S.631 59-0411B  TESTIMONIO 

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OBRAS DEL MENSAJE

Testimonio

Los Angeles, California, E.U.A.

59-0411B

1 Hay algo con respecto a este tipo de adoración que simplemente parece diferente. Solo la simplicidad de dejar que solo su alma sea bendecida por la Presencia del Señor. Para mí, esa es la verdadera Cristiandad en acción.
Cada mañana en el Templo Angelus, a las 10:00 en punto, creo que es, el Hermano duPlessis predica. ¿Es eso correcto, Hermano DuPlessis? Él es uno… uno de los pocos que he conocido que realmente entiende mi ministerio. Y si pueden venir, estoy seguro que sus almas serán bendecidas escuchando al Hermano duPlessis.
Acabo de tener el privilegio de conocer a su esposa por primera vez en mi vida. Tal… ella es simplemente una típica mujer africana. Ella dijo que era de Texas…. ¿Todos Uds. me aman aquí en California? Uds. saben, Texas es el segundo, seguido del más grande estado de la Unión, ahora. Hmm. Alaska es primero, Uds. saben. [El Hno. Branham se ríe. Trad.] Oh, vaya, eso pone a pensar a Texas, ¿no es así? Bueno, mi madre es de Texas, y tengo unas cosas por las cuales alardear yo mismo de Texas. Y muchas grandes almas han salido de Texas. Estoy seguro que serán muy bien representados en el cielo cuando lleguemos allá: grandes avivamientos y demás.

2 Ahora, este día, y en este cuarto cargado con el Espíritu de Dios, puedo simplemente esperar que suceda cualquier cosa. Es cuando la gente está toda unánime junta; que es cuando cosas suceden.
Estoy contento de tener en esta mañana a mi amigo, aquí de vuelta, que ha estado cazando conmigo. La mitad del tiempo no puedo recordar su nombre. El Hermano Johnny de… de Van Rotten: Burt Van Rooten. Y así que… él… Estábamos cazando juntos allá arriba por el Rio De No Retorno, por cortesía de… y mía, y de los Hombres Cristianos de Negocios. Ciertamente tuvimos un buen compañerismo juntos.

3 Y ahora, pienso que no tenemos tiempo para realmente tomar un texto y predicarles, pero solamente quisiera dejar un pequeño testimonio. Y para pensar… Ahora, el Hermano duPlessis me pidió que le dijera a la audiencia que no estaba saliendo de manera descortés, pero tiene un servicio en este momento que tiene que atender, y así que… En el Templo Angelus; estará predicando allí esta mañana. Y en la noche, estamos esperando un gran derramamiento de Su Espíritu en el Templo. Anoche tuvimos una noche inusual en el Templo.
Ahora, algunos de los más antiguos del Templo estaban parados allá en el pequeño pasillo mientras yo pasaba, simplemente llorando, y diciendo: “Esto se asemeja a los tiempos antiguos”. Un compañero al cual llamo “Gran Mike”, creo que pudiera estar presente. Es una clase de ujier allá, o algo. Él simplemente estaba teniendo un jubileo por sí solo.

4 Miren, estuve anoche predicando sobre el liderazgo del Espíritu Santo, la manera en que Dios guía. Y si solamente podemos pensar en nuestra mente que todas estas cosas vienen de Dios.
Hace como una semana, tenía una… una carta sobre un incidente que paso hace como catorce años y pensando… querían preguntar: “¿Todas estas sanidades son sanidades mentales o son sanidades físicas?” Y pensé que yo simplemente expresaría eso esta mañana, lo que sucedió que le paso a una niña de color en Jonesboro, Arkansas, hace como catorce años en los inicios de mi ministerio.

5 Teníamos… No había nadie en el campo más que yo. El Hermano Roberts y demás todavía no salían, y el Hermano Coe, y muchos de los grandes obreros que están hoy en el campo. Y había permanecido ocho días seguidos en la plataforma sin dejarla: simplemente me quedé día y noche. Y yo me tomaba una pequeña siesta a un lado del púlpito, y ellos me traían un jugo de naranja; yo estaba determinado a quedarme hasta que terminará de orar por todos. Pero hubo… Y al final de los ocho días, había unos miles o más de los que había cuando comenzamos.
Y así que, me acuerdo de alguien con uniforme que me estaba haciendo señas. Y… era una… un chofer de ambulancia. Y él me dijo: “Tengo una paciente allá que se está muriendo, ¿Puede venir a ella?”

6 Precisamente la noche anterior había estado un hombre que era zapatero, de otra ciudad de Arkansas, que había estado ciego por unos veinte años. Y cuando él paso por la línea, el Espíritu Santo le había dicho de su condición y lo había pronunciado sano. Bueno, cuando él se fue del edificio, no podía ver más de lo que podía cuando había entrado al edificio, pero él sabía que yo no lo conocía y que debía haber alguna clase de Ser Sobrenatural hablándolo; porque él sabía que yo no sabía nada de él. Y él aceptó esa Persona, no a mí, sino Aquel que le estaba hablando.
Y la historia fue que, según la contaron en la radio la siguiente mañana y a través de todo el país, que esa noche camino a casa, como a las dos en punto de la mañana, él empezó a ver las luces de los carros parpadeando enfrente de él. Y la siguiente mañana se fue a prisa a su propia iglesia, la iglesia Metodista y allí estaban… Él causó tanto disturbio al punto que ellos lo corrieron. Y luego por la calle él se fue a una iglesia y después a otra iglesia testificando. Y causó una gran conmoción.

7 Mucha de la gente había venido de los hospitales y querían que se orara por ellos. Y mientras atravesábamos, unos hombres me ayudaron a llegar a la ambulancia, allí estaba una… una típica madre de Arkansas, postrada allí, muriéndose de cáncer. Y su esposo pensó que estaba muerta, porque ella de hecho acababa de entrar a… en coma. Y ella estaba… ella estaba acostada quietamente y su esposo se arrodilló en la parte de atrás de la ambulancia en donde el chofer me había puesto. Y él dijo: “Hermano Branham, ella deseó tanto que Ud. orará por ella”. Dijo: “Ella era una buena mujer”. Dijo: “Ella ayudó a contratar… Había unas gradas en esos viejos lodazales, y ella me ayudó a ser lo que ahora soy”. Y dijo: “Ella es madre de cinco hijos”. Y él dijo: “Yo vendí mi granja y la puse a ella en el hospital, y la última cosa que vendimos fue nuestro… nuestro equipo. Los doctores han luchado fielmente”, él dijo: “para salvarle la vida, pero fue desahuciada y la mandaron a casa. Y para conseguir que la ambulancia nos trajera aquí, ella vendió sus conservas de zarzamoras que envasamos hace dos años, para tener el dinero para venir. Y ahora yace allí quieta; ella está muerta”.

8 Y yo tomé su mano, y él se arrodilló con su vieja camisa parchada, toda desteñida… Y mientras yo oraba una pequeña oración, pensé ver las arrugas de su frente fruncirse suavemente. Satanás me dijo: “Por supuesto, tu sabes que eso solamente es la reacción de los músculos. Ella está muerta”. Pero mientras continuaba orando, su mano apretó la mía de esta manera. Y Satanás dijo de nuevo: “Son solamente los músculos”. Pero yo continué orando.
En unos cuantos momentos ella se levantó, y dijo: “¿Quién es Ud.?” Y su viejo esposo, tan sobrecogido porque la vida había regresado a su dulce esposa, él la abrazó, empezó a gritar: “Madre”.
Me bajé por la puerta de la ambulancia, y dije: “¿Me puede regresar a la plataforma?”.
Y el hombre dijo: “Hay dos mil personas entre la puerta y dónde estamos”. Él dijo: “Lo llevaré por atrás del estacionamiento y veré si puedo entrar”.

9 Y solo para mostrar que Dios respetará a aquellos que tienen hambre y sed de justicia, cuando llegamos a donde empezaba la fila de autobuses alquilados, escuché un ruido. Y volteé, y era una jovencita de color, bien vestida. En Arkansas, en aquellos días había una segregación muy estricta. Y ella estaba ciega, y estaba tratando de caminar alrededor, estaba llamándole a su papá. La noté porque ella era un poco más alta, y estaba diciendo: “Oh, papá, ¿en dónde estás?” y palpando con sus manos y diciendo: “¿Podría alguien ayudarme a encontrar a mi papá?”
Bueno, yo me quedé quieto. Nadie me conocía, porque todo el tiempo solo estuve adentro del templo, y ellos no podían ni acercarse al lugar. Así que solo me quede allí por un momento, y la miré. Y ella dijo: “Alguien podría por favor ayudarme a encontrar a mi papá”. Nadie parecía prestarle atención. Y yo permanecía quieto, observándola. Ella venía moviéndose entre la multitud.

10 Y yo pensé en la anciana Ana en el templo, que después que ella había orado tanto tiempo, y esperado la consolación de Israel, y cuando trajeron a nuestro Señor al templo para hacerle a Él según la costumbre de la ley, el Espíritu Santo la guió a través de la multitud, ella estando ciega, hasta donde Él estaba. Y yo me quede quieto. Y la joven mujer continuaba moviéndose, y finalmente ella trastabilló conmigo. Ella dijo: “Discúlpeme”. Y comenzó de nuevo. Y yo dije: “¿A quién estás buscando, jovencita?”
Ella dijo: “Señor, estoy buscando a mi papá”. Ella dijo: “Tengo… Hemos venido de Memphis para ver al sanador”. Y dijo: “Mi papá estaba buscando la manera para que yo pudiera entrar, y me dijo que me quedará quieta; pero ellos me empujaron fuera del lugar, y he perdido el lugar donde estaba parada; y soy ciega, y no encuentro la manera de regresar. ¿Sería tan amable señor”, ella dijo: “de ayudarme a ir al autobús a donde me puede encontrar mi papá?”.

11 Ahora, esto pareciera como que estaba siendo un hipócrita, pero le dije: “¿Qué fue lo que dijiste que viniste aquí a ver?”.
Ella dijo: “Yo vine a ver al sanador”. Ella dijo:“Vera, señor, yo he estado ciega todos estos años”. Y ella dijo: “Escuché por la radio esta mañana sobre un hombre que recibió su vista”. Y dijo: “Papá preparó el dinero, y nos subimos a un autobús de alquiler, y vine aquí para verlo. Y ahora dicen que uno ni siquiera puede acercarse al edificio”.
Yo dije: “¿No creerás tales cosas como esas, verdad?” Le dije: “En estos días que tenemos doctores tan finos…”.
Ella dijo: “Pero vea, señor, ellos no pueden hacer nada por mí”.
Y yo dije: “¿Quieres decirme que tú crees que la oración de ese hombre hará algo por mí… o más bien, por ti?”.
Y ella dijo así. Nunca lo olvidaré. Ella dijo: “Te diré lo que voy a hacer. Si solamente me ayudas a llegar a ese hombre, entonces yo encontraré a mi papá”. Que reprimenda fue eso para mí.

12 Pensé en la ciega Fanny Crosby. Ella había escuchado de este otro hombre que había sido sanado, esta otra persona ciega, y yo pensé en Fanny Crosby cuando escribió:
No me pases, tierno Salvador,
Oye mi oración;
Mientras otros Tú bendices,
Responde a mi clamor,
Tú, el torrente de todo mi consuelo,
Más que la vida para mí,
¿A quién tengo en la tierra, aparte de Ti?
¿O en el cielo, sino a Ti?
Y mientras Dios está sanando en el Templo Angelus, Él puede sanar en este aposento alto. Él es el Dios que sanó a aquel hombre en la silla de ruedas anoche, lo levantó de la camilla quitándole el cáncer para que así se regocijara cuando ni siquiera podía moverse. Él Mismo que sanó al pequeño Ricky, el Mismo que mandó el mensaje atravesando el mar y le habló a la mujer muriendo con diabetes, y aquí está su hermana está mañana: la llamó. Es el mismo Dios en este momento.

13 Y yo la miré y le dije: “Yo… yo… Quizás yo sea el que se supone que debes ver”. Vean como Dios engrana las cosas exactamente bien. ¿Por qué fui llevado a la parte de atrás? Ella me tomó por la solapa de mi saco de esta manera, y dijo: “¿Es Ud. el sanador?”
Y yo dije: “No, hermana, no lo soy. Solamente soy tu hermano”.
Ella dijo: “Quiero ver al sanador”.
Y le respondí: “Yo espero que un día le puedas ver a Él, y yo creo que lo harás”.
Ella dijo: “¿Cómo se llama Ud.?”
Y le dije: “Hermano Branham”.
Ella dijo: “Ud. es al que quiero ver”.
Y yo le dije: “Ahora, nadie me conoce. Oraré por ti, pero no dejes que sea notorio. Tomaré tu mano…”. Y no podía quitarle sus manos de mi solapa. Ella la agarraba por cuestión de vida. Y yo le dije: “Puedo orar si puedes creer”.
Ella dijo: “Eso es todo lo que pido que haga”. E inclinamos nuestros rostros, y mientras estábamos orando, escuché un grito. Y ella corrió hacia el estacionamiento, arrojando a las personas de un lado a otro, y ella cayó al suelo gritando: “Yo, que una vez fui ciega, ahora puedo ver”.
Hace unas semanas, recibí una carta de ella. Oh, su vista es 20/20. Ella ni siquiera tiene que usar lentes o nada. Es la sublime gracia de Dios que hace estas cosas. Es algo que Jesucristo le dio a la iglesia para que disfrute los privilegios de una buena salud.

14 Yo recuerdo esa noche. Mientras terminamos, diré esto: cuando el Señor me dio el ministerio de orar por Sus hijos, como todos Uds. saben yo crecí en un hogar pobre, y esa es la razón por la cual no tengo educación, y no puedo hablar, y así sucesivamente; pero, yo le pedí al Señor: No quiero ser grande. No quiero ser popular, solamente quiero ser honesto; ese es todo mi deseo, que Uds. puedan saber que les estoy diciendo la verdad porque yo lo represento a Él.
Y cuando comencé en el campo orando por los enfermos, yo… yo no tenía un traje que usar. Y todavía no he tomado una ofrenda en mi vida. Y mi hermano, un niño pecador en aquel tiempo, había estado en un accidente automovilístico y ellos le rompieron la ropa. Y él me dio ese traje viejo. Y los pantalones estaban bien rotos. Y mi esposa fue a la tienda de baratilla y consiguió unos parches que uno pone con la plancha, ustedes saben. Y ella arregló los pantalones bastante bien, y el bolsillo estaba roto. Y tomé una aguja e hilo, y cuidadosamente le di vuelta al bolsillo, ustedes saben, para parcharlo, coserlo. Y no soy muy bueno con la aguja.

15 Y me acuerdo, cuando me introdujeron a ministros tales como los que tenemos aquí esta mañana. Estaba un poco avergonzado del saco. Estaba por el lado derecho, y eso es… y lo alcanzaba con mi mano derecha. Así que mantenía mi mano, la manga, tapando el bolsillo destrozado, y extendía mi mano izquierda para saludar a los ministros, diciendo que disculparan mi mano izquierda, pero que estaba más cerca a mi corazón. Pero la cosa era que tenía vergüenza del viejo bolsillo destrozado.
Pero cuando esa gente vio a la joven etíope con su visión, allí estaba parado un viejo hombre con un bastón y un pie torcido; él dijo: “Yo sé quién es Ud. Hermano Branham. He estado parado aquí por tres días en la lluvia. Si Ud. tan solo le pide a Dios, Dios sanará mi pie”. ¿Qué podía hacerse en ese momento?
Yo le dije: “Mi hermano, si Ud. puede creer que Jesús murió y se levantó de nuevo al tercer día para hacer todas estas cosas posibles, páseme ese bastón. Y cuando me pasó el bastón, él no estaba solo bromeando, él lo decía en serio. Y vi con mis propios dos ojos; ese pie deforme y torcido se enderezó; y saltó en el aire y comenzó a gritar.
Cuatro hombres corrieron hacia mí pero las personas… madres con sus pequeños bebés tratando de acercarse lo suficiente, solamente para tocar un saco viejo y harapiento, y Dios los estaba sanando. No era el saco harapiento, tampoco era aquel que lo estaba usando. Era el Señor Jesús que está aquí esta mañana, honrando su fe. Él nos guía por caminos misteriosos porque nos ama. Él lo hace tan simple al punto que pasa por sobre la cabeza de los sabios y entendidos, así como Él dijo que sucedería, y que se revelaría Así Mismo a bebés que pudieran aprender.

16 Y soy lo suficientemente sensible del Espíritu Santo para saber ahora que hay mucha gente que está sufriendo aquí en el edificio. ¿Y por qué no lo arreglamos ahora y aceptamos lo que Jesús hizo por todos Uds.? El mismo Dios que estuvo allá esa noche, es el mismo Dios que está aquí ahora mismo. Y Uds. tienen las mismas necesidades que ellos tenían. Y Él no hace acepción de personas. Las Escrituras son verdaderas. Estas cosas son hechas de manera que puedan vindicar que estamos viviendo en los últimos días, en la sombra de la venida del Señor.
Así como uno de los oradores dijo hace un rato, y habiendo sido llamado por el Presidente, al gabinete, y demás, para hacer la pregunta: “¿Qué puede hacerse?”… No hay nada que pueda hacerse. Solamente prepárese para encontrarse con el Señor. Hemos pecado más allá de nuestro día de gracia, y solamente queda una cosa, y eso es la venida del Señor. Y estas señales y maravillas que ven aconteciendo, son…
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