doctor Adair la está llevando al hospital en estos momentos”. Dijo: “Él cree que ella está muriendo”.
94 .Y yo no pude resistir más. Me levanté, e intenté caminar; no podía hacerlo. Mis fuerzas se habían agotado. Ellos me llevaron tomado de los brazos. Él me sentó en la camioneta, y me llevó allá al hospital. Y yo entré, y allí estaba Sam parado junto a la puerta; él dijo: “Billy, no vayas a ella”. Dijo: “Ella está muriendo, muchacho”. Dijo: “Ella ha contraído esa meningitis tuberculosa de su madre, y se le fue a la columna”. Y dijo: “Ella está muriendo”. Dijo: “Tú no puedes entrar a verla”, dijo, “por causa de Billy Paul”.
Yo dije: “Doc, tengo que ver a mi bebé”. Y dije: “Déjame verla, ¿quieres, Doc?”
Él dijo: “Bill, no puedo hacerlo por causa de Billy Paul”, dijo, “es meningitis, hijo”, dijo, “si tú llevas tus ropas a alguna otra parte…”
Yo dije: “Doc, déjame ir ahí abajo o dame cloroformo y déjame morir con ella”. Dije: “La vida, ¿qué es eso para mí en estos momentos? Todo lo que yo tengo se ha ido”. Y él comenzó a llorar. Yo… Y la enfermera se paró allí y dijo: “Mire, yo no puedo dejarlo entrar allí, hermano Branham.
95 Cuando ella dio la espalda yo me metí de todas maneras y bajé al sótano, el lugar aislado, un hospital muy vil. Y allí, abajo ellos tenían una pequeña estopilla colocada sobre su rostro para que no se le pararan las moscas. Y los espasmos que ella estaba teniendo con esa meningitis habían [palabras confusas.] Y las moscas estaban en los ojitos de la bebé, y yo espanté las moscas de sus ojos así, y la miré, dije: “Sharon Rose, querida, ¿tú no vas a dejar a tu papá, verdad?” Y yo miré sus piernitas gordas, su manita paralizada así, [palabras confusas] así a medida que ella se encogía, temblando. Y ella me estaba mirando, sus labiecitos le temblaban, yo dije: “Sharon, ¿vas a dejar a papá?”
Y parecía como que ella estaba temblando tanto así, y yo tenía… Ella me miró; ella estaba sufriendo tanto que uno de esos ojitos de bebé… Sus ojitos estaban bizcos así. La miré sufriendo tanto, y ella estaba, parecía como que ella estaba tratando de estirar sus manitas hacia mí. Oh, eso sencillamente me desgarró el corazón. Oh, y yo pensé: “Oh, Dios”. Desde ese día… Esa es la razón que los niñitos con los ojos bizcos, oh, yo sencillamente no puedo soportar mirarlos. Uds. saben, Dios hace esas cosas; a veces Él tiene que aplastar algo para sacar lo bueno de ello, ¿no es correcto eso?
96 Yo vi esa bebita; me arrodillé en el piso, y dije: “Oh, querido Dios, yo lamento que hice lo que hice”. Dije: “Tú te llevaste a mi esposa, a mi amada de mi lado, y ahora te estás llevando a mi bebé. Oh Dios, no te lleves a mi muchachita por favor; yo la amo a ella con todo mi corazón”. Dije: “Yo te serviré; yo he hecho todo lo que sé hacer excepto ir cuando Tú me dijiste que fuera para allá”. Y dije: “No te lleves a mi bebé por favor”. Dije: “Yo la amo. Oh, no, dime Dios, por favor”. Dije: “Llévame a mí en lugar de ella”.
Cuando cerré mis ojos, pareció como que una sábana negra vino y se abrió. Yo supe entonces que ella se iría. Me levanté y la miré; dije: “Dios te bendiga, cariño”. Dije: “Tú eres el amorcito de papá”. Puse mi mano sobre su cabeza, y dije: “Oh, Dios”, dije, “yo no sé por qué me estás haciendo pedazos de esta manera”. Pero dije: “Sin embargo, eso no cambia mi fe en Ti”. Y dije: “Como Job de la antigüedad, aunque Tú me mates sin embargo yo te creo con todo mi corazón”. Dije: “Yo confío en Ti, Señor”. Dije: “Sharon Rose [palabras confusas] Dios sea contigo, cariño. En unos minutos los ángeles vendrán y llevarán tu pequeña alma adonde está tu madre. Y yo te recogeré de aquí y te pondré en los brazos de tu madre y te sepultaré mañana”. Yo dije: “Señor, he hecho todo lo que puedo; no es mi voluntad ahora, que se haga Tu voluntad”.
Yo puse mi mano sobre su cabecita así; no pude contenerme más. Sentí que me hundía y caí al piso. Los ángeles de Dios vinieron y la recogieron, y se llevaron su pequeña alma. Su boquita dejó de temblar, y sus piernitas se enderezaron. Dios se la llevó, y yo me quedé parado allí, mi corazón hecho pedazos. Pero pensé: “Oh Dios, oh, misericordia”, dije: “Señor, ¿por qué no me llevas a mí, Señor? Simplemente permíteme…” Dije: “Cuando yo era un niño todos se burlaban de mí, me llamaban afeminado, y yo pasé hambre, y prescindí de cosas y todo lo demás”, dije, “y aquí llegué a un lugar en que Tú me disté un pequeño hogar, yo traté de vivir correctamente. Luego Tú me diste un pequeño hogar; no me lo quites. Dios, déjame que me vaya con ellas”. Y yo dije: “No me dejes aquí más tiempo; yo no quiero quedarme”.
Lloré y… [Palabras inciertas]… Yo dije: “Pero Dios, en mi corazón hay algo, y es que yo te amo, no importa lo que Tú has hecho, yo te amo”. Yo alcé mis manos a Él.
97 La enfermera entró, miró a la bebé y le cruzó sus manitas. Ella vino a buscarme y salimos. Unos días después la llevamos allá a la colina, el hermano Smith, el predicador metodista, se paró allí y predicó el funeral. Cuando ellos fueron a bajarla con su mamá, yo la miré. Él agarró unos terrones de tierra en su mano, caminó alrededor, me miró, y volteó su cabeza; él simplemente… Oh, yo simplemente no podía soportarlo. Tenía al pequeño Billy Paul recostado aquí en mi brazo, dieciocho meses de nacido. Yo dije: “Billy, querido, algún día tú y yo iremos a ver a mamá y a tu hermanita”. Yo lo oí a él arrojar esos terrones sobre ese féretro, y decir: “Cenizas a las cenizas, polvo al polvo, tierra a la tierra”. Oh, hermanos, parecía como que bajando por los arbolitos de arce, la brisa comenzó a soplar, diciendo: “Hay una tierra más allá del río, que llaman el dulce para siempre; nosotros solamente llegamos a esa ribera por el decreto de la fe; uno a uno entraremos por el portal, para allí morar con los inmortales; algún día ellos sonarán esas campanas doradas por ti y por mí”. Yo me voltee de la tumba.
Pensé: “Oh, pobrecito Billy, sentado sobre mi brazo, no sabía de qué se trataba todo aquello. Yo agarraba sus biberones, y los metía en mi bolsillo, y lo cargaba a él así, y caminaba por las calles. Regresé y fui a la… Una noche eso casi me mata. Yo lo paseaba a él en mis brazos así; él lloraba por su madre; no tenía ninguna madre a la cual ir. Y yo estaba caminando de un lado al otro en el patio así, él dijo: ”Papá, ¿dónde está mi mamá?“
Yo dije: “Ella fue a ver a Jesús”.
Él dijo: “Cuando ella regrese, yo la quiero”.
Yo dije: “Bueno, querido, yo no sé. Ella regresará”.
Yo comencé a caminar así, di vuelta en el árbol donde mis amigos solían sentarse. Yo tenía un perro de cacería allí; yo iba a ir a acariciarlo. Él me miró, dijo: “Papá, yo pensé que vi a mamá allá arriba dentro de esa nube”.
Oh, yo casi me caigo con el pequeñito; estuve tambaleando alrededor, y entonces me desplomé. Oh, yo sencillamente no podía levantarme. Pasó una hora, y el pobre niñito estaba sentado allí llorando por su mamá. Yo pensé: “Dios… Oh, yo sé que he hecho mal, pero yo… Ciertamente que algún día será distinto.
98 Me fui e intenté ir a trabajar. Y recuerdo una mañana, yo fui a trabajar, para la compañía de servicios públicos, trabajando en las líneas de alta tensión. Me subí a un poste una mañana, y estaba cantando muy temprano. Yo estaba cantando:
En el Monte Calvario, estaba una cruz
Emblema de afrenta y dolor.
Mientras estaba allí resultó que miré hacia arriba, y el sol estaba saliendo en esta dirección, y vaya, el sol brillaba contra mí y sobre esos hierros cruzados de ese poste, allí estaba, como un cuerpo moviéndose, la sombra sobre el lado del monte de la cruz. Pensé: “Sí, eso es correcto, mis pecados lo pusieron a Él allí. Oh”, yo dije, “Dios”. Yo sencillamente no podía soportarlo; yo podía entender que mi esposa se fuera, pero mi bebé. Yo no podía tener a esa bebé, ¿por qué Dios se la llevó?
Miré hacia abajo; me puse muy nervioso; me quité mi guante de hule, había dos mil trescientos voltios pasando allí junto a mí. Yo dije: “Dios, no quiero ser un cobarde, pero Sharon, papá irá a casa a verte en unos minutos”. Me quité ese guante, resuelto a poner mi mano sobre ese alambre. Este le quebraría a uno cada hueso del cuerpo. Yo sencillamente estaba fuera de sí; me estaba volviendo loco. No podía tranquilizarme. Y cómo fue que me bajé de ese poste, aún no lo sé. Pero cuando volví en sí, yo estaba sentado junto al poste, todo agachado así, llorando. Y grandes gotas de sudor pegajoso estaban por todo mi cuerpo. Yo creo que, si Dios no hubiera pre-ordenado, yo creo en predestinación… [Cinata en blanco]… [Palabras inciertas]… Yo habría muerto allí mismo.
99 Y me fui a casa. Me di por vencido esa mañana. Me fui. Yo no podía soportarlo. Me fui a la casa de mi madre, y esa noche, yo estaba yendo a casa. Y estiré la mano por el lado de la puerta allí, y agarré un correo, y cuando entré, la primera carta que agarré decía: “Señorita Sharon Rose Branham”, sus pequeños ahorros de navidad, ochenta centavos. Allí estaba eso nuevamente. Me arrodillé junto a ese viejo catre del ejército en el cual estaba durmiendo allí en la cocina. El clima ya se había puesto frío, la escarcha estaba por todo el piso; me arrodillé y dije: “Dios, por favor déjame ir, o algo; consuela mi corazón; yo no puedo soportarlo de esta manera”.
Y mientras estaba orando y llorando, me quedé dormido. Soñé que estaba en alguna parte en el oeste. Tenía puesto uno de esos sombreros orientales bien grandes; y yo iba bajando por la pradera, silbando: “La rueda de la carreta está rota”. Y sucedió que miré, y allí estaba un viejo furgón allí, y una de las ruedas estaba rota, colgando hacia abajo. Y parada allí estaba una jovencita muy hermosa en su adolescencia, tenía cabello rubio que se le movía, sus ojos eran azules, hermosos. Yo pasé por allí, y me quité el sombrero, y dije: “Buenos días, señorita”. Y seguí caminando, silbando: “La rueda de la carreta está rota”.
Ella dijo: “Buenos días, papá”.
Yo miré alrededor y dije: “¿Qué dijiste?”
Ella dijo: “Yo dije, buenos días, papá”.
Yo dije: “Bueno, jovencita, tú me llamas tu papá, pero tú tienes la misma edad que yo”.
Ella dijo: “Papá, tú no sabes dónde estás”.
Y yo dije: “No entiendo”.
Ella dijo: “En la tierra yo era tu pequeña Sharon”.
Yo dije: “¿Sharon?”
Ella dijo: “Sí, aquí no hay bebés pequeños, papá”, dijo, “todos somos de la misma edad; somos inmortales”.
Y yo pensé: “Oh”, dije, “¿dónde está tu madre?”
Y ella dijo: “Ella está esperando por ti”.
Y ella dijo: “¿Dónde está Billy Paul?”
Y yo dije: “Bueno, acabo de dejarlo hace un rato”. Dije: “Yo no entiendo esto”.
100 Ella dijo: “Mi mamá está esperando por ti en tu nuevo hogar”.
Y yo dije: “¿Nuevo hogar?” Dije: “Oh, cariño, algo anda mal aquí”. Dije: “Los Branham son vagabundos; nosotros nunca tenemos hogares”, dije, “nosotros somos pobres”.
Y ella dijo: “Pero papá, tú tienes uno aquí”.
Yo voltee para mirar, y allí estaba un gran palacio, la gloria de Dios viniendo de alrededor de él, ella dijo: “Ese es tu hogar, papá”. Dijo: “Mamá está esperando por ti allí”. Y yo me volteé, y comencé a subir por la calzada yendo así, yendo hacia el hogar, cantando: “Mi Hogar, Dulce Hogar”. Y allí ella salió a recibirme otra vez. El cielo es un lugar real. Ella estiró sus brazos, su hermoso ser, sus brazos como ella siempre lo hicieron, ese cabello negro brillando, esos ojos, una vez más en perfecta salud. Ella estiró sus brazos, y dijo: “Bill”.
Yo subí hasta ella, y me postré así. Muchas veces cuando yo llegaba de reuniones y estaba tan cansado, ella me abrazaba y siempre me daba palmaditas. Ella decía: “Oh, cariño, tú te has esforzado tanto; yo temo que tú vayas a arruinar tu salud mientras que estás joven”, y me daba palmaditas así, en la espalda. Y yo me postré frente a sus rodillas; y ella me abrazó y dijo: “Bill”.
Y yo dije: “Cariño, yo no entiendo”. Dije: “Yo me encontré con Sharon allá abajo”.
Ella dijo: “Sí, ella dijo que iba a bajar para esperarte”.
Yo dije: “¿No se convirtió nuestra hija en una jovencita hermosa?”
Ella dijo: “Sí”.
Yo dije: “Ella dijo que estaba esperando a Billy Paul”.
Dijo: “Sí, ¿no quieres entrar?”
Y yo dije: “Cariño”, me levanté y dije: “Yo estoy tan cansado que casi no puedo soportarlo”. Dije: “Yo acabo de estar orando por este enfermo, y orando por este enfermo”. Y recuerdo que en ese entonces yo no había tenido estas reuniones.
Y ella dijo: “Yo sé todo acerca de ello, Bill”.
101 Orando por los enfermos, esa es la razón que yo creo que en algún momento mi partida será desde la plataforma. ¿Ven? Y yo había… Yo dije: “Acabo de haber estado orando por los enfermos; estoy tan agotado que casi no puedo soportarlo”.
Ella dijo: “Lo sé”. Ella dijo: “¿No deseas sentarte?”
Y yo miré alrededor; y allí estaba un enorme sillón puesto allí. Y la miré, y ella me miró y sonrió. Ella sabía de lo que estábamos hablando.
102 Yo fui una vez… Yo… Nosotros sólo teníamos sillas con fondo de nogal; yo no sé si Uds. saben cómo son ellas o no, entretejidas con nogal; teníamos dos. Y había una de ellas allí, y yo me compré un sillón, pagué quince dólares por él. Yo pagué un dólar de cuota inicial y un dólar a la semana para cancelarlo. Y pagué cinco o seis dólares. Yo sencillamente no pude hacer los pagos. Uds. saben cómo las cosas se ponen difíciles, y uno no puede llegar a fin de mes; Uds. saben lo que quiero decir. Y yo sencillamente no pude hacer los pagos, y ellos me mandaron un aviso de que iban a venir a buscarlo.
Y un día yo llegué, y ella me había horneado un pastel de cerezas, qué linda. Y ella salió a recibirme a la puerta y dijo: “Oh”, quería que yo fuera a pescar o algo así esa noche. Y ella me había preparado este pastel de cerezas; ella dijo: “Oh, yo te preparé el mejor pastel de cerezas”. Ella sabía que a mí me encantaba el pastel de cerezas. Y yo pensé que algo andaba mal.
Y entonces después de la cena ella dijo: “Mira, yo mandé a los niños a que desenterraran algunas lombrices para pescar”, dijo, “Vamos a ir al río a pescar”.
Y me di cuenta que ella estaba toda emocionada. Y después de la cena yo dije: “Caminemos al cuarto de enfrente un ratito”.
Ella dijo: “No, no, vayamos afuera…”
Y yo la abracé y le dije: “Oh, cariño, tú eres una esposa encantadora”.
Y pasamos por la puerta, y ella puso su cabeza sobre mi hombro y comenzó a llorar; dijo: “Bill, yo me esforcé para guardártelo”.
Yo dije: “Lo sé, cariño, pero no podíamos evitarlo”. Yo llegaba a veces tan cansado que casi no podía soportarlo, y me sentaba en ese sillón, ese pequeño taburete. Yo me sentaba allí a leer mi Biblia hasta que me iba a dormir. Y en ese momento ya no estaba; no lo teníamos. Yo no pude pagarlo. Y yo estaría tan agotado. Y ella miró alrededor y dijo, miren, cuando yo la vi a ella en esta visión, ella dijo: “¿Tú recuerdas ese sillón?”
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “¿Que la compañía de finanzas vino y se llevó?”
Yo dije: “Sí, yo recuerdo, cariño”.
Ella dijo: “Pero Bill, ellos nunca vendrán a llevarse este; este ya está pagado. Es tuyo, siéntate y descansa un rato”.
103 Oh, gente cristiana, uno de estos días, yo sé que más allá del alcance del conocimiento mortal, algún día, solamente Dios sabe dónde y cuándo, las ruedas de la vida mortal todas se pararán; y entonces yo voy a hacer un viaje al monte de Sión. Allí la veré a ella otra vez, y veré a Jesús. Veré a mi bebé; veré a mis seres queridos.
Me espera una alegre mañana,
Donde puertas de perlas se abren de par en par,
Cuando yo haya cruzado este valle de tristeza,
Descansaré al otro lado.
¡Aleluya! Yo lo amo a Él hoy con todo mi corazón. No quiero ser un bebé. Oh, Dios, ten misericordia. Y este viejo [palabras confusas] ha cruzado las calles, las lágrimas y congojas y dificultades. Oh, Padre, y yo he servido al Señor toda mi vida. Y yo he procurado con todo mi corazón, querido Jesús, de vivir para Ti, para hacer la cosa, no importa lo que sea esta cruz, ni cuán desdeñoso parezca ser. Yo te amo, querido Jesús, Tú has quebrantado mi corazón una y otra vez, pero yo te amo por eso. Y yo te ruego en estos momentos, Dios amado, que Tú me ayudes a cumplir la comisión que Tú me has dado, para que yo pueda terminar mi carrera con gozo. Y algún día cuando la vida haya terminado, y los pasos con los que yo estoy caminando ahora con los [palabras confusas]. Más de la mitad de mi vida ya se ha ido [palabras confusas]. Algún día mi alma tiene que volver allá. Párate a mi lado, Oh Estrella de la Mañana, en ese momento.
Cruzando el país y conociendo amigos preciosos y ministros del Evangelio… [Cinta en blanco]… orando y los enfermos y afligidos, ver a esas pequeñas madres en cama, oh, cuánto odio a ese demonio de la tuberculosis, cómo eso rompió en pedazos a mi familia. Oh Dios, ayúdame. Ayúdame a ser fiel al llamamiento, Señor. Y algún día cuando todo haya terminado, concede que este grupito aquí en esta tarde, oh yo… [Palabras inciertas]… los otros miles y miles. Cuando la última batalla sea peleada, el último sermón sea predicado, que nosotros podamos pararnos en Tu presencia, Señor, gozosos, coronados con inmortalidad para encontrarnos con nuestros seres queridos.
104 Y muchos aquí hoy han caminado por las calles tristes de la vida; sus seres queridos, sus madres y padres, hijos, han partido; ellos saben lo que es irse a casa, si fuera casa. Muchos hombres aquí saben lo que es irse a casa y que no haya madre para sus niños. Muchos saben lo que es ver a su pequeño infante jugando en los brazos de su madre, enterrada bajo el suelo. Y Dios, nosotros esperamos ansiosos el día cuando Jesús vendrá, y las tumbas serán abiertas, y esos seres queridos serán presentados otra vez en cuerpos inmortales. Oh, cuánto te amamos, Señor, mantén sólida nuestra fe.
Si hubiere algunos aquí hoy, nuestro Padre Celestial, que no te conocen a Ti en el perdón de sus pecados, que nunca han aceptado a Tu amado Hijo, el único Mediador entre Dios y el hombre, que ellos puedan hoy de manera dulce y humilde levantar sus manos y sus corazones a Ti, y decir: “Amado Jesús, aquí estoy. Recíbeme tal como soy, que yo pueda dar mi vida y servirte. Y por los errores del hermano Branham, que yo nunca haga esas cosas que Tú tengas que halarme a través de las alcantarillas de esa manera. Sino que yo lo pase por alto por Tu gracia al tocarte a Ti en estos momentos. Concédelo, amado Padre Celestial. Bendice a esta audiencia que está esperando.
105 Ahora, mientras tenemos nuestros rostros inclinados, sólo un momento. No es mi intensión ser un bebé, mientras los cristianos están orando, oh, vivir nuevamente esas horas tan horribles… [Cinta en blanco]…
Oh, Señor… [Palabras inciertas]… ¿… aquí que quisiera pasar al frente en estos momentos para entregar su vida a Cristo? ¿Hay alguien aquí? Si Ud. cree que Dios está en nuestro medio… [Cinta en blanco]… ¿… hay alguno que levantará su mano y dirá: “Hermano Branham, yo todavía no he sido salvo?” ¿Levantará Ud. su mano y dirá: “Ore por mí”. Yo quiero que Ud. le pida a Dios que tenga misericordia de mí?“
¿No hay uno en el edificio? Dios le bendiga, hermano. Un pecador que… Dios le bendiga, hermano. Dios le bendiga; veo su mano. ¿Alguien más? Diga: “Ore por mí, hermano Branham, yo quiero que Ud. me recuerde en oración”.
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