OBRAS DEL MENSAJE


La Historia De Mi Vida
Hammond, Indiana, E.U.A.
52-0720A
1 Buenas noches, amigos, o mejor dicho buenas tardes. Estoy contento de estar aquí esta tarde. Y si hay alguna cosa buena, que sea para la gloria de Dios.
Si el Sr. Jackson esta aquí hoy de Sudáfrica, el hermano Jackson, si él se encuentra en la reunión esta tarde, Billy desea verlo a Ud. en la concesión de libros enseguida, hermano Jackson, con respecto a unos arreglos para esta noche al partir, si es Ud. tan amable. Él me dijo que anunciara que él deseaba encontrarse con Ud. en el puesto de los libros ahora mismo. Muy bien. Y Billy, dondequiera que estés, pues, el hermano Jackson irá al puesto de los libros enseguida.
Ahora, para la audiencia, yo deseo dirigirme a Uds. en esta tarde en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Como Dios me ha concedido este privilegio, junto con Uds., de ser Su representante, Su siervo, y Su hijo, por gracia a través de Jesucristo. Muchos de nosotros tenemos muchas cosas que pudiéramos… que pudiéramos contar. Cada uno pudiera levantarse aquí y contar una historia de su vida. Muchos de nosotros probablemente estaríamos llenos de victoria y poder, y muchos de nosotros estaríamos llenos de congojas y desilusiones.
2 Pero cada uno tenemos una vida que Dios nos ha dado, y debemos de vivirla. Y yo… en mi humilde opinión, si Uds. captan esto, yo pienso que la mejor vida en el mundo, no importa si es una alta o baja, si nosotros podemos encontrar la senda de Dios y caminar en ella, donde Dios nos ha ordenado para que caminemos. Si nosotros siempre, nosotros encontramos victoria a pesar de… Yo pienso en la ciega Fanny Crosby cuando ella estaba sentada allí en la oscuridad, y una vez le hicieron la pregunta: “¿Qué piensa Ud. de Cristo? ¿De quién es Él Hijo?”
Y yo pienso en todos los hombres, y grandes hombres a través de las edades, cualquier hombre que una vez llegó a ser algo, en su mayoría, fueron hombres y mujeres que creyeron a Jesucristo. ¿No es correcto eso? Y yo pienso en cómo los profetas escribieron de Él y cómo los hombres antiguos, ellos predijeron de Él, y cómo es que los patriarcas, cómo ellos… los gobernantes que se levantaron contra Él fueron humillados, y lo demás.
3 Y pienso a través de la edad, pienso en el padre de nuestra nación, George Washington, cómo él confió en Dios. Pienso en Abraham Lincoln. Lincoln, desde luego, yo no… no soy político, pero Lincoln fue mi favorito entre todos los presidentes que alguna vez hemos tenido. Él tuvo que crecer de la manera difícil, y quizás a raíz de que yo tuve que venir de esa misma manera es la razón de que yo simpatizo con Lincoln: partiendo barandas, y escribiendo en el suelo, y lo demás. Y los únicos libros que creemos que Lincoln tuvo alguna vez hasta que él tuvo veintiún años de edad, era la Biblia y el Libro de los Mártires de Foxe. Eso es lo que moldeó ese carácter.
Déjeme ver lo que Ud. lee, déjeme entrar a su oficina, a su casa, y ver lo que Ud. lee, yo—yo le diré a Ud. lo que Ud. es. Correcto. Todo es con la naturaleza. Y mantenga Ud. la Biblia cerca para sus hijos, léala Ud. mismo, sea un ejemplo. Eso es lo que yo no tuve en mi vida de más joven. Pero por la gracia de Dios deseo poner eso ante mis hijos. Si hay otra generación, que ellos la pongan delante de la de ellos. Y ahora, si pudiéramos pensar hoy…
Yo los escuché a Uds. cuando entré anoche. Mi corazón estaba emocionado cuando Uds. estaban cantando: Aclamen Todos El Poder Del Nombre De Jesús, que los ángeles caigan postrados.
4 El difunto Dr. Dewitt, cuando él estaba muriendo, él estaba parado delante de su congregación, él estaba tratando de representar a Jesucristo: “¿No es Él el más grande de todos?, Él era Dios, Él era Emmanuel”, y cómo es que Su poder debería estar en la iglesia y debería hacerlos a ellos abandonar su egoísmo. Él era pastor de una gran iglesia. Y su congregación estaba incluso en contra de él. Ellos estaban esperando aquí por una conferencia para sacarlo por votación, y lo demás, y despedirlo.
Pero su corazón estaba sangrando. Y entonces un día mientras estaba predicando hasta no poder más, él sufrió un ataque al corazón y cayó hacia delante. Resultó que en la iglesia había un médico el cual vino a él y le dijo: “Dr. Dewitt, a Ud. le quedan sólo unos cuantos minutos de vida. Ud. no puede sobrevivir”.
Él llamó a dos diáconos fieles los cuales levantaron sus manos. Ellos levantaron sus manos y lo pusieron de pie, y él dijo: “Déjenme pararme sobre mis pies, mientras haya aliento en mi cuerpo”.
5 Detrás de él estaba la cruz que representaba la cruz—la cruz de Cristo, allí atrás, junto a su bautisterio. Y él se puso de pie así y dijo: “Si tengo una palabra que quiero decir, es esto: Aclamen Todos El Poder Del Nombre De Jesús, que los ángeles caigan postrados. Saquen la diadema real, corónenlo a Él Señor de todo”. Él comenzó a tambalearse hacia atrás así, cuando se fue hacia atrás, él puso un brazo alrededor de la cruz, y uno, del otro, y agachó su cabeza, y partió para encontrarse con el Señor. Aleluya. Esa es la manera de irse.
Pienso en Paul Rader, el grande y valiente héroe, quien sacudió Chicago, acerca del último avivamiento que Uds. alguna vez han tenido en chicago. Cuando Paul Rader se paró allí, salió y allí él estaba entre su propio pueblo que le había dado pesar, y dolor, y problemas, lo cual le causó a él un cáncer. Y al poco tiempo, murió. La gente que estaba en contra de él, y haciendo eso fueron los que lo causaron. Cuando él estaba… El pequeño instituto bíblico Moody por aquí tuvo el pequeño cuarteto, según tengo entendido, allí cantando para él. Ellos tenían cerradas las persianas de las ventanas, y él estaba muriendo. Y Paul era un gran humorista. Me hace recordar al hermano Bosworth. Él siempre tenía un poquito de sentido del humor.
6 Y así que él miró alrededor, vio todas las cortinas abajo, él volvió en sí, miró alrededor y dijo: “Oigan, ¿quién se está muriendo aquí, yo o Uds.?” Dijo: “Levanten esas persianas y cántenme unos buenos cánticos del Evangelio, alegres”. Y ellos comenzaron a cantar: Junto A La Cruz Donde Mi Salvador Murió“, o algo así, y él dijo: ”Eso suena mejor“.
Dijo: “¿Dónde está Lucas?” Y Lucas estaba atrás en el otro cuarto, ellos trajeron a Lucas a donde él estaba. Él lo tomó de su mano y dijo: “Lucas, nosotros hemos andado juntos lejos, hermano, a través de los caminos oscuros”. Pero dijo: “Piensa en ello. De aquí a cinco minutos, yo estaré parado en la presencia de Jesucristo, vestido en Su justicia”. Y murió.
Las vidas de grandes hombres nos recuerdan a todos
Que podemos hacer nuestras vidas sublimes,
Al partir dejamos tras nosotros
Huellas en las arenas del tiempo.
7 Marcas para que otros viajen… Pienso en Lincoln, cuando a él le dispararon allí por causa de su valentía y parándose por lo humano y por lo correcto y por Dios. Dicen que cuando él iba a morir, cuando ellos… la bala que traspasó su… debajo de su… en su cuerpo allí, y él estaba muriendo asfixiado, él dijo: “Volteen mi cabeza hacia la puesta del sol”. Él dijo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad”, repitiendo la oración modelo mientras que él se iba para encontrarse con Dios. ¡Oh, hermanos! ¿Qué somos nosotros? Hombres y mujeres…
Miren a Eddie Perronet. Él fue perseguido y todo, y por lo que él pensaba. Él escribió el… Un día allí, cuando la inspiración lo tocó, él tomó la pluma y escribió el canto inaugural: Aclamen Todos El Poder Del Nombre De Jesús.
Pienso en [palabras confusas] allí, cuando él escribió el canto “Sublime Gracia, cuán dulce el sonido que salvó a un vil como yo”. Pienso en la ciega Fanny Crosby. ¿Qué pudiera Dios prometerte a ti, si tú nunca hubieras visto la luz del día en tu vida? Tú fuiste ciega toda tu vida. ¿Qué piensas tú acerca de Jesucristo?
Ella dijo: “No me pases, oh tierno Salvador, oye mi humilde clamor. Mientras que a otros Tú estás visitando, no me pases a mí por alto. Tú, la corriente de todo mi consuelo, más que la vida para mí, ¿a quién tengo yo en la tierra aparte de Ti, o a quién en el cielo sino a Ti?”
Levantémonos y marchemos,
Con un corazón para cada contienda;
¡No sean como el ganado mudo que es conducido!
Sean un héroe.
8 Cada uno de Uds. es un cristiano. Ud. es un cristiano nacido de nuevo, entonces pongamos de pie. No importa cuán malo ha sido el pasado, miremos hacia adelante, ahora, a la Venida de nuestro Señor, cuando esto mortal se vestirá de inmortalidad. Volviendo a…
Hace unos momentos, miren, trataré de no retenerlos más. Ya estoy pasado de la hora; son las tres y veinte minutos. Procuraré terminar como en una hora, si puedo. Yo… Muchos de Uds. aquí probablemente han escuchado la historia de mi vida, algunas cosas que no me gusta repasar, pero yo…
En uno de mis más grandes llamamientos al altar que hice en América, yo tuve dos mil pecadores que vinieron a Jesucristo en Pensacola, Florida después de la historia de mi vida una tarde. Confío en Dios… ese fue el que le sigue al de Durban, donde tuvimos unos treinta mil.
Ahora deseo leer una porción de la Escritura, siempre la Palabra de Dios, porque mi palabra falla, pero la Palabra de Dios no puede fallar.
Ahora, se encuentra en el capítulo 13 de Hebreos, comenzando con el versículo 10, y leyendo el versículo 14 inclusive:
Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino buscamos la por venir.
9 ¿Cuántos de Uds. están lejos de casa hoy? Veamos sus manos; que están lejos de casa. Vaya, miren esto. Pienso que si tuviéramos tiempo pudiéramos cantar ese himno: Somos Peregrinos y extranjeros aquí, buscando una ciudad por venir, ¿es correcto eso? No importa por donde viaje Ud., no habrá lugar que… que ocupe alguna vez el lugar de su hogar. ¿Es correcto eso?
¿No les gustaría tomar un viajecito hoy? La mayoría de todos Uds. aquí tienen mi edad, o tal vez tengan un poquito más. Y ¿no les gustaría a Uds. volver a la niñez, darle vuelta a una pequeña rueda y regresar y vivir otro día en la niñez? ¿No les encantaría hacer eso? Oh, cómo me gustaría a mí. Aun con sus penas, y lágrimas, y desilusiones, a mí me gustaría vivir en un día más de ella, simplemente para volver al pasado.
10 Recuerdo el lugarcito de donde yo vengo, y no importa cuán humilde que era… Cada uno de Uds. aquí recuerda ese viejo lugar donde mamá solía pararse debajo del árbol, quizás en una vieja tina para lavar con una tabla, y Uds. eran una muchachita o un muchachito, jugando por allí. Muchas veces… Uds. recuerdan eso, las muchas congojas, y pesares por los que pasaron, cómo Uds. la halaban a ella de ese delantal de lunares. Les gustaría verla a ella nuevamente hoy, pero eso no puede ser ahora. No, ella ha partido.
Me gustaría ver a mi papá, cuando yo solía verlo a él volver del campo con ese pañuelo rojo metido en el bolsillo. Verlo levantarse por la mañana, en una mañana fría, ir atrás y hacer una fogata en una estufa grande en forma de tambor. Yo solía escucharlo a él cantar:
Oh, ¿dónde está mi muchacho esta noche?
Mi corazón rebosa.
Pues yo lo amo y él lo sabe,
Oh, ¿dónde está mi muchacho esta noche?
Yo lo veía a él pararse junto a una vieja banca para lavar con sus mangas enrolladas, y lavándose la cara y las manos; y él tenía cabello ondulado muy negro. Él miraba alrededor. Oh, cómo me gustaría verlo a él una vez más. Pero no puedo, él ya partió. No tenemos aquí ciudad permanente, sino buscamos la por venir. Si Uds. pudieran regresar al hogar donde Uds. fueron criados, éste no sería el mismo hogar en el que Uds. estuvieron una vez.
11 Aquí, hace unos días, yo estaba llevando a alguien que vino a visitarme, al lugar en donde estaba el viejo hogar. Pues, allí hay un proyecto de viviendas. Bueno, ya no es el mismo viejo hogar. No tenemos ciudad permanente.
Recuerdo cuando yo… El primer lugar en que vivimos era una casa de troncos. Había como tres o cuatro de nosotros los pequeños Branham allí. Ni siquiera teníamos un piso, sólo la tierra. Papá, en el… justo en medio del piso, él tenía un troncón que había sido aserrado y puesto allí, una roca puesta encima de él; y una vieja estufa en forma de tambor colocada allí. Y cómo es que la mesa, de lo que estaba hecha: una vieja banca a la cual él le había quitado unas tablas, de un granero allí, y con eso fabricó una banca como la banca de una iglesia, y la puso detrás de la mesa.
12 Y mamá tenía una pequeña, lo que llamamos “una estufa en forma de mono”. ¿Sabe alguien lo que es una estufa en forma de mono? Veamos sus… Oh, vaya, qué bueno. Una lámpara de aceite de carbón de esas antiguas. ¿Alguna vez han limpiado Uds. un quinqué? Veamos… Bueno, yo no soy el único campesino aquí. Me voy a quitar mi saco y sentirme como en casa. Eso es correcto. Sí, señor.
¿Cuántos de Uds. han dormido alguna vez en un colchón de paja? Veamos sus manos. Bueno, oigan, después de todo Chicago no es una ciudad grande, ¿verdad? Eso es correcto. Vaya, vaya, cuántas veces yo he dormido en un colchón de paja. Y tan pronto como uno se acuesta allí, quizás siente al saltamontes pateando, y tiene que levantarse y buscarlo, Uds. saben, si había uno allí. Pues, yo he hecho eso muchas veces. Seguro.
13 He visto a mamá tomar ese palo grande que ella tenía colgado en la pared, un pedazo de… Bueno, ella hacía… acostumbraba… ella usaba eso para remover la ropa en el—en el patio cuando ella estaba hirviendo la ropa. ¿Alguna vez han hervido Uds. la ropa? Gracias a Dios. Oh, qué cosa. Jabón de lejía, Uds. saben, y ella utilizaba eso para remover la ropa, y ella tenía una cuerda en él; y lo colgaba en la pared.
Ahora, eso era el de ella de ese lado, pero del otro lado estaba la—la regla de oro que colgaba en la otra, allí sobre la puerta. ¿Ven Uds.? Era una vara de nogal como así de largo con todos los diez mandamientos escritos en la punta. “Los niñitos debían portarse bien”, y papá creía en la regla de oro en ese sentido. Así que entonces, si eso alguna vez se extraviaba, había un suavizador de navajas puesta allí atrás. Eso tomaba su lugar. Déjenme decirles, mi educación fue bastante dura. Papá, él tenía ojos irlandés que destellaban como Stonewall Jackson, yo sabía que algo me esperaba cuando—cuando yo hacía lo malo. Pero yo lo amo a él hoy con todo mi corazón. Él nunca me dio a mí ni la mitad de las palizas que yo me merecí.
Y entonces, yo recuerdo que mamá acostumbraba agarrar esa vara y alisar la cama, Uds. saben, aplastarla, Uds. saben, y alisarla. ¿Cuántos saben lo que es un cabezal? Es una grande… Bueno, miren nada más. Oigan, ¿hay alguien aquí de Kentucky? Levante sus manos. Bueno, vaya, vaya. Eso sí que es tremendo, ¿no es así? Muy bien.
14 Allá en Indiana, o mejor dicho, esto es Indiana. Allá en el sur de Indiana, hay algunos, yo pregunté allí un día en la iglesia, dije: “¿Cuántos aquí son de Kentucky?”, y aproximadamente dos tercios de ellos se pusieron de pie. Alguien dijo… Yo dije: “No lo entiendo”.
Y uno de ellos se puso de pie y dijo: “Hermano Branham”, dijo, “las marmotas y los kentuckyanos han invadido el país”. Así que, cruzando y viniendo del otro lado.
Pero allí, en el frente de esta pequeña cabaña de troncos, recuerdo, yo solía mirar ese barro en las grietas así, y decía: “Vaya, esa casa permanecerá para siempre. Pues, no puede caer, qué lugar tan maravilloso es”. Pero vaya, Uds. deberían verla hoy. ¿Ven? No tenemos aquí ciudad permanente.
Y alrededor, enfrente de la puerta había un lugar desgastado, estaba pelado y liso, donde nosotros, el grupo de pequeños Branham jugábamos allí como un montón de pequeñas zarigüeyas, o algo así, alrededor de allí. Niñitos pequeñitos, revolcándonos el uno sobre el otro. Oiga me gustaría vivir eso otra vez. Les digo que realmente me gustaría.
15 Recuerdo el viejo manantial donde solía ir allí y acostarme sobre mi estómago y beber y beber. Levantarme, salir y llevarle a papá un jarro de agua del manantial, allá al campo donde él estaba en la cosecha o algo; trabajaba tan duro que yo veía a mamá cortarle su camisa para quitársela de la espalda debido a la insolación, pues se le pegaba a su espalda; trabajando por setenta y cinco centavos al día para cuidar de mí.
Miren, eso es verdad. Uds. han leído la historia de mi vida allí en la audiencia. Mi papá bebía, pero a mí no me importa lo que él hiciera, él todavía es mi papá. Y permítanme decirles algo a Uds. jóvenes, esta tarde. Nunca se hagan Uds. lo suficiente pequeños para llamar a su madre y a su padre “el viejo y la vieja”. Nunca hagan Uds. eso, no importa lo que Uds. sean. No importa lo que ellos sean, Uds. deben respetarlos como su papá y mamá. Uds. nunca sabrán lo que… cuánto Uds. los aman a ellos, hasta que Uds. oigan el fe-… el rechinar del féretro cuando va saliendo, y sabiendo que ése es el final de ello. En ese momento no será “el viejo y la vieja”.
16 Muchas veces ellos tienen razón, cuando Uds. piensan que ellos están equivocados. Siempre: “Honren a su padre y a su madre, para que tus días se alarguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”. Ese es el primer mandamiento con promesa. Sean bondadosos con su madre y con su padre.
Recuerdo que mi papá murió. Él apenas comenzaba a volverse un poquito canoso en la sien. Cuando él estaba acostado allí en el féretro y yo levanté su cabeza, lo cual él había muerto allí en mi brazo… y yo levanté su cabeza y su melena de cabello se le soltó, y yo pensé: “Oh, papá”. Miré su mano. Él se había cortado un dedo allí en el rayador. Pensé en todas las congojas que yo le había causado. No era “el viejo”, ése era mi papá. No me importa quién más, lo que ellos pensaran acerca de él; él todavía era mi papá. Yo lo amaba a él. Y lo amo hoy. Yo tuve el privilegio de guiarlo a Cristo. Ahora…
Y a mi madre también. Mi madre está viva. Ella debe llegar aquí esta tarde. Y confío que ella llegue aquí.
17 Ahora, en aquellos días, yo recuerdo algunas de las cositas, sólo como detalles. Recuerdo una cosa que era sobresaliente en aquellos días, era ir al centro todos los sábados en la noche para comprar los comestibles. ¿Alguna vez han tenido Uds. que hacer eso, ir el sábado por la noche a comprar la comida para la semana? Nosotros vivíamos en el campo, y yo trabajaba duro toda la semana. Me ganaba una moneda de diez centavos, cuando yo era un muchacho grandote de doce o catorce años de edad. Me ganaba diez centavos. Papá me decía: “No lo gastes todo en un solo lugar”, diez centavos. Billy me dice: “Papá, ¿tienes cinco dólares que me puedas dar?” Cómo han cambiado las cosas. Ciertamente.
18 Yo recuerdo que diez centavos, yo iba al pueblo, y, vaya, entraba a esta tienda. Y yo cambiaba mi moneda de diez centavos, y me compraba un centavo de dulces de canela, como tantos así en una bolsa. Ellos ni siquiera me dejaban mirarlos, casi, y era por un centavo. Luego yo iba a comprarme un helado de un centavo, una barquillita. Se podían comprar por un centavo. Qué días eran aquellos. Pero ahora es distinto.
Luego, cuando éramos unos niñitos, recuerdo cuando todos estábamos en casa, Uds. saben, jugando alrededor de la casa, yo solía ver a papá venir a casa, y el sábado por la noche, todos nosotros, por la tarde, él conseguía algo así como un carretón, un furgón; y teníamos una vieja mula que amarrábamos a ese furgón. Y si era época de invierno, poníamos paja en la parte de atrás del—del furgón, un furgón cubierto. Y buscábamos sábanas y nos envolvíamos.
19 Y papá y mamá se sentaban en el asiento delantero. E iban por el camino, y mamá y papá conversando, Uds. saben, ellos tenían como veinticinco años cada uno, creo. Y ellos iban allí sentados conversando, Uds. saben, conduciendo esta pequeña mula. Pues, nosotros íbamos en primera clase. No era nuestra mula o furgón, pero íbamos para alguna parte, a la tienda.
Papá ganaba como tres dólares y medio a la semana e iba allí para gastar casi todo eso en comestibles para alimentar a todos esos niños durante la semana. No comíamos pollo frito y lo demás, pero teníamos que comprar cosas que realmente se nos pegaran a las costillas: patatas, y cosas así, que realmente nos mantuviera, que durara un buen rato.
20 Así que recuerdo cuando papá pagaba la cuenta de la bodega el sábado en la noche, eso era un regalo para los Branham. Él compraba una bolsa llena de dulces, esos dulces de menta en palitos. Oigan, Uds. saben, eso era bueno. Recuerdo cuando él salía allí, quizás él tendría… Tal vez habrían cuatro dulces de palito de buen tamaño, y habían cinco Branham para dividirlos entre ellos, y todos miraban para ver si obtenían su parte. Había que partir esos palitos y dividirlos por igual entre ellos, ya que todas las miradas estaban enfocadas en ese dulce.
Me imagino que yo hice un poco de trampas en eso. Todos los niños obtenían todo lo que podían comer, Uds. saben, y ellos simplemente comían, y todo… No se comían todo el dulce. Yo lamía el mío un poco, Uds. saben, e iba y agarraba un pedazo de esa bolsa de papel marrón en la que estaba envuelta la harina, y le arrancaba un pedacito, y con eso envolvía el dulce, y me lo metía en el bolsillo; esperaba hasta el lunes. Y entonces, yo… Miren, cuando llegaba el lunes y mamá decía: “¿Billy?”
Yo decía: “Sí, señora”.
21 “Agarra el balde”. Y no era uno de estos baldes pequeños galvanizados, eran baldes grandes de cedro, y un jícaro. ¿Cuántos han visto un jícaro? Oh, eso es correcto. Muy bien, y que fuera al manantial y sacara el agua, Uds. saben, para llenar el balde. Vaya, ese era un trabajo tremendo.
Yo miraba a mi hermano y le decía: “Te diré lo que haré. Si tú vas a buscar ese balde de agua, yo tomaré… Yo todavía tengo mi dulce, y te dejaré lamerlo hasta que yo cuente hasta diez despacio: uno, dos, y así”. Yo era un hombre de negocios. Uds. saben, me sentaba por allá en la sombra, mientras que mi hermano iba y buscaba el agua, y lamía el dulce. Oh, vaya, yo trataba de hacer esa cuenta hasta diez lo más rápido que podía, Uds. saben. Y Uds. deberían haberlo visto a él lamer. Vaya, vaya. Eso sí, él le daba más de diez lamidas.
Bueno, el lunes sería un día bonito para mí porque yo guardaba ese pedazo de dulce, Uds. saben, y hacía negocios con ese dulce. Y además, ellos sabían que yo lo tenía, Uds. saben, así que yo… Oh, hermanos.
22 Me imagino que hoy, yo pudiera salir y, no el domingo, pero algún otro día, y comprar una caja de dulces Hershey, pero nunca sabría como aquel dulce. ¿Cuántos de Uds. comen dulces de menta y galletas de caja de esas antiguas? Veamos sus manos. Oh, hermanos, oigan, déjenme decirles, eso no caería mal en estos momentos. Eso es correcto.
Y oh, para las comidas comíamos estofado de carne con vegetales, éramos irlandeses de hueso colorado, Uds. saben. Y vaya, ¿cuántos saben lo que es estofado de vegetales? Oigan, eso es cuando Uds. ponen a hervir todo lo que hay en la cocina hasta el trapo de los platos, casi. Simplemente ponen todo en una olla y lo hierven. Eso es correcto, ponen todo allí y lo hierven; los nabos, ¿ven Uds.?, las zanahorias, y las patatas, y lo granos, y la harina. Y sólo lo ponen todo junto y lo hierven. Bueno, casi… Ese estofado de carne con vegetales tendría que durar dos o tres días, lo comíamos el domingo. Llevaba carne, Uds. saben, así que tenía que ser bueno; un cuarto de dólar de carne, vaya, era un pedazo como así de grande. Así que entonces… Mamá la cortaba en pedacitos.
23 Me hace recordar a Buddy Robinson, cuando él dijo que… Una vez el tío Buddy dijo: “Déjame decirte”, dijo, “yo fui al oeste y ellos estaban teniendo una depresión económica allá”. Y dijo: “Había una gran sequía y no había nada para comer”. Dijo: “Lo único que teníamos era manzanas secas”. Dijo: “Yo las comía en el desayuno, las bebía en agua en el almuerzo, y las comíamos en la cena”. Así que más o menos así duraba ese estofado de vegetales, constantemente todo… como hasta el miércoles y se acababa, y teníamos que… Luego comíamos otra cosa. Un gran cuento, ¡oh, hermanos!
24 Vaya, recuerdo cómo es que allá en aquellos días, yendo a la escuela, recuerdo que mi hermano y yo, el que me sigue, él está en la gloria, también, y cómo es que nosotros fuimos juntos a la escuela. Y nosotros íbamos a la escuela, y éramos casi los niños más pobres que había. Nosotros cruzábamos el río desde Kentucky, y la gente de Indiana son un poquito más adinerada que las que hay en la parte montañosa de Kentucky, de todos modos, donde yo nací. Y siendo yo el único Kentuckyano entre ellos, a mí ciertamente me fue mal, les digo que me fue mal. Ellos se metían conmigo todo el tiempo por ser un Kentuckyano.
Y así que, yo hablo raro, Uds. saben. Yo… Eso incluso… Yo no hablaba claro, quizás no lo hago aún, pero yo… un poquito mejor ahora. Así que yo era como mudo, Uds. saben, y hablaba raro, y ellos se reían de mí. Y oh, yo pasé momentos terribles; y harapiento. ¡Oh, hermanos!
25 Y recuerdo, había una cosa acerca de mi papá, es que él… Ahora, si él debía una cuenta en la bodega, él iba y pagaba esa cuenta. Pero si le sobraban diez centavos, él se los bebía. Todo lo que él tenía, se lo bebía. Y esa es la razón de que hoy día yo estoy tan firmemente en contra de la bebida. La razón de que estoy tan firmemente en contra de esa cosa es porque yo sé que eso arruinó mi hogar, y me privó de un amor que… Yo siempre quise ser amado, que alguien me amara. Y hasta mi gente en eso [palabras confusas]. Bueno, yo era… yo sencillamente no lo tuve. Nosotros fuimos a la escuela medio desnudos. Y qué vida tan horrible tuvimos y todo por causa de la bebida. Mi papá era un—era un hombre de verdad, si tan sólo no hubiera tenido ese vicio de la bebida.
Y yo sé que esa es una de las maldiciones de la nación, y estoy en contra de esa cosa. Ud. dirá: “¿Le hará mal a uno un poquito de cerveza?” Ud. simplemente sea nacido de nuevo y vaya y beba toda la cerveza que Ud. quiera, después de que sea nacido de nuevo. Correcto. Ud. sencillamente puede beber todo lo que Ud. quiera después de que sea nacido de nuevo. Pero nazca de nuevo primero, y eso es todo lo que Ud. tiene que hacer.
26 Así que entonces recuerdo que un día en la escuela, cuando yo vi, leyendo en mi historia, yo estaba mirando allí, y no había nadie sentado allí, y los niños riéndose de mí, por estar tan harapiento, mi cabello me colgaba por el cuello. Y ellos se burlaban de mí. Y yo estaba leyendo un libro donde Abraham Lincoln bajó de un barco allá en Nueva Orleans y él estaba… Él vio a un hombre de color que estaba siendo subastado. Él dijo: “Eso está errado”. Él dijo: “Eso está errado. Y algún día yo le daré duro a eso. Aunque me cueste la vida, le daré duro”. Y él lo hizo, y le costó la vida. Así es. Y yo guardé mi libro de geografía… no era mío, sino que era uno que yo había pedido prestado, yo no tenía uno propio. Lo guardé y dije: “Y la bebida está errada, y algún día yo le daré duro a eso aunque me cueste la vida”. ¿En contra de ella? Sí, señor.
27 Y yo digo esto con mucho respeto ahora mismo, que cualquiera persona que realmente haya tenido un toque de Jesucristo ha terminado con la bebida. Eso es correcto.
Yo obtuve mi primera Biblia. La gente solía decir: “¿Es malo hacer esto? ¿Es malo fumar? ¿Es malo beber?” Yo hice… puse un pequeño dicho en la parte de atrás de mi Biblia. La agarré hace unos pocos días, y lo estuve mirando, una Biblia vieja. Yo dije:
No me hagas preguntas tontas,
Sólo resuelve esto en tu mente,
Si tú amas al Señor con todo tu corazón,
Tú no fumas, mascas tabaco, ni bebes ningún licor.
Y eso es correcto. Eso todavía es la cosa por hacer y eso tiene veinte años que lo escribí allí. Un hombre que ha nacido de nuevo no tiene ningún interés por esas cosas. Ahora, miren lo que eso ha producido aquí en América. Uds. pueden ver si hay algo perjudicial en eso o no.
28 En una ocasión tuvimos ley seca; desde luego que teníamos guerras entre pandillas y cosas. Pero ¿qué hicieron ellos? Como jugar con un juego: Ud. empieza a meterse con el centro de él, pero Ud. tiene la cosa entera en todas partes. Y yo no estoy… yo digo que no soy político ni nada; no es asunto mío lo que ellos hagan; eso es asunto de ellos. El asunto mío es predicar el Evangelio. Pero aquí está una cosa, hermanos, que cuando… Igual que cuando fuimos y pusimos whiskey en todos estos lugares, quitamos a la prostituta de la lista, y los lugares de apuestas, de borrachos, y metimos la cosa en nuestro refrigerador.
Yo vi una fotografía una vez de John Barleycorn, ellos lo llaman a él: el “hombre del whiskey”. Él tenía su sombrero puesto en la parte de atrás de su cabeza, y se veía como un espantapájaros horrible. Pero ahora lo han maquillado todo; lo ponen en los parachoques; pero él sigue siendo el viejo John Barleycorn. Eso es exactamente correcto. Es como tratar de pintar a un cerdo, y lavarlo, y tratar de hacerlo una buena criatura distinta; pero él volverá a su revolcadero tan pronto como pueda hasta que Uds. cambien su naturaleza.
29 Así que la cosa que los hombres y las mujeres tienen que hacer, ahora, es hacer que su naturaleza sea cambiada. Dios cambia la hechura de un hombre, cambia su naturaleza, lo hace a él una nueva criatura en Cristo. Yo sé que Uds. creen eso.
Ahora, pero yo nunca vine aquí a predicar, aunque yo—yo… para contarles a Uds. la historia de mi vida. Pero sólo pensar en cómo es que en aquellos días, cómo es que era…
Recuerdo estar sentado en la escuela. Yo fui a la escuela un año entero sin camisa. Yo ni siquiera tenía una camisa propia. La Sra. Wathen, una mujer rica, ella está en la gloria hoy, una mujer católica, no obstante, si… Oh, yo sé que ella era cristiana. Y ella me regaló un abrigo, y yo usé ese abrigo, de verdad que sí. Yo tenía puesto un viejo par de zapatos deportivos, y mis pies estaban… Les faltaba la parte de arriba, y mis dedos parados como cabezas de tortugas salidas de un estanque cuando… Ver mis pies parados hacia arriba y esa nieve bajando, hiendo a la escuela, y yo me sentaba allí, y con este viejo abrigo grande puesto.
30 Llegó el tiempo de la primavera. Y recuerdo que un día hacía muchísimo calor, y el sudor me corría por la cara. Yo pensé: “Vaya, hace calor”. La Sra. Temple, y ella pudiera estar presente que yo sepa. Ella no vive muy lejos de aquí. Si ella está aquí, Dios le bendiga, mamá Temple. Ella ha significado mucho para mi vida.
Muy bien. Lo que voy a decir, veamos si quizás ella está aquí, si Ud. está aquí, yo todavía la amo a Ud., hermana. Ella me decía: “William”. Yo tenía el cuello de mi abrigo abotonado así hasta arriba. Ella dijo: “William, ¿no tienes calor con ese abrigo puesto?” Los niños comenzaron a decir, Uds. saben, y éste no olía muy bien, supongo, usándolo todo el invierno. Y dijo: “¿No tienes calor con ese abrigo puesto?”
Yo dije: “No, señora. Yo tengo—yo tengo un poquito de frío”. ¡Frío! Yo no podía quitarme ese abrigo porque no tenía camisa.
Entonces ella dijo: “Bueno, hijo tú debes estar pescando un resfriado, William”. Ella dijo: “Será mejor que te acerques a la estufa”.
Así que ella encendió el fuego, y me sentó allí. Y yo me quedé allí y el sudor me corría a chorros. Ella dijo: “¿Todavía no tienes suficiente calor como para quitarte ese abrigo, William?”
Yo dije: “No, señora, Sra. Temple. Todavía tengo frío”. Yo no podía quitármelo porque es que no tenía camisa.
Entonces ella dijo: “Bueno, yo creo que tú estás enfermo. Será mejor que te mande para la casa”. Y ella me envió a la casa pensando que yo estaba pescando un resfriado, pero es que yo no tenía ninguna camisa. Yo no podía quitármelo.
31 Y yo fui a la escuela con el zapato de mamá en un lado, y el de papá en el otro. Esa es la pura verdad, todo un disfraz, si saben de lo que estoy hablando. Como un… Y hasta grande, sólo por causa de satanás y el pecado.
Y cuando estábamos comiendo, recuerdo que no podíamos comer con el resto de los niños. Todos ellos tendrían emparedados, el pan blanco. ¿Uds. recuerdan cuando solíamos tener ese pan viejo que uno lo compraba y guardaba las etiquetas de la parte de atrás, para ciertas cosas, navajas de seguridad? Y yo recuerdo cuando ellos solían tener eso, las mujeres, la mayoría de ellas horneaba su propio pan. Nosotros no podíamos hacer eso. No podíamos permitirnos ese lujo.
Y todos ellos llevaban emparedados, y hacían pequeños emparedados. Pero mi hermano y yo no podíamos hacer eso. Nosotros teníamos este… Teníamos una pequeña cubeta de melaza de medio galón, como de este tamaño. Y allí adentro, teníamos un pequeño frasco, y éste estaba lleno de verduras, el otro estaría lleno de habichuelas, dos pedazos de pan de maíz, y dos cucharas. Nosotros nos escondíamos. Nos daba pena comer delante de los otros niños que tenían tortas, y galletas, y otras cosas.
32 Y luego íbamos al río, y nos sentábamos allí y poníamos esto sobre un tronco, y nos sentábamos allí y comíamos, nosotros dos. Nosotros… Yo sacaba un bocado del pequeño frasco de habichuelas, y mi hermano tomaba un bocado. Y luego sacábamos un bocado de las verduras. No demasiado, pues teníamos que hacerlo, dividirlo entre nosotros dos. Y dos pedazos de pan de maíz, pan de maíz que mamá había horneado para el desayuno, y había cortado pequeñas rodajas así, pues tenía que alcanzar para el resto de los niños.
Oh, recuerdo que una vez como en la época de navidad… No me gusta entrar en estas cosas. Pero como en la época de la navidad, nosotros teníamos un árbol de navidad. Y los niños en la escuela tomaban y cortaban pequeñas tiras de papel blanco, y azules, y verdes, y hacían cadenitas, Uds. saben cómo ellos solían hacerlo en la escuela. Y nosotros nos llevábamos las nuestras a casa. Mamá pensaba… Ella fue al campo, osea nosotros, y cortamos un pequeño árbol de navidad como de este tamaño.
33 Y papá fue, y él había comprado palomitas de maíz que ellos habían cultivado. Y ellos prepararon el maíz e hicieron cuerdas, y mamá las ensartó con una aguja e hilo para ponerlas alrededor del árbol de navidad, donde íbamos a tener un árbol de navidad. Nosotros colgábamos nuestros calcetines allí la noche de navidad. Y a la mañana siguiente, tal vez teníamos una naranja, y tres pedazos de dulce envueltos en un pedacito de papel puesto a un lado, y tal vez pedacitos muy pequeños de dulce.
Y si recibíamos una naranja, y un pedazo de dulce, y una manzana, oh, qué hombre tan maravilloso había sido Santa Claus al traernos esto. Cuán felices éramos. Vaya, nos comíamos esas naranjas y secábamos la cáscara y luego nos comíamos la cáscara. Muchas veces yo cargué cáscaras en mi bolsillo semanas tras semanas y comía esas cáscaras de naranja. Sí, nosotros no desperdiciábamos nada de ello.
34 Y recuerdo muy bien una vez cuando mamá había preparado palomitas de maíz. Ella tenía otra cubetita de almíbar de medio galón y ella llenó eso de palomitas de maíz. Y mi hermano que está en la gloria hoy, cuando nosotros nos lo llevamos a la escuela, lo metimos en el viejo guardarropa, era una escuela en el campo. Y sentado allá atrás yo me puse a pensar: “Oh, ¿qué si yo…? Eso era algo tremendo, lo que nosotros llamamos una rareza, Uds. saben. Vaya, era algo muy raro. Yo pensé: ”Me pregunto si yo me pudiera comer un puñado de eso, (¿ves?), antes que llegue la hora del almuerzo“. Así que calculé todo y levanté mi mano y le pregunté a la maestra: ”¿Me da un permiso?“
“Sí”.
35 Y entonces nosotros… Salí y fui al guardarropa, abrí esta cubeta metí la mano allí y saqué un puñado bien grande de ese maíz. Le volví a poner la cubeta, o mejor dicho la tapa, regresé y me paré detrás de la vieja chimenea allá atrás y me comí esas palomitas de maíz. Oh, estaban buenas. Volví a entrar y me limpié bien la boca, y mis manos, Uds. saben para que mi hermano no lo notara.
Entonces cuando llegó la hora del almuerzo, salimos, agarramos nuestra cubeta, y nos fuimos a comer. Después de que nosotros… Nosotros queríamos comernos las palomitas de maíz primero, Uds. saben, porque eso era mejor que lo que teníamos. Así que abrimos la cubeta, y como una tercera parte de eso había desaparecido. Entonces mi hermano miró alrededor y dijo: “Oye”, él dijo “algo le ha sucedido a las palomitas de maíz”.
Yo dije: “Verdaderamente”. Yo sabía lo que había sucedido.
36 Y Uds. saben, amigos. No hace mucho yo vine de Houston, yo estaba teniendo una reunión allá. Y había estado tan cansado que sencillamente no podía… Yo me desmayaba. Yo permanecí ocho días y noches sin dejar la plataforma. Yo dije: “Oraré por todo el que venga”. Y me quedé allí, orando en esa línea hasta que estaba tan inconsciente que ellos tuvieron que cargarme para llevarme al carro. Y yo… Ellos…
Yo me recostaba del púlpito y dormía un poco, y luego me despertaba, la línea de oración aún estaba esperando. Yo no sé hasta dónde llegaba en la calle, yo sólo seguía orando por uno y por el otro. Luego ellos me traían algo y yo comía un poquito, y luego quizás oraba hasta tener tanto sueño que me recostaba del púlpito, así, por horas y horas. Y estaba tan agotado que ellos intentaron acostarme, y yo no podía acostarme. Entonces yo no podía dormir.
37 Emprendí camino a casa. Y nunca olvidaré, por el camino a casa yo iba manejando y me despertaba. Yo tenía un Ford antiguo (eso hace como cinco años atrás), y éste estaba caído, y estaba… Bueno, Uds. saben lo que quiero decir. Estaba bien, sólo que había tenido bastante uso. Y así que, el carro no tenía el entapizado donde yo golpeaba mi pierna contra él tratando de mantenerme despierto, y me arranqué todos los vellos a tal grado que ya no tengo vellos, allí en la parte de atrás de mi mano, tratando de mantenerme despierto, orando por los enfermos, tratando de mantenerme despierto para hacer que mis líneas avanzaran.
Yo había encontrado a alguien que me amaba. Alguien que me amaba, y yo los amaba a ellos. Y yo estaba tratando de ministrarles a ellos hasta no poder más. Y recuerdo que me despertaba y tenía… y los carros estaban tocando el claxon, es que me había quedado dormido del otro lado de la carretera. Y al poco rato, la parte rara de esto, es que me desperté y me había detenido. No podía volver en sí. Y yo tenía mis manos afuera de la ventana, y yo estaba en un pastizal de vacas. Tenía mis manos afuera de la ventana, y decía: “Solamente crea, hermana, esa es la única cosa que Ud. tiene que hacer. Sólo crea”. Y dije: “¿Qué pasa conmigo?”
Salí del carro. Y es que me había salido de la carretera y me había metido en un pastizal de vacas, así dormido en la carretera. Y llegué a casa. Y oh, vaya, cuando llegué a casa, y allí estaban ellos (antes de que alejáramos a la gente de la casa), y allí estaban ellos formando una fila, ciento cincuenta, o, doscientos de ellos sentados enfrente de la lugar.
38 Mi esposa… Yo había orado por todos los que había podido. Ya se estaba haciendo de día, y yo la oí a ella. Ahora, si alguna de estas personas pudieran estar aquí hoy. Ella me llevó a la cama, y yo me estaba quedando tranquilo. Y yo me despertaba, y al poco rato tenía mi mano alrededor de una almohada, parado allí en el cuarto, diciendo: “Ahora, ¿quién sigue? Ahora, si Uds. solamente creen. Jesucristo dijo que si yo podía lograr que la gente creyera”. Orando así con mi almohada en el brazo.
39 Y mi esposa se sentaba y lloraba. Ella tiene treinta y dos años de edad, y ya está casi blanca como la nieve. Si hay algún honor que se le deba dar a la familia Branham, dénselo a mi esposa. Ella es la que lo merece, no yo. Y parado allí, recuerdo que ella…
Yo acababa de quedarme dormido. Escuché un ruido, y era un viejo Chevrolet, condujeron todo el trayecto desde Ohio, y habían llegado. Un pequeño bebé, llorando, no había dejado de llorar por varios días. El doctor no sabía cuál era el problema. Y yo escuché a mi esposa decir: “Ahora, siéntense por favor”. Ya eran como, supongo que las tres o cuatro de la mañana. Dijo: “Tomen asiento por favor”, dijo, “yo les prepararé algo de comer”.
Dijo: “No, nosotros ya desayunamos, hermano Branham, pero la única cosa que… nosotros simplemente pensamos…”
Dijo: “Bueno, acabamos de ponerlo a dormir”. Dijo: “No lo despierten ahora”.
Y yo estaba acostado allí. Y podía oír a ese bebito haciendo como, Uds. saben, ese sonido jadeante y raro, llorando a tal grado que no podía llorar más. ¿Creen Uds. que yo podía dormir y esa criaturita allí de esa manera, y pensar que tal vez una oración lo podía ayudar? Yo no podía hacerlo.
40 Salí tambaleando a la sala. Y ella comenzó a llorar, fue y se sentó. Y yo dije: “Madre, ¿cree Ud.?” Y ella… Nosotros teníamos dos cuartitos donde vivíamos. Y ella acostó al bebé allí en la mesa. Y yo dije: “Arrodillémonos alrededor de la mesa”. Y comenzamos a orar.
Y mientras que todavía estábamos orando, el bebito dejó de llorar. Como una hora después de eso, ellos se fueron. Él estaba arrullando y riéndole a su madre. Se fueron, y ya estaba un poquito mejor.
Ella dijo: “Antes de que las multitudes comiencen a reunirse, déjame llevarte a alguna parte”. Así que nos subimos al carro y fuimos a algún lado, a Greens Mill, donde yo vi la visión, donde yo fui comisionado. Regresamos ya hacia la tarde. Pasamos junto a esta vieja escuela, donde antes estaba. Yo paré allí.
Recuerdo el viejo pozo de donde yo solía beber. Y los niños estaban… la niñita, mi pequeña Rebeca estaba arrancando unas violetas. Ella tenía como un año de edad, algo así, como un año y medio. Y ella estaba arrancando unas violetas allí afuera, jugando. Y yo fui y bebí de este viejo pozo. Pensé, como dijo David, si él pudiera beber de ese pozo.
41 Fui y recargué mis brazos sobre la vieja cerca de madera. Miré hacia allá. Miré hacia el otro lado del campo donde yo acostumbraba jugar. Recuerdo allá cómo es que un día, en la época de 1.917, cuando una nieve muy grande calló en el suelo, allí, recuerdo que todos los muchachos salían a pasear en sus trineos. Ellos podían pasear. Mi hermano y yo no teníamos trineo.
Yo vi el viejo cerro donde nosotros acostumbrábamos a deslizarnos hacia abajo. Yo no tenía trineo. ¿Saben Uds. lo que usamos como trineo? Nosotros fuimos al viejo basurero del campo allá, y conseguimos una palangana vieja. Y yo me sentaba, nosotros nos sentábamos en esa palangana, y poníamos las piernas alrededor el uno al otro. Había aguanieve en la superficie del suelo. Muchos de Uds. recuerdan la nevada de 1.917. Y yo me sentaba en esta palangana, poníamos nuestros brazos alrededor del uno al otro y nos íbamos cuesta abajo, dando vuelta, y vuelta, y vuelta, en una palangana. Nosotros no teníamos tanta clase como el resto de ellos, pero de igual manera estábamos paseando. Así que ¿qué diferencia hacía?
42 Nosotros estábamos paseando cuesta abajo en esta vieja palangana. Y después de un tiempo, la parte de abajo se le salió. Entonces fui y me conseguí un tronco, y nos subíamos en un tronco. Y recuerdo bajando un poco más arriba del cerro. Teníamos un pequeño tronco que yo había cortado con un hacha, la parte de enfrente. Y nosotros bajábamos por allí.
Y había un muchacho… Ese era el tiempo de la primera guerra mundial. Todo el que podía ponerse un uniforme se lo ponía. Y un amigo mío llamado Lloyd Ford, él solía vender estas revistas Pathfinder, y así que él se compró un traje de explorador. Y oh, cuánto deseaba yo tener un traje de explorador. ¡Vaya! Y yo lo miraba a él luciendo ese traje de explorador. Él se lo ponía para ir a la escuela, y cuánto me gustaba a mí eso. Yo hice un acuerdo con él, le dije: “Lloyd, cuando tú desgastes ese traje, ¿me lo darías a mí?”
Él dijo: “Seguro, yo te lo daré, Billy”.
Yo dije: “Muy bien”.
Bueno, así pasó el tiempo, y después de cierto tiempo él dejó de usarlo. Y yo le pregunté al respecto. Él dijo: “Veré qué pasó con él”.
Bueno, el traje había sido destruido. La única cosa que él pudo encontrar fue una sola pernera. Entonces yo le pedí que me trajera eso. Y él me la trajo.
43 Y recuerdo que iba pasando cuesta abajo un día. Yo tenía tantas ganas de usar esa pernera que no sabía qué hacer. Viniendo cuesta abajo un día, yo tenía esa pernera guardada en mi saco. Y llegué al pie del cerro, y me levanté. Y dije: “¡Oh, me lastimé mi pierna!” No era cierto, no. Yo dije: “¡Oh, mi pierna!” Yo dije: “¡Recuerdo, Uds. saben, que tengo una de las perneras de mi traje de explorador!” Y me puse esa pernera. Esa era una excusa, Uds. saben. Aquí estaba yo caminado con una sola pernera, Uds. saben.
Y yo fui al pizarrón. Uds. recuerdan cómo uno solía pararse en las viejas escuelas del campo, el pizarrón, ¿saben Uds.? Bueno, yo fui seleccionado. Yo puse esta pierna, la que no tenía la pernera, (yo ya lo tenía todo calculado), al lado del pizarrón. Y yo puse ésta que tenía la pernera, así, para que ellos no se dieran cuenta que yo tenía una sola. Yo me paré así de lado, resolviendo los problemas, para ver si todos estaban mirando esa sola pernera.
Todos los niños comenzaron a reírse de mí, y a burlarse de mí y todo eso. Y yo comencé a llorar, la maestra hizo que me fuera a casa. Ese fue el fin de mi pernera.
Yo siempre quise ser un soldado. Cuando tuve edad suficiente para entrar en el ejército… Por supuesto, no había guerra en ese tiempo. Yo recuerdo que cuando tenía diecisiete años yo me alisté en la marina. Mi madre me quitó eso cuando yo llegué a casa. Luego cuando llegó la guerra siguiente, pues ellos no me aceptaron.
44 Pero ¿saben qué? Yo finalmente sí me uní al ejército. Puede que Uds. no vean mi uniforme porque está por dentro. Yo me uní a las filas cristianas de Jesucristo para ser un soldado de la Cruz. Cuán agradecido estoy de usar ese uniforme esta tarde el cual representa al Cielo, para unirme con el resto de Uds.
Yo estaba parado allí mirando eso, y meditando en esas cosas mientras estaba recostado sobre la cerca. Y empecé a pensar en mi hermano, cómo es que yo le quité a él ese puñado de palomitas de maíz. Cuando nosotros solíamos poner nuestras manos los unos sobre los hombros del otro, pararnos allí, y la bandera subía; la maestra, con ese puntero bien largo, nos apuntaba, haciéndonos que nos metiéramos a la fila. Nosotros nos parábamos marchando así, para entrar a la escuela.
Y yo pensé: “Bueno, mira, tú sabes, yo solía recordar a Ralph Field. ¿Qué le sucedió a él?” Sí, él ya no existe. Y dije: “Allí estaba Howard Higgins”. Sí, él solía pararse a mi lado. ¿Qué le sucedió a él? Él murió en una explosión allá en Colgate. Yo dije: “Sí, eso es correcto”.
45 Yo recuerdo lo que le sucedió a todos aquellos. Yo dije: “Ahora, mi hermano Edward que se paró justo detrás de mí y puso su mano sobre mi hombro, a quien le quité las palomitas de maíz”, dije: “¿Qué le sucedió a él?”
Hace años, él murió llamándome, dijo: “Díganle a Billy”, (yo no era cristiano todavía), dijo: “Díganle a Billy que yo lo amo y que algún día lo veré en el cielo”. Yo estaba… Y yo recuerdo cuando el guardabosque llegó cabalgando a las praderas y yo salté de mi cabalgadura. Él dijo: “¿Es su nombre Branham?”
Yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “¿William?”
Y yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “Tengo un mensaje para Ud.” Y él me lo entregó, y yo leí el telegrama: tu hermano, Edward, murió anoche“. ¡Hmm! Todo aquello comenzó a venirme a la mente. Y yo estaba parado allí mirando por encima de la cerca, yo podía ver ese puñado de palomitas de maíz.
Nunca hagan nada malo porque eso volverá a Uds. algún día, no importa cuán pequeño sea.
46 Me paré allí y las lágrimas comenzaron a correr por mi mejilla. Yo pensé: “Dios, yo daría el mundo, yo daría el resto de mi vida mortal, si tú me permitieras tomar ese puñado de palomitas de maíz y acercarme a la puerta y decir: Edward, amigo, aquí está ese puñado de palomitas de maíz que te quité por engaño aquel día”. Yo daría cualquier cosa si pudiera habérsela llevado. Pero él ya no está.
Alcé la mirada y vi el campo donde antes estaba la vieja casa allí. Pues, allí hay un proyecto de viviendas. El manantial se secó y ya no existe.
Yo solía pensar en cuando acostumbrábamos… nosotros teníamos un pedazo de espejo el cual sujetamos con clavos en un árbol, y un viejo anaquel para lavarnos. Cuando papá llegaba allí, él pesaba como ciento sesenta libras, media como cinco pies, y siete u ocho pulgadas de alto. ¿Hombre? Oh, vaya, él era un maderero, con músculos que le colgaban así. Puedo verlo enrollarse esas mangas hacia arriba, esa vieja camisa azul, esa vieja camisa de nogal que mamá misma le había hecho; se la enrollaba hacia arriba así. Cuando él iba a lavarse, y los músculos le subían y bajaban, yo me paraba a un lado y decía: “Ese es mi papá. Ese es mi papá. Él vivirá unos cien años. Ese es mi papá. Cuando yo sea un hombre viejo, todavía estaré acariciando a mi papá con grandes músculos”. ¿Ven? Pero él murió a los cincuenta y dos. No tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos Una por venir.
47 Yo conocí la vieja casa allá, estaba unida con barro, y qué casa tan maravillosa fue; fue derribada y ya no existe, hay allí un proyecto de viviendas. Y ¿adónde está esa grande y buena cantidad de muchachos? Prácticamente cada uno de ellos ha muerto.
Pensé en Rolland Halloway, un amigo mío. Él solía pararse allí, un hombrecito peli rojo, con el suficiente mal genio para pelearse con una sierra circular, murió en la cárcel. Él mató a un hombre de un disparo en un juego de dados.
Miré hacia acá a Wilmer, pensé en qué había sido de él… Wilmer [palabras confusas]. Pensé: “¿Qué le sucedió a él?” Sí, eso es correcto. ¿Qué le sucedió a él? Él se metió en una pelea de cuchillos con un hombre y le cortó la garganta con un cuchillo.
Miré hacia acá atrás y vi… pensé en Willis [palabras confusas] “¿Qué te pasó a ti, Willis?” Sí, yo vi lo que le sucedió a él, cómo él murió con una enfermedad. Acabó con su cuerpo.
48 Miré hacia allá abajo y vi a cada uno. Los vi a todos y pensé: “Oh Dios, he quedado solo. ¿Quién soy yo? ¿En dónde están ellos?” Y cuando menos pensé, parado allí, yo estaba gritando a voz en cuello: “Oh Dios, permite que los ángeles de Dios vengan a buscar a este pobre cuerpo cansado, y me lleven de aquí. Este mundo ya no es mi hogar”.
Yo acababa de salir de esa reunión donde había estado perturbado mentalmente durante ocho días y noches en la plataforma; estaba temblando. Y todas esas cosas pasándome por la mente. Pensé: “No tenemos aquí ciudad permanente, pero estamos buscando la por venir”. Pensé: “Oh Dios”. Mi esposa vino, me abrazó y dijo: “Mira, cariño, tú viniste aquí a descansar, y aquí estás parado llorando como un bebé. No hagas eso”.
Yo dije: “Cariño, si tú supieras lo que estaba pasando por mi corazón y mi mente. Yo recuerdo estando parado aquí mismo en esa casa y cuando la pequeña Sharon se enfermó”.
49 Ella dijo: “Mira, no pienses acerca de eso”. Yo tengo una verdadera esposa. Y ella me llevó y agarró el bebé y lo puso alrededor de mis hombros, y nos metimos en el carro y nos fuimos.
Cómo es que, pensando en cosas. Algunas veces Uds. miran y dicen: “Oh, hermano Branham, yo apuesto a que…” Uds. piensan, Uds. no saben lo que hay aquí atrás, hermanos. Uds. no saben cuántas veces este pobre corazón ha sido machacado, aplastado, y quebrantado, y presionado. Uds. no lo entienden. Eso es correcto. Parece como un lecho de rosas, pero no piensen Uds. que satanás me dejaría escapar con eso.
Me tomaría una semana pararme aquí y contarles todas las cosas que han sucedido, cómo es que yo he llegado hasta la puerta de la misma muerte, y luego Dios me ha librado. Cómo satanás ponía trampas en todas las partes, y él todavía las tiene puestas, al salir allí por esa puerta. Pero él no será capaz de matarme hasta que Dios haya terminado conmigo. Entonces yo quiero irme cuando Él haya terminado.
Cuando yo predique mi último sermón, y la Biblia sea cerrada por última vez en el púlpito, mi última oración haya sido ofrecida a Dios, y yo ya no pueda hacer más por Él, entonces yo quiero que Él venga y me lleve. Eso es correcto.
50 De muchacho, algo muy peculiar me sucedió cuando yo era un muchachito. Yo fui llamado un día después de clases, cuando tenía como siete años, por un Ángel, el cual me dijo que nunca bebiera ni fumara ni que deshonrara mi cuerpo.
Y miren, con esto no me refiero a Uds. las hermanas, (¿ven Uds.?), pero si alguna vez hubo un odiador de mujeres, yo era uno de ellos. Vaya, yo veía cómo ellas venían cuando mi papá administraba ese destiladero. Y yo veía mujeres llegar allí, mujeres jóvenes, con el esposo de alguien más. Y la manera cómo ellas se comportaban, yo dije: “Si de esa manera es la cosa, yo no viviría con una de esas sabandijas aunque me [palabras confusas] con una de ellas. Eso es correcto. Yo… eso es verdad, así pensaba yo. Yo incluso…
El único respeto que yo tuve por cualquier mujer fue por mi madre. Y eso es correcto, y yo sabía que ella era una dama. Yo la vi a ella sentarse en los escalones con los bebés en sus brazos, y llorar, y llorar, y llorar porque fue dejada fuera de la casa.
51 Cuando mi papá, que era un verdadero hombre cuando él estaba sobrio, pero estando bebiendo, cómo es que… lo que él hacía. Y yo crecí teniendo una vida muy dura.
Pensé: “No, yo no tendré…” Yo no… Incluso cuando yo tenía diecisiete, dieciocho años de edad, yo pasaba por la calle, y si veía una muchacha con la cual yo iba a la escuela… yo pensaba que ella iba a hablar, no porque… yo sencillamente no quería tener nada que ver con eso, no me iba a enredar con ellas. Yo pasaba por el otro lado de la calle. Yo no tenía nada que ver con ellas en lo absoluto. Así que dije: “Yo…”
Este era mi pensamiento: “Cuando yo sea mayor de edad, cuando mi mamá esté bien, los muchachos estén establecidos y todo, y yo pueda obtener suficiente dinero en alguna parte para ayudar a cuidar de mi mamá, yo me voy a ir a Colorado, o al estado de Washington, o Canadá, y yo voy a ser un cazador. Me voy a conseguir un montón de perros. Me voy a conseguir un montón de trampas, y voy a tomar mi rifle, y viviré allí hasta que muera, allí en las montañas, poniendo trampas para cazar”.
52 Mi abuelo era cazador, por parte de mi madre. Y él… Yo salí con la misma naturaleza de él. Y así que, yo dije: “Yo sólo… Eso es lo que yo voy a hacer”. Lo tenía en mi mente. Yo dije: “No me voy a relacionar con las mujeres para nada”. Así que, ¿no es esto raro, cómo uno puede cambiar su parecer? Es extraño.
Un día hubo una, cuando era un muchacho, hubo una jovencita que apareció, y Uds. saben, tenía ojos como de perla, cuello como un cisne, la cosa más bonita que Uds. hayan visto. Ella me miró y dijo: “¿Cómo estás, Billy?” Eso fue todo. Otra…
Ella conocía a otro muchacho, amigo mío; él me dijo, dijo: “Oh, ella gusta de ti”.
Yo dije: “Bueno, yo hice una promesa, tú sabes”. Bueno, pero yo estaba dispuesto a ceder.
53 Y entonces él dijo: “Déjame decirte, yo llevaré a mi novia, y tú lleva a tu novia”, y dijo: “Y las llevaremos a pasear en el Ford de mi papá, si yo cuadro la cosa”. Dijo: “¿Cuánto dinero puedes tú ahorrar?”
Yo dije: “No sé”. Así que ahorramos lo suficiente para comprar dos galones de gasolina. Teníamos como cuarenta centavos entre los dos.
Él dijo: “Mira, tenemos que comprarles algo, unos refrescos, o helados, o algo”.
Entonces yo dije: “Bueno, maneja tú el Ford, y yo me encargaré de las compras”. Y me metí los cuarenta centavos en el bolsillo. Entonces él tomó… Él iba a manejar el Ford. Y conseguimos nuestro viejo Ford y le levantamos la rueda de atrás, Uds. saben. Y ¿Uds. saben cómo ellos solían darle vuelta con la manivela para hacerlo andar? Vaya, vaya. Hicimos que prendiera, y nos fuimos por la carretera, y buscamos a nuestras amigas.
Bueno, yo me senté en el asiento de atrás, Uds. saben. Y vaya, yo la miré a ella y pensé: “Tú sabes, quizás todas ellas no son así”. Pero… Yo estaba cambiando de parecer. Así que, ella miró hacia un lado y dijo: “Es una linda noche, ¿no es así?”
Yo dije: “Sí, señorita”.
54 Entonces paramos en un lugarcito, como a una cuadra de donde vivo ahora, un lugarcito llamado… algo así como un pequeño restaurante. Entonces yo dije… Yo… Jimmy Poole y yo, teníamos todo planificado lo que íbamos a decir, Uds. saben. Y yo dije: “Jimmy, yo tengo un poco de sed”. Y dije: “¿No te parece que deberíamos parar?”
Y él dijo: “Sí”. Así que paramos allí en el lugar. Entonces, él dice, él dijo: “Yo iré a comprarlo”. Pero él no tenía ni diez centavos, yo tenía su dinero, y yo dije: “No te preocupes, Jimmy. Espera un momento, yo iré a comprarlo”. ¿Ven?
Así que yo entré. Un emparedado por cinco centavos, un emparedado bien grande de boloña por cinco centavos, Uds. saben, y tenía cebolla y todo encima. Entonces salimos. Y yo traía unos refrescos, Uds. saben. Y oh, nosotros éramos alguien entonces. Nos sentamos allí a beber estos refrescos, Uds. saben, y a comer estos emparedados de boloña, las muchachas y todos nosotros, conversamos, Uds. saben.
Y así que, entonces yo fui a regresar estas botellas, y fue el tiempo en que las muchachas comenzaron a actuar como que eran listas, comenzaron a volverse sabelotodas, fumando cigarrillos. Cuando yo regresé, para sorpresa mía, mi pequeña reina estaba fumando un cigarrillo. Bueno, yo siempre he tenido mi opinión respecto a una mujer que fumara un cigarrillo, y no la he cambiado todavía. Es la cosa más baja que ella alguna vez haya hecho. Y eso es correcto. Es tan malo como la bebida.
55 Sigan adelante, veo sus rostros enrojecerse. Pero permítanme decirles algo, permítanme decir… Mamá… Ello será bueno para Uds., les ayudará. Miren, no se levanten, yo lo sabré, y allá el resto de ellos sabrá que Ud. es culpable.
Miren, déjenme decirles. Mamá solía decirme… Cuando yo era un niño, nosotros teníamos que… nosotros… Para obtener nuestra grasa nosotros teníamos que hervir cueros de carne en una cacerola, Uds. saben. Y nosotros teníamos que tomar mucha medicina, y todos los sábados por la noche, un baño, en una vieja tina de cedro, y me aguantaba la nariz y tomaba aceite de ricino: todos los sábados por la noche. Hasta el día de hoy yo ni siquiera soporto el pensar en esa cosa.
Y yo solía aguantarme la nariz y me daba asco, yo decía: “Oh, mamá, no por favor. ¡No por favor! No por favor”. Esa cosa aceitosa en una cuchara grande. “Oh, mamá, no por favor. Eso me enferma tanto”.
56 Ella decía: “Si no te enferma, no te hará ningún bien”. Tal vez esto los ayudará a Uds. un poco también, les hará bien y los enfermará y Uds. entonces dejarán eso. Eso es correcto. Muy bien. Ella decía…
Y yo recuerdo, aquí estaba sentada mi amiguita sentada allí fumando un cigarrillo. ¡Oh, hermanos! Yo como que… Ella ciertamente cayó en mi apreciación en ese momento. Yo me senté, ella dijo… Comenzó a soplar humo así, Uds. saben. Y yo pensé: “Si el buen Señor quisiera que tú fumaras, Él habría puesto una chimenea sobre ti”. ¿Ven? Y yo la miré a ella así, y pensé: “Uh—huh”.
Miré enfrente, y allí estaba la amiga de Jim sentada allí haciendo la misma cosa. Bueno, Jim mismo fumaba. Así que yo miré alrededor.
Ella dijo: “¿Quieres, quieres fumar un cigarrillo, Billy?”
Yo dije: “No, señorita, gracias. Yo no fumo”.
Ella dijo: “¿Tú no fumas?” Dijo: “Ahora, tú acabas de decirme que no bailabas”.
Yo dije: “No, señorita”.
Dijo: “¿Qué tú no fumas?”
“No”.
Y ella dijo: “Bueno, ¿Qué te gusta hacer?”
Yo dije: “A mí me gusta ir de pesca. Me gusta cazar”. Eso no le interesaba a ella.
Entonces ella dijo: “Bueno, tú eres un gran cobarde”.
57 ¿Un cobarde? Mi papá me llamó así una vez porque yo no quise beberme un trago de whiskey. Y yo quise hacerlo, pero hubo Algo que no me dejó. Así que, yo dije: “¿Qué fue eso?”
Y ella dijo: “Tú eres un gran afeminado”.
Y yo dije: “Dame esos cigarrillos”.
Y tomé ese cigarrillo con la misma intención de fumarlo como la que tengo para terminar de predicar este servicio esta tarde. Lo tomé en mi mano, temblando así. Yo dije: “Dame con qué encenderlo”. Y ella me dio esa cosa con que se enciende, Uds. saben. Y lo encendí así, y comencé a llevármelo a la boca, temblando así, y escuché Algo haciendo: “Whoooosh”. Y me detuve, y miré para todos lados, y pensé: “Ahora, eso no estuvo bien”.
Ella dijo: “¿Qué pasa?”
Yo dije: “Nada”. Dije: “Yo estoy sólo estoy tratando de encenderlo”. Y comencé a llevármelo a la boca otra vez.
Uds. me oyeron contar mi historia la otra noche, cómo es que ese remolino en el arbusto allá atrás. Allí se estaba repitiendo otra vez: “Fiuuuuuu”. Yo tiré el cigarrillo, comencé a llorar.
Ella dijo: “Ahora sé que tú sí eres un cobarde”.
58 Yo estaba… Cerré esa vieja puerta del Ford, y comencé a subir por la carretera llorando. Jim iba manejando enfrente, dijo: “Vamos, Bill, entra”. Yo dije: “No”.
Comencé a subir por la carretera, caminando, y ella dijo: “Pues, Billy”, ella dijo, “tú eres un gran afeminado, tú”. Dijo: “Yo pensé que tú eras un hombre”.
Yo dije: “Yo pensé también que lo era”. Y seguí subiendo por la carretera así; caminando.
Cogí un atajo a través del campo, subí allá y me senté en el campo, y dije: “Oh, si hubiese alguna manera en que yo pudiera morir aquí. Nadie me quiere. Yo no sirvo para nadie”. Dije: “Y los muchachos, a todos ellos les gusta ir a los bailes y diversiones, y a las muchachas les gusta fumar cigarrillos, y acá estoy yo con… esclavo, de la circunstancia. ¿De qué sirve que yo… qué hay para mí en la vida? ¿Para qué vivo yo?” Y me senté allí en ese campo y lloré casi hasta el amanecer.
59 Tengo que darme prisa para salir de aquí a la hora que les prometí, sólo estoy tocando los puntos más sobresalientes.
Supongo que Uds. se preguntaron cómo fue que me casé si era así de penoso, retraído. Yo…
Finalmente conocí a una muchacha que fue la madre de mi hijo. Si alguna vez hubo un ángel, esa era ella. Yo todavía la amo. Ella era una muchacha encantadora. Cuando la conocí ella estaba yendo a la iglesia. Yo la miré. Había algo distinto a cualquier otra. Yo no sabía nada acerca del cristianismo; ya tenía como veintiún años de edad. La miré y ella parecía ser una dama en todo aspecto, la manera en que se comportaba, y el respeto que ella tenía. Ella estaba asistiendo a una iglesia bautista.
Y yo salí con ella y comencé a ir con ella. Y yo era el… Me fui a trabajar para la compañía de servicios públicos de Indiana. Y había conseguido un poco de dinero y me había comprado un carro viejo, y pensé: “Bueno, esa era una verdadera oportunidad”.
60 Pero su padre era presidente de la Hermandad en la compañía Ferroviaria de Pensilvania. Muchos de Uds. que trabajan en ferrocarriles aquí pudieran conocerlo, Charlie Brumbach; recientemente se fue a la gloria. Y un muy… tenía un buen empleo. Y él ganaba como quinientos dólares al mes. Yo estaba ganando como veinte centavos la hora, cavando zanjas. Y salir yo con una muchacha como esa, yo pensé: “O no, algo anda mal aquí”.
Así que salí con ella por un tiempo y me di cuenta que ella era toda una dama. Y yo sabía que tenía que tomar mi decisión ahora. No podía permitir… quitarle el tiempo a esa muchacha. Yo la amaba tanto a ella para eso, que yo no podía quitarle su tiempo, para mí, ya que no sería correcto echarle a perder su vida de esa manera. Ello… Yo la estimaba a ella lo suficiente que…
61 Tan pobre como yo era, y no tenía papá en ese tiempo y lo demás, y diez niños a los cuales mantener, y… Papá le dejó nueve a ella, y conmigo eran diez. Y yo pensé: “¿Cómo pues pudiera yo – pudiera yo ser capaz de mantener económicamente a alguien así?”
Y pensé: “Tengo que decidirme. O tengo que pedirle que se case conmigo, o tengo que dejarla en paz, y dejar que algún buen muchacho la conozca y que ella salga con él, y se case con ella, y le dé un buen hogar y todo, y que ella sea feliz.
Y por allí en ese tiempo, yo comencé a estudiar. Y yo sólo… Mientras estuve saliendo con ella yo había venido a Cristo y lo había encontrado a Él como mi Salvador, y estaba estudiando en el ministerio, en la iglesia bautista. Luego, un poco… Siguió pasando el tiempo y yo fui ordenado entonces como un anciano local, el exhortador. Entonces ellos me dieron mi licencia ministerial. Y yo pensé: “Quizás, si me dedico de lleno a la predicación, ¿podré mantenerla a ella?”
62 Entonces un día, pensé: “Creo…” Decidí que iba a preguntarle si ella… [Espacio en blanco en la cinta.] cómo lo iba a hacer. Ese era el gran problema, ¿cómo iba yo a pedirle que se casara conmigo? Entonces dije: “Bueno, le preguntaré esta noche”.
Bueno, yo iba allá, Uds. saben, y conversaba, y cuando ya estaba cerca de preguntarle, me arrepentía, no podía hacerlo. Yo no podía pedirle que se casara conmigo, pues había muchas circunstancias allí. Y dije… Así que pensé: “Bueno, ¿cómo podré decírselo? Tal vez yo pudiera pedirle a alguien más que le pregunte si ella se casaría conmigo, ¿ven?” Yo pensé: “Eso no sería exactamente correcto. Ella me rechazaría en esas condiciones”.
63 Entonces ¿saben cómo lo hice? Le escribí una carta y le pregunté si ella lo haría. Así que escribí una carta. Y ahora, no fue “Querida señorita”, Uds. saben, tenía un poco más que eso. No era una carta de negocio, no obstante, en un sentido sí lo era. Pero escribí y le dije cuánto yo la apreciaba, y le pregunté que si ella se casaría conmigo.
Y entonces pensé que yo sencillamente se la entregaría a ella una noche. Y pensé: “No, creo que la pondré en el correo”. Así que le puse una estampilla y mientras iba al trabajo la metí en el buzón. Yo la iba a ver el miércoles, y eso fue un lunes en la mañana. Así que le escribí la carta, y la eché en el buzón, y seguí a trabajar.
64 Y toda esa semana estuve esperando que llegara el miércoles para ir a buscar a mi novia. Nosotros estábamos yendo a la iglesia. Así que esa noche, recuerdo que cuando comencé a subir hacia el lugar donde vivía su familia… ellos Vivian en una casa muy grande y hermosa allá. Y pensé: “Y aquí vivía yo. ¡Oh, qué cosa! Y pensé… Bueno, paré enfrente. Y pensé…
Yo sabía que no debía tocar el claxon. Sabía que su madre y su papá, ambos me caerían encima. Y pienso que eso es correcto. Eso es de mal gusto, que Uds. los muchachos vayan y toquen el claxon para que la muchacha salga. Si Ud. no la estima tanto como para entrar y hablar con ella, y sacarla afuera, y hablar con su madre y su padre, Ud. no… Ud. no debería estar con ella de ninguna manera. Eso es correcto. Vaya y sea un hombre.
Así que subí hasta la puerta y pensé: “Me quedaré afuera esta noche”. Y me puse a pensar.
65 Ahora, su padre era, él era uno de los hombres más finos, y su madre es una buena mujer, y no estoy muy seguro, pero ella pudiera estar sentada aquí en esta tarde. ¿Ven? Nosotros no vivimos lejos de aquí. Y si yo digo algo incorrecto, mire Sra. Brumbach, no es mi intención herir sus sentimientos, pero yo sólo quiero decirle esta verdad. ¿Ve Ud.? Así que si…
Así que recuerdo que estábamos… Yo subí hasta el porche.
Su madre, en ese tiempo… Ella gusta de mí ahora, pero ella no tenía mucho interés por mí. Y ella fue criada en una de esas iglesias de la sociedad, Uds. saben, de los que se ponen de pie y dicen: “O—aja”, la doxología y oh, hermanos. Uds. saben todo lo que allí acontece. Bueno, eso era demasiado, yo no podía digerir eso. Así que yo… Ella pensaba que yo era un poquito de mente estrecha, supongo.
66 Entonces yo pensé, me puse a pensar: “¿Qué…?” Antes de llegar a la casa: “¿Qué si sucede que su madre encontró esa carta y la leyó, entonces qué sucedería?” ¡Oh, hermanos! Y Uds. saben, el diablo estaba allí para hacerme creer que ella había agarrado la carta. Así que yo dije: “Oh, ¿qué haré yo si ella agarró esa carta?” ¡Umm!
Yo pensé: “Tú sabes, lo mejor que yo debo hacer, en vez de tocar el timbre esta noche, yo creo que tocaré la puerta y dejaré mi Ford estacionado allí con la puerta abierta, (¿ves?), porque yo iba a escapar de allí”.
Y yo podía oírla a ella decir: “¡William Branham! Madre y padre, quien era un fino holandés. Así que subí hasta la puerta, y toqué en la puerta, y de repente, aquí vino Hope a la puerta. Su nombre era Hope. Y entonces yo… Ella vino a la puerta y dijo: ”Hola, Billy“.
Y yo dije: “Buenas noches”.
Ella dijo: “¿No quieres pasar?”
Yo pensé: “O—no, tú me quieres llevar allí adonde está tu madre ahora, y Uds. dos han estado leyendo esa carta. No”.
67 Yo dije: “Gracias. Hace mucho calor”, dije: “me sentaré aquí en el porche”.
Ella dijo: “Oh, pasa”. Dijo: “Mamá y papá quieren verte”. Y ¡oh, hermanos! Yo supe entonces que todo se había terminado. Pensé: “Aquí está”.
“¿No quieres pasar?”
Y yo dije: “Bueno, umm”. Pensé: “Oh, vaya, yo sé que todo ha terminado ahora. Así que dije: ”Gracias“.
Pasé, me quité el sombrero, y me quedé parado en la puerta. Ella dijo: “Ven a la cocina adonde está mi mamá y mi papá”, dijo, “estaré lista en unos pocos minutos”.
Y yo pensé: “¡Oh!” Entré y dije: “¿Cómo está Ud. Sr. Brumbach? ¿Cómo está Ud. Sra. Brumbach?”
Dijo: “Hola, Billy. ¿No quieres venir y beber un vaso de té frío?”
Yo dije: “Gracias”, dije: “yo me sentaré aquí si a Ud. no le molesta”.
“No, ven y siéntate”.
68 Yo pensé: “¡Oh, vaya!” Mi corazón estaba saltando tan rápido como podía. A los pocos minutos… Entonces empecé a entender. Ellos nunca mencionaron el tema, estaban hablando acerca de otras cosas. Yo pensé: “Ella nunca recibió la carta. Todo está bien”. Bueno, entonces pensé…
Ahora, la cosa siguiente, (será mejor que vayamos a la iglesia). Y entonces esa noche Hope dijo: “Caminemos hasta la iglesia”.
Y yo dije: “¡Uh—oh!”
Así que esa noche caminamos hacia la iglesia y entramos. Yo no oí nada de lo que dijo el Dr. Davis, él estaba predicando un buen sermón, pero yo estaba sentado allí pensando, pensé: “Oye, ella recibió esa carta. La razón que ella quiso que yo caminara es porque ella me va a decir que esta es mi última noche. ¿Ven? Yo lo sé. Y estaba sentado allí mirándola. Pensé: ”Oh, me pesa tener que dejarla. Vaya, pero me imagino que así está bien porque yo no podría mantenerla como pudiera hacerlo su papá, y allí está la cosa“. Y dije: ”Ella ha recibido esa carta“.
69 Y oh, hermanos, yo no escuché nada de lo que dijo el predicador. Yo sólo estuve sentado allí preguntándome. Y oh, yo la miraba, y ella se veía más hermosa que nunca, y yo sabía que ella era completamente una dama. Y pensé que la mujer que… Ella no fumaba, ella no iba a los bailes, ella no tenía… ella no usaba ninguna mala palabra. Ella era simplemente—ella era simplemente un ángel. Y pensé: “Vaya, esa era ella, pero me imagino que todo terminó ahora”.
Así que después de que terminó el servicio, yo comencé a ir a casa, Uds. saben, caminando, ella iba caminando. Y yo estaba mirando hacia arriba, cuando pasábamos debajo de los árboles, la luz de la luna se posó sobre su cabello negro, y sus ojos cafés. Yo pensé: “Oh, vaya, ¿no es ella bonita?” Caminando así. Yo pensé…
Bueno, empezamos a llegar cerca de la casa, y me armé de valor. Yo pensé: “La carta se quedó enganchada en el buzón, ninguno de ellos la recibió. ¿Ven?” Me estaba sintiendo muy bien, Uds. saben. Yo dije: “Nadie recibió esa carta, así que estoy bien. Estoy a salvo”, caminando así.
70 Y ella estaba conversando, Uds. saben. Y yo me acerqué y la tomé de la mano, Uds. saben, íbamos caminando. Oh, vaya. Y pensé: “Yo tengo un poco más de plazo. Esa carta, espero que se haya quedado atascada allí y que no haya pasado nada. Y yo ya había resuelto que ella no sabía nada al respecto porque no me había mencionado nada”.
Entonces estábamos llegando muy cerca de la casa, y en eso ella me miró y me dijo: “¿Billy?”
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Recibí tu carta”.
Oh, yo sentí que algo me subió y me bajó, Uds. saben. Dije: “¿Verdad?”
Ella dijo: “Ajá”. Y siguió caminando, no dijo una palabra.
Yo pensé: “Mujer di algo antes que me desmaye. Haz algo ahora. Yo no puedo permanecer así todo el tiempo”. Estábamos acercándonos a la casa, y ella no dijo ni una sola palabra. Yo pensé: “Bueno, yo… di algo”.
71 Ella simplemente… Uds. saben cómo las mujeres lo pueden mantener a uno en suspenso. Discúlpenme. No, no, yo quiero decir—yo quiero decir, Uds. saben a lo que me refiero. Así que, no dijo una sola palabra, simplemente siguió caminando, Uds. saben, mirando hacia la luna y las estrellas. Oh, hermanos, qué suspenso.
Y yo dije: “¿La leíste?”
Ella dijo: “Ajá”. Siguió caminando. Eso fue todo lo que pude sacarle.
Bueno, yo pensé: “Vaya, vaya, y ¿ahora qué?” Dije: “¿Te gustó?”
Ella dijo: “O—aja”. Eso fue todo lo que pude sacarle, sólo “Uh—huh”.
Bueno, nosotros nos casamos. Así que allí lo tienen. Nos casamos.
Y yo nunca olvidaré, ella me pidió antes de que nos… cuando nos… antes que yo le comprara un anillo. Y recuerdo que pagué ocho dólares por el par.
72 Y entonces, pero yo estaba muy contento al respecto. Vaya, recuerdo que pasamos allí debajo del árbol, y yo le puse ese anillo de compromiso en el dedo, cuán feliz estaba. Y tenía el otro guardado en mi bolsillo y me puse un alfiler bien grande allí para que no se me saliera. Yo la estaba guardando a ella allí mismo, hermanos. Ese, ella iba a ser mía.
Así que seguí adelante, Uds. saben. Y ella dijo: “Billy”. Antes de que le pusiera el anillo en el dedo, ella dijo: “¿No crees que serías más caballero si le preguntaras a papá y a mamá?”
Yo pensé: “¡Oh, vaya! Aquí va otra vez”. Y ella dijo… Yo dije: “Sí”. Dije: “Mira, Hope, quiero decirte algo”. Yo dije: “Mira, cuando nos casemos, siempre va a ser mitad y mitad, ¿no es así?”
Ella dijo: “Así es”. Dijo: “Yo guardaré mi parte”.
Yo dije: “Y yo guardaré la mía”. Dije: “Comencémoslo ahora. ¿Ves?”
Ella dijo: “¿Qué quieres decir?”
Yo dije: “Tú le preguntas a tu mamá, y yo le preguntaré a tu papá”. Yo podía lidiar con su papá, pero no sabía acerca de su mamá.
Ella dijo: “Está bien, no hay problemas”.
Y yo dije: “Bueno, mira”, dije, “quizás me dejas que yo le pregunte a tu papá primero”. Porque yo sabía que si su papá decía que sí, con eso yo tenía una promesa, (¿ven?), y podía aferrarme a eso.
Así que recuerdo que ella dijo: “Bueno, será mejor que le preguntes esta noche”.
Y yo pensé: “Oh, es muy pronto, pero supongo que es mejor que lo haga”.
73 Así que esa noche llegamos, y él estaba sentado en su escritorio, escribiendo algo a máquina. Y yo me senté allí. Y ella se mantenía haciéndome señas con la cabeza, Uds. saben. Vean, eran las nueve, hora de… Yo tenía que irme a casa a las nueve. Y pensé: “Es tarde”. Así que me levanté y me dirigí hacia la puerta, y ella me miró algo raro, ¿por qué no le preguntaba a su papá?
[El hermano Branham suspira.] Yo hice así, y ella supo lo que yo quise decir. Y su madre estaba sentada allí atrás, escribiendo o haciendo algo. Yo pensé: “Oh, vaya, yo no puedo preguntarle a él aquí mismo. Sería como preguntárselo a los dos. Y entonces ellos ajustarían cuentas aquí mismo, y entonces yo sería dejado en blanco”.
74 Así que caminé hacia la puerta, y ella caminó hacia la puerta conmigo. Y yo dije: “Vendré el miércoles para ir a la iglesia”.
Y ella dijo: “Ajá”, y me apretaba la mano.
Y ella señaló hacia su papá. Yo dije: “Oh, yo no podría hacer eso”. Esperé un ratito y dije: “Bueno, tengo que hacerlo”.
Yo dije: “Eh. ¿Sr. Brumbach?”
Él estaba escribiendo a máquina, Uds. saben, dijo: “¡Sí!”
Yo dije: “¿Pudiera yo hablarle aquí afuera sólo un momento?”
Él dijo: “Sí, Bill. ¿Por qué? ¿Qué deseas?”
Yo dije: “¿Pudiera hablar con Ud. un momento aquí afuera, Sr. Brumbach?”
75 Y él dijo: “Seguro”. Y él miró a su esposa, y su esposa lo miró a él.
Yo pensé: “¡Oh!”
Entonces vi que Hope se acercó a su madre, y yo salí al porche; salí allí. Para entonces ya me había dado una crisis de nervios, Uds. saben. Así que dije…
Él dijo: “¿Qué deseas, Billy?”
Y yo dije: “Verdaderamente que hace calor esta noche”.
Y él dijo: “Sí”.
Y yo dije: “Pero, Charlie, es una noche muy bonita, ¿no es verdad?”
Dijo: “Sí”.
Yo dije: “Ud. sabe, um, o”, dije: “Yo iba…”
76 Él dijo: “Sí, te puedes casar con ella, Bill, sí puedes”. Y yo pienso mucho en él hasta este día.
Yo dije: “¿Ud. quiere decir que yo puedo…?”
Él dijo: “Sí”.
Oh, hermanos. Yo agarré esa mano gruesa suya y dije: “Miré, Charlie”, dije: “Ud. sabe que yo soy un indigente”. Dije: “Su hija puede vestir bien, y todo lo demás, y yo solamente tengo un traje”. Dije: “Pero toda mi vida yo he sido un vagabundo, he estado en busca de alguien que yo pienso que es una reina, una que yo pienso que sea una dama”. Dije: “Yo hallé eso en Hope”. Dije: “Yo no puedo mantenerla a ella como Ud., verdaderamente que no, Charlie, Ud. gana quinientos dólares al mes, y yo estoy ganando como catorce dólares a la semana”.
77 Yo dije: “Yo tengo nueve allá en la familia, uno de ellos está comenzando a trabajar ahora”, dije, “lo cual me será un alivio, pero Charlie, yo pensé que no había necesidad en que yo le quitará más su tiempo a ella. Tan pronto como mis otros hermanos obtengan empleos y cosas que me ayuden con… a cuidar de mi madre, yo—yo haré todo lo que pueda. Yo trabajaré, Charlie, mientras haya aliento en mi cuerpo. Yo trabajaré como un esclavo y haré todo lo que pueda porque yo realmente la amo. Y haré todo lo que pueda para ser bueno con ella. Yo viviré fiel a ella. Yo haré todo lo que pueda”.
Nunca lo olvido (el hombre ya partió), él puso ese brazo grande alrededor de mí, me haló cerca de él, era casi del tamaño del hermano Baxter. Me recuerda mucho a él. Él me haló así, y dijo: “Billy”, dijo: “Yo prefiero que tú te cases con ella en esas condiciones a que alguien que la maltratara, sin importar cuánto dinero él tuviera”. Dijo: “Tú serás más feliz”. Él dijo: “La felicidad no consiste en qué tanto de los bienes de este mundo uno posea, sino en qué contento uno está con la porción que le es asignada”.
Yo dije: “Gracias, Charlie. Gracias”.
78 Ella le había preguntado a su madre. Y yo no sé lo que sucedió allí adentro, pero de todos modos, nos casamos. Así que…
Cuando nos casamos, era un maravilloso… Yo recuerdo que nos casaron aquí en Fort Wayne, Indiana, y nos fuimos a casa. Yo no tenía ni siquiera… Uds. saben lo que nosotros…
Yo alquilé una casa por cuatro dólares al mes. Uds. pueden imaginarse qué clase de casa era esa; cuatro dólares al mes. Alguien nos dio una antigua cama plegadiza. ¿Cuántos saben lo que es una cama plegadiza? Vaya. Vi que el hermano Ryan alzó su mano. Él durmió en ella lo suficiente, así que debería saber. Así que él nos dio una antigua cama plegadiza, y más adelante mamá nos regaló una cama de fierro. Nosotros… Primero teníamos dos cuartos.
Y yo fui a Sears y Roebuck y me compré un juego de comedor que no tenía… no estaba pintado. Creo que nos costó como tres o cuatro dólares. Y lo pinté de amarillo con un enorme trébol verde en cada silla. Y ella se estaba riendo de mí, yo nunca lo olvidaré, acerca de ser un irlandés, pintando el trébol en la silla, y lo demás.
79 Y no teníamos mucho en cuanto a los bienes de este mundo. Yo fui al Sr. Weber, un vendedor de cosas viejas, y me compré una estufa por setenta y cinco centavos y me costó un dólar y cuarto para ponerle rejillas nuevas. La arreglé y así fuimos adquiriendo las cosas para el hogar. Bueno, éramos felices. No teníamos mucho en cuanto a los bienes de este mundo, pero sí nos teníamos el uno al otro y el amor de Dios estaba en nuestros corazones, y eso era todo lo que nos importaba. Y déjenme decirles, eso es lo que realmente significa algo ahora. Sí, señor.
Yo miro alrededor, oí a alguien decir: “¿No es ese un hogar hermoso?”
80 Yo digo: “No sé”. Un hogar no es la casa, es el orden de la casa lo que hace el hogar. Eso es lo que hace el hogar. No importa si es una chocita, lo que sea, es el orden que está allí en el interior, y piadoso, eso es más casa que si Ud. tuviera un palacio en alguna parte. Yo prefiero vivir en una chocita y ser feliz, que vivir en un palacio y ser infeliz. Correcto.
Entonces recuerdo muy bien que seguimos adelante. Y después de un tiempo, Dios nos dio uno de los regalos más grandes como un año después que nos casamos. Vaya, mi pobre hijito, el cual está parado en la parte de atrás del edificio ahora. Él… el pequeño Billy Paul, él vino al mundo.
81 Y recuerdo cómo íbamos avanzando. Yo estaba bromeando con ella. Y dije: “Ahora mira, ¿tú sabes cómo vamos a llamar a éste?” Dije: “Yo creo que él será un varón. Si lo es”, yo dije: “Mira, por lo alemán…” (Ella era alemana, y yo era un irlandés). Yo dije: “Lo llamaremos Heinrich por lo alemán, y Michael. Heinrich Michael”.
Ella dijo: “Oh, Bill, eso suena horrible”. Así que yo… Proseguimos y así fuimos avanzando. Y cuando Dios nos mandó el muchachito, qué felices estábamos juntos. Continuamos, y la vida continuó.
Al poco tiempo John Ryan, allá atrás vino a mi vida. Yo lo conocí. Él me invitó a ir a Dowagiac un día donde él vive allá en Dowagiac, Michigan, para ir en una pequeña vacación. Nosotros ahorramos nuestro dinero y todo. Y yo tenía como, oh, quizás diez o doce dólares ahorrados.
82 Miren, estoy a punto de llegar al final de la historia, en breves momentos. Sé que los estoy reteniendo, sólo me quedan como diez o doce minutos más para salir a tiempo. Pero fuimos a Dowagiac. Miren, he tratado de detenerme y sólo tocar los puntos más sobresalientes, así que oren por mí ahora.
Cuando fui a Dowagiac con el hermano Ryan allá atrás, yo fui a su casa, un pequeño hogar humilde como en el que yo vivo. Su esposa, ella tenía plena confianza en él. Él tenía un hijo muy fino. Y así que ellos me hicieron sentirme muy bienvenido.
Y en mi camino de vuelta a casa, yendo a casa, yo pasé por Mishawaka. Y miré allí adelante y allí habían grupos de gentes congregados allí, y carros, y Cadillacs, y Fords, y policías, tratando de mantener el orden en el lugar. Yo pensé: “¿Qué está sucediendo aquí?” Y oigo los cantos, Uds. saben, y la bulla. Vaya, todo el mundo gritando y haciendo ruido. Yo pensé: “Bueno, ¿será un funeral, o qué es lo que está sucediendo?”
83 Estaban en una iglesia. Y yo me detuve y entré. Me vine a dar cuenta que era una convención donde había un grupo del pueblo pentecostal que estaba celebrando una convención allí. Y ellos tuvieron que celebrarla en el norte, por causa de los problemas raciales ellos no pudieron tenerla, y era una convención internacional. Ellos la estaban celebrando en un tabernáculo grande en Mishawaka.
Yo nunca antes había visto al pueblo pentecostal, así que pensé: “Bueno, creo que iré y veré cómo es la cosa. Entonces entré y allí todos ellos estaban batiendo las manos [el hermano Branham bate las manos cinco veces] así, y gritando y cantando. Yo pensé: ”¡Qué comportamiento! Nunca vi algo así en mi vida. ¿De qué están todos hablando?“
Y por acá estaba un hombre de color allí arriba, y él estaba cantando, y él estaba cantando: “Yo sé que fue la sangre”, y toda la congregación diciendo: “Yo sé que fue la sangre”. Y acá pues él corría por todo el pasillo y agarraba a alguien y lo abrazaba así. Blancos, de color y todos, decían: “Yo sé que fue la sangre por mí. Un día yo estaba perdido, Él murió sobre la cruz. Yo sé que fue la sangre por mí”, corriendo de punta a punta por el pasillo. Pensé: “Yo nunca vi algo así en mi vida”. Y cómo… yo dije… Y alguien pegaba un brinco y gritaba y hablaba en lenguas, y yo pensé: “Oye, pero ¿qué es esto?”
Y luego un predicador se subió allí y comenzó a predicar acerca del bautismo del Espíritu Santo. Y parecía que su dedo era como así de largo, y él apuntó hacia mí estando allí en la parte de atrás. Él me estaba hablando a mí. Y yo pensé: “Oye, ¿cómo supo ese tipo algo acerca de mí?” ¿Ven? Y oh, había cientos y oh, eran mil-… dos mil o tres mil, me imagino, en el… todos juntos en la reunión.
84 Y un grupo de Chicago, un grupo de color, ellos subieron; los que llamaban Locust Grove, o Piney Wood, o algo así, un cuarteto que… Yo nunca oí semejantes cantos en mi vida. Pues, yo pensé: “Hay una cosa que uno tiene que decir acerca de esa gente, y es que ellos no se avergüenzan de su religión. Esa es una cosa segura. Ellos no se avergüenzan de ella”.
Entonces pensé: “Tú sabes, yo creo que regresaré esta noche”. Y salí y conté mi dinero. Tenía lo suficiente para comprar la suficiente gasolina para regresar, y me quedaban veinte centavos. Bueno, yo sabía cuánta gasolina se necesitaría, y no podía quedarme en una posada turística. Así que pensé: “Dormiré allá en un campo de maíz”. Entonces fui y me compré veinte centavos de panes duros. Y pensé: “Puedo vivir de ellos por un par de días, pero yo quiero averiguar de qué se trata todo esto”. Entonces salí y compré mis panes y los puse en la parte de atrás de mi carro, y me fui.
85 Esa noche, él dijo: “Quiero que todos los ministros”, el orador dijo: “Quiero que todos los ministros pasen a la plataforma”. Habían como, me supongo, como doscientos o trescientos de ellos en la plataforma. Todos eran blancos, de color, y todos sentados en la plataforma. Él dijo: “Miren, no tenemos tiempo para que Uds. prediquen, sólo queremos que pasen por la fila, y diga quién es Ud., y de dónde es”. Cuando me llegó mi turno, yo dije: “William Branham, evangelista, Jeffersonville, Indiana”, y me senté. El siguiente, el siguiente, el siguiente, y así.
Me vine a dar cuenta que yo era el hombre más joven allí, tenía veintitrés años en aquel entonces. Yo era el hombre más joven en la—en la plataforma. Yo no lo sabía en ese momento. A la mañana siguiente…
Bueno, entonces continuamos esa noche. Y quiero contarles lo que sucedió esa noche. Yo escuché a todos esos ministros predicando ese día acerca de, oh, La Deidad de Cristo, y esos grandes mensajes acerca de Su caminata en la vida, y Su sacrificio, y etcétera, y todas las cosas distintas.
86 Pero esa noche ellos trajeron allí a un anciano de color, tenía un pequeño borde de cabello blanco aquí atrás alrededor de su cabeza, y un saco bien grande de predicador, uno de esos chapados a la antigua, de faldón largo y cola de pichón con el cuello de terciopelo. El pobre hombre salió caminando allí así. Y yo pensé: “Ese pobre anciano. ¿No es eso una vergüenza?” Dije: “Pobre anciano”. Dije: “Me imagino que él ha predicado bastante tiempo”. Y él se paró allí.
Y yo nunca antes había visto un micrófono. Era un predicador del campo. Entonces ellos tenían un micrófono colgando arriba. Era algo nuevo en aquel entonces, Uds. saben.
Y entonces este anciano llegó allí y dijo: “Queridos hijos”. Uh—oh. Él dijo: “Yo quiero tomar mi texto en esta noche de allí en Job”. Decía: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber si tienes inteligencia. Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios”.
87 Yo pensé: “Ese pobre anciano. Sus días de predicación ya casi han llegado a su fin”. ¿Ven?
En lugar de bajar a la tierra con su tema, así, hermanos, él fue allá atrás hace como diez millones de años antes de que se colocaran los cimientos de la tierra, él subió arriba a los cielos, y predicó acerca de lo que sucedió en los cielos, cuando los hijos de Dios se regocijaban. Luego bajó a través de las dispensaciones y lo presentó a Él nuevamente en el arcoíris horizontal, acá atrás, hasta acá atrás en el Milenio.
Y para ese entonces él ya estaba todo inspirado. Y en eso, él hizo: “¡Whoopee! Saltó en el aire, golpeó los tacones de sus zapatos y dijo: ”Gloria a Dios“, dijo, ”Aleluya, no hay suficiente lugar aquí para que yo predique“. Y se bajó de la plataforma caminando así, como un niño.
88 Yo dije: “Hermano, si eso hará que un anciano actúe de esa manera, ¿qué no hará por mí? Yo quiero eso. Eso es lo que yo quiero. Eso es por lo que mi corazón anhela, si hará que un anciano actúe de esa manera”. Yo… Eso es lo que yo quería. Dije: “Oh, qué cosa, esa gente tiene algo”.
Esa noche me fui al campo de maíz, y pensé: “Será mejor que planché mis pantalones”. Así que tomé los dos asientos de mi antiguo Ford, y los puse juntos, coloqué mis pantalones a lo largo así, y puse los asientos para presionarlos, y yo me acosté allí en la grama a un lado del campo por aquí en alguna parte de Indiana, aquí.
89 Y yo me acosté allí debajo de ese árbol de cereza esa noche y oré: Dios, de una manera u otra, dame gracia delante de esa gente. Eso es lo que quiero. Bautista o no, eso es lo que yo quiero. Eso es lo que yo anhelo… por lo que mi corazón está sintiendo. Eso es lo que está buscando. Allí está una gente que yo quise ver toda mi vida“.
A la mañana siguiente yo fui allá. Nadie me conocía, Uds. saben. Así que me puse mis pantalones rayados, y una camiseta. Nadie sabía que yo era predicador, así que fui. Y me senté, y llegó un hermano de color y se sentó a mi lado; y acá estaba sentada una dama. Y yo me senté allí.
90 Y esa mañana cuando llegué ellos estaban tocando la música y todo. Y allí estaba un hermano, su hija salió y tocó una trompeta. Witherspoon, creo que era su nombre. Y él… Esa muchacha tocó lo más hermoso de Blue Galilee que yo me quedé sentado allí y lloré como un bebé. Y estaba sentado allí.
Luego pasó a la plataforma un ministro llamado [palabras confusas.] Él dijo: “Anoche en la plataforma, el ministro más joven que tenemos aquí era un evangelista llamado William Branham”, dijo, “de Jeffersonville, Indiana”. Dijo: “Queremos que él hable esta mañana”.
¡Oh, hermanos! ¡Mi congregación! Y yo pensé: “Yo con estos pantalones rayados y esta camiseta”. Así que me agaché bien así, Uds. saben. A los pocos minutos… Él esperó unos minutos y fue nuevamente al micrófono y dijo: “Si hay alguien aquí que sepa dónde está William Branham de Jeffersonville, un evangelista que estuvo en la plataforma anoche, nosotros queremos que él, esta mañana, traiga el mensaje esta mañana. Díganle que venga a la plataforma”.
91 Yo me agaché bien abajo, Uds. saben, y esta camiseta“. Así que me agaché bien abajo. Y yo no quería subir ante esa gente de todos modos. Ellos tenían algo de lo cual yo no sabía nada, así que me quedé muy quietecito.
En eso el hombre de color me miró y dijo: “Oye, ¿tú lo conoces?” Uh—oh. Algo tenía que suceder. Y yo no… Yo sabía… Yo no quería mentirle al hombre. Dije: “Mire, amigo, escuche, yo quiero decirle algo”. Dije: “Yo soy. ¿Ve?”
Él dijo: “Yo pensaba que tú estabas agachado así por algo”.
Y yo dije: “Bueno, mire”, dije, “¿Es Ud. ministro?”
Dijo: “Sí, señor”. Yo dije…
Él dijo: “Sube allá, hombre”.
92 Y yo dije: “No, mire”. Dije: “Yo quiero decirle algo”. Dije: “Yo traigo puestos estos pantalones rayados y esta camiseta”. Dije: “Yo no quiero subir allí”
Dijo: “A esa gente no le interesa cómo tú estés vestido, hombre. Sube allá”.
Y yo dije: “No, gracias, señor”.
Y alguien dijo: “¿Ha encontrado alguien al Rev. Branham?”
Él dijo: “¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Aquí está!”
93 ¡Oh, hermanos! Me levanté y mis orejas estaban coloradas, Uds. saben. Y tenía mi Biblia debajo del brazo, y subí a la plataforma con pena, Uds. saben, y muerto del miedo. Subí y pensé: “Oh, vaya. Anoche estuve orando para que Dios me diera gracia, y ahora Dios me va a permitir pararme delante de ellos. Si no me levanto ahora ¿cómo voy a hallar gracia?” Así que me levanté.
No tenía, pero nada en mi mente, estaba asustado y temblando. Yo nunca… no sabía qué tan cerca pararme de ese micrófono que colgaba de una cuerda, colgando hacia abajo así. Yo no sabía cómo pararme delante de eso. Y todo ese tabernáculo bien grande, Uds. saben. Y dije: “Bueno, amigos”, dije, “Yo no sé mucho acerca de la manera como Uds. predican y lo demás”. Dije: “Yo simplemente… Yo venía por la carretera. Y yo no sabía…”
Y resultó ser que abrí allí en Lucas donde el hombre rico alzó sus ojos en el infierno. Y él vio a Lázaro a lo lejos, y entonces él lloró. Yo tomé mi tema: Y Entonces Él Lloró.
94 Y comencé a hablar, y dije: “Entonces el hombre rico… Allá en el infierno no había iglesia, entonces él lloró. Allá no había Dios, entonces él lloró”. Y comencé. La gente empezó a gritar, entonces yo lloré.
Y por allí se fue la cosa. Y de repente, todos estaban de pie, “entonces él lloró, y entonces él lloró”. Y cuando me vine a dar cuenta, yo estaba afuera en el patio. Bueno, yo no sé lo que sucedió. Y todos estaban bendiciendo a Dios y comportándose así, la congregación gritando y aclamando. Yo no sé qué hice, sencillamente me perdí en alguna parte.
95 Y de repente, vino un hombre bien grande de Texas, con un sombrero bien alto, y botas de vaquero; se me acercó y dijo: “Oye, ¿tú eres evangelista?”
Yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “¿Qué te parece si vienes a Texas y llevas a cabo un avivamiento para mí?”
Yo dije: “¿Es Ud. predicador?”
Dijo: “Sí”. Yo miré esas botas grandes de tacones altos, y ese enorme sombrero de vaquero, pensé: “Tal vez no importa lo que…”
96 Luego, un hombre se acercó, traía puesto unos pantaloncitos para jugar golf así. Él dijo: “Oye”, dijo, “yo soy de Florida”. Él dijo: “Yo tengo tantos santos allá, en una iglesia, o en alguna parte”. Dijo: “Me gustaría que tú llevaras a cabo un…”
Yo dije: “¿Es Ud. predicador?”
Él dijo: “Sí, señor”.
Yo pensé: “Bueno, después de todo mis pantalones rayados y mi camiseta no están muy fuera de orden por aquí en este lugar. Así que comencé a mirar la cosa. Y ellos tenían un saco de clérigo con cuello, y todo lo que ellos usaban, Uds. saben. Así que ellos… Yo pensé: ”Bueno, eso está bien“.
97 Luego apareció una mujer de por allá en la parte norte de Michigan. Ella estaba con los indios. Ella dijo: “Yo sólo sé… Mientras tú estabas predicando el Señor me dijo que tú deberías venir y ayudarme allá con los indios”.
Yo dije: “Un momento. Déjeme conseguir un pedazo de papel”. Y comencé a escribir estos nombres y direcciones. Y vaya, yo tenía como una lista de este largo, que me duraría como un año. Oh, yo estaba feliz. Salí de allí, me subí a mi viejo Ford, y nos fuimos a Jeffersonville tan rápido como podíamos ir, sesenta millas por hora; treinta para acá y treinta para allá, tan rápido como podía ir por esa carretera, volando tan rápido como podíamos, para ir a Jeffersonville.
Salté del carro, y mi esposa, como siempre, ella vino corriendo a recibirme. Y ella dijo: “¿Por qué estás tan feliz?”
Yo dije: “Cariño, es que tú no sabes”. Dije: “Yo conocí a la gente más feliz del mundo”.
Ella dijo: “Bueno, ¿adónde están ellos?”
98 Le conté todo acerca de ello. Y dije: “Mira aquí. Déjame mostrarte algo. Tú no creerías que este predicador esposo tuyo… mira aquí: Toda esa gente me invitó, esta lista entera, por todo Texas, Louisiana, y por todos lados, a que fuera a predicar para ellos. ¿Ves allí?” Yo dije: “Yo oré toda la noche por allá debajo de un árbol de cereza, y Dios me dijo…”
Dijo: “¿Qué clase de…? ¿Cómo se comportan ellos?”
Yo dije: “Oh, no me lo preguntes”. Dije: “Ellos simplemente se comportan de cualquier manera”.
Entonces ella dijo: “¡Oh, vaya!” Dijo… Ella dijo…
Yo dije: “Y ellos me invitaron a que fuera. Voy a dejar mi trabajo y a comenzar a predicar de lleno con ellos, dejaré mi iglesia”.
Ella dijo: “Bueno…”
Yo dije: “¿Irás tú conmigo?”
99 Que Dios bendiga su corazón. Ella dijo: “Yo prometí ir contigo a cualquier parte, y yo iré a cualquier lugar que tú vayas”. Esa es una verdadera esposa. Ella está en la tumba hoy, pero yo todavía estoy contento que… Yo puedo decir esto, y su hijo, ella y mi hijo parado aquí, escuchando. Su madre era una reina.
Y yo dije: “Bueno, mira”, dije, “nosotros…” Yo dije: “Le diremos a nuestros padres”.
Yo fui y le dije a mamá, dije, “mamá, mira esto”. Y le conté acerca de la gente.
Ella dijo: “¿Sabes qué?” Ella dijo, “Billy, hace mucho tiempo, allá en Kentucky, nosotros teníamos lo que todos Uds. llaman el bautista Estrella Solitaria. Y dijo: ”Y ellos acostumbraban a gritar y clamar, y comportarse de esa manera“. Ella dijo: ”Esa es religión verdaderamente sincera“.
Yo dije: “Eso es en lo que yo he creído toda mi vida”. Y dije: “Ud. debería ir a verlos”.
Ella dijo: “Bueno, el… Yo confío que Dios te bendiga, Bill”.
Y yo dije: “Muy bien”. Y entonces fuimos a decirle a la mamá de ella.
100 Y durante este tiempo, su madre y su padre se habían separado. Y yo dije… Nosotros fuimos a decirle a su madre. Y yo dije: “Srta. … Sra. Brumbach”, dije, “yo he encontrado a una gente maravillosa”, así.
Y ella estaba sentada en el porche, Uds. saben. Ahora, no se enoje conmigo si Ud. está aquí. Así que ella dijo… Ella estaba sentada en el porche abanicándose. Ella dijo: “William, déjame decirte, que yo nunca le daré permiso a mi hija para salir con un montón de aleluyas como ese”. ¡Oh, hermanos! Ella dijo: “Ese montón de basura”. Dijo: “Ella nunca tendría un vestido decente para ponerse”.
Yo dije: “Bueno, Sra. Brumbach, no se trata de una propuesta en cuanto al vestir”. Dije: “La cosa en esto es que yo siento que Dios quiere que yo lo haga”.
101 Y ella dijo: “Mira, ¿Por qué no vas allá a la iglesia donde tú tienes una congregación creciendo, y piensas en conseguirte una casa pastoral y un lugar adonde llevar a tu esposa y a tu bebé, en lugar de estar sacándola así: hoy ella tiene algo para comer, y mañana no tiene nada. Y cosas así?” Ella dijo: “Pues no, yo nunca permitiré que mi hija ande así. Y si ella lo hace, su madre se irá a una tumba con el corazón roto”.
Y Hope dijo: “Mamá, ¿dice Ud. eso en serio?”
Y ella dijo: “Eso es exactamente lo que quiero decir”. Y allí quedó el caso.
Hope comenzó a llorar. Yo puse mi mano alrededor de ella y me fui. Yo dije: “Pero Sra. Brumbach, ella es mi esposa”.
Ella dijo: “Pero ella es mi hija”.
Dije: “Sí, señora”.
102 Yo me alejé y me fui. Ella me miró, osea Hope, ella dijo: “Bill, esa es mi madre, pero yo iré contigo”. ¿Ven? Yo dije… Dios bendiga su corazón. Ella dijo: “Yo iré contigo”.
Y yo dije: “Cariño, yo…” Yo dije: “Supongo que yo estoy cargando agua en ambos hombros”. Pero dije: “Yo no quiero herir sus sentimientos”. Ella dijo… Yo dije: “¿Qué si algo le sucediera a ella y entonces tú estarías preocupada toda tu vida, de que tú destrozaste el corazón de tu madre?” Yo dije: “Tal vez simplemente lo pospondremos por un tiempito”.
Y amigos, allí fue donde yo cometí el peor error que he cometido en toda mi vida, allí mismo. Nosotros lo pospusimos.
Como unas semanas después de eso, cosas comenzaron a suceder. Después de eso vino la inundación. Y cuando menos lo pensé, mi esposa enfermó, Billy enfermó por cometer ese error. Justo después de eso, mi niñita… Sólo hay once meses de diferencia entre Billy y su—su hermanita, la cual era Sharon Rose.
103 Yo quería darle a ella un nombre bíblico. Y no pudiendo llamarla Rose of Sharon [Rosa de Sarón], le puse Sharon Rose, y la llamé así. Ella era una criaturita muy hermosa. Y de repente, vino la inundación. Ella estaba acostada allí con neumonía.
Y nuestro doctor, el Dr. Sam Adair, vino. Y él es un hermano para mí. Él la miró y dijo: “Bill, ella está gravemente enferma”. Dijo: “No vayas a acostarte”. Justo en tiempo de la navidad. Él dijo: “No vayas a acostarte esta noche. Dale jugo de naranja toda la noche. Dale cuando menos dos galones esta noche para hacerla sudar esa fiebre. Ella tiene una fiebre de 105°F [40.56 °C]. Y dijo: ”Hay que bajarle esa fiebre de inmediato“.
104 Yo dije: “Muy bien”. Y me senté y le di jugo de naranja toda la noche. A la mañana siguiente la fiebre estaba un poco más baja.
Su madre vino. Y a ella no le agradaba el Dr. Adair para nada. A ella le gustaba otro doctor allí en la ciudad. Y ella dijo: “Voy a llevármela a casa. Este hospital no está equipado con calefacción y cosas para que ella se quede.
Yo dije: “Bueno, yo prefiero preguntarle al Dr. Adair si debiéramos moverla”.
Ella dijo: “Él no tiene el suficiente sentido para saber cómo entrar cuando está lloviendo afuera”. Ella dijo: “Yo no le preguntaría nada a él”. Dijo: “Yo conseguiré un doctor, un doctor…”
Yo dije: “Pero mire, nosotros no deberíamos… Nosotros no…”.
105 Y yo llamé al Dr. Adair. Él dijo: “Bill, no la muevas”. Dijo: “Si lo haces, eso la matará”. Dijo: “Sacarla a ella en ese frío, ahora mismo la temperatura está por debajo de cero, casi en ese lugar, y cambiarla de habitación a ella donde…” Dijo: “No hagas eso”. Pero desde luego, allí estaba la cosa.
Y yo lo llamé, dije: “Ella va a hacerlo de todas maneras”.
Él dijo: “Entonces yo abandonaré el caso, Bill. Yo te amo como un hermano, tú sabes eso, pero tendré que dejar el caso y pasarlo al Dr. Baldwin”.
Y yo dije: “Bueno… Yo… Doctor, Ud. sabe cuál es mi parecer”. Dije: “Pero yo…”
106 Entonces fui allá, me arrodillé y oré. Fui a la iglesia. Cuando comencé a orar parecía como que una sábana negra vino bajando enfrente de mí. Yo fui y dije: “Yo creo que ella no se levantará de la cama”.
Y todos ellos dijeron: “Oh, Billy, tú sólo piensas…”
Yo dije: “La misma cosa que sucedió acerca de esa inundación”, dije, “es la misma cosa que me está diciendo acerca de mi esposa”. Yo dije: “Yo no creo que ella se levantará de la cama”.
Dijo: “Oh, yo creo que es tu esposa y tú simplemente… Esa es la manera que tú piensas al respecto”. Pero oh, hermanos, un poco más adelante, yo nunca olvidaré cómo fue aquello. Oh, eso siguió así por un ratito, y ella se ponía cada vez peor.
107 Finalmente vino la inundación, y yo estaba en una cuadrilla de rescate allí. Yo tenía una lancha rápida y estaba tratando de sacar a la gente. Y recuerdo una noche que ellos tomaron – ellos la llevaron a ella al hospital, luego la pusieron a ella acá en un – en un lugar del gobierno. Y ella y ambos niños estaban enfermos, gravemente enfermos.
Y yo nunca olvidaré esa noche fatal cuando las esclusas se rompieron por allá abajo, yo escuché un grito bien lejos allá en la calle Chester. Y tenía una lancha veloz, y fui allí y traté de sacar a una madre de allí. Tan pronto la levanté, ella se desmayó. La levanté en mis brazos y la metí en la lancha como a las once; puse a los niños allí dentro. Y cuando la regresé a la orilla, ella comenzó a gritar: “¡Mi bebé! ¡Mi bebé!” Ella tenía un bebé allí como de dos años, yo pensé que ella quiso decir que tenía otro bebito allá en ese lugar. Y regresé para tratar de encontrar al bebé.
108 Yo amarré mi lancha al lado de la columna del porche, y cuando subí al cuarto, para tratar de buscar al bebé, escuché que la casa estaba cediendo abajo, y bajé corriendo rápidamente justo a tiempo para saltar al agua y agarrarme del extremo de mi lancha, y halar el… Y la temperatura estaba por debajo de cero, llovía y nevaba.
Y yo halé la cuerda así y me metí en la lancha. Las olas la atraparon y me arrastraron hacia el centro de la corriente, al río. Y yo entré nuevamente allí y no podía lograr que mi lancha encendiera: la vieja cadena, tiraba del motor fuera de borda, Uds. los de antaño saben que éste tenía un espiral en la parte de arriba. Y yo halaba y halaba, y no lograba encender la cosa. Y allá estaban las cataratas de Ohio rugiendo un poco más debajo de mí. ¡Oh, hermano! El camino de un transgresor es duro. Nunca piensen Uds. así.
109 Y yo halé y no arrancaba. Y halé otra vez y no arrancaba. Y lo intenté, y me puse en el centro de la lancha, y dije: “Dios, sólo faltan unos brincos más aquí y yo me hundiré debajo de esas cataratas allá”, donde ellas estaban rugiendo y burbujeando, millas de agua extendiéndose por allá. Yo dije: “Tengo una esposa enferma y dos niños acostados allá en el hospital”. Dije: “Por favor, Dios querido, haz que este motor arranque”.
Todo lo que yo podía pensar era: “Yo nunca permitiré que mi hija salga con un montón de esa basura”. Y yo digo esto con todo el debido respeto para cada iglesia: yo descubrí que lo que ella llamó “basura” es lo mejor de la cosecha. Eso es exactamente correcto. Eso es exactamente correcto.
110 Y yo tiré de eso, y seguía rugiendo en mis oídos. Y tiré nuevamente, y yo… Sólo unos pocos minutos y arrancó. Y tuve que avanzar río arriba y darle toda la gasolina que podía. Finalmente, desembarqué casi en New Albany, evitando así la orilla de esas cataratas.
Llegué otra vez, y corrí nuevamente al hospital para ver en dónde estaba mi esposa, y la inundación ya se había llevado esta cosa, no estaba. Ahora, ¿dónde estaba mi esposa, dónde estaban mis niños? Estaba mojado y con frío. Salí allí. Y me encontré con Major Weekly. Yo había…
El hermano Ryan acababa de salir para algún lado, yo no sabía para dónde él había ido. Yo creo que Ud. se había ido con el hermano George y ellos. Me encontré con el hermano George. La última vez que lo vi en mi vida, él puso sus brazos alrededor de mí y dijo: “Hermano Billy, con todo mi corazón…” Y él era un médium convertido. Y él dijo: “Con todo mi corazón, yo amo a Jesucristo, y si no vuelvo a verlo a Ud., le veré en la mañana”.
Yo dije: “Dios te bendiga, George”, mientras él se iba. En ese momento él estaba tratando de encontrar al hermano Ryan, en algún lado, puesto que él estaba en la ciudad.
111 Y luego yo traté de encontrar a Hope. No podía encontrarla. Algunos de ellos dijeron: “No, en ese grupo no se ahogó nadie”. Dijeron: “Todos ellos se subieron en un tren, y se fueron a Charlestown”. Bueno, me subí al carro y arranqué para Charlestown, y en eso, ese arroyo allá había cortado el paso, había como cinco millas de pura agua pasando por allí. Algunos de ellos dijeron: “No”, dijeron, “el tren llegó como a la mitad de camino de allí y fue arrastrado allá en el puente. Todos ellos se ahogaron allá, cayendo de ese puente”. Ellos habían salido en un tren de carga.
Mi esposa (su padre, uno de los jefes allí en el ferrocarril), y su hija con doble neumonía, y dos niños con neumonía: acostados allí en un tren de carga, y la aguanieve y la lluvia soplando por la carretera allí, en algún lado, y arrastrados por el agua.
112 Déjeme decirle, hermano, eso allí es demasiado. Cuando Dios lo llame a Ud. a que haga algo, no permita que nadie se interponga en su camino. Ponga Ud. a Dios primero.
Y yo traté de encontrar… No podía encontrar un camino, y busqué mi lancha, y traté de salir hacia… hacia Charlestown. Ni siquiera podía tocar las aguas, el remolino me sacaba rápidamente. Y yo pensaba que era un barquero muy bueno. Y lo intenté vez tras vez, ya casi estaba amaneciendo. No tuve éxito allí en lo absoluto. Todo se había perdido.
Entonces me quedé aislado, me hallé a mí mismo en una pequeña isla sentado allí. Durante tres o cuatro días estuve allí solo donde ellos tenían que dejarme caer algo para comer. Yo tuve bastante tiempo allí para pensar si eso era un montón de basura o no, si obedecer a alguna mujer, u obedecer lo que Dios dijo. No importa quién fuera, Ud. escuche lo que Dios le diga.
113 Y allí, después de un tiempo, después de que crucé las aguas, cuando descendieron lo suficiente, yo fui a ver adónde estaba mi esposa. Me dijeron que ella estaba en Charlestown. Llegué allá, y ella no estaba allí. Y el anciano Coronel Hay (recientemente partió a la gloria), él puso su brazo alrededor de mí, y dijo: “Vayamos a la estación del ferrocarril”. Cuando fui allí, con el corazón destrozado, llorando, yo no sabía qué hacer. Oh, hermanos, yo pensé: “Los niños probablemente están tirados por allá en algún montón de maleza. Mi esposa quizás esté tirada por allá también”. Oh, cómo yo lloré, y pedí, y me arrepentí, y le dije a Dios.
Miren, amigos. Yo creo que si yo hubiera continuado en ese momento, donde yo me estaba mezclando con ese grupo de gente que creía en lo sobrenatural, el Ángel de Dios hubiera venido a mí y revelado esa cosa, y hubiera habido muchos miles más de personas en la gloria por causa de ello. ¿Ven? Esa es la razón de que yo voy día y noche, y a todas partes, poniendo todas mis fuerzas, porque tengo que redimir el tiempo. Tengo que hacerlo.
114 Y entonces cuando yo… Finalmente alguien vino y me encontró, dijo: “No, Billy, ellos no se ahogaron, yo sé en donde están. Ellos están en Columbus, Indiana, en la iglesia bautista”. Y yo… me llevaron allá y yo corrí a través de ese pasillo esa noche, gritando a voz en cuello. A mí no me importaba quién me escuchara: “Hope, Hope, ¿dónde estás, cariño?” Por todo eso allí.
Y todos los refugiados estaban allí atrás en pequeños catres, y mantas colgadas arriba. Y dio la casualidad que miré allá abajo hacia el final, y vi una mano huesuda alzada así. Corrí rápidamente, traía puestas un par de botas, caí allí, me quité mi sombrero, miré allí abajo, y allí estaba acostada mi esposa, muriendo. Su mano alzada, su quijada hundida, habían pasado tres semanas o más antes de encontrarla. Sus ojos estaban bien hundidos.
115 Yo puse mis manos sobre ella. Ella dijo: “Yo sé que me veo horrible, Bill”.
Yo dije: “Cariño, tú te ves bien”.
Ella dijo: “Mira, no me digas eso, cariño”.
Yo dije: “Oh Dios, ten misericordia”. Dije: “¿Dónde están los niños?”
Ella dijo: “Mamá y ellos los tienen allá en el otro edificio”.
Yo dije: “¿Está Billy vivo?”
Dijo: “Sí”.
Yo dije: “¿Está Sharon viva?”
Dijo: “Sí”.
Yo dije: “Oh, gracias a Dios”. Dije: “Escuché de mamá y mamá está viva. Ella está en algún otro lugar”. Dije: “Escuché por radio, pero no podía oír acerca de ti en ninguna parte”. Y dije: “Oh, cariño”. Y ella dijo… Yo dije: “Tú…”
Y sentí que alguien me tocó en el hombro. Alcé la vista. Él era un hombre de aspecto muy inteligente. Él dijo: “¿Rev. Branham?”
Y yo dije: “Sí, señor”. [Palabras confusas]. Y caminé hacia allá. Dijo: “¿Es Ud. amigo del Dr. Sam Adair?”
Y yo dije: “Sí”.
116 Él dijo: “Su esposa, debo informarle… yo soy el doctor aquí”. Dijo: “Debo informarle que su esposa tiene tuberculosis galopante. Ella sólo tiene unos cuantos días de vida”. Dijo: “Ella va a morir”.
Dije: “No, doctor. No, eso no es verdad”.
Él dijo: “Oh, sí lo es, Rev. Branham, lo es”.
“Oh”, dije, “no puede ser, doctor. ¿Ud. quiere decir que ella está…?”
Él dijo: “Sí”. Y dijo: “Ud. será un hombre muy afortunado si sus hijos sobreviven”. Dijo: “Yo estoy atendiendo los niños también”.
Y yo dije: “Oh Dios, ten misericordia”.
Él dijo: “Mire, no se ponga a llorar delante de ella”.
Yo dije: “Está bien, señor. Muy bien”. Dije: “Muchísimas gracias. ¿Dónde está el Dr. Sam?”
Él dijo: “No sé en dónde está”.
Y yo dije: “Gracias, doctor”. Y dije: “Yo… Permítame regresar adonde está ella”, dije, “sólo para estar con ella lo más que pueda”. Yo dije: “No lloraré”.
117 Y regresé nerviosamente. La miré. Esos hermosos ojos negros bastante hundidos. Y su cabello y su frente. Oh, yo vi que ella se estaba yendo. La miré y dije: “Hope, cariño, tú te ves bien”.
Y ella dijo: “Oh, tal vez Dios tenga misericordia y me permita vivir, Bill”.
Y yo dije: “Espero que Él lo haga, cariño”.
Y entonces, después de unos cuántos días, yo la saqué de allí, la llevé a casa en Jeffersonville. Y ella seguía poniéndose peor, y peor, peor y peor. Los dos niños comenzaron a mejorar, pero ella empeoró. Y después de un tiempo…
118 El doctor Adair, él trató todo lo que pudo. Él envió a Louisville por un especialista en tuberculosis, lo trajeron, y dijo: “Bueno, si Uds. tuvieran una máquina de neumotórax”. Yo fui y pedí prestado el dinero y conseguí una máquina de neumotórax, y le dimos los tratamientos. Uds. saben lo que es neumotórax: ellos colapsan el pulmón, Uds. saben, de esa manera. Y yo aguantaba su pobre brazo y eso se agarraba a tal grado que ellos taladraban ese orificio allí, y vaciaban el pulmón. Si yo tuviera que repetir eso, yo nunca permitiría que ella sufriera de esa manera.
Y así que, era difícil, pero ellos estaban trabajando duro para salvarle la vida. Finalmente, la llevamos al hospital para tomarle unas radiografías. Y aquí venía, esa neumonía tuberculosa estaba subiendo, llenando el pulmón. Él dijo: “Ud. sólo tiene unos cuantos días, Rev. Branham. No hay nada en el mundo que pueda hacerse. Ella va a morir”.
Yo dije: “El Dios Todopoderoso la ha llamado para dar cuenta.
119 Oh, ¿cómo podía yo soportar eso? ¿Cómo podía yo creer? ¿Cómo podía yo hacerlo? Miré ahí y allí estaba acostada mi pequeña Sharon Rose, una bebita lactante, como de once meses de nacida. Acá estaba el pequeño Billy Paul casi de dieciocho meses de nacido; un niñito pequeñito. Y ellos, sin una madre; y yo. Oh, ¿qué podía yo hacer? Yo casi no lo podía creer. Caminé por la sala, lloré, hice de todo. Uds…. Déjeme decirle, hermano, será mejor que Ud. le obedezca a Dios cs uando Él le hable. Ud. haga lo que Él le diga.
Y caminé de aquí para allá. Finalmente llegó la hora. Yo estaba afuera en el carro. Y los escuché llamarme diciendo que debía venir al hospital de inmediato, mi esposa estaba muriendo, dijeron que ella no podía vivir más. Salí rápido para el hospital, me quité mi saco, subí corriendo las escaleras. Cuando lo hice…
120 Yo nunca lo olvidaré. El doctor Adair, un hombrecito muy fino, él vino caminando por la sala. Nosotros pescamos juntos, cazamos juntos, dormimos juntos, éramos amigos íntimos. Y él es especialista. Y él vino caminando por el pasillo con su cabeza agachada. Miró, parado allí y, él me vio, y lágrimas bajaron por sus mejillas, y él se desvió y entró a un cuarto.
Yo corrí por el pasillo rápidamente, abrí la puerta, y él puso su brazo alrededor de mí y dijo: “Billy, amigo…”
Yo dije: “¿Qué pasa, Doc?”
Él dijo: “No puedo decirte, Bill”. Dijo: “Sólo anda y deja que la enfermera te diga”.
Yo dije: “Vamos, doctor. ¿Qué pasa?”
Él dijo: “Ella está muerta”.
Yo dije: “Ella no está muerta, Doc.”.
Dijo: “Sí, ella ha muerto”.
Yo dije: “Doc., vaya conmigo a la habitación, ¿quiere?”
121 Él dijo: “Bill, yo no puedo hacer eso”. Dijo: “Hope, cómo es que nosotros… Pues, ella era como mi hermana”. Él dijo: “Yo no puedo entrar en esa habitación otra vez”.
Y entonces en ese instante entró una enfermera. Ella dijo: “Rev. Branham, esta es una medicina. Yo quiero que Ud. tome esto”.
Yo dije: “Yo no quiero su medicina”. Entonces ella dijo…
Yo salí hacia la habitación. Ella dijo: “Voy a ir con Ud.”.
Yo dije: “No, déjeme ir solo”. Dije: “Déjeme entrar a verla”. Y entré. Yo dije: “¿Está muerta?”
Dijo: “Yo creo que sí”. Dijo: “El doctor Adair salió hace unos minutos, y dijo que ya no había más nada que se pudiera hacer, ella estaba muerta”.
122 Entonces abrí la puerta y entré. Y la miré acostada allí y ella tenía sus ojos cerrados, su boca estaba abierta, su cuerpecito estaba encogido llegando a pesar como unas cien libras, o menos que eso, así. Y puse mi mano sobre su frente y estaba como pegajosa. Y yo dije: “Hope, cariño, ¿me contestarás?” Dije: “¿Tú…? ¿Tú—tú me contestarás, cariño?” Dije: “¿Me hablarás sólo una vez más?”
Yo dije: “Dios, yo sé que he estado equivocado, pero si Tú quieres, sólo permite que ella me hable una vez más. ¿Lo harás, Señor? Déjala hablar por favor”. Y mientras estaba orando, miré. Si yo vivo cien años, nunca… yo nunca olvidaré eso. Esos grandes ojos oscuros se abrieron y ella me miró. Ella me hizo señas que me agachara. Yo la miré y dije: “Cariño, tú estás bien, ¿no es así?”
123 Ella dijo: “Bill, ¿por qué me llamaste? ¿Por qué me llamaste?”
Yo dije: “¿Qué quieres decir?”
Ella dijo: “Oh, yo estaba tan tranquila”. Ella había estado sufriendo tanto.
Y yo dije: “¿Qué quieres decir con eso de tranquila?”
Ella dijo: “Bueno”, ella dijo, “Bill, tú sabes que yo me estoy yendo, ¿no es así?”
Y yo dije: “No”.
Ella dijo: “Sí”. Y dijo: “Bill, a mí no me importa”. Dijo: “¿Tú sabes por qué me estoy yendo, verdad?”
Y yo dije: “No”.
Ella dijo: “Bill, ¿tú recuerdas el día cuando fuimos donde mamá, y ese montón de gente que…?”
Yo dije: “Lo sé, cariño”.
Ella dijo: “Nosotros no debimos haber hecho eso”. Oh, eso me estaba partiendo el corazón.
124 En ese momento la enfermera entró corriendo por la puerta y dijo: “Rev. Branham, será mejor que tome esto”. Ella le hizo señas a la enfermera.
Ella me tomó de la mano, dijo: “Louise”, nosotros los conocíamos bien a todos ellos. Ella dijo: “Louise [confuso]”, ella dijo: “Ojalá, cuando tú te cases, que tengas un esposo como el mío”. Ella dijo: “Él ha sido muy bueno conmigo”. Ella dijo: “Yo espero…” Y Louise, ella sencillamente no pudo soportarlo. Ella colocó la medicina allí, y salió de la habitación.
Y yo dije: “Cariño, ¿te estás yendo?”
Ella dijo: “Yo estaba siendo llevada al Hogar, Bill”. Dijo: “Había alguien vestido de blanco parado a cada lado mío. Y yo estaba yendo por un gran sendero hermoso”. Y dijo: “Era pacífico, y las grandes palmeras como un oriente, y los grandes pájaros volaban de un árbol al otro”. Dijo: “Era un lugar muy hermoso”.
125 ¿Saben Uds. lo que pienso? Yo pienso que Dios le permitió a ella entrar en el Paraíso mientras que ella iba por allá. Y ella dijo: “¿Tú sabes, Bill, esa religión de la que hemos estado hablando desde que recibimos el Espíritu Santo?”
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Nunca dejes de predicar Eso”. Ella dijo: “Quédate con Eso”. Dijo: “Esa es la Cosa”.
Y yo dije: “Cariño, si posiblemente yo hubiera escuchado…”
Ella dijo: “Sí, Bill”. Dijo: “Ahora mira, cariño”, dijo, “Yo me estoy yendo rápido”. Dijo: “Pero recuerda, ese maravilloso Espíritu Santo que nosotros hemos recibido”, dijo, “Él me está llevando hasta el final”. Dijo: “Prométeme esto, cariño, que tú nunca cesarás, tú nunca te detendrás, que tú te pararás fiel a Eso siempre”. Ella dijo: “Es maravilloso en la muerte”.
Y yo dije: “Lo haré”.
Ella dijo: “Tengo unas cuantas cosas para que me prometas”.
Yo dije: “¿Qué es, cariño?”
126 Ella dijo: “¿Tú recuerdas esa vez cuando estábamos en Louisville y tú te ibas a ir a ese viaje de cacerías, y tú querías comprar ese rifle calibre veintidós?”
Yo dije: “Sí”.
Y dijo: “¿Y tú no tenías lo suficiente, tres dólares, para dar la cuota inicial?”
Yo dije: “Sí”. Yo soy amante de los rifles y esas cosas, es sólo un deporte para mí y un pasatiempo, debiera decir. Y dije: “Yo recuerdo eso”.
127 Ella dijo: “Cariño, yo he tratado todo lo posible para ahorrar nuestros centavos y demás para comprártelo”. Dijo: “Después que yo me haya ido, ve a casa, y encima de esa cama plegadiza donde durmió el hermano Ryan”, dijo, “allí encima de eso, debajo del periódico, tú encontrarás el dinero que yo he ahorrado”. Dijo: “Yo he apartado eso de la asignación para mi ropa y cosas que tú me dabas”, dijo, “para ahorrarlo, para así tener lo suficiente para una cuota inicial para comprarte ese rifle”.
Uds. nunca sabrán cómo me sentí yo cuando miré allí y vi dos dólares y setenta centavos, en monedas de cinco y diez centavos, para comprar ese rifle.
128 Ella dijo: “Hay otra cosa”. Ella me habló acerca de unas medias que yo le había comprado en una ocasión que… Yo no sabía cómo comprar calcetines, y yo las llamé medias, y compré la clase incorrecta. Y ella me dijo que era la cosa incorrecta, y ella se las había dado a mi madre porque era la clase que ella usaba.
Entonces ella dijo: “Otra cosa, quiero que me prometas”.
Dije: “¿Qué es eso?”
Ella dijo: “Que tú no vivirás soltero”.
Y yo dije: “¡Oh, oh no, por favor! ¡Por favor, no me pidas eso, cariño!”
Ella dijo: “Mira, Bill”, dijo, “en el cielo no habrá casamiento ni eso de darse en casamiento”. Dijo: “Mira, yo tengo dos niños aquí con los que te estoy dejando”. Y ella dijo: “No me importa irme, pero me duele dejarte”. Dijo: “Me duele dejar a Billy Paul y a Sharon”. Ella dijo: “Pero Billy, si ellos son criados, y contigo en el ministerio, ellos quedarían andando de acá para allá”, dijo, “encuentra una buena muchacha, una buena muchacha que tenga el Espíritu Santo”, dijo, “permite que ella esté en mi lugar como una madre”.
129 “Yo pensé en una mujer de veintidós años, yéndose de esa manera. Yo no podía prometérselo a ella. Yo dije: ”Cariño, yo sencillamente no puedo prometerte eso. Yo no puedo hacerlo“.
Ella dijo: “¿Tú no quisieras dejarme ir infeliz?”
Yo dije: “No”. Dije: “Yo sólo haré lo mejor que pueda”.
Ella dijo: “Bill, creo que Ellos están regresando”. Dijo: “No pienses que estoy fuera de sí porque no lo estoy”, dijo, “pero yo siento que Ellos se están acercando. Ellos vienen por mí”.
Me eché hacia atrás, la miré y dije: “Querida, si tú te estás yendo, bien. Yo llevaré tu cuerpo acá al cementerio Walnut Ridge, y haré un montículo y te sepultaré allí”. Y dije: “Entonces, si Jesús viene antes que yo me vaya, yo estaré en algún lugar en el campo de batalla predicando el Evangelio del Espíritu Santo”. Y dije: “Si duermo, estaré a tu lado”. Y dije: “Mira, cariño, para mi última cita contigo, mi amor”, dije, “cuando la gran Ciudad blanca como las perlas venga descendiendo de Dios, del Cielo, y la luna y el sol se paren allí juntos, negros, goteando sangre…”
130 Nosotros no creemos en muerte de cristianos. Uds. no pueden probarme a mí que un cristiano muere. La sangre de Jesucristo quita el pecado, no lo cubre. El creyente va a la Presencia de Dios ahora.
Miren, yo dije: “Cariño, si yo estoy durmiendo ese día, si estoy despierto, tú vendrás primero, porque los que mueren en Cristo resucitarán primero”. Yo dije: “Tú corre rápidamente a el lado de la puerta de la Ciudad”. Y dije: “Cuando veas a Abraham, Isaac, y Jacob y a ellos viniendo”, dije, “tú entonces comienza a gritar, mi nombre, a voz en cuello: Bill, Bill, tan fuerte como puedas”. Y yo dije: “Yo buscaré a Sharon y a Billy y los juntaré, y te encontraré allí en la puerta antes de que entremos”.
Ella agarró mi mano y la apretó. Yo me agaché y le di un beso de despedida. Ella… Esos ojos angelicales me miraron otra vez mientras era llevada y dijo: “Te estaré esperando en la Puerta”.
Dios se llevó su preciosa alma a la gloria. Yo me quedé parado allí mirando hacia abajo. ¿Qué podía hacer yo, mi esposa había partido, la mismísima parte de mi corazón fue arrancada? Yo salí de allí para irme a casa, llevé su cuerpo a la morgue. Ella fue embalsamada. Y me fui a casa para tratar de dormir, pero no pude hacerlo.
Al poco rato, un hombre tocó a mi puerta, dijo: “¿Billy?”
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “Me pesa decirte esto”.
Yo dije: “Pero hermano Frank, yo estuve allí mismo cuando ella murió”.
Él dijo: “No es eso”. Dijo: “Tu bebé también está muriendo”.
Yo dije: “¿Quién, Billy?”
Dijo: “No, Sharon”.
Yo dije: “Seguramente que no”.
131 Dijo: “El doctor Adair acaba de venir, la agarró y se la llevó al hospital. Y ella tiene meningitis tuberculosa. No hay probabilidades. Ellos dicen que ella estará muerta dentro de poco”.
Ella estaba totalmente saludable. Yo corrí tan rápido como pude. Ellos tuvieron que aguantarme, sentarme en un viejo camión Chevrolet, él y su hijo. Yo sencillamente no podía contenerme, mi corazón se estaba partiendo.
Fui al hospital y entré. Allí estaba sentada una enfermera, dijo: “Mire, Rev. Branham, Ud. no puede bajar allí. La tenemos en un cuarto aislada”. Dijo: “Ud. le transmitirá a Billy Paul la misma cosa”. Dijo: “Ud. no puede ir”.
Yo dije: “Debo ver a mi bebé”.
132 Ella dijo: “Ud. no puede ir, Rev. Branham, es meningitis tuberculosa. Ella la contrajo de su madre. Está en su columna y ella está muriendo en estos momentos”. Y dijo: “Si Ud. entra allí”, dijo, “es peligroso pues podría pasarle eso a Bi… su hijo”. Y dijo: “Ud. no puede entrar”. Y ella dijo: “Vaya a la habitación”.
Y yo fui a la habitación. Cuando ella cerró la puerta, yo salí rápidamente detrás de la puerta y bajé adonde ella estaba. Era un hospital muy pobre. Miré allí, y le habían puesto un pequeño trapo sobre los lados, unos mosquiteros ellos le llaman. Las moscas se le habían metido en los ojos.
Yo estaba abajo en el sótano en un cuarto aislado. Entré y miré a mi bebé. Allí estaba ella acostada, mi criaturita. Sus ojitos azules me miraban, su piernita, gorda puesta allí con sus pañales puestos, Uds. saben. Y ella estaba… Su piernita se movía para arriba y para abajo como con un pequeño espasmo, y su manita como que me estaba saludando. Yo dije: “Sharon, ¿tú conoces a papá?”
133 Y sus labiecitos comenzaron a temblar. Ella estaba sufriendo tanto que uno de sus ojitos azules se le puso bizco así. ¡Oh, hermanos! Cuando pienso en ello… Yo no soporto ver a un niño bizco. Uds. saben, algunas veces Dios tiene que tomar una flor y aplastarla, para sacar el perfume. Yo… cada vez que yo veo a un niño bizco, pienso en eso. Todavía no he visto uno que Dios no haya sanado.
Entonces noté que ese ojito se estaba moviendo hacia un lado de esa manera. Pensé: “¡Oh Dios!” Caí sobre mi rostro y dije: “Dios, no te la lleves por favor. Oh Dios, ¿vas Tú a…?” Dije: “Llévame a mí primero. Permíteme morir. Yo soy el que ha faltado”. Pero Dios sabe cómo llegar al corazón de uno. Sí, Él sabe.
134 Y yo dije: “Soy yo el que ha hecho lo malo, Señor. Oh, no te lleves a mi bebé. Llévame a mí, Señor. Mi esposa está allá en la morgue, y aquí Tú te vas a llevar a mi bebé. Por favor no lo hagas, Señor. Yo—yo te he servido, yo estoy avergonzado de mí mismo de que escuché a alguien en vez de a Ti. Yo nunca lo volveré a hacer, Señor. Yo quiero vivir para Ti, yo haré todo lo que Tú quieras que haga. Esa gente no es escoria. Ellos no son basura”. Dije: “Yo iré. No me importa que me llamen aleluya o lo que sea. Ellos pudieran hacerlo. Yo te serviré si Tú tan sólo dejas que mi bebé viva, Señor. Hazlo por favor”. Suplicando así.
135 Y miré hacia abajo. Y tan pronto miré adonde… Aquí vino una sábana negra bajando. Yo sabía que ese era el fin. Sabía que ella se iba a ir. Yo la miré de esa manera. Y su boquita comenzó a abrirse. Sus ojos se cruzaron. Y yo dije: “Sherry, ¿tú conoces a papá, cariño?” Y ella estaba haciendo un ruidito extraño. Y yo puse mi mano sobre su cabeza.
Entonces satanás se me acercó y me dijo: “¿Confiarás tú en Él ahora?” Yo puse mi mano sobre ella y dije: “Dios, Tú me la diste, y Tú me la estás quitando. Bendito sea el Nombre del Señor”. Dije: “Dios, yo no puedo negarte, no puedo decir que Tú eres injusto. Yo debidamente merezco todo este castigo. Tú todavía eres justo, y yo aún te amo. Yo te serviré con todo mi corazón. Ahora, en cuanto a mi bebé, Señor. Yo te he suplicado, he tratado de hacer que no te la lleves. Pero, sin embargo, no se haga mi voluntad sino la Tuya”.
136 En ese instante sentí mi fuerza humana desfalleciendo, mi cuerpo desplomándose en el suelo. Me aguanté del lado de la cama. Los Ángeles de Dios vinieron y tomaron su pequeña alma y la llevaron con su madre. Yo tomé su cuerpecito y lo puse en el brazo de la madre; allí… Miré allí, y oh, hermanos. La llevaron al cementerio y la bajaron. Y el hermano Smith parado allí, el predicador metodista, predicó su funeral, puso sus brazos alrededor de mí, agarró los terrones de polvo, lo roció sobre el féretro y dijo: “Cenizas a las cenizas, y el polvo al polvo, y la tierra a la tierra”. Mi corazón bajó allí también. Mi esposa, mi bebé.
Entonces Billy Paul se enfermó. Él estaba allí al borde de la muerte, dieciocho meses de nacido. La última vez que él vio a su madre (estaba parado allí en el patio con mi gorra de beisbol puesta, así), y ella yendo en la ambulancia, su mano huesuda, saludando, diciendo: “Mi bebé, mi bebé”. El pequeñito parado en el patio… Yo sé… Discúlpenme. Ella… Nosotros íbamos por la calle… Y Billy estaba en la casa de mi madre, y él la estaba mirando a ella, no sabía que allí iba su madre, yendo directamente a su muerte; y ella tratando de saludar a su bebé allí en el patio a través de la ventana de la ambulancia; pobre pequeñito.
137 Yo miré hacia abajo. Ellos la sepultaron. Parecía como que venía susurrando a través de esos árboles, parecía como que yo podía escuchar la voz de ella decir:
Hay una tierra más allá del río,
Que llaman el dulce para siempre,
Y nosotros solamente llegamos a esa ribera por decreto de la fe;
Uno a uno pasaremos por el portal,
Para allí morar con los inmortales,
Algún día ellos tocarán las campanas de oro
Para ti y para mí.
138 No hace mucho, yo estaba llevando a Billy a la tumba para poner una flor sobre ella en la Pascua. El pequeñito cargaba la flor. Y nosotros llegamos, llegamos cerca de la tumba de su madre, apenas rallaba el día. Vi al pequeñito quitarse su sombrero, así como hice yo, pusimos la flor sobre la tumba de su madre y la bebé. Comenzamos a arrodillarnos. Yo puse mi brazo alrededor de él y le dije: “Hijito, yo prácticamente he sido tanto mamá como papá para ti”. Por años yo viví soltero. Yo cargaba sus biberones aquí en mi abrigo para mantenerlos calientes, los metía debajo de mi almohada en la noche para que mi cabeza mantuviera caliente la leche. Dije: “Yo he hecho todo lo que puedo para criarte para que seas un buen muchacho”. Dije: “Allí está el polvo de la tierra de donde mamá y tu hermanita vinieron. Pero hijito, más allá de este velo, en Jerusalén, hay una tumba vacía. Los que han muerto en Cristo, algún día ellos saldrán de esa tumba”. Y nosotros, el pequeñito estaba sollozando, nos arrodillamos y oramos frente a la tumba.
139 Recuerdo tratando de ir a trabajar después de eso. Un poco después, yo pensé que… Oh, no existe lugar alguno como el hogar. Si alguna vez su hogar fue destrozado, nunca habrá nada que tome su lugar. Yo no he encontrado paz en ninguna parte. Un día, incluso, estuve a punto de suicidarme. Cuando entré a la habitación, yo sencillamente no podía soportarlo más. Aquello simplemente… Yo subí. Yo era un liniero, y me subí al poste. Y yo estaba… Una mañana yo estaba cantando: En el monte Calvario estaba una Cruz“. Y sucedió que miré. Y ese brazo cruzado en el poste, yo echándome hacia atrás en mi cinturón de seguridad. Mi sombra sobre esa colina donde estaba el poste, de alguna manera se veía como la cruz. Y de repente pensé: ”Sí, fueron mis pecados que lo colgaron a Él allí“.
140 Y yo miré allí y dije: “Oh Dios, ya no lo soporto”. Dije: “Sharon Rose, cariño, estoy viniendo a verte esta mañana”. Me quité mis guantes. Yo era un liniero, Uds. saben. Guantes de veintitrés mil voltios. Me quité mi guante protector. Aquí estaba la línea primaria pasando frente a mí, dos mil trescientos voltios; al tocarla le quebraría a uno cada hueso del cuerpo. Yo dije: “Sharon, cariño, ¿me oyes? Papá viene a casa a verte en esta mañana”. Entonces me quité ese guante y dije: “Dios, esto es un truco cobarde, pero… [Cinta en blanco]…
141 Y yo pasé, como siempre, traté de ser un caballero. Me quité el sombrero y dije: “¿Cómo está Ud., jovencita?”
Ella dijo: “Hola, papá”.
Yo dije: “¿Papá?” Pues yo dije: “Yo tengo la misma edad que tú, ¿cómo pudiera ser tu papá?”
Ella dijo: “Papá, es que tú no te das cuenta en dónde estás”. Dijo: “Esto es el Cielo”. Ella dijo: “¿Dónde está mi hermano, Billy Paul?”
Y yo dije: “¿Qué es esto?”
Ella dijo: “Papá, allá en la tierra yo era tu pequeña Sharon Rose”.
Yo dije: “Sharon, ¿y tú eres una dama?”
Ella dijo: “Sí. Los niñitos no lo son Aquí, papá”, dijo, “todos tenemos la misma edad”. Dijo: “Mi mamá te está esperando”.
142 Y yo dije: “¿Dónde está tu madre?”
Ella dijo: “Allá en tu nuevo hogar”.
Yo dije: “¿Nuevo hogar?” Dije: “Pues, yo no tengo hogar, cariño”. Dije: “Los Branham no tienen hogar. Ellos son vagabundos”.
Ella dijo: “Pero papá, tú tienes un hogar Aquí”. Dijo: “Voltea hacia acá”.
Y yo miré. Parecía como una colina, una gran mansión en todas partes, el resplandor de Dios salía por todo alrededor. Ella dijo: “Papá, mi madre está allá esperándote”. Y yo…
Ella dijo: “Yo voy a esperar a Billy Paul. Mamá quiere verte”.
143 Y yo comencé a subir corriendo, así los escalones. Y cuando subí, como de costumbre, allí estaba ella parada. Ya no estaba enferma, el cabello oscuro hermoso le colgaba hasta los hombros, sus ojos negros y brillantes me miraban, vestida de blanco. Ella extendió sus brazos y dijo: “Bill”.
Yo subí rápidamente, caí a sus pies, la tomé de la mano. Y dije: “Cariño, yo no lo entiendo”.
Ella dijo: “Ponte de pie, cariño”. Yo me puse de pie. Ella dijo: “Mira”.
Y yo dije: “Vi a Sharon. Cariño, ella es una joven hermosa”.
Ella dijo: “Sí, así es”. Dijo: “Ella está esperando a Billy”.
Y yo dije: “Hope, yo no puedo entender todo esto”.
144 Ella dijo: “Yo sé que no puedes, pero dentro de poco despertarás y entonces entenderás”. Dijo: “Bill, tú estás muriendo de la preocupación”. Dijo: “No te preocupes por Sharon y por mí. Nosotras estamos mejor de lo que tú estás”. Dijo: “Todo está bien”. Dijo: “Tú simplemente continúa y haz como prometiste”.
Y yo dije: “Bueno, Hope, no puedo entender todo acerca de esto”.
Ella dijo: “¿No deseas sentarte?”
Y yo miré, y allí estaba un sillón bien grande. Miré hacia ella. Ella dijo: “Tú recuerdas, ¿verdad?”
Y yo dije: “Sí”.
145 Una vez cuando yo había predicado… Yo trabajaba todo el día y predicaba toda la noche. Y llegaba a casa y quería un lugar para descansar. Y compré un sillón de esos antiguos. Pagué quince dólares por él. Y pagué un dólar de cuota inicial, y un dólar cada dos semanas. Y había pagado cinco o seis dólares y no pude hacer los pagos. Y un día cuando volví a casa, ella me dijo que… Yo tuve un [palabras confusas] allí. Y sencillamente no podíamos hacer los pagos. Y pues tuve que dejar que se lo llevaran. Yo… Era el único mueble que teníamos en la casa que valía algo. Ya teníamos pagada como una tercera parte.
Y esa noche cuando llegué… Ella era todo un amor. Ella sabía… Ella me había hecho un pastel de cereza, sabía cuánto me gustaba. Y ella me había hecho un pastel de cereza. Y ella dijo que había mandado a algunos de los muchachitos a sacar lombrices para pescar. Nosotros íbamos a ir a pescar al río y ella me estaba contando todo… Y yo sabía que algo no estaba bien. Y después de la cena ella dijo: “Mira, vayamos al río enseguida, Bill”. A ella no le gustaba la pesca, pero ella sabía que a mí sí. Entonces ella dijo: “Vayamos al río”.
Y yo dije: “Cariño, ¿qué ha sucedido hoy?”
Ella dijo: “Nada”.
146 Y yo podía ver las lágrimas en esos grandes ojos. Yo sabía que algo no estaba bien. Dije: “Vayamos al cuarto de enfrente”. Yo pensé que algo no estaba bien.
Y ellos… Yo ya les había mandado a decir que lo vinieran a buscar. Así que ellos se habían llevado mi sillón. Cuando fui a la puerta. Ella miró allí, y puso sus brazos alrededor de mí, y dijo: “Bill, yo me esforcé bastante, cariño. Yo me esforcé. No es…”
Yo dije: “No, querida, no es culpa tuya. Pero uno de estos días las cosas serán distintas y algún día Dios proveerá una manera, y nosotros tendremos una buena silla. ¿No crees tú eso?”
Y ella dijo: “Espero que sí, Bill”.
147 Y justo en ese momento, en este sueño, ella apuntó hacia un sillón. Y entonces ella me miró, yo dije: “¿Tú recuerdas ese sillón?”
Dijo: “Sí”. Ella dijo: “Pero cariño, ellos nunca vendrán a llevarse éste. Éste ya está pagado. Ellos nunca vendrán por éste”. Dijo…
Yo sé, mi amigo cristiano, en alguna parte más allá de los cielos, cuando esta vida mortal mía se desvanezca en una mañana… Yo sé que hay descanso para mí al otro lado del río. Allá yo tengo una silla, un hogar, un lugar. Yo los amo a ellos con todo mi corazón. Eso es verdaderamente con todo mi corazón. Y mis tristes errores que yo he cometido a través de la vida, permitan Uds. que ellos sean escalones.
148 Se me pasó el tiempo. Por favor hagan esto: si Ud. nunca ha hecho la paz con Dios y sabe que algún día… Quizás su experiencia no fue como la mía. Espero que no haya sido. Pero recuerden que cada mortal aquí tiene que encararse con Dios allá algún día. Y yo recuerdo el último beso que puse en sus labios. Algún día yo me encontraré con ella allá en el más allá tan cierto como estoy parado aquí. La gracia de Dios me salvó. Ella me guarda día a día. Y yo vivo…
Una mujer me dijo no hace mucho, hace como uno o dos años, ella dijo: “Hermano Branham, cuando Ud. está en casa, la gente llega a montones, cuando Ud. está aquí en las reuniones, ¿cuándo tiene Ud. algún descanso?”
149 Hace unos años, si Uds. miran en el libro allí atrás, Uds. no sabrían que yo era el mismo hombre. Cuando regresé a casa después de mi primera gran reunión, hasta mi bebé me tuvo miedo y huyó de mí. Yo perdí la mayor parte de mi cabello, se me había caído. Mis hombros se habían encogido. Algo había pasado. ¿Cuál es el problema? Eso es por causa de la revelación, de la visión de Dios que baja, y yo sé que eso me está agotando la vida diariamente.
Yo miré el otro día, cuando estuve parado, usando mi navaja de afeitar. Pensé: “Oh, ¿cómo puede ser que estos pocos años han causado esto en ti, muchacho?” Pero uno de estos días cuando yo cruce al otro lado las cosas serán distintas entonces.
150 Yo los amo. Yo estoy aquí en este lugar de Hammond, Indiana para hacer lo mejor que pueda para ayudarlos. Estoy aquí para orar con Uds., estoy aquí para hacer todo lo que pueda. Y Uds. me ven trabajando afanosamente con toda mi alma para tratar de hacer que la gente crea en Jesucristo. En aquel día glorioso cuando yo llegue delante de Él allá, me gustaría mirar atrás y ver a toda esta cantidad de gente parada allí, y decir: “Señor Jesús, eso es lo mejor que yo pude hacer”. Oírlo a Él decir: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Entra a los gozos del Señor”. Allí es donde yo espero estar algún día. Uno de estos días cuando todo se acabe y yo haya muerto, yo tendré que pararme delante de Él. Inclinemos nuestros rostros por un momento.
Padre Celestial, mientras miro atrás, tratando aquí, sabiendo que tengo un servicio esta noche, dándome cuenta que debo serenarme con todo lo que tengo, para ministrarle al pueblo. Y mientras pienso, allá atrás a lo largo de la jornada de la vida, todos los pesares, y congojas, y hambres, y errores…
151 Dios, pudiera haber un hombre joven sentado aquí hoy, o una mujer joven, apenas saliendo en las encrucijadas de la vida. Pudiera haber algún hombre o mujer que ha pasado la mayor parte de sus días y todavía no te hayan aceptado a Ti.
Cuán agradecido estoy cuando me acerco a la tumba de mi ser querido allí, sabiendo esto, que eso es como un grano de trigo que cayó en la tierra, y que allí adentro yace un gérmen de vida inmortal, el cual también saldrá cuando el Hijo venga. Cuando el Hijo de Dios haga brillar Su justicia sobre la tierra, entonces mi pequeña Sharon Rose se levantará, y entonces cuando yo la abrace a ella en mis brazos, diré: “Querido amorcito, Dios sabía mejor. Él sabía que yo no tenía ninguna manera de cuidar de ti. Él sabía lo que era mejor. Tal vez tú hubieras salido aquí a alguna de estas tabernas, o algo así, y sido como una de esas muchachas modernas. Él te tomó. Yo sé donde tú estás ahora, amorcito: con mamá. Y algún día, papá vendrá”.
Oh Dios, yo oro hoy, como Tu siervo, ruego que, si hay esa persona aquí que no te conoce a Ti en este tiempo, que ellos puedan decir: “Esta es la hora en que yo voy a evitar todos esos problemas. Yo voy a aceptar a Cristo como mi Salvador. Yo voy a ser lleno con Su Espíritu, y voy a vivir para Ti”. Si hay una pareja joven aquí, Señor, que no te conoce, yo ruego que esta sea la hora de su decisión. Concédelo, Padre.
152 Discúlpame por ser un bebé, Señor, pero tan sólo los recuerdos de los viejos tiempos, esos días tristes de sudor, y lágrimas, y afanes, y congojas, y muerte, y hambre. Dios, que Tu Espíritu hable ahora a algún corazón.
Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, si hay alguien en el edificio que esté… que quisiera llegar a ser un cristiano en este momento, levante por favor su mano y diga: “Hermano Branham, yo creo que Dios escucha su oración, yo quiero que Ud. ore por mí. Yo quiero ahora aceptar a Cristo”.
Dios le bendiga, a Ud., a Ud., alguien aquí abajo en el piso de abajo. Alguien más que desea aceptar a Cristo como Salvador personal, que desee ser recordado en oración, que crea que Dios oye mi oración. ¿Pasará Ud. al frente? ¿Levantará su mano primero?
Arriba en el balcón, a mi izquierda, ¿hay un pecador allá arriba que quisiera aceptar a Cristo? Si Ud. ve los milagros de Dios, y ve que Dios contesta mi oración, ¿lo aceptaría Ud. a Él como su Salvador? ¿Lo creerá? Yo quiero recordarlo a Ud. en una palabra de oración. Levante su mano, mientras están todos sentados allá arriba. Puede que todos Uds. sean cristianos, yo no lo sé. Dios conoce su corazón, yo le amo.
153 En el balcón, hacia la parte de atrás, alguien allí atrás que quisiera decir: “Hermano Branham, recuérdeme, yo soy un pecador. Sólo ore por mí para que yo sea salvo”. ¿Levantaría Ud. su mano? Dios le bendiga, señor, veo su mano. Y Dios le bendiga a Ud., hermana, veo su mano.
Alguien a la derecha en el balcón, ¿levantará Ud. su mano y dirá: “Hermano Branham, recuérdeme en una palabra de oración. Yo creo que Dios oirá su oración?” Si Ud. no es un pecador, mejor dicho, y desea aceptar a Cristo? Dios le bendiga, veo su mano, hermana. ¿Alguien más? Yo le veo, sí. Y a Ud., jovencita, le veo.
Abajo en las gradas aquí a mi derecha, levante su mano y diga: “¡Recuérdeme!” Dios le bendiga, señor, veo su mano.
154 Alguien ahora en el centro, el pasillo a la derecha aquí, levante su mano, a medida que vamos pasando. Si hay algún pecador aquí, levante su mano. Por aquí en este pasillo, ¿levantaría Ud. su mano? Si no hay, pasaré al pasillo izquierdo. Eso es entre Ud. y Dios.
Ahora, en el pasillo izquierdo levante su mano, Uds. que son pecadores, y digan: “Hermano Branham, recuérdeme en una palabra de oración, por favor”. ¿Levantará Ud. su mano en el pasillo izquierdo, aquí a mi izquierda?
Muy bien. En las gradas a la izquierda, ¿levantaría Ud. su mano? Dios le bendiga a Ud., a Ud., a Ud., a Ud., a Ud., a Ud. Sí, hay muchos sentados por allí. Dios les bendiga a todos, allí.
155 Allá en la parte de trasera, parados allá en los cuartos, ¿es Ud. un pecador hoy y quisiera decir: “Hermano Branham, recuérdeme en una palabra de oración. Yo quiero llegar a ser un cristiano. Y verdaderamente, yo creo que existe un Cielo, y yo he tenido dificultades también en mi vida, y quiero aceptar a Cristo ahora como mi Salvador, para que en mi pueda haber un gérmen de vida, un nuevo nacimiento?” ¿Levantaría su mano y diría: “Recuérdeme?” Muy bien.
Todos aquellos ahora que quisieran ser recordados en oración para esta oración, ¿se pondrían de pie ahora mientras oramos por Uds.? Sólo como un testigo. “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los santos ángeles”. Eso es correcto. Miren, parados arriba en alguna parte, acá en los balcones y en dondequiera que Uds. puedan. Uds. que desean ser recordados en esta oración ya para terminar, pónganse de pie y digan: “Hermano Branham, yo ahora, yo quie… yo quiero ser recordado en esta oración para que Jesucristo…” Eso es maravilloso.
¿Alguien más? ¿Alguien más? Eso es correcto. Eso es maravilloso. Oh, yo estoy tan contento de verla a Ud. hacer eso. La madre con el niñito, Dios la bendiga a Ud., hermana.
156 Yo me pregunto, me pregunto. ¿Saben lo que me gustaría hacer? A mí me gustaría estrechar su mano. A mí sencillamente me encantaría estrechar su mano y orar con Ud. aquí en el altar. Me pregunto mientras la música está cantando, o la música está tocando, y nosotros estamos cantando, en voz baja: “Casi Persuadido, ahora para creer”, yo me pregunto si Ud., allí abajo, si Ud. quiere pasar rápidamente aquí al altar. Baje de los balcones, por favor, aquí, y déjeme pararme aquí y orar con Ud., aquí mismo, delante de Ud., yo puedo poner mis manos sobre Ud. ¿Hará Ud. eso? Ud. aquí que desea aceptar a Cristo, ahora, como su Salvador. Yo quiero ver.
Hermanas allá atrás, si Uds. vienen aquí, yo estaré contento de orar con Uds., si tan sólo pasan al frente. Eso está bien. Dios les bendiga, eso es maravilloso. Bajen de los balcones, de las gradas, Uds…. Y pasen aquí al frente ahora. Y nosotros queremos que Jesús nos escuche. Oh, cuán maravilloso.
“Casi Persuadido”. Ahora para creer;
“Casi Persuadido” para recibir a Cristo;
Parece ahora que algún alma dice: “Ve, Espíritu, vete por Tu camino:
Algún día más conveniente, a Ti invocaré“.
Miren. Uno de estos días Dios va a apagar la luz de sus ojos. Oh, ser mortal, ¿no vendrá Ud. ahora? Si Ud. cree que Dios escucha la oración, ¿no vendrá Ud. aquí, se parará aquí en Su Presencia para hacer una confesión de que: “Yo ahora le creo a Jesucristo y lo acepto a Él como mi Salvador?” ¿No vendrá?
Qué tiempo tan maravilloso. Qué tiempo para que los pecadores vengan. Correcto. Sólo mírenlos reuniéndose aquí alrededor ahora, un llamamiento al altar chapado a la antigua. ¿No es maravilloso? Todavía hay gente con lo suficiente haciéndose pedazos en sus corazones. No importa qué tan almidonada se ha vuelto la gente, todavía el Espíritu Santo se mueve y hace pedazos el corazón y los trae directo al altar.
157 ¿Cuántos conocen ese canto: Oh, ¿Por qué No Esta Noche? ¿Uds….? ¿Alguna vez lo han escuchado? ¿No muchos de Uds.? Muy bien, organista, ¿nos quisiera dar el tono de eso: “¿Por qué No Esta Noche?” ¿Ud. lo sabe, hermana? Muy bien. Muy bien, cantemos todos ahora.
Oh, ¿por qué no esta noche?
Oh, ¿por qué no esta noche?
¿Quieres ser salvo?
Oh, entonces ¿por qué no esta noche?
Mañana el sol pudiera no salir, para bendecir tu vista engañada por tanto tiempo;
Este es ese tiempo, oh, entonces sé sabio,
Oh, salvo, oh, esta noche.
Oh, ¿por qué, dime por qué no, esta noche?
¿No quiere Ud. venir mientras que la gente está bajando y reuniéndose aquí? Ud. va a ver al Espíritu Santo caer, creo que en unos cuantos momentos aquí, algo que Ud…. Si Él sana al enfermo, Él seguramente salvará al perdido… ser salvo.
Entonces ¿por qué no esta noche?
158 Escuchen mientras que ellos están viniendo. El órgano, continúe hermana, por favor. Todo cristiano esté orando. Miré aquí hace un rato hacia la audiencia… Yo no diría esto a menos que el joven estuviera parado aquí. Yo vi a un joven soldado con un uniforme. Sé que Dios le estaba hablando al corazón de ese muchacho. Si tengo el presentimiento correcto, ese muchacho se dirige a las aguas. ¿No es así? Dios está salvando a ese joven soldado ahora.
159 Veo a una jovencita sentada en la audiencia. No voy a mencionar su nombre. Pero Dios le ha hablado a ella, yo sé que ella debería venir. Confío que ella lo haga, es por ella por quien estoy esperando. Quizás hay otros en alguna otra parte. ¿No vendrá Ud.? Hasta los jóvenes. Esta es la hora, este es el tiempo. Hoy es la hora para ser salvo. Mientras llamamos una vez más Por Qué No Esta Noche, ¿quiere Ud. levantarse y venir? Yo… Antes de que hagamos eso, oremos.
160 Padre, yo creo con todo mi corazón que esta pudiera ser la decisión final para algunas personas. Dios, yo ruego que estas personas sobre la cual me estás hablando ahora, yo te pido que seas bondadoso una vez más. Habla al corazón de esa persona ahora y envíala aquí arriba. Este pudiera ser un tiempo de separación, cruzando entre la misericordia y el juicio. Dios, si eso es así, yo no lo sé, Señor, pero Tú lo sabes. Si lo es, ruego que esta… esa… la mujer pase rápidamente al altar ahora mismo. Concédelo, Señor. Bendice ahora a todos los demás por aquí a los cuales Tú les estás hablando. Yo lo encomiendo a Ti ahora, Padre. Mientras cantamos una vez más, que el Espíritu Santo llame; mientras que los cristianos están orando.
Oh, ¿por qué no esta noche?
Oh, ¿por qué no esta noche?
¿Quieres tú ser salvo?
Entonces ¿por qué no esta noche?
161 Jesús de Nazaret, rogamos ahora en Tu Nombre, que hables ahora. “Estos”, Tú has dicho: “Que vengan y Me confiesen delante de los hombres, Yo los confesaré delante de Mi Padre y de los santos ángeles”.
Mientras que todos tenemos nuestros rostros inclinados, ¿hay alguno en el edificio que quisiera el bautismo del Espíritu Santo ahora, que Ud. quisiera venir y ser lleno con el Espíritu Santo? Métase en la línea aquí con estos, si Ud. quisiera recibir el Espíritu Santo. Esto pudiera marcar una gran diferencia. Si Ud. está aquí como un pecador, una persona enferma, y viene y acepta a Cristo, eso pudiera marcar una gran diferencia. Esta es la hora.
¡Maravilloso! Mire a esos que están hambreando por Dios. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”. Dios, sé misericordioso. Sólo miren, amigos. “A menos que un hombre nazca del agua y del Espíritu, él no puede ver el Reino”.
162 No en base a la fortaleza de mi esposa muerta. No, señor; en base a la fortaleza de la Biblia de Dios, yo voy a decir esto, amigo: si Ud. no tiene el Espíritu Santo, no trate de encarar la Eternidad sin ser nacido de nuevo. Dios tenga misericordia de nosotros. Maravilloso.
Eso es correcto, joven. La jovencita debería haber venido también.
Muy bien. Todos juntos ahora mientras cantamos: Haz lo que quieras, Señor. Vamos, juntos ahora. Muy bien. Denos el tono, hermana.
¡Haz lo que quieras, de mí, Señor!
Tú el alfarero; yo el barro soy.
Manso y humilde hoy quiero ser,
Cúmplase siempre, en mí Tu querer.
[El hermano Branham comienza a tararear: Haz Lo Que Quieras, Señor.
163 Muy bien. Ahora, si todos están reunidos, obreros personales, en ¿dónde están Uds. ahora? Muy bien, obreros personales, reúnanse justo detrás de esta audiencia ahora, justo detrás de esta multitud; obreros personales, ministros del Evangelio, júntense alrededor.
Uds. van a ver la gloria de Dios llenar este lugar. Yo lo sentí ahora mismo en mi corazón. Dios se está moviendo. Él me estuvo diciendo por mucho rato: “Espera ahora, sólo un momento. Hay muchos”, dijo Él, “que están viniendo ahora buscando a Dios que van a ser llenados, serán enviados regocijándose. Y esta noche será la noche más grandiosa que tú has visto”.
Que los obreros personales se junten con ellos, cerca ahora, donde ellos pueden estar listos. Muy bien.
Ahora, mientras que ellos se están reuniendo, inclinemos todos nuestros rostros en todas partes. Ahora, yo quiero que los pecadores, aquellos que aún no han aceptado a Cristo, y que Uds. desean ser salvos, yo quiero que miren en esta dirección, hacia mí. No los que están buscando el Espíritu Santo; sólo el pecador.
164 Jesucristo murió por Uds. Él quiere que cada uno de Uds. sea salvo. Y algún día, mi amigo, yo debo encontrarme con Ud. allá para pararme en Su Presencia para dar cuenta por lo que yo le he dicho a Ud. Dios no permita que yo sea hallado como uno que interpreta mal la Palabra de Dios. Miren, Jesús dijo: “El que viene a Mí, Yo no le echaré fuera. Y el que oye Mi Palabra”, ese es el Espíritu Santo llamando, “y cree en El que me envió”, ese es Dios, tiene Vida Eterna y no vendrá a condenación mas ha pasado de muerte a Vida“.
¿No está Ud. contento de que Ud. viene esta tarde, amigo? Ud. es aquel del cual yo estaba hablando. Ahora mire, Algo le habló a su corazón. Aquí está el muchacho. Muy bien.
165 Ahora, ¿es esa la Escritura? Ahora, ¿cree Ud. que Jesucristo es el Hijo de Dios? ¿Ud. cree esa historia de la Biblia, Su nacimiento virginal? ¿Ud. cree que esa es la verdad? Y ¿Ud. ahora lo acepta a Él como su Salvador? ¿Ud. ahora mismo renunciará a todo pecado en su vida y lo aceptará a Él como su Salvador, y según lo mejor de su conocimiento, Ud. vivirá para Él el resto de sus días? Si Ud. lo acepta, levante su mano, pecador. Acéptelo a Él ahora.
Ahora, mientras que Uds. inclinan sus rostros, yo voy a decir algo. Y lo que yo… La oración que yo diga, Uds. oren. Esto es lo que se requiere para limpiar su vida, ¿ve Ud.?, esta oración que… Ud. repita lo que yo diga; sólo que yo lo estoy diciendo. Pero Ud. órelo a Dios, no repitiendo conmigo, pero Ud. órelo a Dios. Ahora, mientras que todos tenemos nuestros rostros inclinados, que el pecador diga esto:
Dios Todopoderoso, yo ahora vengo a Ti como un pecador, aceptando a Jesucristo Tu Hijo como mi Salvador. Yo creo en Ti, Dios, y yo creo que Tú enviaste a Jesús para tomar mi lugar en el Calvario. En aquello que yo no podía hacer por mí mismo, siendo un pecador, yo acepto lo que Él hizo por mí. Y yo creo que en Su muerte, Tú te complaciste en recibirme a mí por medio de Su obediencia. Por lo tanto, Señor, no traigo nada en mis brazos, ninguna justicia mía, nada que yo pueda hacer, solamente yo creo Tu Palabra, y yo la acepto en mi corazón ahora. Recíbeme, oh Señor, pues yo soy sincero, y desde este día en adelante, yo seré Tu siervo. Y en la hora de mi muerte, que Jesucristo venga a través del valle de la sombra de la muerte, y alumbre el camino, y lleve mi alma cansada a un puerto de descanso. Hasta ese momento, yo te buscaré y buscaré por el Espíritu Santo hasta que Tú me lo hayas dado. Y yo haré de mi vida, según lo mejor de mi conocimiento, un patrón o una sal para el incrédulo, para que ellos puedan ver mi fe por medio de mis obras, y vengan a Ti. Recíbeme, oh Dios, en el Nombre de Jesucristo.
Ahora, mientras sus rostros están inclinados… Padre, Tú has escuchado su confesión. Ellos creen realmente que Tú les has hablado a su corazón. El Espíritu Santo que llamó a Adán en el Huerto del Edén ha pasado a través de este edificio hoy y ha llamado a estas personas a venir a este altar aquí para aceptarte a Ti. Tú estás en la plataforma, Tú y esta hueste de Ángeles que están parados cerca. Y Tú dijiste: “El que Me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los santos ángeles. Entonces, Señor, de acuerdo con Tu Palabra, sus pecados han desaparecido. Tú has oído su confesión. Ellos han venido públicamente y abiertamente y te han aceptado a Ti como su Salvador. Y ahora, Padre, yo ruego que Tú enriquezcas su vida con el Espíritu Santo. Concédelo, Señor, y que cada uno de ellos sea lleno con el Espíritu Santo mientras que estos otros aquí, están buscando Tu bendición del Espíritu Santo. Que ellos también sean llenos con el Espíritu Santo en esta misma hora. Concédelo, Señor en el Nombre de Jesús.
Ahora, mientras que todos Uds. tienen sus rostros inclinados, Uds. que tienen el Espíritu Santo, miren Uds. – cada uno de Uds. que cree y aceptó a Jesucristo como su Salvador mientras que el resto de la audiencia mira en esta dirección, levante su mano. Levante su mano, Ud. que aceptó a Jesús como su Salvador. Ahora, como un testigo. Ahora, de acuerdo con la Palabra de Dios, Dios le da testimonio a Ud. en el cielo. Hace una hora, Ud. se habría ido al infierno. Y ahora Ud. se iría al cielo si muriera. Esa es la diferencia entre muerte y vida, por su fe en Jesucristo. ¿Es correcto eso? Ud. está vivo ahora; Ud. es hecho una nueva criatura. Yo—si yo conozco a Dios, si yo soy Su profeta, yo sé que ha habido Vida Eterna dada a la gente parada aquí ahora mismo. Eso es correcto. Yo lo sentí; se está moviendo a través de mí a tal grado que, mírenme las protuberancias por todas partes así; yo sé que algo ha sucedido aquí mismo en esta audiencia. Uds. son salvados por su fe en Jesucristo.
Ahora, mientras que estos están buscando el Espíritu Santo, yo quiero que Uds. oren también. No en base a la oración que… Yo quiero que Ud. alce sus manos y de alabanzas a Dios por salvarlo. Y Ud. que desea el Espíritu Santo, yo quiero que Ud. alce sus manos y diga: “Señor, ahora yo creo. Yo estoy ofreciendo a Ti los frutos de mis labios dando alabanzas a Tu Nombre”. Y así es como ellos estaban en el día de Pentecostés; y el primero que sienta el primer movimiento del Espíritu Santo, permítale a Él hacer lo que Él quiera. Ud. lo recibirá allí mismo.
Muy bien, en toda la audiencia, Uds. afuera, Uds. que están afuera, pónganse de pie. Pónganse de pie. Muy bien. Alcemos nuestras manos. Alcemos nuestras voces en alabanza.
Dios Todopoderoso, como Salomón, cuando él dedicó el Templo, el Ángel de Dios descendió a través del edi—descendió y entró detrás del lugar Santísimo, y el Espíritu de Dios llenó el salón a tal grado que no hubo manera de ministrar. Oh Dios, que Jesucristo envíe el Espíritu Santo ahora mismo sobre estas personas, Señor Dios, que Tú has salvado y tienes listas aquí ahora. Que ellas reciban el bautismo del Espíritu Santo. Oh, satanás, apártate del camino. Espíritu Santo, entra en ellos, en el Nombre del Señor Jesucristo, lo pido.
1 Buenas noches, amigos, o mejor dicho buenas tardes. Estoy contento de estar aquí esta tarde. Y si hay alguna cosa buena, que sea para la gloria de Dios.
Si el Sr. Jackson esta aquí hoy de Sudáfrica, el hermano Jackson, si él se encuentra en la reunión esta tarde, Billy desea verlo a Ud. en la concesión de libros enseguida, hermano Jackson, con respecto a unos arreglos para esta noche al partir, si es Ud. tan amable. Él me dijo que anunciara que él deseaba encontrarse con Ud. en el puesto de los libros ahora mismo. Muy bien. Y Billy, dondequiera que estés, pues, el hermano Jackson irá al puesto de los libros enseguida.
Ahora, para la audiencia, yo deseo dirigirme a Uds. en esta tarde en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Como Dios me ha concedido este privilegio, junto con Uds., de ser Su representante, Su siervo, y Su hijo, por gracia a través de Jesucristo. Muchos de nosotros tenemos muchas cosas que pudiéramos… que pudiéramos contar. Cada uno pudiera levantarse aquí y contar una historia de su vida. Muchos de nosotros probablemente estaríamos llenos de victoria y poder, y muchos de nosotros estaríamos llenos de congojas y desilusiones.
2 Pero cada uno tenemos una vida que Dios nos ha dado, y debemos de vivirla. Y yo… en mi humilde opinión, si Uds. captan esto, yo pienso que la mejor vida en el mundo, no importa si es una alta o baja, si nosotros podemos encontrar la senda de Dios y caminar en ella, donde Dios nos ha ordenado para que caminemos. Si nosotros siempre, nosotros encontramos victoria a pesar de… Yo pienso en la ciega Fanny Crosby cuando ella estaba sentada allí en la oscuridad, y una vez le hicieron la pregunta: “¿Qué piensa Ud. de Cristo? ¿De quién es Él Hijo?”
Y yo pienso en todos los hombres, y grandes hombres a través de las edades, cualquier hombre que una vez llegó a ser algo, en su mayoría, fueron hombres y mujeres que creyeron a Jesucristo. ¿No es correcto eso? Y yo pienso en cómo los profetas escribieron de Él y cómo los hombres antiguos, ellos predijeron de Él, y cómo es que los patriarcas, cómo ellos… los gobernantes que se levantaron contra Él fueron humillados, y lo demás.
3 Y pienso a través de la edad, pienso en el padre de nuestra nación, George Washington, cómo él confió en Dios. Pienso en Abraham Lincoln. Lincoln, desde luego, yo no… no soy político, pero Lincoln fue mi favorito entre todos los presidentes que alguna vez hemos tenido. Él tuvo que crecer de la manera difícil, y quizás a raíz de que yo tuve que venir de esa misma manera es la razón de que yo simpatizo con Lincoln: partiendo barandas, y escribiendo en el suelo, y lo demás. Y los únicos libros que creemos que Lincoln tuvo alguna vez hasta que él tuvo veintiún años de edad, era la Biblia y el Libro de los Mártires de Foxe. Eso es lo que moldeó ese carácter.
Déjeme ver lo que Ud. lee, déjeme entrar a su oficina, a su casa, y ver lo que Ud. lee, yo—yo le diré a Ud. lo que Ud. es. Correcto. Todo es con la naturaleza. Y mantenga Ud. la Biblia cerca para sus hijos, léala Ud. mismo, sea un ejemplo. Eso es lo que yo no tuve en mi vida de más joven. Pero por la gracia de Dios deseo poner eso ante mis hijos. Si hay otra generación, que ellos la pongan delante de la de ellos. Y ahora, si pudiéramos pensar hoy…
Yo los escuché a Uds. cuando entré anoche. Mi corazón estaba emocionado cuando Uds. estaban cantando: Aclamen Todos El Poder Del Nombre De Jesús, que los ángeles caigan postrados.
4 El difunto Dr. Dewitt, cuando él estaba muriendo, él estaba parado delante de su congregación, él estaba tratando de representar a Jesucristo: “¿No es Él el más grande de todos?, Él era Dios, Él era Emmanuel”, y cómo es que Su poder debería estar en la iglesia y debería hacerlos a ellos abandonar su egoísmo. Él era pastor de una gran iglesia. Y su congregación estaba incluso en contra de él. Ellos estaban esperando aquí por una conferencia para sacarlo por votación, y lo demás, y despedirlo.
Pero su corazón estaba sangrando. Y entonces un día mientras estaba predicando hasta no poder más, él sufrió un ataque al corazón y cayó hacia delante. Resultó que en la iglesia había un médico el cual vino a él y le dijo: “Dr. Dewitt, a Ud. le quedan sólo unos cuantos minutos de vida. Ud. no puede sobrevivir”.
Él llamó a dos diáconos fieles los cuales levantaron sus manos. Ellos levantaron sus manos y lo pusieron de pie, y él dijo: “Déjenme pararme sobre mis pies, mientras haya aliento en mi cuerpo”.
5 Detrás de él estaba la cruz que representaba la cruz—la cruz de Cristo, allí atrás, junto a su bautisterio. Y él se puso de pie así y dijo: “Si tengo una palabra que quiero decir, es esto: Aclamen Todos El Poder Del Nombre De Jesús, que los ángeles caigan postrados. Saquen la diadema real, corónenlo a Él Señor de todo”. Él comenzó a tambalearse hacia atrás así, cuando se fue hacia atrás, él puso un brazo alrededor de la cruz, y uno, del otro, y agachó su cabeza, y partió para encontrarse con el Señor. Aleluya. Esa es la manera de irse.
Pienso en Paul Rader, el grande y valiente héroe, quien sacudió Chicago, acerca del último avivamiento que Uds. alguna vez han tenido en chicago. Cuando Paul Rader se paró allí, salió y allí él estaba entre su propio pueblo que le había dado pesar, y dolor, y problemas, lo cual le causó a él un cáncer. Y al poco tiempo, murió. La gente que estaba en contra de él, y haciendo eso fueron los que lo causaron. Cuando él estaba… El pequeño instituto bíblico Moody por aquí tuvo el pequeño cuarteto, según tengo entendido, allí cantando para él. Ellos tenían cerradas las persianas de las ventanas, y él estaba muriendo. Y Paul era un gran humorista. Me hace recordar al hermano Bosworth. Él siempre tenía un poquito de sentido del humor.
6 Y así que él miró alrededor, vio todas las cortinas abajo, él volvió en sí, miró alrededor y dijo: “Oigan, ¿quién se está muriendo aquí, yo o Uds.?” Dijo: “Levanten esas persianas y cántenme unos buenos cánticos del Evangelio, alegres”. Y ellos comenzaron a cantar: Junto A La Cruz Donde Mi Salvador Murió“, o algo así, y él dijo: ”Eso suena mejor“.
Dijo: “¿Dónde está Lucas?” Y Lucas estaba atrás en el otro cuarto, ellos trajeron a Lucas a donde él estaba. Él lo tomó de su mano y dijo: “Lucas, nosotros hemos andado juntos lejos, hermano, a través de los caminos oscuros”. Pero dijo: “Piensa en ello. De aquí a cinco minutos, yo estaré parado en la presencia de Jesucristo, vestido en Su justicia”. Y murió.
Las vidas de grandes hombres nos recuerdan a todos
Que podemos hacer nuestras vidas sublimes,
Al partir dejamos tras nosotros
Huellas en las arenas del tiempo.
7 Marcas para que otros viajen… Pienso en Lincoln, cuando a él le dispararon allí por causa de su valentía y parándose por lo humano y por lo correcto y por Dios. Dicen que cuando él iba a morir, cuando ellos… la bala que traspasó su… debajo de su… en su cuerpo allí, y él estaba muriendo asfixiado, él dijo: “Volteen mi cabeza hacia la puesta del sol”. Él dijo: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad”, repitiendo la oración modelo mientras que él se iba para encontrarse con Dios. ¡Oh, hermanos! ¿Qué somos nosotros? Hombres y mujeres…
Miren a Eddie Perronet. Él fue perseguido y todo, y por lo que él pensaba. Él escribió el… Un día allí, cuando la inspiración lo tocó, él tomó la pluma y escribió el canto inaugural: Aclamen Todos El Poder Del Nombre De Jesús.
Pienso en [palabras confusas] allí, cuando él escribió el canto “Sublime Gracia, cuán dulce el sonido que salvó a un vil como yo”. Pienso en la ciega Fanny Crosby. ¿Qué pudiera Dios prometerte a ti, si tú nunca hubieras visto la luz del día en tu vida? Tú fuiste ciega toda tu vida. ¿Qué piensas tú acerca de Jesucristo?
Ella dijo: “No me pases, oh tierno Salvador, oye mi humilde clamor. Mientras que a otros Tú estás visitando, no me pases a mí por alto. Tú, la corriente de todo mi consuelo, más que la vida para mí, ¿a quién tengo yo en la tierra aparte de Ti, o a quién en el cielo sino a Ti?”
Levantémonos y marchemos,
Con un corazón para cada contienda;
¡No sean como el ganado mudo que es conducido!
Sean un héroe.
8 Cada uno de Uds. es un cristiano. Ud. es un cristiano nacido de nuevo, entonces pongamos de pie. No importa cuán malo ha sido el pasado, miremos hacia adelante, ahora, a la Venida de nuestro Señor, cuando esto mortal se vestirá de inmortalidad. Volviendo a…
Hace unos momentos, miren, trataré de no retenerlos más. Ya estoy pasado de la hora; son las tres y veinte minutos. Procuraré terminar como en una hora, si puedo. Yo… Muchos de Uds. aquí probablemente han escuchado la historia de mi vida, algunas cosas que no me gusta repasar, pero yo…
En uno de mis más grandes llamamientos al altar que hice en América, yo tuve dos mil pecadores que vinieron a Jesucristo en Pensacola, Florida después de la historia de mi vida una tarde. Confío en Dios… ese fue el que le sigue al de Durban, donde tuvimos unos treinta mil.
Ahora deseo leer una porción de la Escritura, siempre la Palabra de Dios, porque mi palabra falla, pero la Palabra de Dios no puede fallar.
Ahora, se encuentra en el capítulo 13 de Hebreos, comenzando con el versículo 10, y leyendo el versículo 14 inclusive:
Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.
Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino buscamos la por venir.
9 ¿Cuántos de Uds. están lejos de casa hoy? Veamos sus manos; que están lejos de casa. Vaya, miren esto. Pienso que si tuviéramos tiempo pudiéramos cantar ese himno: Somos Peregrinos y extranjeros aquí, buscando una ciudad por venir, ¿es correcto eso? No importa por donde viaje Ud., no habrá lugar que… que ocupe alguna vez el lugar de su hogar. ¿Es correcto eso?
¿No les gustaría tomar un viajecito hoy? La mayoría de todos Uds. aquí tienen mi edad, o tal vez tengan un poquito más. Y ¿no les gustaría a Uds. volver a la niñez, darle vuelta a una pequeña rueda y regresar y vivir otro día en la niñez? ¿No les encantaría hacer eso? Oh, cómo me gustaría a mí. Aun con sus penas, y lágrimas, y desilusiones, a mí me gustaría vivir en un día más de ella, simplemente para volver al pasado.
10 Recuerdo el lugarcito de donde yo vengo, y no importa cuán humilde que era… Cada uno de Uds. aquí recuerda ese viejo lugar donde mamá solía pararse debajo del árbol, quizás en una vieja tina para lavar con una tabla, y Uds. eran una muchachita o un muchachito, jugando por allí. Muchas veces… Uds. recuerdan eso, las muchas congojas, y pesares por los que pasaron, cómo Uds. la halaban a ella de ese delantal de lunares. Les gustaría verla a ella nuevamente hoy, pero eso no puede ser ahora. No, ella ha partido.
Me gustaría ver a mi papá, cuando yo solía verlo a él volver del campo con ese pañuelo rojo metido en el bolsillo. Verlo levantarse por la mañana, en una mañana fría, ir atrás y hacer una fogata en una estufa grande en forma de tambor. Yo solía escucharlo a él cantar:
Oh, ¿dónde está mi muchacho esta noche?
Mi corazón rebosa.
Pues yo lo amo y él lo sabe,
Oh, ¿dónde está mi muchacho esta noche?
Yo lo veía a él pararse junto a una vieja banca para lavar con sus mangas enrolladas, y lavándose la cara y las manos; y él tenía cabello ondulado muy negro. Él miraba alrededor. Oh, cómo me gustaría verlo a él una vez más. Pero no puedo, él ya partió. No tenemos aquí ciudad permanente, sino buscamos la por venir. Si Uds. pudieran regresar al hogar donde Uds. fueron criados, éste no sería el mismo hogar en el que Uds. estuvieron una vez.
11 Aquí, hace unos días, yo estaba llevando a alguien que vino a visitarme, al lugar en donde estaba el viejo hogar. Pues, allí hay un proyecto de viviendas. Bueno, ya no es el mismo viejo hogar. No tenemos ciudad permanente.
Recuerdo cuando yo… El primer lugar en que vivimos era una casa de troncos. Había como tres o cuatro de nosotros los pequeños Branham allí. Ni siquiera teníamos un piso, sólo la tierra. Papá, en el… justo en medio del piso, él tenía un troncón que había sido aserrado y puesto allí, una roca puesta encima de él; y una vieja estufa en forma de tambor colocada allí. Y cómo es que la mesa, de lo que estaba hecha: una vieja banca a la cual él le había quitado unas tablas, de un granero allí, y con eso fabricó una banca como la banca de una iglesia, y la puso detrás de la mesa.
12 Y mamá tenía una pequeña, lo que llamamos “una estufa en forma de mono”. ¿Sabe alguien lo que es una estufa en forma de mono? Veamos sus… Oh, vaya, qué bueno. Una lámpara de aceite de carbón de esas antiguas. ¿Alguna vez han limpiado Uds. un quinqué? Veamos… Bueno, yo no soy el único campesino aquí. Me voy a quitar mi saco y sentirme como en casa. Eso es correcto. Sí, señor.
¿Cuántos de Uds. han dormido alguna vez en un colchón de paja? Veamos sus manos. Bueno, oigan, después de todo Chicago no es una ciudad grande, ¿verdad? Eso es correcto. Vaya, vaya, cuántas veces yo he dormido en un colchón de paja. Y tan pronto como uno se acuesta allí, quizás siente al saltamontes pateando, y tiene que levantarse y buscarlo, Uds. saben, si había uno allí. Pues, yo he hecho eso muchas veces. Seguro.
13 He visto a mamá tomar ese palo grande que ella tenía colgado en la pared, un pedazo de… Bueno, ella hacía… acostumbraba… ella usaba eso para remover la ropa en el—en el patio cuando ella estaba hirviendo la ropa. ¿Alguna vez han hervido Uds. la ropa? Gracias a Dios. Oh, qué cosa. Jabón de lejía, Uds. saben, y ella utilizaba eso para remover la ropa, y ella tenía una cuerda en él; y lo colgaba en la pared.
Ahora, eso era el de ella de ese lado, pero del otro lado estaba la—la regla de oro que colgaba en la otra, allí sobre la puerta. ¿Ven Uds.? Era una vara de nogal como así de largo con todos los diez mandamientos escritos en la punta. “Los niñitos debían portarse bien”, y papá creía en la regla de oro en ese sentido. Así que entonces, si eso alguna vez se extraviaba, había un suavizador de navajas puesta allí atrás. Eso tomaba su lugar. Déjenme decirles, mi educación fue bastante dura. Papá, él tenía ojos irlandés que destellaban como Stonewall Jackson, yo sabía que algo me esperaba cuando—cuando yo hacía lo malo. Pero yo lo amo a él hoy con todo mi corazón. Él nunca me dio a mí ni la mitad de las palizas que yo me merecí.
Y entonces, yo recuerdo que mamá acostumbraba agarrar esa vara y alisar la cama, Uds. saben, aplastarla, Uds. saben, y alisarla. ¿Cuántos saben lo que es un cabezal? Es una grande… Bueno, miren nada más. Oigan, ¿hay alguien aquí de Kentucky? Levante sus manos. Bueno, vaya, vaya. Eso sí que es tremendo, ¿no es así? Muy bien.
14 Allá en Indiana, o mejor dicho, esto es Indiana. Allá en el sur de Indiana, hay algunos, yo pregunté allí un día en la iglesia, dije: “¿Cuántos aquí son de Kentucky?”, y aproximadamente dos tercios de ellos se pusieron de pie. Alguien dijo… Yo dije: “No lo entiendo”.
Y uno de ellos se puso de pie y dijo: “Hermano Branham”, dijo, “las marmotas y los kentuckyanos han invadido el país”. Así que, cruzando y viniendo del otro lado.
Pero allí, en el frente de esta pequeña cabaña de troncos, recuerdo, yo solía mirar ese barro en las grietas así, y decía: “Vaya, esa casa permanecerá para siempre. Pues, no puede caer, qué lugar tan maravilloso es”. Pero vaya, Uds. deberían verla hoy. ¿Ven? No tenemos aquí ciudad permanente.
Y alrededor, enfrente de la puerta había un lugar desgastado, estaba pelado y liso, donde nosotros, el grupo de pequeños Branham jugábamos allí como un montón de pequeñas zarigüeyas, o algo así, alrededor de allí. Niñitos pequeñitos, revolcándonos el uno sobre el otro. Oiga me gustaría vivir eso otra vez. Les digo que realmente me gustaría.
15 Recuerdo el viejo manantial donde solía ir allí y acostarme sobre mi estómago y beber y beber. Levantarme, salir y llevarle a papá un jarro de agua del manantial, allá al campo donde él estaba en la cosecha o algo; trabajaba tan duro que yo veía a mamá cortarle su camisa para quitársela de la espalda debido a la insolación, pues se le pegaba a su espalda; trabajando por setenta y cinco centavos al día para cuidar de mí.
Miren, eso es verdad. Uds. han leído la historia de mi vida allí en la audiencia. Mi papá bebía, pero a mí no me importa lo que él hiciera, él todavía es mi papá. Y permítanme decirles algo a Uds. jóvenes, esta tarde. Nunca se hagan Uds. lo suficiente pequeños para llamar a su madre y a su padre “el viejo y la vieja”. Nunca hagan Uds. eso, no importa lo que Uds. sean. No importa lo que ellos sean, Uds. deben respetarlos como su papá y mamá. Uds. nunca sabrán lo que… cuánto Uds. los aman a ellos, hasta que Uds. oigan el fe-… el rechinar del féretro cuando va saliendo, y sabiendo que ése es el final de ello. En ese momento no será “el viejo y la vieja”.
16 Muchas veces ellos tienen razón, cuando Uds. piensan que ellos están equivocados. Siempre: “Honren a su padre y a su madre, para que tus días se alarguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”. Ese es el primer mandamiento con promesa. Sean bondadosos con su madre y con su padre.
Recuerdo que mi papá murió. Él apenas comenzaba a volverse un poquito canoso en la sien. Cuando él estaba acostado allí en el féretro y yo levanté su cabeza, lo cual él había muerto allí en mi brazo… y yo levanté su cabeza y su melena de cabello se le soltó, y yo pensé: “Oh, papá”. Miré su mano. Él se había cortado un dedo allí en el rayador. Pensé en todas las congojas que yo le había causado. No era “el viejo”, ése era mi papá. No me importa quién más, lo que ellos pensaran acerca de él; él todavía era mi papá. Yo lo amaba a él. Y lo amo hoy. Yo tuve el privilegio de guiarlo a Cristo. Ahora…
Y a mi madre también. Mi madre está viva. Ella debe llegar aquí esta tarde. Y confío que ella llegue aquí.
17 Ahora, en aquellos días, yo recuerdo algunas de las cositas, sólo como detalles. Recuerdo una cosa que era sobresaliente en aquellos días, era ir al centro todos los sábados en la noche para comprar los comestibles. ¿Alguna vez han tenido Uds. que hacer eso, ir el sábado por la noche a comprar la comida para la semana? Nosotros vivíamos en el campo, y yo trabajaba duro toda la semana. Me ganaba una moneda de diez centavos, cuando yo era un muchacho grandote de doce o catorce años de edad. Me ganaba diez centavos. Papá me decía: “No lo gastes todo en un solo lugar”, diez centavos. Billy me dice: “Papá, ¿tienes cinco dólares que me puedas dar?” Cómo han cambiado las cosas. Ciertamente.
18 Yo recuerdo que diez centavos, yo iba al pueblo, y, vaya, entraba a esta tienda. Y yo cambiaba mi moneda de diez centavos, y me compraba un centavo de dulces de canela, como tantos así en una bolsa. Ellos ni siquiera me dejaban mirarlos, casi, y era por un centavo. Luego yo iba a comprarme un helado de un centavo, una barquillita. Se podían comprar por un centavo. Qué días eran aquellos. Pero ahora es distinto.
Luego, cuando éramos unos niñitos, recuerdo cuando todos estábamos en casa, Uds. saben, jugando alrededor de la casa, yo solía ver a papá venir a casa, y el sábado por la noche, todos nosotros, por la tarde, él conseguía algo así como un carretón, un furgón; y teníamos una vieja mula que amarrábamos a ese furgón. Y si era época de invierno, poníamos paja en la parte de atrás del—del furgón, un furgón cubierto. Y buscábamos sábanas y nos envolvíamos.
19 Y papá y mamá se sentaban en el asiento delantero. E iban por el camino, y mamá y papá conversando, Uds. saben, ellos tenían como veinticinco años cada uno, creo. Y ellos iban allí sentados conversando, Uds. saben, conduciendo esta pequeña mula. Pues, nosotros íbamos en primera clase. No era nuestra mula o furgón, pero íbamos para alguna parte, a la tienda.
Papá ganaba como tres dólares y medio a la semana e iba allí para gastar casi todo eso en comestibles para alimentar a todos esos niños durante la semana. No comíamos pollo frito y lo demás, pero teníamos que comprar cosas que realmente se nos pegaran a las costillas: patatas, y cosas así, que realmente nos mantuviera, que durara un buen rato.
20 Así que recuerdo cuando papá pagaba la cuenta de la bodega el sábado en la noche, eso era un regalo para los Branham. Él compraba una bolsa llena de dulces, esos dulces de menta en palitos. Oigan, Uds. saben, eso era bueno. Recuerdo cuando él salía allí, quizás él tendría… Tal vez habrían cuatro dulces de palito de buen tamaño, y habían cinco Branham para dividirlos entre ellos, y todos miraban para ver si obtenían su parte. Había que partir esos palitos y dividirlos por igual entre ellos, ya que todas las miradas estaban enfocadas en ese dulce.
Me imagino que yo hice un poco de trampas en eso. Todos los niños obtenían todo lo que podían comer, Uds. saben, y ellos simplemente comían, y todo… No se comían todo el dulce. Yo lamía el mío un poco, Uds. saben, e iba y agarraba un pedazo de esa bolsa de papel marrón en la que estaba envuelta la harina, y le arrancaba un pedacito, y con eso envolvía el dulce, y me lo metía en el bolsillo; esperaba hasta el lunes. Y entonces, yo… Miren, cuando llegaba el lunes y mamá decía: “¿Billy?”
Yo decía: “Sí, señora”.
21 “Agarra el balde”. Y no era uno de estos baldes pequeños galvanizados, eran baldes grandes de cedro, y un jícaro. ¿Cuántos han visto un jícaro? Oh, eso es correcto. Muy bien, y que fuera al manantial y sacara el agua, Uds. saben, para llenar el balde. Vaya, ese era un trabajo tremendo.
Yo miraba a mi hermano y le decía: “Te diré lo que haré. Si tú vas a buscar ese balde de agua, yo tomaré… Yo todavía tengo mi dulce, y te dejaré lamerlo hasta que yo cuente hasta diez despacio: uno, dos, y así”. Yo era un hombre de negocios. Uds. saben, me sentaba por allá en la sombra, mientras que mi hermano iba y buscaba el agua, y lamía el dulce. Oh, vaya, yo trataba de hacer esa cuenta hasta diez lo más rápido que podía, Uds. saben. Y Uds. deberían haberlo visto a él lamer. Vaya, vaya. Eso sí, él le daba más de diez lamidas.
Bueno, el lunes sería un día bonito para mí porque yo guardaba ese pedazo de dulce, Uds. saben, y hacía negocios con ese dulce. Y además, ellos sabían que yo lo tenía, Uds. saben, así que yo… Oh, hermanos.
22 Me imagino que hoy, yo pudiera salir y, no el domingo, pero algún otro día, y comprar una caja de dulces Hershey, pero nunca sabría como aquel dulce. ¿Cuántos de Uds. comen dulces de menta y galletas de caja de esas antiguas? Veamos sus manos. Oh, hermanos, oigan, déjenme decirles, eso no caería mal en estos momentos. Eso es correcto.
Y oh, para las comidas comíamos estofado de carne con vegetales, éramos irlandeses de hueso colorado, Uds. saben. Y vaya, ¿cuántos saben lo que es estofado de vegetales? Oigan, eso es cuando Uds. ponen a hervir todo lo que hay en la cocina hasta el trapo de los platos, casi. Simplemente ponen todo en una olla y lo hierven. Eso es correcto, ponen todo allí y lo hierven; los nabos, ¿ven Uds.?, las zanahorias, y las patatas, y lo granos, y la harina. Y sólo lo ponen todo junto y lo hierven. Bueno, casi… Ese estofado de carne con vegetales tendría que durar dos o tres días, lo comíamos el domingo. Llevaba carne, Uds. saben, así que tenía que ser bueno; un cuarto de dólar de carne, vaya, era un pedazo como así de grande. Así que entonces… Mamá la cortaba en pedacitos.
23 Me hace recordar a Buddy Robinson, cuando él dijo que… Una vez el tío Buddy dijo: “Déjame decirte”, dijo, “yo fui al oeste y ellos estaban teniendo una depresión económica allá”. Y dijo: “Había una gran sequía y no había nada para comer”. Dijo: “Lo único que teníamos era manzanas secas”. Dijo: “Yo las comía en el desayuno, las bebía en agua en el almuerzo, y las comíamos en la cena”. Así que más o menos así duraba ese estofado de vegetales, constantemente todo… como hasta el miércoles y se acababa, y teníamos que… Luego comíamos otra cosa. Un gran cuento, ¡oh, hermanos!
24 Vaya, recuerdo cómo es que allá en aquellos días, yendo a la escuela, recuerdo que mi hermano y yo, el que me sigue, él está en la gloria, también, y cómo es que nosotros fuimos juntos a la escuela. Y nosotros íbamos a la escuela, y éramos casi los niños más pobres que había. Nosotros cruzábamos el río desde Kentucky, y la gente de Indiana son un poquito más adinerada que las que hay en la parte montañosa de Kentucky, de todos modos, donde yo nací. Y siendo yo el único Kentuckyano entre ellos, a mí ciertamente me fue mal, les digo que me fue mal. Ellos se metían conmigo todo el tiempo por ser un Kentuckyano.
Y así que, yo hablo raro, Uds. saben. Yo… Eso incluso… Yo no hablaba claro, quizás no lo hago aún, pero yo… un poquito mejor ahora. Así que yo era como mudo, Uds. saben, y hablaba raro, y ellos se reían de mí. Y oh, yo pasé momentos terribles; y harapiento. ¡Oh, hermanos!
25 Y recuerdo, había una cosa acerca de mi papá, es que él… Ahora, si él debía una cuenta en la bodega, él iba y pagaba esa cuenta. Pero si le sobraban diez centavos, él se los bebía. Todo lo que él tenía, se lo bebía. Y esa es la razón de que hoy día yo estoy tan firmemente en contra de la bebida. La razón de que estoy tan firmemente en contra de esa cosa es porque yo sé que eso arruinó mi hogar, y me privó de un amor que… Yo siempre quise ser amado, que alguien me amara. Y hasta mi gente en eso [palabras confusas]. Bueno, yo era… yo sencillamente no lo tuve. Nosotros fuimos a la escuela medio desnudos. Y qué vida tan horrible tuvimos y todo por causa de la bebida. Mi papá era un—era un hombre de verdad, si tan sólo no hubiera tenido ese vicio de la bebida.
Y yo sé que esa es una de las maldiciones de la nación, y estoy en contra de esa cosa. Ud. dirá: “¿Le hará mal a uno un poquito de cerveza?” Ud. simplemente sea nacido de nuevo y vaya y beba toda la cerveza que Ud. quiera, después de que sea nacido de nuevo. Correcto. Ud. sencillamente puede beber todo lo que Ud. quiera después de que sea nacido de nuevo. Pero nazca de nuevo primero, y eso es todo lo que Ud. tiene que hacer.
26 Así que entonces recuerdo que un día en la escuela, cuando yo vi, leyendo en mi historia, yo estaba mirando allí, y no había nadie sentado allí, y los niños riéndose de mí, por estar tan harapiento, mi cabello me colgaba por el cuello. Y ellos se burlaban de mí. Y yo estaba leyendo un libro donde Abraham Lincoln bajó de un barco allá en Nueva Orleans y él estaba… Él vio a un hombre de color que estaba siendo subastado. Él dijo: “Eso está errado”. Él dijo: “Eso está errado. Y algún día yo le daré duro a eso. Aunque me cueste la vida, le daré duro”. Y él lo hizo, y le costó la vida. Así es. Y yo guardé mi libro de geografía… no era mío, sino que era uno que yo había pedido prestado, yo no tenía uno propio. Lo guardé y dije: “Y la bebida está errada, y algún día yo le daré duro a eso aunque me cueste la vida”. ¿En contra de ella? Sí, señor.
27 Y yo digo esto con mucho respeto ahora mismo, que cualquiera persona que realmente haya tenido un toque de Jesucristo ha terminado con la bebida. Eso es correcto.
Yo obtuve mi primera Biblia. La gente solía decir: “¿Es malo hacer esto? ¿Es malo fumar? ¿Es malo beber?” Yo hice… puse un pequeño dicho en la parte de atrás de mi Biblia. La agarré hace unos pocos días, y lo estuve mirando, una Biblia vieja. Yo dije:
No me hagas preguntas tontas,
Sólo resuelve esto en tu mente,
Si tú amas al Señor con todo tu corazón,
Tú no fumas, mascas tabaco, ni bebes ningún licor.
Y eso es correcto. Eso todavía es la cosa por hacer y eso tiene veinte años que lo escribí allí. Un hombre que ha nacido de nuevo no tiene ningún interés por esas cosas. Ahora, miren lo que eso ha producido aquí en América. Uds. pueden ver si hay algo perjudicial en eso o no.
28 En una ocasión tuvimos ley seca; desde luego que teníamos guerras entre pandillas y cosas. Pero ¿qué hicieron ellos? Como jugar con un juego: Ud. empieza a meterse con el centro de él, pero Ud. tiene la cosa entera en todas partes. Y yo no estoy… yo digo que no soy político ni nada; no es asunto mío lo que ellos hagan; eso es asunto de ellos. El asunto mío es predicar el Evangelio. Pero aquí está una cosa, hermanos, que cuando… Igual que cuando fuimos y pusimos whiskey en todos estos lugares, quitamos a la prostituta de la lista, y los lugares de apuestas, de borrachos, y metimos la cosa en nuestro refrigerador.
Yo vi una fotografía una vez de John Barleycorn, ellos lo llaman a él: el “hombre del whiskey”. Él tenía su sombrero puesto en la parte de atrás de su cabeza, y se veía como un espantapájaros horrible. Pero ahora lo han maquillado todo; lo ponen en los parachoques; pero él sigue siendo el viejo John Barleycorn. Eso es exactamente correcto. Es como tratar de pintar a un cerdo, y lavarlo, y tratar de hacerlo una buena criatura distinta; pero él volverá a su revolcadero tan pronto como pueda hasta que Uds. cambien su naturaleza.
29 Así que la cosa que los hombres y las mujeres tienen que hacer, ahora, es hacer que su naturaleza sea cambiada. Dios cambia la hechura de un hombre, cambia su naturaleza, lo hace a él una nueva criatura en Cristo. Yo sé que Uds. creen eso.
Ahora, pero yo nunca vine aquí a predicar, aunque yo—yo… para contarles a Uds. la historia de mi vida. Pero sólo pensar en cómo es que en aquellos días, cómo es que era…
Recuerdo estar sentado en la escuela. Yo fui a la escuela un año entero sin camisa. Yo ni siquiera tenía una camisa propia. La Sra. Wathen, una mujer rica, ella está en la gloria hoy, una mujer católica, no obstante, si… Oh, yo sé que ella era cristiana. Y ella me regaló un abrigo, y yo usé ese abrigo, de verdad que sí. Yo tenía puesto un viejo par de zapatos deportivos, y mis pies estaban… Les faltaba la parte de arriba, y mis dedos parados como cabezas de tortugas salidas de un estanque cuando… Ver mis pies parados hacia arriba y esa nieve bajando, hiendo a la escuela, y yo me sentaba allí, y con este viejo abrigo grande puesto.
30 Llegó el tiempo de la primavera. Y recuerdo que un día hacía muchísimo calor, y el sudor me corría por la cara. Yo pensé: “Vaya, hace calor”. La Sra. Temple, y ella pudiera estar presente que yo sepa. Ella no vive muy lejos de aquí. Si ella está aquí, Dios le bendiga, mamá Temple. Ella ha significado mucho para mi vida.
Muy bien. Lo que voy a decir, veamos si quizás ella está aquí, si Ud. está aquí, yo todavía la amo a Ud., hermana. Ella me decía: “William”. Yo tenía el cuello de mi abrigo abotonado así hasta arriba. Ella dijo: “William, ¿no tienes calor con ese abrigo puesto?” Los niños comenzaron a decir, Uds. saben, y éste no olía muy bien, supongo, usándolo todo el invierno. Y dijo: “¿No tienes calor con ese abrigo puesto?”
Yo dije: “No, señora. Yo tengo—yo tengo un poquito de frío”. ¡Frío! Yo no podía quitarme ese abrigo porque no tenía camisa.
Entonces ella dijo: “Bueno, hijo tú debes estar pescando un resfriado, William”. Ella dijo: “Será mejor que te acerques a la estufa”.
Así que ella encendió el fuego, y me sentó allí. Y yo me quedé allí y el sudor me corría a chorros. Ella dijo: “¿Todavía no tienes suficiente calor como para quitarte ese abrigo, William?”
Yo dije: “No, señora, Sra. Temple. Todavía tengo frío”. Yo no podía quitármelo porque es que no tenía camisa.
Entonces ella dijo: “Bueno, yo creo que tú estás enfermo. Será mejor que te mande para la casa”. Y ella me envió a la casa pensando que yo estaba pescando un resfriado, pero es que yo no tenía ninguna camisa. Yo no podía quitármelo.
31 Y yo fui a la escuela con el zapato de mamá en un lado, y el de papá en el otro. Esa es la pura verdad, todo un disfraz, si saben de lo que estoy hablando. Como un… Y hasta grande, sólo por causa de satanás y el pecado.
Y cuando estábamos comiendo, recuerdo que no podíamos comer con el resto de los niños. Todos ellos tendrían emparedados, el pan blanco. ¿Uds. recuerdan cuando solíamos tener ese pan viejo que uno lo compraba y guardaba las etiquetas de la parte de atrás, para ciertas cosas, navajas de seguridad? Y yo recuerdo cuando ellos solían tener eso, las mujeres, la mayoría de ellas horneaba su propio pan. Nosotros no podíamos hacer eso. No podíamos permitirnos ese lujo.
Y todos ellos llevaban emparedados, y hacían pequeños emparedados. Pero mi hermano y yo no podíamos hacer eso. Nosotros teníamos este… Teníamos una pequeña cubeta de melaza de medio galón, como de este tamaño. Y allí adentro, teníamos un pequeño frasco, y éste estaba lleno de verduras, el otro estaría lleno de habichuelas, dos pedazos de pan de maíz, y dos cucharas. Nosotros nos escondíamos. Nos daba pena comer delante de los otros niños que tenían tortas, y galletas, y otras cosas.
32 Y luego íbamos al río, y nos sentábamos allí y poníamos esto sobre un tronco, y nos sentábamos allí y comíamos, nosotros dos. Nosotros… Yo sacaba un bocado del pequeño frasco de habichuelas, y mi hermano tomaba un bocado. Y luego sacábamos un bocado de las verduras. No demasiado, pues teníamos que hacerlo, dividirlo entre nosotros dos. Y dos pedazos de pan de maíz, pan de maíz que mamá había horneado para el desayuno, y había cortado pequeñas rodajas así, pues tenía que alcanzar para el resto de los niños.
Oh, recuerdo que una vez como en la época de navidad… No me gusta entrar en estas cosas. Pero como en la época de la navidad, nosotros teníamos un árbol de navidad. Y los niños en la escuela tomaban y cortaban pequeñas tiras de papel blanco, y azules, y verdes, y hacían cadenitas, Uds. saben cómo ellos solían hacerlo en la escuela. Y nosotros nos llevábamos las nuestras a casa. Mamá pensaba… Ella fue al campo, osea nosotros, y cortamos un pequeño árbol de navidad como de este tamaño.
33 Y papá fue, y él había comprado palomitas de maíz que ellos habían cultivado. Y ellos prepararon el maíz e hicieron cuerdas, y mamá las ensartó con una aguja e hilo para ponerlas alrededor del árbol de navidad, donde íbamos a tener un árbol de navidad. Nosotros colgábamos nuestros calcetines allí la noche de navidad. Y a la mañana siguiente, tal vez teníamos una naranja, y tres pedazos de dulce envueltos en un pedacito de papel puesto a un lado, y tal vez pedacitos muy pequeños de dulce.
Y si recibíamos una naranja, y un pedazo de dulce, y una manzana, oh, qué hombre tan maravilloso había sido Santa Claus al traernos esto. Cuán felices éramos. Vaya, nos comíamos esas naranjas y secábamos la cáscara y luego nos comíamos la cáscara. Muchas veces yo cargué cáscaras en mi bolsillo semanas tras semanas y comía esas cáscaras de naranja. Sí, nosotros no desperdiciábamos nada de ello.
34 Y recuerdo muy bien una vez cuando mamá había preparado palomitas de maíz. Ella tenía otra cubetita de almíbar de medio galón y ella llenó eso de palomitas de maíz. Y mi hermano que está en la gloria hoy, cuando nosotros nos lo llevamos a la escuela, lo metimos en el viejo guardarropa, era una escuela en el campo. Y sentado allá atrás yo me puse a pensar: “Oh, ¿qué si yo…? Eso era algo tremendo, lo que nosotros llamamos una rareza, Uds. saben. Vaya, era algo muy raro. Yo pensé: ”Me pregunto si yo me pudiera comer un puñado de eso, (¿ves?), antes que llegue la hora del almuerzo“. Así que calculé todo y levanté mi mano y le pregunté a la maestra: ”¿Me da un permiso?“
“Sí”.
35 Y entonces nosotros… Salí y fui al guardarropa, abrí esta cubeta metí la mano allí y saqué un puñado bien grande de ese maíz. Le volví a poner la cubeta, o mejor dicho la tapa, regresé y me paré detrás de la vieja chimenea allá atrás y me comí esas palomitas de maíz. Oh, estaban buenas. Volví a entrar y me limpié bien la boca, y mis manos, Uds. saben para que mi hermano no lo notara.
Entonces cuando llegó la hora del almuerzo, salimos, agarramos nuestra cubeta, y nos fuimos a comer. Después de que nosotros… Nosotros queríamos comernos las palomitas de maíz primero, Uds. saben, porque eso era mejor que lo que teníamos. Así que abrimos la cubeta, y como una tercera parte de eso había desaparecido. Entonces mi hermano miró alrededor y dijo: “Oye”, él dijo “algo le ha sucedido a las palomitas de maíz”.
Yo dije: “Verdaderamente”. Yo sabía lo que había sucedido.
36 Y Uds. saben, amigos. No hace mucho yo vine de Houston, yo estaba teniendo una reunión allá. Y había estado tan cansado que sencillamente no podía… Yo me desmayaba. Yo permanecí ocho días y noches sin dejar la plataforma. Yo dije: “Oraré por todo el que venga”. Y me quedé allí, orando en esa línea hasta que estaba tan inconsciente que ellos tuvieron que cargarme para llevarme al carro. Y yo… Ellos…
Yo me recostaba del púlpito y dormía un poco, y luego me despertaba, la línea de oración aún estaba esperando. Yo no sé hasta dónde llegaba en la calle, yo sólo seguía orando por uno y por el otro. Luego ellos me traían algo y yo comía un poquito, y luego quizás oraba hasta tener tanto sueño que me recostaba del púlpito, así, por horas y horas. Y estaba tan agotado que ellos intentaron acostarme, y yo no podía acostarme. Entonces yo no podía dormir.
37 Emprendí camino a casa. Y nunca olvidaré, por el camino a casa yo iba manejando y me despertaba. Yo tenía un Ford antiguo (eso hace como cinco años atrás), y éste estaba caído, y estaba… Bueno, Uds. saben lo que quiero decir. Estaba bien, sólo que había tenido bastante uso. Y así que, el carro no tenía el entapizado donde yo golpeaba mi pierna contra él tratando de mantenerme despierto, y me arranqué todos los vellos a tal grado que ya no tengo vellos, allí en la parte de atrás de mi mano, tratando de mantenerme despierto, orando por los enfermos, tratando de mantenerme despierto para hacer que mis líneas avanzaran.
Yo había encontrado a alguien que me amaba. Alguien que me amaba, y yo los amaba a ellos. Y yo estaba tratando de ministrarles a ellos hasta no poder más. Y recuerdo que me despertaba y tenía… y los carros estaban tocando el claxon, es que me había quedado dormido del otro lado de la carretera. Y al poco rato, la parte rara de esto, es que me desperté y me había detenido. No podía volver en sí. Y yo tenía mis manos afuera de la ventana, y yo estaba en un pastizal de vacas. Tenía mis manos afuera de la ventana, y decía: “Solamente crea, hermana, esa es la única cosa que Ud. tiene que hacer. Sólo crea”. Y dije: “¿Qué pasa conmigo?”
Salí del carro. Y es que me había salido de la carretera y me había metido en un pastizal de vacas, así dormido en la carretera. Y llegué a casa. Y oh, vaya, cuando llegué a casa, y allí estaban ellos (antes de que alejáramos a la gente de la casa), y allí estaban ellos formando una fila, ciento cincuenta, o, doscientos de ellos sentados enfrente de la lugar.
38 Mi esposa… Yo había orado por todos los que había podido. Ya se estaba haciendo de día, y yo la oí a ella. Ahora, si alguna de estas personas pudieran estar aquí hoy. Ella me llevó a la cama, y yo me estaba quedando tranquilo. Y yo me despertaba, y al poco rato tenía mi mano alrededor de una almohada, parado allí en el cuarto, diciendo: “Ahora, ¿quién sigue? Ahora, si Uds. solamente creen. Jesucristo dijo que si yo podía lograr que la gente creyera”. Orando así con mi almohada en el brazo.
39 Y mi esposa se sentaba y lloraba. Ella tiene treinta y dos años de edad, y ya está casi blanca como la nieve. Si hay algún honor que se le deba dar a la familia Branham, dénselo a mi esposa. Ella es la que lo merece, no yo. Y parado allí, recuerdo que ella…
Yo acababa de quedarme dormido. Escuché un ruido, y era un viejo Chevrolet, condujeron todo el trayecto desde Ohio, y habían llegado. Un pequeño bebé, llorando, no había dejado de llorar por varios días. El doctor no sabía cuál era el problema. Y yo escuché a mi esposa decir: “Ahora, siéntense por favor”. Ya eran como, supongo que las tres o cuatro de la mañana. Dijo: “Tomen asiento por favor”, dijo, “yo les prepararé algo de comer”.
Dijo: “No, nosotros ya desayunamos, hermano Branham, pero la única cosa que… nosotros simplemente pensamos…”
Dijo: “Bueno, acabamos de ponerlo a dormir”. Dijo: “No lo despierten ahora”.
Y yo estaba acostado allí. Y podía oír a ese bebito haciendo como, Uds. saben, ese sonido jadeante y raro, llorando a tal grado que no podía llorar más. ¿Creen Uds. que yo podía dormir y esa criaturita allí de esa manera, y pensar que tal vez una oración lo podía ayudar? Yo no podía hacerlo.
40 Salí tambaleando a la sala. Y ella comenzó a llorar, fue y se sentó. Y yo dije: “Madre, ¿cree Ud.?” Y ella… Nosotros teníamos dos cuartitos donde vivíamos. Y ella acostó al bebé allí en la mesa. Y yo dije: “Arrodillémonos alrededor de la mesa”. Y comenzamos a orar.
Y mientras que todavía estábamos orando, el bebito dejó de llorar. Como una hora después de eso, ellos se fueron. Él estaba arrullando y riéndole a su madre. Se fueron, y ya estaba un poquito mejor.
Ella dijo: “Antes de que las multitudes comiencen a reunirse, déjame llevarte a alguna parte”. Así que nos subimos al carro y fuimos a algún lado, a Greens Mill, donde yo vi la visión, donde yo fui comisionado. Regresamos ya hacia la tarde. Pasamos junto a esta vieja escuela, donde antes estaba. Yo paré allí.
Recuerdo el viejo pozo de donde yo solía beber. Y los niños estaban… la niñita, mi pequeña Rebeca estaba arrancando unas violetas. Ella tenía como un año de edad, algo así, como un año y medio. Y ella estaba arrancando unas violetas allí afuera, jugando. Y yo fui y bebí de este viejo pozo. Pensé, como dijo David, si él pudiera beber de ese pozo.
41 Fui y recargué mis brazos sobre la vieja cerca de madera. Miré hacia allá. Miré hacia el otro lado del campo donde yo acostumbraba jugar. Recuerdo allá cómo es que un día, en la época de 1.917, cuando una nieve muy grande calló en el suelo, allí, recuerdo que todos los muchachos salían a pasear en sus trineos. Ellos podían pasear. Mi hermano y yo no teníamos trineo.
Yo vi el viejo cerro donde nosotros acostumbrábamos a deslizarnos hacia abajo. Yo no tenía trineo. ¿Saben Uds. lo que usamos como trineo? Nosotros fuimos al viejo basurero del campo allá, y conseguimos una palangana vieja. Y yo me sentaba, nosotros nos sentábamos en esa palangana, y poníamos las piernas alrededor el uno al otro. Había aguanieve en la superficie del suelo. Muchos de Uds. recuerdan la nevada de 1.917. Y yo me sentaba en esta palangana, poníamos nuestros brazos alrededor del uno al otro y nos íbamos cuesta abajo, dando vuelta, y vuelta, y vuelta, en una palangana. Nosotros no teníamos tanta clase como el resto de ellos, pero de igual manera estábamos paseando. Así que ¿qué diferencia hacía?
42 Nosotros estábamos paseando cuesta abajo en esta vieja palangana. Y después de un tiempo, la parte de abajo se le salió. Entonces fui y me conseguí un tronco, y nos subíamos en un tronco. Y recuerdo bajando un poco más arriba del cerro. Teníamos un pequeño tronco que yo había cortado con un hacha, la parte de enfrente. Y nosotros bajábamos por allí.
Y había un muchacho… Ese era el tiempo de la primera guerra mundial. Todo el que podía ponerse un uniforme se lo ponía. Y un amigo mío llamado Lloyd Ford, él solía vender estas revistas Pathfinder, y así que él se compró un traje de explorador. Y oh, cuánto deseaba yo tener un traje de explorador. ¡Vaya! Y yo lo miraba a él luciendo ese traje de explorador. Él se lo ponía para ir a la escuela, y cuánto me gustaba a mí eso. Yo hice un acuerdo con él, le dije: “Lloyd, cuando tú desgastes ese traje, ¿me lo darías a mí?”
Él dijo: “Seguro, yo te lo daré, Billy”.
Yo dije: “Muy bien”.
Bueno, así pasó el tiempo, y después de cierto tiempo él dejó de usarlo. Y yo le pregunté al respecto. Él dijo: “Veré qué pasó con él”.
Bueno, el traje había sido destruido. La única cosa que él pudo encontrar fue una sola pernera. Entonces yo le pedí que me trajera eso. Y él me la trajo.
43 Y recuerdo que iba pasando cuesta abajo un día. Yo tenía tantas ganas de usar esa pernera que no sabía qué hacer. Viniendo cuesta abajo un día, yo tenía esa pernera guardada en mi saco. Y llegué al pie del cerro, y me levanté. Y dije: “¡Oh, me lastimé mi pierna!” No era cierto, no. Yo dije: “¡Oh, mi pierna!” Yo dije: “¡Recuerdo, Uds. saben, que tengo una de las perneras de mi traje de explorador!” Y me puse esa pernera. Esa era una excusa, Uds. saben. Aquí estaba yo caminado con una sola pernera, Uds. saben.
Y yo fui al pizarrón. Uds. recuerdan cómo uno solía pararse en las viejas escuelas del campo, el pizarrón, ¿saben Uds.? Bueno, yo fui seleccionado. Yo puse esta pierna, la que no tenía la pernera, (yo ya lo tenía todo calculado), al lado del pizarrón. Y yo puse ésta que tenía la pernera, así, para que ellos no se dieran cuenta que yo tenía una sola. Yo me paré así de lado, resolviendo los problemas, para ver si todos estaban mirando esa sola pernera.
Todos los niños comenzaron a reírse de mí, y a burlarse de mí y todo eso. Y yo comencé a llorar, la maestra hizo que me fuera a casa. Ese fue el fin de mi pernera.
Yo siempre quise ser un soldado. Cuando tuve edad suficiente para entrar en el ejército… Por supuesto, no había guerra en ese tiempo. Yo recuerdo que cuando tenía diecisiete años yo me alisté en la marina. Mi madre me quitó eso cuando yo llegué a casa. Luego cuando llegó la guerra siguiente, pues ellos no me aceptaron.
44 Pero ¿saben qué? Yo finalmente sí me uní al ejército. Puede que Uds. no vean mi uniforme porque está por dentro. Yo me uní a las filas cristianas de Jesucristo para ser un soldado de la Cruz. Cuán agradecido estoy de usar ese uniforme esta tarde el cual representa al Cielo, para unirme con el resto de Uds.
Yo estaba parado allí mirando eso, y meditando en esas cosas mientras estaba recostado sobre la cerca. Y empecé a pensar en mi hermano, cómo es que yo le quité a él ese puñado de palomitas de maíz. Cuando nosotros solíamos poner nuestras manos los unos sobre los hombros del otro, pararnos allí, y la bandera subía; la maestra, con ese puntero bien largo, nos apuntaba, haciéndonos que nos metiéramos a la fila. Nosotros nos parábamos marchando así, para entrar a la escuela.
Y yo pensé: “Bueno, mira, tú sabes, yo solía recordar a Ralph Field. ¿Qué le sucedió a él?” Sí, él ya no existe. Y dije: “Allí estaba Howard Higgins”. Sí, él solía pararse a mi lado. ¿Qué le sucedió a él? Él murió en una explosión allá en Colgate. Yo dije: “Sí, eso es correcto”.
45 Yo recuerdo lo que le sucedió a todos aquellos. Yo dije: “Ahora, mi hermano Edward que se paró justo detrás de mí y puso su mano sobre mi hombro, a quien le quité las palomitas de maíz”, dije: “¿Qué le sucedió a él?”
Hace años, él murió llamándome, dijo: “Díganle a Billy”, (yo no era cristiano todavía), dijo: “Díganle a Billy que yo lo amo y que algún día lo veré en el cielo”. Yo estaba… Y yo recuerdo cuando el guardabosque llegó cabalgando a las praderas y yo salté de mi cabalgadura. Él dijo: “¿Es su nombre Branham?”
Yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “¿William?”
Y yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “Tengo un mensaje para Ud.” Y él me lo entregó, y yo leí el telegrama: tu hermano, Edward, murió anoche“. ¡Hmm! Todo aquello comenzó a venirme a la mente. Y yo estaba parado allí mirando por encima de la cerca, yo podía ver ese puñado de palomitas de maíz.
Nunca hagan nada malo porque eso volverá a Uds. algún día, no importa cuán pequeño sea.
46 Me paré allí y las lágrimas comenzaron a correr por mi mejilla. Yo pensé: “Dios, yo daría el mundo, yo daría el resto de mi vida mortal, si tú me permitieras tomar ese puñado de palomitas de maíz y acercarme a la puerta y decir: Edward, amigo, aquí está ese puñado de palomitas de maíz que te quité por engaño aquel día”. Yo daría cualquier cosa si pudiera habérsela llevado. Pero él ya no está.
Alcé la mirada y vi el campo donde antes estaba la vieja casa allí. Pues, allí hay un proyecto de viviendas. El manantial se secó y ya no existe.
Yo solía pensar en cuando acostumbrábamos… nosotros teníamos un pedazo de espejo el cual sujetamos con clavos en un árbol, y un viejo anaquel para lavarnos. Cuando papá llegaba allí, él pesaba como ciento sesenta libras, media como cinco pies, y siete u ocho pulgadas de alto. ¿Hombre? Oh, vaya, él era un maderero, con músculos que le colgaban así. Puedo verlo enrollarse esas mangas hacia arriba, esa vieja camisa azul, esa vieja camisa de nogal que mamá misma le había hecho; se la enrollaba hacia arriba así. Cuando él iba a lavarse, y los músculos le subían y bajaban, yo me paraba a un lado y decía: “Ese es mi papá. Ese es mi papá. Él vivirá unos cien años. Ese es mi papá. Cuando yo sea un hombre viejo, todavía estaré acariciando a mi papá con grandes músculos”. ¿Ven? Pero él murió a los cincuenta y dos. No tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos Una por venir.
47 Yo conocí la vieja casa allá, estaba unida con barro, y qué casa tan maravillosa fue; fue derribada y ya no existe, hay allí un proyecto de viviendas. Y ¿adónde está esa grande y buena cantidad de muchachos? Prácticamente cada uno de ellos ha muerto.
Pensé en Rolland Halloway, un amigo mío. Él solía pararse allí, un hombrecito peli rojo, con el suficiente mal genio para pelearse con una sierra circular, murió en la cárcel. Él mató a un hombre de un disparo en un juego de dados.
Miré hacia acá a Wilmer, pensé en qué había sido de él… Wilmer [palabras confusas]. Pensé: “¿Qué le sucedió a él?” Sí, eso es correcto. ¿Qué le sucedió a él? Él se metió en una pelea de cuchillos con un hombre y le cortó la garganta con un cuchillo.
Miré hacia acá atrás y vi… pensé en Willis [palabras confusas] “¿Qué te pasó a ti, Willis?” Sí, yo vi lo que le sucedió a él, cómo él murió con una enfermedad. Acabó con su cuerpo.
48 Miré hacia allá abajo y vi a cada uno. Los vi a todos y pensé: “Oh Dios, he quedado solo. ¿Quién soy yo? ¿En dónde están ellos?” Y cuando menos pensé, parado allí, yo estaba gritando a voz en cuello: “Oh Dios, permite que los ángeles de Dios vengan a buscar a este pobre cuerpo cansado, y me lleven de aquí. Este mundo ya no es mi hogar”.
Yo acababa de salir de esa reunión donde había estado perturbado mentalmente durante ocho días y noches en la plataforma; estaba temblando. Y todas esas cosas pasándome por la mente. Pensé: “No tenemos aquí ciudad permanente, pero estamos buscando la por venir”. Pensé: “Oh Dios”. Mi esposa vino, me abrazó y dijo: “Mira, cariño, tú viniste aquí a descansar, y aquí estás parado llorando como un bebé. No hagas eso”.
Yo dije: “Cariño, si tú supieras lo que estaba pasando por mi corazón y mi mente. Yo recuerdo estando parado aquí mismo en esa casa y cuando la pequeña Sharon se enfermó”.
49 Ella dijo: “Mira, no pienses acerca de eso”. Yo tengo una verdadera esposa. Y ella me llevó y agarró el bebé y lo puso alrededor de mis hombros, y nos metimos en el carro y nos fuimos.
Cómo es que, pensando en cosas. Algunas veces Uds. miran y dicen: “Oh, hermano Branham, yo apuesto a que…” Uds. piensan, Uds. no saben lo que hay aquí atrás, hermanos. Uds. no saben cuántas veces este pobre corazón ha sido machacado, aplastado, y quebrantado, y presionado. Uds. no lo entienden. Eso es correcto. Parece como un lecho de rosas, pero no piensen Uds. que satanás me dejaría escapar con eso.
Me tomaría una semana pararme aquí y contarles todas las cosas que han sucedido, cómo es que yo he llegado hasta la puerta de la misma muerte, y luego Dios me ha librado. Cómo satanás ponía trampas en todas las partes, y él todavía las tiene puestas, al salir allí por esa puerta. Pero él no será capaz de matarme hasta que Dios haya terminado conmigo. Entonces yo quiero irme cuando Él haya terminado.
Cuando yo predique mi último sermón, y la Biblia sea cerrada por última vez en el púlpito, mi última oración haya sido ofrecida a Dios, y yo ya no pueda hacer más por Él, entonces yo quiero que Él venga y me lleve. Eso es correcto.
50 De muchacho, algo muy peculiar me sucedió cuando yo era un muchachito. Yo fui llamado un día después de clases, cuando tenía como siete años, por un Ángel, el cual me dijo que nunca bebiera ni fumara ni que deshonrara mi cuerpo.
Y miren, con esto no me refiero a Uds. las hermanas, (¿ven Uds.?), pero si alguna vez hubo un odiador de mujeres, yo era uno de ellos. Vaya, yo veía cómo ellas venían cuando mi papá administraba ese destiladero. Y yo veía mujeres llegar allí, mujeres jóvenes, con el esposo de alguien más. Y la manera cómo ellas se comportaban, yo dije: “Si de esa manera es la cosa, yo no viviría con una de esas sabandijas aunque me [palabras confusas] con una de ellas. Eso es correcto. Yo… eso es verdad, así pensaba yo. Yo incluso…
El único respeto que yo tuve por cualquier mujer fue por mi madre. Y eso es correcto, y yo sabía que ella era una dama. Yo la vi a ella sentarse en los escalones con los bebés en sus brazos, y llorar, y llorar, y llorar porque fue dejada fuera de la casa.
51 Cuando mi papá, que era un verdadero hombre cuando él estaba sobrio, pero estando bebiendo, cómo es que… lo que él hacía. Y yo crecí teniendo una vida muy dura.
Pensé: “No, yo no tendré…” Yo no… Incluso cuando yo tenía diecisiete, dieciocho años de edad, yo pasaba por la calle, y si veía una muchacha con la cual yo iba a la escuela… yo pensaba que ella iba a hablar, no porque… yo sencillamente no quería tener nada que ver con eso, no me iba a enredar con ellas. Yo pasaba por el otro lado de la calle. Yo no tenía nada que ver con ellas en lo absoluto. Así que dije: “Yo…”
Este era mi pensamiento: “Cuando yo sea mayor de edad, cuando mi mamá esté bien, los muchachos estén establecidos y todo, y yo pueda obtener suficiente dinero en alguna parte para ayudar a cuidar de mi mamá, yo me voy a ir a Colorado, o al estado de Washington, o Canadá, y yo voy a ser un cazador. Me voy a conseguir un montón de perros. Me voy a conseguir un montón de trampas, y voy a tomar mi rifle, y viviré allí hasta que muera, allí en las montañas, poniendo trampas para cazar”.
52 Mi abuelo era cazador, por parte de mi madre. Y él… Yo salí con la misma naturaleza de él. Y así que, yo dije: “Yo sólo… Eso es lo que yo voy a hacer”. Lo tenía en mi mente. Yo dije: “No me voy a relacionar con las mujeres para nada”. Así que, ¿no es esto raro, cómo uno puede cambiar su parecer? Es extraño.
Un día hubo una, cuando era un muchacho, hubo una jovencita que apareció, y Uds. saben, tenía ojos como de perla, cuello como un cisne, la cosa más bonita que Uds. hayan visto. Ella me miró y dijo: “¿Cómo estás, Billy?” Eso fue todo. Otra…
Ella conocía a otro muchacho, amigo mío; él me dijo, dijo: “Oh, ella gusta de ti”.
Yo dije: “Bueno, yo hice una promesa, tú sabes”. Bueno, pero yo estaba dispuesto a ceder.
53 Y entonces él dijo: “Déjame decirte, yo llevaré a mi novia, y tú lleva a tu novia”, y dijo: “Y las llevaremos a pasear en el Ford de mi papá, si yo cuadro la cosa”. Dijo: “¿Cuánto dinero puedes tú ahorrar?”
Yo dije: “No sé”. Así que ahorramos lo suficiente para comprar dos galones de gasolina. Teníamos como cuarenta centavos entre los dos.
Él dijo: “Mira, tenemos que comprarles algo, unos refrescos, o helados, o algo”.
Entonces yo dije: “Bueno, maneja tú el Ford, y yo me encargaré de las compras”. Y me metí los cuarenta centavos en el bolsillo. Entonces él tomó… Él iba a manejar el Ford. Y conseguimos nuestro viejo Ford y le levantamos la rueda de atrás, Uds. saben. Y ¿Uds. saben cómo ellos solían darle vuelta con la manivela para hacerlo andar? Vaya, vaya. Hicimos que prendiera, y nos fuimos por la carretera, y buscamos a nuestras amigas.
Bueno, yo me senté en el asiento de atrás, Uds. saben. Y vaya, yo la miré a ella y pensé: “Tú sabes, quizás todas ellas no son así”. Pero… Yo estaba cambiando de parecer. Así que, ella miró hacia un lado y dijo: “Es una linda noche, ¿no es así?”
Yo dije: “Sí, señorita”.
54 Entonces paramos en un lugarcito, como a una cuadra de donde vivo ahora, un lugarcito llamado… algo así como un pequeño restaurante. Entonces yo dije… Yo… Jimmy Poole y yo, teníamos todo planificado lo que íbamos a decir, Uds. saben. Y yo dije: “Jimmy, yo tengo un poco de sed”. Y dije: “¿No te parece que deberíamos parar?”
Y él dijo: “Sí”. Así que paramos allí en el lugar. Entonces, él dice, él dijo: “Yo iré a comprarlo”. Pero él no tenía ni diez centavos, yo tenía su dinero, y yo dije: “No te preocupes, Jimmy. Espera un momento, yo iré a comprarlo”. ¿Ven?
Así que yo entré. Un emparedado por cinco centavos, un emparedado bien grande de boloña por cinco centavos, Uds. saben, y tenía cebolla y todo encima. Entonces salimos. Y yo traía unos refrescos, Uds. saben. Y oh, nosotros éramos alguien entonces. Nos sentamos allí a beber estos refrescos, Uds. saben, y a comer estos emparedados de boloña, las muchachas y todos nosotros, conversamos, Uds. saben.
Y así que, entonces yo fui a regresar estas botellas, y fue el tiempo en que las muchachas comenzaron a actuar como que eran listas, comenzaron a volverse sabelotodas, fumando cigarrillos. Cuando yo regresé, para sorpresa mía, mi pequeña reina estaba fumando un cigarrillo. Bueno, yo siempre he tenido mi opinión respecto a una mujer que fumara un cigarrillo, y no la he cambiado todavía. Es la cosa más baja que ella alguna vez haya hecho. Y eso es correcto. Es tan malo como la bebida.
55 Sigan adelante, veo sus rostros enrojecerse. Pero permítanme decirles algo, permítanme decir… Mamá… Ello será bueno para Uds., les ayudará. Miren, no se levanten, yo lo sabré, y allá el resto de ellos sabrá que Ud. es culpable.
Miren, déjenme decirles. Mamá solía decirme… Cuando yo era un niño, nosotros teníamos que… nosotros… Para obtener nuestra grasa nosotros teníamos que hervir cueros de carne en una cacerola, Uds. saben. Y nosotros teníamos que tomar mucha medicina, y todos los sábados por la noche, un baño, en una vieja tina de cedro, y me aguantaba la nariz y tomaba aceite de ricino: todos los sábados por la noche. Hasta el día de hoy yo ni siquiera soporto el pensar en esa cosa.
Y yo solía aguantarme la nariz y me daba asco, yo decía: “Oh, mamá, no por favor. ¡No por favor! No por favor”. Esa cosa aceitosa en una cuchara grande. “Oh, mamá, no por favor. Eso me enferma tanto”.
56 Ella decía: “Si no te enferma, no te hará ningún bien”. Tal vez esto los ayudará a Uds. un poco también, les hará bien y los enfermará y Uds. entonces dejarán eso. Eso es correcto. Muy bien. Ella decía…
Y yo recuerdo, aquí estaba sentada mi amiguita sentada allí fumando un cigarrillo. ¡Oh, hermanos! Yo como que… Ella ciertamente cayó en mi apreciación en ese momento. Yo me senté, ella dijo… Comenzó a soplar humo así, Uds. saben. Y yo pensé: “Si el buen Señor quisiera que tú fumaras, Él habría puesto una chimenea sobre ti”. ¿Ven? Y yo la miré a ella así, y pensé: “Uh—huh”.
Miré enfrente, y allí estaba la amiga de Jim sentada allí haciendo la misma cosa. Bueno, Jim mismo fumaba. Así que yo miré alrededor.
Ella dijo: “¿Quieres, quieres fumar un cigarrillo, Billy?”
Yo dije: “No, señorita, gracias. Yo no fumo”.
Ella dijo: “¿Tú no fumas?” Dijo: “Ahora, tú acabas de decirme que no bailabas”.
Yo dije: “No, señorita”.
Dijo: “¿Qué tú no fumas?”
“No”.
Y ella dijo: “Bueno, ¿Qué te gusta hacer?”
Yo dije: “A mí me gusta ir de pesca. Me gusta cazar”. Eso no le interesaba a ella.
Entonces ella dijo: “Bueno, tú eres un gran cobarde”.
57 ¿Un cobarde? Mi papá me llamó así una vez porque yo no quise beberme un trago de whiskey. Y yo quise hacerlo, pero hubo Algo que no me dejó. Así que, yo dije: “¿Qué fue eso?”
Y ella dijo: “Tú eres un gran afeminado”.
Y yo dije: “Dame esos cigarrillos”.
Y tomé ese cigarrillo con la misma intención de fumarlo como la que tengo para terminar de predicar este servicio esta tarde. Lo tomé en mi mano, temblando así. Yo dije: “Dame con qué encenderlo”. Y ella me dio esa cosa con que se enciende, Uds. saben. Y lo encendí así, y comencé a llevármelo a la boca, temblando así, y escuché Algo haciendo: “Whoooosh”. Y me detuve, y miré para todos lados, y pensé: “Ahora, eso no estuvo bien”.
Ella dijo: “¿Qué pasa?”
Yo dije: “Nada”. Dije: “Yo estoy sólo estoy tratando de encenderlo”. Y comencé a llevármelo a la boca otra vez.
Uds. me oyeron contar mi historia la otra noche, cómo es que ese remolino en el arbusto allá atrás. Allí se estaba repitiendo otra vez: “Fiuuuuuu”. Yo tiré el cigarrillo, comencé a llorar.
Ella dijo: “Ahora sé que tú sí eres un cobarde”.
58 Yo estaba… Cerré esa vieja puerta del Ford, y comencé a subir por la carretera llorando. Jim iba manejando enfrente, dijo: “Vamos, Bill, entra”. Yo dije: “No”.
Comencé a subir por la carretera, caminando, y ella dijo: “Pues, Billy”, ella dijo, “tú eres un gran afeminado, tú”. Dijo: “Yo pensé que tú eras un hombre”.
Yo dije: “Yo pensé también que lo era”. Y seguí subiendo por la carretera así; caminando.
Cogí un atajo a través del campo, subí allá y me senté en el campo, y dije: “Oh, si hubiese alguna manera en que yo pudiera morir aquí. Nadie me quiere. Yo no sirvo para nadie”. Dije: “Y los muchachos, a todos ellos les gusta ir a los bailes y diversiones, y a las muchachas les gusta fumar cigarrillos, y acá estoy yo con… esclavo, de la circunstancia. ¿De qué sirve que yo… qué hay para mí en la vida? ¿Para qué vivo yo?” Y me senté allí en ese campo y lloré casi hasta el amanecer.
59 Tengo que darme prisa para salir de aquí a la hora que les prometí, sólo estoy tocando los puntos más sobresalientes.
Supongo que Uds. se preguntaron cómo fue que me casé si era así de penoso, retraído. Yo…
Finalmente conocí a una muchacha que fue la madre de mi hijo. Si alguna vez hubo un ángel, esa era ella. Yo todavía la amo. Ella era una muchacha encantadora. Cuando la conocí ella estaba yendo a la iglesia. Yo la miré. Había algo distinto a cualquier otra. Yo no sabía nada acerca del cristianismo; ya tenía como veintiún años de edad. La miré y ella parecía ser una dama en todo aspecto, la manera en que se comportaba, y el respeto que ella tenía. Ella estaba asistiendo a una iglesia bautista.
Y yo salí con ella y comencé a ir con ella. Y yo era el… Me fui a trabajar para la compañía de servicios públicos de Indiana. Y había conseguido un poco de dinero y me había comprado un carro viejo, y pensé: “Bueno, esa era una verdadera oportunidad”.
60 Pero su padre era presidente de la Hermandad en la compañía Ferroviaria de Pensilvania. Muchos de Uds. que trabajan en ferrocarriles aquí pudieran conocerlo, Charlie Brumbach; recientemente se fue a la gloria. Y un muy… tenía un buen empleo. Y él ganaba como quinientos dólares al mes. Yo estaba ganando como veinte centavos la hora, cavando zanjas. Y salir yo con una muchacha como esa, yo pensé: “O no, algo anda mal aquí”.
Así que salí con ella por un tiempo y me di cuenta que ella era toda una dama. Y yo sabía que tenía que tomar mi decisión ahora. No podía permitir… quitarle el tiempo a esa muchacha. Yo la amaba tanto a ella para eso, que yo no podía quitarle su tiempo, para mí, ya que no sería correcto echarle a perder su vida de esa manera. Ello… Yo la estimaba a ella lo suficiente que…
61 Tan pobre como yo era, y no tenía papá en ese tiempo y lo demás, y diez niños a los cuales mantener, y… Papá le dejó nueve a ella, y conmigo eran diez. Y yo pensé: “¿Cómo pues pudiera yo – pudiera yo ser capaz de mantener económicamente a alguien así?”
Y pensé: “Tengo que decidirme. O tengo que pedirle que se case conmigo, o tengo que dejarla en paz, y dejar que algún buen muchacho la conozca y que ella salga con él, y se case con ella, y le dé un buen hogar y todo, y que ella sea feliz.
Y por allí en ese tiempo, yo comencé a estudiar. Y yo sólo… Mientras estuve saliendo con ella yo había venido a Cristo y lo había encontrado a Él como mi Salvador, y estaba estudiando en el ministerio, en la iglesia bautista. Luego, un poco… Siguió pasando el tiempo y yo fui ordenado entonces como un anciano local, el exhortador. Entonces ellos me dieron mi licencia ministerial. Y yo pensé: “Quizás, si me dedico de lleno a la predicación, ¿podré mantenerla a ella?”
62 Entonces un día, pensé: “Creo…” Decidí que iba a preguntarle si ella… [Espacio en blanco en la cinta.] cómo lo iba a hacer. Ese era el gran problema, ¿cómo iba yo a pedirle que se casara conmigo? Entonces dije: “Bueno, le preguntaré esta noche”.
Bueno, yo iba allá, Uds. saben, y conversaba, y cuando ya estaba cerca de preguntarle, me arrepentía, no podía hacerlo. Yo no podía pedirle que se casara conmigo, pues había muchas circunstancias allí. Y dije… Así que pensé: “Bueno, ¿cómo podré decírselo? Tal vez yo pudiera pedirle a alguien más que le pregunte si ella se casaría conmigo, ¿ven?” Yo pensé: “Eso no sería exactamente correcto. Ella me rechazaría en esas condiciones”.
63 Entonces ¿saben cómo lo hice? Le escribí una carta y le pregunté si ella lo haría. Así que escribí una carta. Y ahora, no fue “Querida señorita”, Uds. saben, tenía un poco más que eso. No era una carta de negocio, no obstante, en un sentido sí lo era. Pero escribí y le dije cuánto yo la apreciaba, y le pregunté que si ella se casaría conmigo.
Y entonces pensé que yo sencillamente se la entregaría a ella una noche. Y pensé: “No, creo que la pondré en el correo”. Así que le puse una estampilla y mientras iba al trabajo la metí en el buzón. Yo la iba a ver el miércoles, y eso fue un lunes en la mañana. Así que le escribí la carta, y la eché en el buzón, y seguí a trabajar.
64 Y toda esa semana estuve esperando que llegara el miércoles para ir a buscar a mi novia. Nosotros estábamos yendo a la iglesia. Así que esa noche, recuerdo que cuando comencé a subir hacia el lugar donde vivía su familia… ellos Vivian en una casa muy grande y hermosa allá. Y pensé: “Y aquí vivía yo. ¡Oh, qué cosa! Y pensé… Bueno, paré enfrente. Y pensé…
Yo sabía que no debía tocar el claxon. Sabía que su madre y su papá, ambos me caerían encima. Y pienso que eso es correcto. Eso es de mal gusto, que Uds. los muchachos vayan y toquen el claxon para que la muchacha salga. Si Ud. no la estima tanto como para entrar y hablar con ella, y sacarla afuera, y hablar con su madre y su padre, Ud. no… Ud. no debería estar con ella de ninguna manera. Eso es correcto. Vaya y sea un hombre.
Así que subí hasta la puerta y pensé: “Me quedaré afuera esta noche”. Y me puse a pensar.
65 Ahora, su padre era, él era uno de los hombres más finos, y su madre es una buena mujer, y no estoy muy seguro, pero ella pudiera estar sentada aquí en esta tarde. ¿Ven? Nosotros no vivimos lejos de aquí. Y si yo digo algo incorrecto, mire Sra. Brumbach, no es mi intención herir sus sentimientos, pero yo sólo quiero decirle esta verdad. ¿Ve Ud.? Así que si…
Así que recuerdo que estábamos… Yo subí hasta el porche.
Su madre, en ese tiempo… Ella gusta de mí ahora, pero ella no tenía mucho interés por mí. Y ella fue criada en una de esas iglesias de la sociedad, Uds. saben, de los que se ponen de pie y dicen: “O—aja”, la doxología y oh, hermanos. Uds. saben todo lo que allí acontece. Bueno, eso era demasiado, yo no podía digerir eso. Así que yo… Ella pensaba que yo era un poquito de mente estrecha, supongo.
66 Entonces yo pensé, me puse a pensar: “¿Qué…?” Antes de llegar a la casa: “¿Qué si sucede que su madre encontró esa carta y la leyó, entonces qué sucedería?” ¡Oh, hermanos! Y Uds. saben, el diablo estaba allí para hacerme creer que ella había agarrado la carta. Así que yo dije: “Oh, ¿qué haré yo si ella agarró esa carta?” ¡Umm!
Yo pensé: “Tú sabes, lo mejor que yo debo hacer, en vez de tocar el timbre esta noche, yo creo que tocaré la puerta y dejaré mi Ford estacionado allí con la puerta abierta, (¿ves?), porque yo iba a escapar de allí”.
Y yo podía oírla a ella decir: “¡William Branham! Madre y padre, quien era un fino holandés. Así que subí hasta la puerta, y toqué en la puerta, y de repente, aquí vino Hope a la puerta. Su nombre era Hope. Y entonces yo… Ella vino a la puerta y dijo: ”Hola, Billy“.
Y yo dije: “Buenas noches”.
Ella dijo: “¿No quieres pasar?”
Yo pensé: “O—no, tú me quieres llevar allí adonde está tu madre ahora, y Uds. dos han estado leyendo esa carta. No”.
67 Yo dije: “Gracias. Hace mucho calor”, dije: “me sentaré aquí en el porche”.
Ella dijo: “Oh, pasa”. Dijo: “Mamá y papá quieren verte”. Y ¡oh, hermanos! Yo supe entonces que todo se había terminado. Pensé: “Aquí está”.
“¿No quieres pasar?”
Y yo dije: “Bueno, umm”. Pensé: “Oh, vaya, yo sé que todo ha terminado ahora. Así que dije: ”Gracias“.
Pasé, me quité el sombrero, y me quedé parado en la puerta. Ella dijo: “Ven a la cocina adonde está mi mamá y mi papá”, dijo, “estaré lista en unos pocos minutos”.
Y yo pensé: “¡Oh!” Entré y dije: “¿Cómo está Ud. Sr. Brumbach? ¿Cómo está Ud. Sra. Brumbach?”
Dijo: “Hola, Billy. ¿No quieres venir y beber un vaso de té frío?”
Yo dije: “Gracias”, dije: “yo me sentaré aquí si a Ud. no le molesta”.
“No, ven y siéntate”.
68 Yo pensé: “¡Oh, vaya!” Mi corazón estaba saltando tan rápido como podía. A los pocos minutos… Entonces empecé a entender. Ellos nunca mencionaron el tema, estaban hablando acerca de otras cosas. Yo pensé: “Ella nunca recibió la carta. Todo está bien”. Bueno, entonces pensé…
Ahora, la cosa siguiente, (será mejor que vayamos a la iglesia). Y entonces esa noche Hope dijo: “Caminemos hasta la iglesia”.
Y yo dije: “¡Uh—oh!”
Así que esa noche caminamos hacia la iglesia y entramos. Yo no oí nada de lo que dijo el Dr. Davis, él estaba predicando un buen sermón, pero yo estaba sentado allí pensando, pensé: “Oye, ella recibió esa carta. La razón que ella quiso que yo caminara es porque ella me va a decir que esta es mi última noche. ¿Ven? Yo lo sé. Y estaba sentado allí mirándola. Pensé: ”Oh, me pesa tener que dejarla. Vaya, pero me imagino que así está bien porque yo no podría mantenerla como pudiera hacerlo su papá, y allí está la cosa“. Y dije: ”Ella ha recibido esa carta“.
69 Y oh, hermanos, yo no escuché nada de lo que dijo el predicador. Yo sólo estuve sentado allí preguntándome. Y oh, yo la miraba, y ella se veía más hermosa que nunca, y yo sabía que ella era completamente una dama. Y pensé que la mujer que… Ella no fumaba, ella no iba a los bailes, ella no tenía… ella no usaba ninguna mala palabra. Ella era simplemente—ella era simplemente un ángel. Y pensé: “Vaya, esa era ella, pero me imagino que todo terminó ahora”.
Así que después de que terminó el servicio, yo comencé a ir a casa, Uds. saben, caminando, ella iba caminando. Y yo estaba mirando hacia arriba, cuando pasábamos debajo de los árboles, la luz de la luna se posó sobre su cabello negro, y sus ojos cafés. Yo pensé: “Oh, vaya, ¿no es ella bonita?” Caminando así. Yo pensé…
Bueno, empezamos a llegar cerca de la casa, y me armé de valor. Yo pensé: “La carta se quedó enganchada en el buzón, ninguno de ellos la recibió. ¿Ven?” Me estaba sintiendo muy bien, Uds. saben. Yo dije: “Nadie recibió esa carta, así que estoy bien. Estoy a salvo”, caminando así.
70 Y ella estaba conversando, Uds. saben. Y yo me acerqué y la tomé de la mano, Uds. saben, íbamos caminando. Oh, vaya. Y pensé: “Yo tengo un poco más de plazo. Esa carta, espero que se haya quedado atascada allí y que no haya pasado nada. Y yo ya había resuelto que ella no sabía nada al respecto porque no me había mencionado nada”.
Entonces estábamos llegando muy cerca de la casa, y en eso ella me miró y me dijo: “¿Billy?”
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Recibí tu carta”.
Oh, yo sentí que algo me subió y me bajó, Uds. saben. Dije: “¿Verdad?”
Ella dijo: “Ajá”. Y siguió caminando, no dijo una palabra.
Yo pensé: “Mujer di algo antes que me desmaye. Haz algo ahora. Yo no puedo permanecer así todo el tiempo”. Estábamos acercándonos a la casa, y ella no dijo ni una sola palabra. Yo pensé: “Bueno, yo… di algo”.
71 Ella simplemente… Uds. saben cómo las mujeres lo pueden mantener a uno en suspenso. Discúlpenme. No, no, yo quiero decir—yo quiero decir, Uds. saben a lo que me refiero. Así que, no dijo una sola palabra, simplemente siguió caminando, Uds. saben, mirando hacia la luna y las estrellas. Oh, hermanos, qué suspenso.
Y yo dije: “¿La leíste?”
Ella dijo: “Ajá”. Siguió caminando. Eso fue todo lo que pude sacarle.
Bueno, yo pensé: “Vaya, vaya, y ¿ahora qué?” Dije: “¿Te gustó?”
Ella dijo: “O—aja”. Eso fue todo lo que pude sacarle, sólo “Uh—huh”.
Bueno, nosotros nos casamos. Así que allí lo tienen. Nos casamos.
Y yo nunca olvidaré, ella me pidió antes de que nos… cuando nos… antes que yo le comprara un anillo. Y recuerdo que pagué ocho dólares por el par.
72 Y entonces, pero yo estaba muy contento al respecto. Vaya, recuerdo que pasamos allí debajo del árbol, y yo le puse ese anillo de compromiso en el dedo, cuán feliz estaba. Y tenía el otro guardado en mi bolsillo y me puse un alfiler bien grande allí para que no se me saliera. Yo la estaba guardando a ella allí mismo, hermanos. Ese, ella iba a ser mía.
Así que seguí adelante, Uds. saben. Y ella dijo: “Billy”. Antes de que le pusiera el anillo en el dedo, ella dijo: “¿No crees que serías más caballero si le preguntaras a papá y a mamá?”
Yo pensé: “¡Oh, vaya! Aquí va otra vez”. Y ella dijo… Yo dije: “Sí”. Dije: “Mira, Hope, quiero decirte algo”. Yo dije: “Mira, cuando nos casemos, siempre va a ser mitad y mitad, ¿no es así?”
Ella dijo: “Así es”. Dijo: “Yo guardaré mi parte”.
Yo dije: “Y yo guardaré la mía”. Dije: “Comencémoslo ahora. ¿Ves?”
Ella dijo: “¿Qué quieres decir?”
Yo dije: “Tú le preguntas a tu mamá, y yo le preguntaré a tu papá”. Yo podía lidiar con su papá, pero no sabía acerca de su mamá.
Ella dijo: “Está bien, no hay problemas”.
Y yo dije: “Bueno, mira”, dije, “quizás me dejas que yo le pregunte a tu papá primero”. Porque yo sabía que si su papá decía que sí, con eso yo tenía una promesa, (¿ven?), y podía aferrarme a eso.
Así que recuerdo que ella dijo: “Bueno, será mejor que le preguntes esta noche”.
Y yo pensé: “Oh, es muy pronto, pero supongo que es mejor que lo haga”.
73 Así que esa noche llegamos, y él estaba sentado en su escritorio, escribiendo algo a máquina. Y yo me senté allí. Y ella se mantenía haciéndome señas con la cabeza, Uds. saben. Vean, eran las nueve, hora de… Yo tenía que irme a casa a las nueve. Y pensé: “Es tarde”. Así que me levanté y me dirigí hacia la puerta, y ella me miró algo raro, ¿por qué no le preguntaba a su papá?
[El hermano Branham suspira.] Yo hice así, y ella supo lo que yo quise decir. Y su madre estaba sentada allí atrás, escribiendo o haciendo algo. Yo pensé: “Oh, vaya, yo no puedo preguntarle a él aquí mismo. Sería como preguntárselo a los dos. Y entonces ellos ajustarían cuentas aquí mismo, y entonces yo sería dejado en blanco”.
74 Así que caminé hacia la puerta, y ella caminó hacia la puerta conmigo. Y yo dije: “Vendré el miércoles para ir a la iglesia”.
Y ella dijo: “Ajá”, y me apretaba la mano.
Y ella señaló hacia su papá. Yo dije: “Oh, yo no podría hacer eso”. Esperé un ratito y dije: “Bueno, tengo que hacerlo”.
Yo dije: “Eh. ¿Sr. Brumbach?”
Él estaba escribiendo a máquina, Uds. saben, dijo: “¡Sí!”
Yo dije: “¿Pudiera yo hablarle aquí afuera sólo un momento?”
Él dijo: “Sí, Bill. ¿Por qué? ¿Qué deseas?”
Yo dije: “¿Pudiera hablar con Ud. un momento aquí afuera, Sr. Brumbach?”
75 Y él dijo: “Seguro”. Y él miró a su esposa, y su esposa lo miró a él.
Yo pensé: “¡Oh!”
Entonces vi que Hope se acercó a su madre, y yo salí al porche; salí allí. Para entonces ya me había dado una crisis de nervios, Uds. saben. Así que dije…
Él dijo: “¿Qué deseas, Billy?”
Y yo dije: “Verdaderamente que hace calor esta noche”.
Y él dijo: “Sí”.
Y yo dije: “Pero, Charlie, es una noche muy bonita, ¿no es verdad?”
Dijo: “Sí”.
Yo dije: “Ud. sabe, um, o”, dije: “Yo iba…”
76 Él dijo: “Sí, te puedes casar con ella, Bill, sí puedes”. Y yo pienso mucho en él hasta este día.
Yo dije: “¿Ud. quiere decir que yo puedo…?”
Él dijo: “Sí”.
Oh, hermanos. Yo agarré esa mano gruesa suya y dije: “Miré, Charlie”, dije: “Ud. sabe que yo soy un indigente”. Dije: “Su hija puede vestir bien, y todo lo demás, y yo solamente tengo un traje”. Dije: “Pero toda mi vida yo he sido un vagabundo, he estado en busca de alguien que yo pienso que es una reina, una que yo pienso que sea una dama”. Dije: “Yo hallé eso en Hope”. Dije: “Yo no puedo mantenerla a ella como Ud., verdaderamente que no, Charlie, Ud. gana quinientos dólares al mes, y yo estoy ganando como catorce dólares a la semana”.
77 Yo dije: “Yo tengo nueve allá en la familia, uno de ellos está comenzando a trabajar ahora”, dije, “lo cual me será un alivio, pero Charlie, yo pensé que no había necesidad en que yo le quitará más su tiempo a ella. Tan pronto como mis otros hermanos obtengan empleos y cosas que me ayuden con… a cuidar de mi madre, yo—yo haré todo lo que pueda. Yo trabajaré, Charlie, mientras haya aliento en mi cuerpo. Yo trabajaré como un esclavo y haré todo lo que pueda porque yo realmente la amo. Y haré todo lo que pueda para ser bueno con ella. Yo viviré fiel a ella. Yo haré todo lo que pueda”.
Nunca lo olvido (el hombre ya partió), él puso ese brazo grande alrededor de mí, me haló cerca de él, era casi del tamaño del hermano Baxter. Me recuerda mucho a él. Él me haló así, y dijo: “Billy”, dijo: “Yo prefiero que tú te cases con ella en esas condiciones a que alguien que la maltratara, sin importar cuánto dinero él tuviera”. Dijo: “Tú serás más feliz”. Él dijo: “La felicidad no consiste en qué tanto de los bienes de este mundo uno posea, sino en qué contento uno está con la porción que le es asignada”.
Yo dije: “Gracias, Charlie. Gracias”.
78 Ella le había preguntado a su madre. Y yo no sé lo que sucedió allí adentro, pero de todos modos, nos casamos. Así que…
Cuando nos casamos, era un maravilloso… Yo recuerdo que nos casaron aquí en Fort Wayne, Indiana, y nos fuimos a casa. Yo no tenía ni siquiera… Uds. saben lo que nosotros…
Yo alquilé una casa por cuatro dólares al mes. Uds. pueden imaginarse qué clase de casa era esa; cuatro dólares al mes. Alguien nos dio una antigua cama plegadiza. ¿Cuántos saben lo que es una cama plegadiza? Vaya. Vi que el hermano Ryan alzó su mano. Él durmió en ella lo suficiente, así que debería saber. Así que él nos dio una antigua cama plegadiza, y más adelante mamá nos regaló una cama de fierro. Nosotros… Primero teníamos dos cuartos.
Y yo fui a Sears y Roebuck y me compré un juego de comedor que no tenía… no estaba pintado. Creo que nos costó como tres o cuatro dólares. Y lo pinté de amarillo con un enorme trébol verde en cada silla. Y ella se estaba riendo de mí, yo nunca lo olvidaré, acerca de ser un irlandés, pintando el trébol en la silla, y lo demás.
79 Y no teníamos mucho en cuanto a los bienes de este mundo. Yo fui al Sr. Weber, un vendedor de cosas viejas, y me compré una estufa por setenta y cinco centavos y me costó un dólar y cuarto para ponerle rejillas nuevas. La arreglé y así fuimos adquiriendo las cosas para el hogar. Bueno, éramos felices. No teníamos mucho en cuanto a los bienes de este mundo, pero sí nos teníamos el uno al otro y el amor de Dios estaba en nuestros corazones, y eso era todo lo que nos importaba. Y déjenme decirles, eso es lo que realmente significa algo ahora. Sí, señor.
Yo miro alrededor, oí a alguien decir: “¿No es ese un hogar hermoso?”
80 Yo digo: “No sé”. Un hogar no es la casa, es el orden de la casa lo que hace el hogar. Eso es lo que hace el hogar. No importa si es una chocita, lo que sea, es el orden que está allí en el interior, y piadoso, eso es más casa que si Ud. tuviera un palacio en alguna parte. Yo prefiero vivir en una chocita y ser feliz, que vivir en un palacio y ser infeliz. Correcto.
Entonces recuerdo muy bien que seguimos adelante. Y después de un tiempo, Dios nos dio uno de los regalos más grandes como un año después que nos casamos. Vaya, mi pobre hijito, el cual está parado en la parte de atrás del edificio ahora. Él… el pequeño Billy Paul, él vino al mundo.
81 Y recuerdo cómo íbamos avanzando. Yo estaba bromeando con ella. Y dije: “Ahora mira, ¿tú sabes cómo vamos a llamar a éste?” Dije: “Yo creo que él será un varón. Si lo es”, yo dije: “Mira, por lo alemán…” (Ella era alemana, y yo era un irlandés). Yo dije: “Lo llamaremos Heinrich por lo alemán, y Michael. Heinrich Michael”.
Ella dijo: “Oh, Bill, eso suena horrible”. Así que yo… Proseguimos y así fuimos avanzando. Y cuando Dios nos mandó el muchachito, qué felices estábamos juntos. Continuamos, y la vida continuó.
Al poco tiempo John Ryan, allá atrás vino a mi vida. Yo lo conocí. Él me invitó a ir a Dowagiac un día donde él vive allá en Dowagiac, Michigan, para ir en una pequeña vacación. Nosotros ahorramos nuestro dinero y todo. Y yo tenía como, oh, quizás diez o doce dólares ahorrados.
82 Miren, estoy a punto de llegar al final de la historia, en breves momentos. Sé que los estoy reteniendo, sólo me quedan como diez o doce minutos más para salir a tiempo. Pero fuimos a Dowagiac. Miren, he tratado de detenerme y sólo tocar los puntos más sobresalientes, así que oren por mí ahora.
Cuando fui a Dowagiac con el hermano Ryan allá atrás, yo fui a su casa, un pequeño hogar humilde como en el que yo vivo. Su esposa, ella tenía plena confianza en él. Él tenía un hijo muy fino. Y así que ellos me hicieron sentirme muy bienvenido.
Y en mi camino de vuelta a casa, yendo a casa, yo pasé por Mishawaka. Y miré allí adelante y allí habían grupos de gentes congregados allí, y carros, y Cadillacs, y Fords, y policías, tratando de mantener el orden en el lugar. Yo pensé: “¿Qué está sucediendo aquí?” Y oigo los cantos, Uds. saben, y la bulla. Vaya, todo el mundo gritando y haciendo ruido. Yo pensé: “Bueno, ¿será un funeral, o qué es lo que está sucediendo?”
83 Estaban en una iglesia. Y yo me detuve y entré. Me vine a dar cuenta que era una convención donde había un grupo del pueblo pentecostal que estaba celebrando una convención allí. Y ellos tuvieron que celebrarla en el norte, por causa de los problemas raciales ellos no pudieron tenerla, y era una convención internacional. Ellos la estaban celebrando en un tabernáculo grande en Mishawaka.
Yo nunca antes había visto al pueblo pentecostal, así que pensé: “Bueno, creo que iré y veré cómo es la cosa. Entonces entré y allí todos ellos estaban batiendo las manos [el hermano Branham bate las manos cinco veces] así, y gritando y cantando. Yo pensé: ”¡Qué comportamiento! Nunca vi algo así en mi vida. ¿De qué están todos hablando?“
Y por acá estaba un hombre de color allí arriba, y él estaba cantando, y él estaba cantando: “Yo sé que fue la sangre”, y toda la congregación diciendo: “Yo sé que fue la sangre”. Y acá pues él corría por todo el pasillo y agarraba a alguien y lo abrazaba así. Blancos, de color y todos, decían: “Yo sé que fue la sangre por mí. Un día yo estaba perdido, Él murió sobre la cruz. Yo sé que fue la sangre por mí”, corriendo de punta a punta por el pasillo. Pensé: “Yo nunca vi algo así en mi vida”. Y cómo… yo dije… Y alguien pegaba un brinco y gritaba y hablaba en lenguas, y yo pensé: “Oye, pero ¿qué es esto?”
Y luego un predicador se subió allí y comenzó a predicar acerca del bautismo del Espíritu Santo. Y parecía que su dedo era como así de largo, y él apuntó hacia mí estando allí en la parte de atrás. Él me estaba hablando a mí. Y yo pensé: “Oye, ¿cómo supo ese tipo algo acerca de mí?” ¿Ven? Y oh, había cientos y oh, eran mil-… dos mil o tres mil, me imagino, en el… todos juntos en la reunión.
84 Y un grupo de Chicago, un grupo de color, ellos subieron; los que llamaban Locust Grove, o Piney Wood, o algo así, un cuarteto que… Yo nunca oí semejantes cantos en mi vida. Pues, yo pensé: “Hay una cosa que uno tiene que decir acerca de esa gente, y es que ellos no se avergüenzan de su religión. Esa es una cosa segura. Ellos no se avergüenzan de ella”.
Entonces pensé: “Tú sabes, yo creo que regresaré esta noche”. Y salí y conté mi dinero. Tenía lo suficiente para comprar la suficiente gasolina para regresar, y me quedaban veinte centavos. Bueno, yo sabía cuánta gasolina se necesitaría, y no podía quedarme en una posada turística. Así que pensé: “Dormiré allá en un campo de maíz”. Entonces fui y me compré veinte centavos de panes duros. Y pensé: “Puedo vivir de ellos por un par de días, pero yo quiero averiguar de qué se trata todo esto”. Entonces salí y compré mis panes y los puse en la parte de atrás de mi carro, y me fui.
85 Esa noche, él dijo: “Quiero que todos los ministros”, el orador dijo: “Quiero que todos los ministros pasen a la plataforma”. Habían como, me supongo, como doscientos o trescientos de ellos en la plataforma. Todos eran blancos, de color, y todos sentados en la plataforma. Él dijo: “Miren, no tenemos tiempo para que Uds. prediquen, sólo queremos que pasen por la fila, y diga quién es Ud., y de dónde es”. Cuando me llegó mi turno, yo dije: “William Branham, evangelista, Jeffersonville, Indiana”, y me senté. El siguiente, el siguiente, el siguiente, y así.
Me vine a dar cuenta que yo era el hombre más joven allí, tenía veintitrés años en aquel entonces. Yo era el hombre más joven en la—en la plataforma. Yo no lo sabía en ese momento. A la mañana siguiente…
Bueno, entonces continuamos esa noche. Y quiero contarles lo que sucedió esa noche. Yo escuché a todos esos ministros predicando ese día acerca de, oh, La Deidad de Cristo, y esos grandes mensajes acerca de Su caminata en la vida, y Su sacrificio, y etcétera, y todas las cosas distintas.
86 Pero esa noche ellos trajeron allí a un anciano de color, tenía un pequeño borde de cabello blanco aquí atrás alrededor de su cabeza, y un saco bien grande de predicador, uno de esos chapados a la antigua, de faldón largo y cola de pichón con el cuello de terciopelo. El pobre hombre salió caminando allí así. Y yo pensé: “Ese pobre anciano. ¿No es eso una vergüenza?” Dije: “Pobre anciano”. Dije: “Me imagino que él ha predicado bastante tiempo”. Y él se paró allí.
Y yo nunca antes había visto un micrófono. Era un predicador del campo. Entonces ellos tenían un micrófono colgando arriba. Era algo nuevo en aquel entonces, Uds. saben.
Y entonces este anciano llegó allí y dijo: “Queridos hijos”. Uh—oh. Él dijo: “Yo quiero tomar mi texto en esta noche de allí en Job”. Decía: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber si tienes inteligencia. Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios”.
87 Yo pensé: “Ese pobre anciano. Sus días de predicación ya casi han llegado a su fin”. ¿Ven?
En lugar de bajar a la tierra con su tema, así, hermanos, él fue allá atrás hace como diez millones de años antes de que se colocaran los cimientos de la tierra, él subió arriba a los cielos, y predicó acerca de lo que sucedió en los cielos, cuando los hijos de Dios se regocijaban. Luego bajó a través de las dispensaciones y lo presentó a Él nuevamente en el arcoíris horizontal, acá atrás, hasta acá atrás en el Milenio.
Y para ese entonces él ya estaba todo inspirado. Y en eso, él hizo: “¡Whoopee! Saltó en el aire, golpeó los tacones de sus zapatos y dijo: ”Gloria a Dios“, dijo, ”Aleluya, no hay suficiente lugar aquí para que yo predique“. Y se bajó de la plataforma caminando así, como un niño.
88 Yo dije: “Hermano, si eso hará que un anciano actúe de esa manera, ¿qué no hará por mí? Yo quiero eso. Eso es lo que yo quiero. Eso es por lo que mi corazón anhela, si hará que un anciano actúe de esa manera”. Yo… Eso es lo que yo quería. Dije: “Oh, qué cosa, esa gente tiene algo”.
Esa noche me fui al campo de maíz, y pensé: “Será mejor que planché mis pantalones”. Así que tomé los dos asientos de mi antiguo Ford, y los puse juntos, coloqué mis pantalones a lo largo así, y puse los asientos para presionarlos, y yo me acosté allí en la grama a un lado del campo por aquí en alguna parte de Indiana, aquí.
89 Y yo me acosté allí debajo de ese árbol de cereza esa noche y oré: Dios, de una manera u otra, dame gracia delante de esa gente. Eso es lo que quiero. Bautista o no, eso es lo que yo quiero. Eso es lo que yo anhelo… por lo que mi corazón está sintiendo. Eso es lo que está buscando. Allí está una gente que yo quise ver toda mi vida“.
A la mañana siguiente yo fui allá. Nadie me conocía, Uds. saben. Así que me puse mis pantalones rayados, y una camiseta. Nadie sabía que yo era predicador, así que fui. Y me senté, y llegó un hermano de color y se sentó a mi lado; y acá estaba sentada una dama. Y yo me senté allí.
90 Y esa mañana cuando llegué ellos estaban tocando la música y todo. Y allí estaba un hermano, su hija salió y tocó una trompeta. Witherspoon, creo que era su nombre. Y él… Esa muchacha tocó lo más hermoso de Blue Galilee que yo me quedé sentado allí y lloré como un bebé. Y estaba sentado allí.
Luego pasó a la plataforma un ministro llamado [palabras confusas.] Él dijo: “Anoche en la plataforma, el ministro más joven que tenemos aquí era un evangelista llamado William Branham”, dijo, “de Jeffersonville, Indiana”. Dijo: “Queremos que él hable esta mañana”.
¡Oh, hermanos! ¡Mi congregación! Y yo pensé: “Yo con estos pantalones rayados y esta camiseta”. Así que me agaché bien así, Uds. saben. A los pocos minutos… Él esperó unos minutos y fue nuevamente al micrófono y dijo: “Si hay alguien aquí que sepa dónde está William Branham de Jeffersonville, un evangelista que estuvo en la plataforma anoche, nosotros queremos que él, esta mañana, traiga el mensaje esta mañana. Díganle que venga a la plataforma”.
91 Yo me agaché bien abajo, Uds. saben, y esta camiseta“. Así que me agaché bien abajo. Y yo no quería subir ante esa gente de todos modos. Ellos tenían algo de lo cual yo no sabía nada, así que me quedé muy quietecito.
En eso el hombre de color me miró y dijo: “Oye, ¿tú lo conoces?” Uh—oh. Algo tenía que suceder. Y yo no… Yo sabía… Yo no quería mentirle al hombre. Dije: “Mire, amigo, escuche, yo quiero decirle algo”. Dije: “Yo soy. ¿Ve?”
Él dijo: “Yo pensaba que tú estabas agachado así por algo”.
Y yo dije: “Bueno, mire”, dije, “¿Es Ud. ministro?”
Dijo: “Sí, señor”. Yo dije…
Él dijo: “Sube allá, hombre”.
92 Y yo dije: “No, mire”. Dije: “Yo quiero decirle algo”. Dije: “Yo traigo puestos estos pantalones rayados y esta camiseta”. Dije: “Yo no quiero subir allí”
Dijo: “A esa gente no le interesa cómo tú estés vestido, hombre. Sube allá”.
Y yo dije: “No, gracias, señor”.
Y alguien dijo: “¿Ha encontrado alguien al Rev. Branham?”
Él dijo: “¡Aquí está! ¡Aquí está! ¡Aquí está!”
93 ¡Oh, hermanos! Me levanté y mis orejas estaban coloradas, Uds. saben. Y tenía mi Biblia debajo del brazo, y subí a la plataforma con pena, Uds. saben, y muerto del miedo. Subí y pensé: “Oh, vaya. Anoche estuve orando para que Dios me diera gracia, y ahora Dios me va a permitir pararme delante de ellos. Si no me levanto ahora ¿cómo voy a hallar gracia?” Así que me levanté.
No tenía, pero nada en mi mente, estaba asustado y temblando. Yo nunca… no sabía qué tan cerca pararme de ese micrófono que colgaba de una cuerda, colgando hacia abajo así. Yo no sabía cómo pararme delante de eso. Y todo ese tabernáculo bien grande, Uds. saben. Y dije: “Bueno, amigos”, dije, “Yo no sé mucho acerca de la manera como Uds. predican y lo demás”. Dije: “Yo simplemente… Yo venía por la carretera. Y yo no sabía…”
Y resultó ser que abrí allí en Lucas donde el hombre rico alzó sus ojos en el infierno. Y él vio a Lázaro a lo lejos, y entonces él lloró. Yo tomé mi tema: Y Entonces Él Lloró.
94 Y comencé a hablar, y dije: “Entonces el hombre rico… Allá en el infierno no había iglesia, entonces él lloró. Allá no había Dios, entonces él lloró”. Y comencé. La gente empezó a gritar, entonces yo lloré.
Y por allí se fue la cosa. Y de repente, todos estaban de pie, “entonces él lloró, y entonces él lloró”. Y cuando me vine a dar cuenta, yo estaba afuera en el patio. Bueno, yo no sé lo que sucedió. Y todos estaban bendiciendo a Dios y comportándose así, la congregación gritando y aclamando. Yo no sé qué hice, sencillamente me perdí en alguna parte.
95 Y de repente, vino un hombre bien grande de Texas, con un sombrero bien alto, y botas de vaquero; se me acercó y dijo: “Oye, ¿tú eres evangelista?”
Yo dije: “Sí, señor”.
Él dijo: “¿Qué te parece si vienes a Texas y llevas a cabo un avivamiento para mí?”
Yo dije: “¿Es Ud. predicador?”
Dijo: “Sí”. Yo miré esas botas grandes de tacones altos, y ese enorme sombrero de vaquero, pensé: “Tal vez no importa lo que…”
96 Luego, un hombre se acercó, traía puesto unos pantaloncitos para jugar golf así. Él dijo: “Oye”, dijo, “yo soy de Florida”. Él dijo: “Yo tengo tantos santos allá, en una iglesia, o en alguna parte”. Dijo: “Me gustaría que tú llevaras a cabo un…”
Yo dije: “¿Es Ud. predicador?”
Él dijo: “Sí, señor”.
Yo pensé: “Bueno, después de todo mis pantalones rayados y mi camiseta no están muy fuera de orden por aquí en este lugar. Así que comencé a mirar la cosa. Y ellos tenían un saco de clérigo con cuello, y todo lo que ellos usaban, Uds. saben. Así que ellos… Yo pensé: ”Bueno, eso está bien“.
97 Luego apareció una mujer de por allá en la parte norte de Michigan. Ella estaba con los indios. Ella dijo: “Yo sólo sé… Mientras tú estabas predicando el Señor me dijo que tú deberías venir y ayudarme allá con los indios”.
Yo dije: “Un momento. Déjeme conseguir un pedazo de papel”. Y comencé a escribir estos nombres y direcciones. Y vaya, yo tenía como una lista de este largo, que me duraría como un año. Oh, yo estaba feliz. Salí de allí, me subí a mi viejo Ford, y nos fuimos a Jeffersonville tan rápido como podíamos ir, sesenta millas por hora; treinta para acá y treinta para allá, tan rápido como podía ir por esa carretera, volando tan rápido como podíamos, para ir a Jeffersonville.
Salté del carro, y mi esposa, como siempre, ella vino corriendo a recibirme. Y ella dijo: “¿Por qué estás tan feliz?”
Yo dije: “Cariño, es que tú no sabes”. Dije: “Yo conocí a la gente más feliz del mundo”.
Ella dijo: “Bueno, ¿adónde están ellos?”
98 Le conté todo acerca de ello. Y dije: “Mira aquí. Déjame mostrarte algo. Tú no creerías que este predicador esposo tuyo… mira aquí: Toda esa gente me invitó, esta lista entera, por todo Texas, Louisiana, y por todos lados, a que fuera a predicar para ellos. ¿Ves allí?” Yo dije: “Yo oré toda la noche por allá debajo de un árbol de cereza, y Dios me dijo…”
Dijo: “¿Qué clase de…? ¿Cómo se comportan ellos?”
Yo dije: “Oh, no me lo preguntes”. Dije: “Ellos simplemente se comportan de cualquier manera”.
Entonces ella dijo: “¡Oh, vaya!” Dijo… Ella dijo…
Yo dije: “Y ellos me invitaron a que fuera. Voy a dejar mi trabajo y a comenzar a predicar de lleno con ellos, dejaré mi iglesia”.
Ella dijo: “Bueno…”
Yo dije: “¿Irás tú conmigo?”
99 Que Dios bendiga su corazón. Ella dijo: “Yo prometí ir contigo a cualquier parte, y yo iré a cualquier lugar que tú vayas”. Esa es una verdadera esposa. Ella está en la tumba hoy, pero yo todavía estoy contento que… Yo puedo decir esto, y su hijo, ella y mi hijo parado aquí, escuchando. Su madre era una reina.
Y yo dije: “Bueno, mira”, dije, “nosotros…” Yo dije: “Le diremos a nuestros padres”.
Yo fui y le dije a mamá, dije, “mamá, mira esto”. Y le conté acerca de la gente.
Ella dijo: “¿Sabes qué?” Ella dijo, “Billy, hace mucho tiempo, allá en Kentucky, nosotros teníamos lo que todos Uds. llaman el bautista Estrella Solitaria. Y dijo: ”Y ellos acostumbraban a gritar y clamar, y comportarse de esa manera“. Ella dijo: ”Esa es religión verdaderamente sincera“.
Yo dije: “Eso es en lo que yo he creído toda mi vida”. Y dije: “Ud. debería ir a verlos”.
Ella dijo: “Bueno, el… Yo confío que Dios te bendiga, Bill”.
Y yo dije: “Muy bien”. Y entonces fuimos a decirle a la mamá de ella.
100 Y durante este tiempo, su madre y su padre se habían separado. Y yo dije… Nosotros fuimos a decirle a su madre. Y yo dije: “Srta. … Sra. Brumbach”, dije, “yo he encontrado a una gente maravillosa”, así.
Y ella estaba sentada en el porche, Uds. saben. Ahora, no se enoje conmigo si Ud. está aquí. Así que ella dijo… Ella estaba sentada en el porche abanicándose. Ella dijo: “William, déjame decirte, que yo nunca le daré permiso a mi hija para salir con un montón de aleluyas como ese”. ¡Oh, hermanos! Ella dijo: “Ese montón de basura”. Dijo: “Ella nunca tendría un vestido decente para ponerse”.
Yo dije: “Bueno, Sra. Brumbach, no se trata de una propuesta en cuanto al vestir”. Dije: “La cosa en esto es que yo siento que Dios quiere que yo lo haga”.
101 Y ella dijo: “Mira, ¿Por qué no vas allá a la iglesia donde tú tienes una congregación creciendo, y piensas en conseguirte una casa pastoral y un lugar adonde llevar a tu esposa y a tu bebé, en lugar de estar sacándola así: hoy ella tiene algo para comer, y mañana no tiene nada. Y cosas así?” Ella dijo: “Pues no, yo nunca permitiré que mi hija ande así. Y si ella lo hace, su madre se irá a una tumba con el corazón roto”.
Y Hope dijo: “Mamá, ¿dice Ud. eso en serio?”
Y ella dijo: “Eso es exactamente lo que quiero decir”. Y allí quedó el caso.
Hope comenzó a llorar. Yo puse mi mano alrededor de ella y me fui. Yo dije: “Pero Sra. Brumbach, ella es mi esposa”.
Ella dijo: “Pero ella es mi hija”.
Dije: “Sí, señora”.
102 Yo me alejé y me fui. Ella me miró, osea Hope, ella dijo: “Bill, esa es mi madre, pero yo iré contigo”. ¿Ven? Yo dije… Dios bendiga su corazón. Ella dijo: “Yo iré contigo”.
Y yo dije: “Cariño, yo…” Yo dije: “Supongo que yo estoy cargando agua en ambos hombros”. Pero dije: “Yo no quiero herir sus sentimientos”. Ella dijo… Yo dije: “¿Qué si algo le sucediera a ella y entonces tú estarías preocupada toda tu vida, de que tú destrozaste el corazón de tu madre?” Yo dije: “Tal vez simplemente lo pospondremos por un tiempito”.
Y amigos, allí fue donde yo cometí el peor error que he cometido en toda mi vida, allí mismo. Nosotros lo pospusimos.
Como unas semanas después de eso, cosas comenzaron a suceder. Después de eso vino la inundación. Y cuando menos lo pensé, mi esposa enfermó, Billy enfermó por cometer ese error. Justo después de eso, mi niñita… Sólo hay once meses de diferencia entre Billy y su—su hermanita, la cual era Sharon Rose.
103 Yo quería darle a ella un nombre bíblico. Y no pudiendo llamarla Rose of Sharon [Rosa de Sarón], le puse Sharon Rose, y la llamé así. Ella era una criaturita muy hermosa. Y de repente, vino la inundación. Ella estaba acostada allí con neumonía.
Y nuestro doctor, el Dr. Sam Adair, vino. Y él es un hermano para mí. Él la miró y dijo: “Bill, ella está gravemente enferma”. Dijo: “No vayas a acostarte”. Justo en tiempo de la navidad. Él dijo: “No vayas a acostarte esta noche. Dale jugo de naranja toda la noche. Dale cuando menos dos galones esta noche para hacerla sudar esa fiebre. Ella tiene una fiebre de 105°F [40.56 °C]. Y dijo: ”Hay que bajarle esa fiebre de inmediato“.
104 Yo dije: “Muy bien”. Y me senté y le di jugo de naranja toda la noche. A la mañana siguiente la fiebre estaba un poco más baja.
Su madre vino. Y a ella no le agradaba el Dr. Adair para nada. A ella le gustaba otro doctor allí en la ciudad. Y ella dijo: “Voy a llevármela a casa. Este hospital no está equipado con calefacción y cosas para que ella se quede.
Yo dije: “Bueno, yo prefiero preguntarle al Dr. Adair si debiéramos moverla”.
Ella dijo: “Él no tiene el suficiente sentido para saber cómo entrar cuando está lloviendo afuera”. Ella dijo: “Yo no le preguntaría nada a él”. Dijo: “Yo conseguiré un doctor, un doctor…”
Yo dije: “Pero mire, nosotros no deberíamos… Nosotros no…”.
105 Y yo llamé al Dr. Adair. Él dijo: “Bill, no la muevas”. Dijo: “Si lo haces, eso la matará”. Dijo: “Sacarla a ella en ese frío, ahora mismo la temperatura está por debajo de cero, casi en ese lugar, y cambiarla de habitación a ella donde…” Dijo: “No hagas eso”. Pero desde luego, allí estaba la cosa.
Y yo lo llamé, dije: “Ella va a hacerlo de todas maneras”.
Él dijo: “Entonces yo abandonaré el caso, Bill. Yo te amo como un hermano, tú sabes eso, pero tendré que dejar el caso y pasarlo al Dr. Baldwin”.
Y yo dije: “Bueno… Yo… Doctor, Ud. sabe cuál es mi parecer”. Dije: “Pero yo…”
106 Entonces fui allá, me arrodillé y oré. Fui a la iglesia. Cuando comencé a orar parecía como que una sábana negra vino bajando enfrente de mí. Yo fui y dije: “Yo creo que ella no se levantará de la cama”.
Y todos ellos dijeron: “Oh, Billy, tú sólo piensas…”
Yo dije: “La misma cosa que sucedió acerca de esa inundación”, dije, “es la misma cosa que me está diciendo acerca de mi esposa”. Yo dije: “Yo no creo que ella se levantará de la cama”.
Dijo: “Oh, yo creo que es tu esposa y tú simplemente… Esa es la manera que tú piensas al respecto”. Pero oh, hermanos, un poco más adelante, yo nunca olvidaré cómo fue aquello. Oh, eso siguió así por un ratito, y ella se ponía cada vez peor.
107 Finalmente vino la inundación, y yo estaba en una cuadrilla de rescate allí. Yo tenía una lancha rápida y estaba tratando de sacar a la gente. Y recuerdo una noche que ellos tomaron – ellos la llevaron a ella al hospital, luego la pusieron a ella acá en un – en un lugar del gobierno. Y ella y ambos niños estaban enfermos, gravemente enfermos.
Y yo nunca olvidaré esa noche fatal cuando las esclusas se rompieron por allá abajo, yo escuché un grito bien lejos allá en la calle Chester. Y tenía una lancha veloz, y fui allí y traté de sacar a una madre de allí. Tan pronto la levanté, ella se desmayó. La levanté en mis brazos y la metí en la lancha como a las once; puse a los niños allí dentro. Y cuando la regresé a la orilla, ella comenzó a gritar: “¡Mi bebé! ¡Mi bebé!” Ella tenía un bebé allí como de dos años, yo pensé que ella quiso decir que tenía otro bebito allá en ese lugar. Y regresé para tratar de encontrar al bebé.
108 Yo amarré mi lancha al lado de la columna del porche, y cuando subí al cuarto, para tratar de buscar al bebé, escuché que la casa estaba cediendo abajo, y bajé corriendo rápidamente justo a tiempo para saltar al agua y agarrarme del extremo de mi lancha, y halar el… Y la temperatura estaba por debajo de cero, llovía y nevaba.
Y yo halé la cuerda así y me metí en la lancha. Las olas la atraparon y me arrastraron hacia el centro de la corriente, al río. Y yo entré nuevamente allí y no podía lograr que mi lancha encendiera: la vieja cadena, tiraba del motor fuera de borda, Uds. los de antaño saben que éste tenía un espiral en la parte de arriba. Y yo halaba y halaba, y no lograba encender la cosa. Y allá estaban las cataratas de Ohio rugiendo un poco más debajo de mí. ¡Oh, hermano! El camino de un transgresor es duro. Nunca piensen Uds. así.
109 Y yo halé y no arrancaba. Y halé otra vez y no arrancaba. Y lo intenté, y me puse en el centro de la lancha, y dije: “Dios, sólo faltan unos brincos más aquí y yo me hundiré debajo de esas cataratas allá”, donde ellas estaban rugiendo y burbujeando, millas de agua extendiéndose por allá. Yo dije: “Tengo una esposa enferma y dos niños acostados allá en el hospital”. Dije: “Por favor, Dios querido, haz que este motor arranque”.
Todo lo que yo podía pensar era: “Yo nunca permitiré que mi hija salga con un montón de esa basura”. Y yo digo esto con todo el debido respeto para cada iglesia: yo descubrí que lo que ella llamó “basura” es lo mejor de la cosecha. Eso es exactamente correcto. Eso es exactamente correcto.
110 Y yo tiré de eso, y seguía rugiendo en mis oídos. Y tiré nuevamente, y yo… Sólo unos pocos minutos y arrancó. Y tuve que avanzar río arriba y darle toda la gasolina que podía. Finalmente, desembarqué casi en New Albany, evitando así la orilla de esas cataratas.
Llegué otra vez, y corrí nuevamente al hospital para ver en dónde estaba mi esposa, y la inundación ya se había llevado esta cosa, no estaba. Ahora, ¿dónde estaba mi esposa, dónde estaban mis niños? Estaba mojado y con frío. Salí allí. Y me encontré con Major Weekly. Yo había…
El hermano Ryan acababa de salir para algún lado, yo no sabía para dónde él había ido. Yo creo que Ud. se había ido con el hermano George y ellos. Me encontré con el hermano George. La última vez que lo vi en mi vida, él puso sus brazos alrededor de mí y dijo: “Hermano Billy, con todo mi corazón…” Y él era un médium convertido. Y él dijo: “Con todo mi corazón, yo amo a Jesucristo, y si no vuelvo a verlo a Ud., le veré en la mañana”.
Yo dije: “Dios te bendiga, George”, mientras él se iba. En ese momento él estaba tratando de encontrar al hermano Ryan, en algún lado, puesto que él estaba en la ciudad.
111 Y luego yo traté de encontrar a Hope. No podía encontrarla. Algunos de ellos dijeron: “No, en ese grupo no se ahogó nadie”. Dijeron: “Todos ellos se subieron en un tren, y se fueron a Charlestown”. Bueno, me subí al carro y arranqué para Charlestown, y en eso, ese arroyo allá había cortado el paso, había como cinco millas de pura agua pasando por allí. Algunos de ellos dijeron: “No”, dijeron, “el tren llegó como a la mitad de camino de allí y fue arrastrado allá en el puente. Todos ellos se ahogaron allá, cayendo de ese puente”. Ellos habían salido en un tren de carga.
Mi esposa (su padre, uno de los jefes allí en el ferrocarril), y su hija con doble neumonía, y dos niños con neumonía: acostados allí en un tren de carga, y la aguanieve y la lluvia soplando por la carretera allí, en algún lado, y arrastrados por el agua.
112 Déjeme decirle, hermano, eso allí es demasiado. Cuando Dios lo llame a Ud. a que haga algo, no permita que nadie se interponga en su camino. Ponga Ud. a Dios primero.
Y yo traté de encontrar… No podía encontrar un camino, y busqué mi lancha, y traté de salir hacia… hacia Charlestown. Ni siquiera podía tocar las aguas, el remolino me sacaba rápidamente. Y yo pensaba que era un barquero muy bueno. Y lo intenté vez tras vez, ya casi estaba amaneciendo. No tuve éxito allí en lo absoluto. Todo se había perdido.
Entonces me quedé aislado, me hallé a mí mismo en una pequeña isla sentado allí. Durante tres o cuatro días estuve allí solo donde ellos tenían que dejarme caer algo para comer. Yo tuve bastante tiempo allí para pensar si eso era un montón de basura o no, si obedecer a alguna mujer, u obedecer lo que Dios dijo. No importa quién fuera, Ud. escuche lo que Dios le diga.
113 Y allí, después de un tiempo, después de que crucé las aguas, cuando descendieron lo suficiente, yo fui a ver adónde estaba mi esposa. Me dijeron que ella estaba en Charlestown. Llegué allá, y ella no estaba allí. Y el anciano Coronel Hay (recientemente partió a la gloria), él puso su brazo alrededor de mí, y dijo: “Vayamos a la estación del ferrocarril”. Cuando fui allí, con el corazón destrozado, llorando, yo no sabía qué hacer. Oh, hermanos, yo pensé: “Los niños probablemente están tirados por allá en algún montón de maleza. Mi esposa quizás esté tirada por allá también”. Oh, cómo yo lloré, y pedí, y me arrepentí, y le dije a Dios.
Miren, amigos. Yo creo que si yo hubiera continuado en ese momento, donde yo me estaba mezclando con ese grupo de gente que creía en lo sobrenatural, el Ángel de Dios hubiera venido a mí y revelado esa cosa, y hubiera habido muchos miles más de personas en la gloria por causa de ello. ¿Ven? Esa es la razón de que yo voy día y noche, y a todas partes, poniendo todas mis fuerzas, porque tengo que redimir el tiempo. Tengo que hacerlo.
114 Y entonces cuando yo… Finalmente alguien vino y me encontró, dijo: “No, Billy, ellos no se ahogaron, yo sé en donde están. Ellos están en Columbus, Indiana, en la iglesia bautista”. Y yo… me llevaron allá y yo corrí a través de ese pasillo esa noche, gritando a voz en cuello. A mí no me importaba quién me escuchara: “Hope, Hope, ¿dónde estás, cariño?” Por todo eso allí.
Y todos los refugiados estaban allí atrás en pequeños catres, y mantas colgadas arriba. Y dio la casualidad que miré allá abajo hacia el final, y vi una mano huesuda alzada así. Corrí rápidamente, traía puestas un par de botas, caí allí, me quité mi sombrero, miré allí abajo, y allí estaba acostada mi esposa, muriendo. Su mano alzada, su quijada hundida, habían pasado tres semanas o más antes de encontrarla. Sus ojos estaban bien hundidos.
115 Yo puse mis manos sobre ella. Ella dijo: “Yo sé que me veo horrible, Bill”.
Yo dije: “Cariño, tú te ves bien”.
Ella dijo: “Mira, no me digas eso, cariño”.
Yo dije: “Oh Dios, ten misericordia”. Dije: “¿Dónde están los niños?”
Ella dijo: “Mamá y ellos los tienen allá en el otro edificio”.
Yo dije: “¿Está Billy vivo?”
Dijo: “Sí”.
Yo dije: “¿Está Sharon viva?”
Dijo: “Sí”.
Yo dije: “Oh, gracias a Dios”. Dije: “Escuché de mamá y mamá está viva. Ella está en algún otro lugar”. Dije: “Escuché por radio, pero no podía oír acerca de ti en ninguna parte”. Y dije: “Oh, cariño”. Y ella dijo… Yo dije: “Tú…”
Y sentí que alguien me tocó en el hombro. Alcé la vista. Él era un hombre de aspecto muy inteligente. Él dijo: “¿Rev. Branham?”
Y yo dije: “Sí, señor”. [Palabras confusas]. Y caminé hacia allá. Dijo: “¿Es Ud. amigo del Dr. Sam Adair?”
Y yo dije: “Sí”.
116 Él dijo: “Su esposa, debo informarle… yo soy el doctor aquí”. Dijo: “Debo informarle que su esposa tiene tuberculosis galopante. Ella sólo tiene unos cuantos días de vida”. Dijo: “Ella va a morir”.
Dije: “No, doctor. No, eso no es verdad”.
Él dijo: “Oh, sí lo es, Rev. Branham, lo es”.
“Oh”, dije, “no puede ser, doctor. ¿Ud. quiere decir que ella está…?”
Él dijo: “Sí”. Y dijo: “Ud. será un hombre muy afortunado si sus hijos sobreviven”. Dijo: “Yo estoy atendiendo los niños también”.
Y yo dije: “Oh Dios, ten misericordia”.
Él dijo: “Mire, no se ponga a llorar delante de ella”.
Yo dije: “Está bien, señor. Muy bien”. Dije: “Muchísimas gracias. ¿Dónde está el Dr. Sam?”
Él dijo: “No sé en dónde está”.
Y yo dije: “Gracias, doctor”. Y dije: “Yo… Permítame regresar adonde está ella”, dije, “sólo para estar con ella lo más que pueda”. Yo dije: “No lloraré”.
117 Y regresé nerviosamente. La miré. Esos hermosos ojos negros bastante hundidos. Y su cabello y su frente. Oh, yo vi que ella se estaba yendo. La miré y dije: “Hope, cariño, tú te ves bien”.
Y ella dijo: “Oh, tal vez Dios tenga misericordia y me permita vivir, Bill”.
Y yo dije: “Espero que Él lo haga, cariño”.
Y entonces, después de unos cuántos días, yo la saqué de allí, la llevé a casa en Jeffersonville. Y ella seguía poniéndose peor, y peor, peor y peor. Los dos niños comenzaron a mejorar, pero ella empeoró. Y después de un tiempo…
118 El doctor Adair, él trató todo lo que pudo. Él envió a Louisville por un especialista en tuberculosis, lo trajeron, y dijo: “Bueno, si Uds. tuvieran una máquina de neumotórax”. Yo fui y pedí prestado el dinero y conseguí una máquina de neumotórax, y le dimos los tratamientos. Uds. saben lo que es neumotórax: ellos colapsan el pulmón, Uds. saben, de esa manera. Y yo aguantaba su pobre brazo y eso se agarraba a tal grado que ellos taladraban ese orificio allí, y vaciaban el pulmón. Si yo tuviera que repetir eso, yo nunca permitiría que ella sufriera de esa manera.
Y así que, era difícil, pero ellos estaban trabajando duro para salvarle la vida. Finalmente, la llevamos al hospital para tomarle unas radiografías. Y aquí venía, esa neumonía tuberculosa estaba subiendo, llenando el pulmón. Él dijo: “Ud. sólo tiene unos cuantos días, Rev. Branham. No hay nada en el mundo que pueda hacerse. Ella va a morir”.
Yo dije: “El Dios Todopoderoso la ha llamado para dar cuenta.
119 Oh, ¿cómo podía yo soportar eso? ¿Cómo podía yo creer? ¿Cómo podía yo hacerlo? Miré ahí y allí estaba acostada mi pequeña Sharon Rose, una bebita lactante, como de once meses de nacida. Acá estaba el pequeño Billy Paul casi de dieciocho meses de nacido; un niñito pequeñito. Y ellos, sin una madre; y yo. Oh, ¿qué podía yo hacer? Yo casi no lo podía creer. Caminé por la sala, lloré, hice de todo. Uds…. Déjeme decirle, hermano, será mejor que Ud. le obedezca a Dios cs uando Él le hable. Ud. haga lo que Él le diga.
Y caminé de aquí para allá. Finalmente llegó la hora. Yo estaba afuera en el carro. Y los escuché llamarme diciendo que debía venir al hospital de inmediato, mi esposa estaba muriendo, dijeron que ella no podía vivir más. Salí rápido para el hospital, me quité mi saco, subí corriendo las escaleras. Cuando lo hice…
120 Yo nunca lo olvidaré. El doctor Adair, un hombrecito muy fino, él vino caminando por la sala. Nosotros pescamos juntos, cazamos juntos, dormimos juntos, éramos amigos íntimos. Y él es especialista. Y él vino caminando por el pasillo con su cabeza agachada. Miró, parado allí y, él me vio, y lágrimas bajaron por sus mejillas, y él se desvió y entró a un cuarto.
Yo corrí por el pasillo rápidamente, abrí la puerta, y él puso su brazo alrededor de mí y dijo: “Billy, amigo…”
Yo dije: “¿Qué pasa, Doc?”
Él dijo: “No puedo decirte, Bill”. Dijo: “Sólo anda y deja que la enfermera te diga”.
Yo dije: “Vamos, doctor. ¿Qué pasa?”
Él dijo: “Ella está muerta”.
Yo dije: “Ella no está muerta, Doc.”.
Dijo: “Sí, ella ha muerto”.
Yo dije: “Doc., vaya conmigo a la habitación, ¿quiere?”
121 Él dijo: “Bill, yo no puedo hacer eso”. Dijo: “Hope, cómo es que nosotros… Pues, ella era como mi hermana”. Él dijo: “Yo no puedo entrar en esa habitación otra vez”.
Y entonces en ese instante entró una enfermera. Ella dijo: “Rev. Branham, esta es una medicina. Yo quiero que Ud. tome esto”.
Yo dije: “Yo no quiero su medicina”. Entonces ella dijo…
Yo salí hacia la habitación. Ella dijo: “Voy a ir con Ud.”.
Yo dije: “No, déjeme ir solo”. Dije: “Déjeme entrar a verla”. Y entré. Yo dije: “¿Está muerta?”
Dijo: “Yo creo que sí”. Dijo: “El doctor Adair salió hace unos minutos, y dijo que ya no había más nada que se pudiera hacer, ella estaba muerta”.
122 Entonces abrí la puerta y entré. Y la miré acostada allí y ella tenía sus ojos cerrados, su boca estaba abierta, su cuerpecito estaba encogido llegando a pesar como unas cien libras, o menos que eso, así. Y puse mi mano sobre su frente y estaba como pegajosa. Y yo dije: “Hope, cariño, ¿me contestarás?” Dije: “¿Tú…? ¿Tú—tú me contestarás, cariño?” Dije: “¿Me hablarás sólo una vez más?”
Yo dije: “Dios, yo sé que he estado equivocado, pero si Tú quieres, sólo permite que ella me hable una vez más. ¿Lo harás, Señor? Déjala hablar por favor”. Y mientras estaba orando, miré. Si yo vivo cien años, nunca… yo nunca olvidaré eso. Esos grandes ojos oscuros se abrieron y ella me miró. Ella me hizo señas que me agachara. Yo la miré y dije: “Cariño, tú estás bien, ¿no es así?”
123 Ella dijo: “Bill, ¿por qué me llamaste? ¿Por qué me llamaste?”
Yo dije: “¿Qué quieres decir?”
Ella dijo: “Oh, yo estaba tan tranquila”. Ella había estado sufriendo tanto.
Y yo dije: “¿Qué quieres decir con eso de tranquila?”
Ella dijo: “Bueno”, ella dijo, “Bill, tú sabes que yo me estoy yendo, ¿no es así?”
Y yo dije: “No”.
Ella dijo: “Sí”. Y dijo: “Bill, a mí no me importa”. Dijo: “¿Tú sabes por qué me estoy yendo, verdad?”
Y yo dije: “No”.
Ella dijo: “Bill, ¿tú recuerdas el día cuando fuimos donde mamá, y ese montón de gente que…?”
Yo dije: “Lo sé, cariño”.
Ella dijo: “Nosotros no debimos haber hecho eso”. Oh, eso me estaba partiendo el corazón.
124 En ese momento la enfermera entró corriendo por la puerta y dijo: “Rev. Branham, será mejor que tome esto”. Ella le hizo señas a la enfermera.
Ella me tomó de la mano, dijo: “Louise”, nosotros los conocíamos bien a todos ellos. Ella dijo: “Louise [confuso]”, ella dijo: “Ojalá, cuando tú te cases, que tengas un esposo como el mío”. Ella dijo: “Él ha sido muy bueno conmigo”. Ella dijo: “Yo espero…” Y Louise, ella sencillamente no pudo soportarlo. Ella colocó la medicina allí, y salió de la habitación.
Y yo dije: “Cariño, ¿te estás yendo?”
Ella dijo: “Yo estaba siendo llevada al Hogar, Bill”. Dijo: “Había alguien vestido de blanco parado a cada lado mío. Y yo estaba yendo por un gran sendero hermoso”. Y dijo: “Era pacífico, y las grandes palmeras como un oriente, y los grandes pájaros volaban de un árbol al otro”. Dijo: “Era un lugar muy hermoso”.
125 ¿Saben Uds. lo que pienso? Yo pienso que Dios le permitió a ella entrar en el Paraíso mientras que ella iba por allá. Y ella dijo: “¿Tú sabes, Bill, esa religión de la que hemos estado hablando desde que recibimos el Espíritu Santo?”
Y yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Nunca dejes de predicar Eso”. Ella dijo: “Quédate con Eso”. Dijo: “Esa es la Cosa”.
Y yo dije: “Cariño, si posiblemente yo hubiera escuchado…”
Ella dijo: “Sí, Bill”. Dijo: “Ahora mira, cariño”, dijo, “Yo me estoy yendo rápido”. Dijo: “Pero recuerda, ese maravilloso Espíritu Santo que nosotros hemos recibido”, dijo, “Él me está llevando hasta el final”. Dijo: “Prométeme esto, cariño, que tú nunca cesarás, tú nunca te detendrás, que tú te pararás fiel a Eso siempre”. Ella dijo: “Es maravilloso en la muerte”.
Y yo dije: “Lo haré”.
Ella dijo: “Tengo unas cuantas cosas para que me prometas”.
Yo dije: “¿Qué es, cariño?”
126 Ella dijo: “¿Tú recuerdas esa vez cuando estábamos en Louisville y tú te ibas a ir a ese viaje de cacerías, y tú querías comprar ese rifle calibre veintidós?”
Yo dije: “Sí”.
Y dijo: “¿Y tú no tenías lo suficiente, tres dólares, para dar la cuota inicial?”
Yo dije: “Sí”. Yo soy amante de los rifles y esas cosas, es sólo un deporte para mí y un pasatiempo, debiera decir. Y dije: “Yo recuerdo eso”.
127 Ella dijo: “Cariño, yo he tratado todo lo posible para ahorrar nuestros centavos y demás para comprártelo”. Dijo: “Después que yo me haya ido, ve a casa, y encima de esa cama plegadiza donde durmió el hermano Ryan”, dijo, “allí encima de eso, debajo del periódico, tú encontrarás el dinero que yo he ahorrado”. Dijo: “Yo he apartado eso de la asignación para mi ropa y cosas que tú me dabas”, dijo, “para ahorrarlo, para así tener lo suficiente para una cuota inicial para comprarte ese rifle”.
Uds. nunca sabrán cómo me sentí yo cuando miré allí y vi dos dólares y setenta centavos, en monedas de cinco y diez centavos, para comprar ese rifle.
128 Ella dijo: “Hay otra cosa”. Ella me habló acerca de unas medias que yo le había comprado en una ocasión que… Yo no sabía cómo comprar calcetines, y yo las llamé medias, y compré la clase incorrecta. Y ella me dijo que era la cosa incorrecta, y ella se las había dado a mi madre porque era la clase que ella usaba.
Entonces ella dijo: “Otra cosa, quiero que me prometas”.
Dije: “¿Qué es eso?”
Ella dijo: “Que tú no vivirás soltero”.
Y yo dije: “¡Oh, oh no, por favor! ¡Por favor, no me pidas eso, cariño!”
Ella dijo: “Mira, Bill”, dijo, “en el cielo no habrá casamiento ni eso de darse en casamiento”. Dijo: “Mira, yo tengo dos niños aquí con los que te estoy dejando”. Y ella dijo: “No me importa irme, pero me duele dejarte”. Dijo: “Me duele dejar a Billy Paul y a Sharon”. Ella dijo: “Pero Billy, si ellos son criados, y contigo en el ministerio, ellos quedarían andando de acá para allá”, dijo, “encuentra una buena muchacha, una buena muchacha que tenga el Espíritu Santo”, dijo, “permite que ella esté en mi lugar como una madre”.
129 “Yo pensé en una mujer de veintidós años, yéndose de esa manera. Yo no podía prometérselo a ella. Yo dije: ”Cariño, yo sencillamente no puedo prometerte eso. Yo no puedo hacerlo“.
Ella dijo: “¿Tú no quisieras dejarme ir infeliz?”
Yo dije: “No”. Dije: “Yo sólo haré lo mejor que pueda”.
Ella dijo: “Bill, creo que Ellos están regresando”. Dijo: “No pienses que estoy fuera de sí porque no lo estoy”, dijo, “pero yo siento que Ellos se están acercando. Ellos vienen por mí”.
Me eché hacia atrás, la miré y dije: “Querida, si tú te estás yendo, bien. Yo llevaré tu cuerpo acá al cementerio Walnut Ridge, y haré un montículo y te sepultaré allí”. Y dije: “Entonces, si Jesús viene antes que yo me vaya, yo estaré en algún lugar en el campo de batalla predicando el Evangelio del Espíritu Santo”. Y dije: “Si duermo, estaré a tu lado”. Y dije: “Mira, cariño, para mi última cita contigo, mi amor”, dije, “cuando la gran Ciudad blanca como las perlas venga descendiendo de Dios, del Cielo, y la luna y el sol se paren allí juntos, negros, goteando sangre…”
130 Nosotros no creemos en muerte de cristianos. Uds. no pueden probarme a mí que un cristiano muere. La sangre de Jesucristo quita el pecado, no lo cubre. El creyente va a la Presencia de Dios ahora.
Miren, yo dije: “Cariño, si yo estoy durmiendo ese día, si estoy despierto, tú vendrás primero, porque los que mueren en Cristo resucitarán primero”. Yo dije: “Tú corre rápidamente a el lado de la puerta de la Ciudad”. Y dije: “Cuando veas a Abraham, Isaac, y Jacob y a ellos viniendo”, dije, “tú entonces comienza a gritar, mi nombre, a voz en cuello: Bill, Bill, tan fuerte como puedas”. Y yo dije: “Yo buscaré a Sharon y a Billy y los juntaré, y te encontraré allí en la puerta antes de que entremos”.
Ella agarró mi mano y la apretó. Yo me agaché y le di un beso de despedida. Ella… Esos ojos angelicales me miraron otra vez mientras era llevada y dijo: “Te estaré esperando en la Puerta”.
Dios se llevó su preciosa alma a la gloria. Yo me quedé parado allí mirando hacia abajo. ¿Qué podía hacer yo, mi esposa había partido, la mismísima parte de mi corazón fue arrancada? Yo salí de allí para irme a casa, llevé su cuerpo a la morgue. Ella fue embalsamada. Y me fui a casa para tratar de dormir, pero no pude hacerlo.
Al poco rato, un hombre tocó a mi puerta, dijo: “¿Billy?”
Yo dije: “Sí”.
Dijo: “Me pesa decirte esto”.
Yo dije: “Pero hermano Frank, yo estuve allí mismo cuando ella murió”.
Él dijo: “No es eso”. Dijo: “Tu bebé también está muriendo”.
Yo dije: “¿Quién, Billy?”
Dijo: “No, Sharon”.
Yo dije: “Seguramente que no”.
131 Dijo: “El doctor Adair acaba de venir, la agarró y se la llevó al hospital. Y ella tiene meningitis tuberculosa. No hay probabilidades. Ellos dicen que ella estará muerta dentro de poco”.
Ella estaba totalmente saludable. Yo corrí tan rápido como pude. Ellos tuvieron que aguantarme, sentarme en un viejo camión Chevrolet, él y su hijo. Yo sencillamente no podía contenerme, mi corazón se estaba partiendo.
Fui al hospital y entré. Allí estaba sentada una enfermera, dijo: “Mire, Rev. Branham, Ud. no puede bajar allí. La tenemos en un cuarto aislada”. Dijo: “Ud. le transmitirá a Billy Paul la misma cosa”. Dijo: “Ud. no puede ir”.
Yo dije: “Debo ver a mi bebé”.
132 Ella dijo: “Ud. no puede ir, Rev. Branham, es meningitis tuberculosa. Ella la contrajo de su madre. Está en su columna y ella está muriendo en estos momentos”. Y dijo: “Si Ud. entra allí”, dijo, “es peligroso pues podría pasarle eso a Bi… su hijo”. Y dijo: “Ud. no puede entrar”. Y ella dijo: “Vaya a la habitación”.
Y yo fui a la habitación. Cuando ella cerró la puerta, yo salí rápidamente detrás de la puerta y bajé adonde ella estaba. Era un hospital muy pobre. Miré allí, y le habían puesto un pequeño trapo sobre los lados, unos mosquiteros ellos le llaman. Las moscas se le habían metido en los ojos.
Yo estaba abajo en el sótano en un cuarto aislado. Entré y miré a mi bebé. Allí estaba ella acostada, mi criaturita. Sus ojitos azules me miraban, su piernita, gorda puesta allí con sus pañales puestos, Uds. saben. Y ella estaba… Su piernita se movía para arriba y para abajo como con un pequeño espasmo, y su manita como que me estaba saludando. Yo dije: “Sharon, ¿tú conoces a papá?”
133 Y sus labiecitos comenzaron a temblar. Ella estaba sufriendo tanto que uno de sus ojitos azules se le puso bizco así. ¡Oh, hermanos! Cuando pienso en ello… Yo no soporto ver a un niño bizco. Uds. saben, algunas veces Dios tiene que tomar una flor y aplastarla, para sacar el perfume. Yo… cada vez que yo veo a un niño bizco, pienso en eso. Todavía no he visto uno que Dios no haya sanado.
Entonces noté que ese ojito se estaba moviendo hacia un lado de esa manera. Pensé: “¡Oh Dios!” Caí sobre mi rostro y dije: “Dios, no te la lleves por favor. Oh Dios, ¿vas Tú a…?” Dije: “Llévame a mí primero. Permíteme morir. Yo soy el que ha faltado”. Pero Dios sabe cómo llegar al corazón de uno. Sí, Él sabe.
134 Y yo dije: “Soy yo el que ha hecho lo malo, Señor. Oh, no te lleves a mi bebé. Llévame a mí, Señor. Mi esposa está allá en la morgue, y aquí Tú te vas a llevar a mi bebé. Por favor no lo hagas, Señor. Yo—yo te he servido, yo estoy avergonzado de mí mismo de que escuché a alguien en vez de a Ti. Yo nunca lo volveré a hacer, Señor. Yo quiero vivir para Ti, yo haré todo lo que Tú quieras que haga. Esa gente no es escoria. Ellos no son basura”. Dije: “Yo iré. No me importa que me llamen aleluya o lo que sea. Ellos pudieran hacerlo. Yo te serviré si Tú tan sólo dejas que mi bebé viva, Señor. Hazlo por favor”. Suplicando así.
135 Y miré hacia abajo. Y tan pronto miré adonde… Aquí vino una sábana negra bajando. Yo sabía que ese era el fin. Sabía que ella se iba a ir. Yo la miré de esa manera. Y su boquita comenzó a abrirse. Sus ojos se cruzaron. Y yo dije: “Sherry, ¿tú conoces a papá, cariño?” Y ella estaba haciendo un ruidito extraño. Y yo puse mi mano sobre su cabeza.
Entonces satanás se me acercó y me dijo: “¿Confiarás tú en Él ahora?” Yo puse mi mano sobre ella y dije: “Dios, Tú me la diste, y Tú me la estás quitando. Bendito sea el Nombre del Señor”. Dije: “Dios, yo no puedo negarte, no puedo decir que Tú eres injusto. Yo debidamente merezco todo este castigo. Tú todavía eres justo, y yo aún te amo. Yo te serviré con todo mi corazón. Ahora, en cuanto a mi bebé, Señor. Yo te he suplicado, he tratado de hacer que no te la lleves. Pero, sin embargo, no se haga mi voluntad sino la Tuya”.
136 En ese instante sentí mi fuerza humana desfalleciendo, mi cuerpo desplomándose en el suelo. Me aguanté del lado de la cama. Los Ángeles de Dios vinieron y tomaron su pequeña alma y la llevaron con su madre. Yo tomé su cuerpecito y lo puse en el brazo de la madre; allí… Miré allí, y oh, hermanos. La llevaron al cementerio y la bajaron. Y el hermano Smith parado allí, el predicador metodista, predicó su funeral, puso sus brazos alrededor de mí, agarró los terrones de polvo, lo roció sobre el féretro y dijo: “Cenizas a las cenizas, y el polvo al polvo, y la tierra a la tierra”. Mi corazón bajó allí también. Mi esposa, mi bebé.
Entonces Billy Paul se enfermó. Él estaba allí al borde de la muerte, dieciocho meses de nacido. La última vez que él vio a su madre (estaba parado allí en el patio con mi gorra de beisbol puesta, así), y ella yendo en la ambulancia, su mano huesuda, saludando, diciendo: “Mi bebé, mi bebé”. El pequeñito parado en el patio… Yo sé… Discúlpenme. Ella… Nosotros íbamos por la calle… Y Billy estaba en la casa de mi madre, y él la estaba mirando a ella, no sabía que allí iba su madre, yendo directamente a su muerte; y ella tratando de saludar a su bebé allí en el patio a través de la ventana de la ambulancia; pobre pequeñito.
137 Yo miré hacia abajo. Ellos la sepultaron. Parecía como que venía susurrando a través de esos árboles, parecía como que yo podía escuchar la voz de ella decir:
Hay una tierra más allá del río,
Que llaman el dulce para siempre,
Y nosotros solamente llegamos a esa ribera por decreto de la fe;
Uno a uno pasaremos por el portal,
Para allí morar con los inmortales,
Algún día ellos tocarán las campanas de oro
Para ti y para mí.
138 No hace mucho, yo estaba llevando a Billy a la tumba para poner una flor sobre ella en la Pascua. El pequeñito cargaba la flor. Y nosotros llegamos, llegamos cerca de la tumba de su madre, apenas rallaba el día. Vi al pequeñito quitarse su sombrero, así como hice yo, pusimos la flor sobre la tumba de su madre y la bebé. Comenzamos a arrodillarnos. Yo puse mi brazo alrededor de él y le dije: “Hijito, yo prácticamente he sido tanto mamá como papá para ti”. Por años yo viví soltero. Yo cargaba sus biberones aquí en mi abrigo para mantenerlos calientes, los metía debajo de mi almohada en la noche para que mi cabeza mantuviera caliente la leche. Dije: “Yo he hecho todo lo que puedo para criarte para que seas un buen muchacho”. Dije: “Allí está el polvo de la tierra de donde mamá y tu hermanita vinieron. Pero hijito, más allá de este velo, en Jerusalén, hay una tumba vacía. Los que han muerto en Cristo, algún día ellos saldrán de esa tumba”. Y nosotros, el pequeñito estaba sollozando, nos arrodillamos y oramos frente a la tumba.
139 Recuerdo tratando de ir a trabajar después de eso. Un poco después, yo pensé que… Oh, no existe lugar alguno como el hogar. Si alguna vez su hogar fue destrozado, nunca habrá nada que tome su lugar. Yo no he encontrado paz en ninguna parte. Un día, incluso, estuve a punto de suicidarme. Cuando entré a la habitación, yo sencillamente no podía soportarlo más. Aquello simplemente… Yo subí. Yo era un liniero, y me subí al poste. Y yo estaba… Una mañana yo estaba cantando: En el monte Calvario estaba una Cruz“. Y sucedió que miré. Y ese brazo cruzado en el poste, yo echándome hacia atrás en mi cinturón de seguridad. Mi sombra sobre esa colina donde estaba el poste, de alguna manera se veía como la cruz. Y de repente pensé: ”Sí, fueron mis pecados que lo colgaron a Él allí“.
140 Y yo miré allí y dije: “Oh Dios, ya no lo soporto”. Dije: “Sharon Rose, cariño, estoy viniendo a verte esta mañana”. Me quité mis guantes. Yo era un liniero, Uds. saben. Guantes de veintitrés mil voltios. Me quité mi guante protector. Aquí estaba la línea primaria pasando frente a mí, dos mil trescientos voltios; al tocarla le quebraría a uno cada hueso del cuerpo. Yo dije: “Sharon, cariño, ¿me oyes? Papá viene a casa a verte en esta mañana”. Entonces me quité ese guante y dije: “Dios, esto es un truco cobarde, pero… [Cinta en blanco]…
141 Y yo pasé, como siempre, traté de ser un caballero. Me quité el sombrero y dije: “¿Cómo está Ud., jovencita?”
Ella dijo: “Hola, papá”.
Yo dije: “¿Papá?” Pues yo dije: “Yo tengo la misma edad que tú, ¿cómo pudiera ser tu papá?”
Ella dijo: “Papá, es que tú no te das cuenta en dónde estás”. Dijo: “Esto es el Cielo”. Ella dijo: “¿Dónde está mi hermano, Billy Paul?”
Y yo dije: “¿Qué es esto?”
Ella dijo: “Papá, allá en la tierra yo era tu pequeña Sharon Rose”.
Yo dije: “Sharon, ¿y tú eres una dama?”
Ella dijo: “Sí. Los niñitos no lo son Aquí, papá”, dijo, “todos tenemos la misma edad”. Dijo: “Mi mamá te está esperando”.
142 Y yo dije: “¿Dónde está tu madre?”
Ella dijo: “Allá en tu nuevo hogar”.
Yo dije: “¿Nuevo hogar?” Dije: “Pues, yo no tengo hogar, cariño”. Dije: “Los Branham no tienen hogar. Ellos son vagabundos”.
Ella dijo: “Pero papá, tú tienes un hogar Aquí”. Dijo: “Voltea hacia acá”.
Y yo miré. Parecía como una colina, una gran mansión en todas partes, el resplandor de Dios salía por todo alrededor. Ella dijo: “Papá, mi madre está allá esperándote”. Y yo…
Ella dijo: “Yo voy a esperar a Billy Paul. Mamá quiere verte”.
143 Y yo comencé a subir corriendo, así los escalones. Y cuando subí, como de costumbre, allí estaba ella parada. Ya no estaba enferma, el cabello oscuro hermoso le colgaba hasta los hombros, sus ojos negros y brillantes me miraban, vestida de blanco. Ella extendió sus brazos y dijo: “Bill”.
Yo subí rápidamente, caí a sus pies, la tomé de la mano. Y dije: “Cariño, yo no lo entiendo”.
Ella dijo: “Ponte de pie, cariño”. Yo me puse de pie. Ella dijo: “Mira”.
Y yo dije: “Vi a Sharon. Cariño, ella es una joven hermosa”.
Ella dijo: “Sí, así es”. Dijo: “Ella está esperando a Billy”.
Y yo dije: “Hope, yo no puedo entender todo esto”.
144 Ella dijo: “Yo sé que no puedes, pero dentro de poco despertarás y entonces entenderás”. Dijo: “Bill, tú estás muriendo de la preocupación”. Dijo: “No te preocupes por Sharon y por mí. Nosotras estamos mejor de lo que tú estás”. Dijo: “Todo está bien”. Dijo: “Tú simplemente continúa y haz como prometiste”.
Y yo dije: “Bueno, Hope, no puedo entender todo acerca de esto”.
Ella dijo: “¿No deseas sentarte?”
Y yo miré, y allí estaba un sillón bien grande. Miré hacia ella. Ella dijo: “Tú recuerdas, ¿verdad?”
Y yo dije: “Sí”.
145 Una vez cuando yo había predicado… Yo trabajaba todo el día y predicaba toda la noche. Y llegaba a casa y quería un lugar para descansar. Y compré un sillón de esos antiguos. Pagué quince dólares por él. Y pagué un dólar de cuota inicial, y un dólar cada dos semanas. Y había pagado cinco o seis dólares y no pude hacer los pagos. Y un día cuando volví a casa, ella me dijo que… Yo tuve un [palabras confusas] allí. Y sencillamente no podíamos hacer los pagos. Y pues tuve que dejar que se lo llevaran. Yo… Era el único mueble que teníamos en la casa que valía algo. Ya teníamos pagada como una tercera parte.
Y esa noche cuando llegué… Ella era todo un amor. Ella sabía… Ella me había hecho un pastel de cereza, sabía cuánto me gustaba. Y ella me había hecho un pastel de cereza. Y ella dijo que había mandado a algunos de los muchachitos a sacar lombrices para pescar. Nosotros íbamos a ir a pescar al río y ella me estaba contando todo… Y yo sabía que algo no estaba bien. Y después de la cena ella dijo: “Mira, vayamos al río enseguida, Bill”. A ella no le gustaba la pesca, pero ella sabía que a mí sí. Entonces ella dijo: “Vayamos al río”.
Y yo dije: “Cariño, ¿qué ha sucedido hoy?”
Ella dijo: “Nada”.
146 Y yo podía ver las lágrimas en esos grandes ojos. Yo sabía que algo no estaba bien. Dije: “Vayamos al cuarto de enfrente”. Yo pensé que algo no estaba bien.
Y ellos… Yo ya les había mandado a decir que lo vinieran a buscar. Así que ellos se habían llevado mi sillón. Cuando fui a la puerta. Ella miró allí, y puso sus brazos alrededor de mí, y dijo: “Bill, yo me esforcé bastante, cariño. Yo me esforcé. No es…”
Yo dije: “No, querida, no es culpa tuya. Pero uno de estos días las cosas serán distintas y algún día Dios proveerá una manera, y nosotros tendremos una buena silla. ¿No crees tú eso?”
Y ella dijo: “Espero que sí, Bill”.
147 Y justo en ese momento, en este sueño, ella apuntó hacia un sillón. Y entonces ella me miró, yo dije: “¿Tú recuerdas ese sillón?”
Dijo: “Sí”. Ella dijo: “Pero cariño, ellos nunca vendrán a llevarse éste. Éste ya está pagado. Ellos nunca vendrán por éste”. Dijo…
Yo sé, mi amigo cristiano, en alguna parte más allá de los cielos, cuando esta vida mortal mía se desvanezca en una mañana… Yo sé que hay descanso para mí al otro lado del río. Allá yo tengo una silla, un hogar, un lugar. Yo los amo a ellos con todo mi corazón. Eso es verdaderamente con todo mi corazón. Y mis tristes errores que yo he cometido a través de la vida, permitan Uds. que ellos sean escalones.
148 Se me pasó el tiempo. Por favor hagan esto: si Ud. nunca ha hecho la paz con Dios y sabe que algún día… Quizás su experiencia no fue como la mía. Espero que no haya sido. Pero recuerden que cada mortal aquí tiene que encararse con Dios allá algún día. Y yo recuerdo el último beso que puse en sus labios. Algún día yo me encontraré con ella allá en el más allá tan cierto como estoy parado aquí. La gracia de Dios me salvó. Ella me guarda día a día. Y yo vivo…
Una mujer me dijo no hace mucho, hace como uno o dos años, ella dijo: “Hermano Branham, cuando Ud. está en casa, la gente llega a montones, cuando Ud. está aquí en las reuniones, ¿cuándo tiene Ud. algún descanso?”
149 Hace unos años, si Uds. miran en el libro allí atrás, Uds. no sabrían que yo era el mismo hombre. Cuando regresé a casa después de mi primera gran reunión, hasta mi bebé me tuvo miedo y huyó de mí. Yo perdí la mayor parte de mi cabello, se me había caído. Mis hombros se habían encogido. Algo había pasado. ¿Cuál es el problema? Eso es por causa de la revelación, de la visión de Dios que baja, y yo sé que eso me está agotando la vida diariamente.
Yo miré el otro día, cuando estuve parado, usando mi navaja de afeitar. Pensé: “Oh, ¿cómo puede ser que estos pocos años han causado esto en ti, muchacho?” Pero uno de estos días cuando yo cruce al otro lado las cosas serán distintas entonces.
150 Yo los amo. Yo estoy aquí en este lugar de Hammond, Indiana para hacer lo mejor que pueda para ayudarlos. Estoy aquí para orar con Uds., estoy aquí para hacer todo lo que pueda. Y Uds. me ven trabajando afanosamente con toda mi alma para tratar de hacer que la gente crea en Jesucristo. En aquel día glorioso cuando yo llegue delante de Él allá, me gustaría mirar atrás y ver a toda esta cantidad de gente parada allí, y decir: “Señor Jesús, eso es lo mejor que yo pude hacer”. Oírlo a Él decir: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Entra a los gozos del Señor”. Allí es donde yo espero estar algún día. Uno de estos días cuando todo se acabe y yo haya muerto, yo tendré que pararme delante de Él. Inclinemos nuestros rostros por un momento.
Padre Celestial, mientras miro atrás, tratando aquí, sabiendo que tengo un servicio esta noche, dándome cuenta que debo serenarme con todo lo que tengo, para ministrarle al pueblo. Y mientras pienso, allá atrás a lo largo de la jornada de la vida, todos los pesares, y congojas, y hambres, y errores…
151 Dios, pudiera haber un hombre joven sentado aquí hoy, o una mujer joven, apenas saliendo en las encrucijadas de la vida. Pudiera haber algún hombre o mujer que ha pasado la mayor parte de sus días y todavía no te hayan aceptado a Ti.
Cuán agradecido estoy cuando me acerco a la tumba de mi ser querido allí, sabiendo esto, que eso es como un grano de trigo que cayó en la tierra, y que allí adentro yace un gérmen de vida inmortal, el cual también saldrá cuando el Hijo venga. Cuando el Hijo de Dios haga brillar Su justicia sobre la tierra, entonces mi pequeña Sharon Rose se levantará, y entonces cuando yo la abrace a ella en mis brazos, diré: “Querido amorcito, Dios sabía mejor. Él sabía que yo no tenía ninguna manera de cuidar de ti. Él sabía lo que era mejor. Tal vez tú hubieras salido aquí a alguna de estas tabernas, o algo así, y sido como una de esas muchachas modernas. Él te tomó. Yo sé donde tú estás ahora, amorcito: con mamá. Y algún día, papá vendrá”.
Oh Dios, yo oro hoy, como Tu siervo, ruego que, si hay esa persona aquí que no te conoce a Ti en este tiempo, que ellos puedan decir: “Esta es la hora en que yo voy a evitar todos esos problemas. Yo voy a aceptar a Cristo como mi Salvador. Yo voy a ser lleno con Su Espíritu, y voy a vivir para Ti”. Si hay una pareja joven aquí, Señor, que no te conoce, yo ruego que esta sea la hora de su decisión. Concédelo, Padre.
152 Discúlpame por ser un bebé, Señor, pero tan sólo los recuerdos de los viejos tiempos, esos días tristes de sudor, y lágrimas, y afanes, y congojas, y muerte, y hambre. Dios, que Tu Espíritu hable ahora a algún corazón.
Mientras tenemos nuestros rostros inclinados, si hay alguien en el edificio que esté… que quisiera llegar a ser un cristiano en este momento, levante por favor su mano y diga: “Hermano Branham, yo creo que Dios escucha su oración, yo quiero que Ud. ore por mí. Yo quiero ahora aceptar a Cristo”.
Dios le bendiga, a Ud., a Ud., alguien aquí abajo en el piso de abajo. Alguien más que desea aceptar a Cristo como Salvador personal, que desee ser recordado en oración, que crea que Dios oye mi oración. ¿Pasará Ud. al frente? ¿Levantará su mano primero?
Arriba en el balcón, a mi izquierda, ¿hay un pecador allá arriba que quisiera aceptar a Cristo? Si Ud. ve los milagros de Dios, y ve que Dios contesta mi oración, ¿lo aceptaría Ud. a Él como su Salvador? ¿Lo creerá? Yo quiero recordarlo a Ud. en una palabra de oración. Levante su mano, mientras están todos sentados allá arriba. Puede que todos Uds. sean cristianos, yo no lo sé. Dios conoce su corazón, yo le amo.
153 En el balcón, hacia la parte de atrás, alguien allí atrás que quisiera decir: “Hermano Branham, recuérdeme, yo soy un pecador. Sólo ore por mí para que yo sea salvo”. ¿Levantaría Ud. su mano? Dios le bendiga, señor, veo su mano. Y Dios le bendiga a Ud., hermana, veo su mano.
Alguien a la derecha en el balcón, ¿levantará Ud. su mano y dirá: “Hermano Branham, recuérdeme en una palabra de oración. Yo creo que Dios oirá su oración?” Si Ud. no es un pecador, mejor dicho, y desea aceptar a Cristo? Dios le bendiga, veo su mano, hermana. ¿Alguien más? Yo le veo, sí. Y a Ud., jovencita, le veo.
Abajo en las gradas aquí a mi derecha, levante su mano y diga: “¡Recuérdeme!” Dios le bendiga, señor, veo su mano.
154 Alguien ahora en el centro, el pasillo a la derecha aquí, levante su mano, a medida que vamos pasando. Si hay algún pecador aquí, levante su mano. Por aquí en este pasillo, ¿levantaría Ud. su mano? Si no hay, pasaré al pasillo izquierdo. Eso es entre Ud. y Dios.
Ahora, en el pasillo izquierdo levante su mano, Uds. que son pecadores, y digan: “Hermano Branham, recuérdeme en una palabra de oración, por favor”. ¿Levantará Ud. su mano en el pasillo izquierdo, aquí a mi izquierda?
Muy bien. En las gradas a la izquierda, ¿levantaría Ud. su mano? Dios le bendiga a Ud., a Ud., a Ud., a Ud., a Ud., a Ud. Sí, hay muchos sentados por allí. Dios les bendiga a todos, allí.
155 Allá en la parte de trasera, parados allá en los cuartos, ¿es Ud. un pecador hoy y quisiera decir: “Hermano Branham, recuérdeme en una palabra de oración. Yo quiero llegar a ser un cristiano. Y verdaderamente, yo creo que existe un Cielo, y yo he tenido dificultades también en mi vida, y quiero aceptar a Cristo ahora como mi Salvador, para que en mi pueda haber un gérmen de vida, un nuevo nacimiento?” ¿Levantaría su mano y diría: “Recuérdeme?” Muy bien.
Todos aquellos ahora que quisieran ser recordados en oración para esta oración, ¿se pondrían de pie ahora mientras oramos por Uds.? Sólo como un testigo. “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los santos ángeles”. Eso es correcto. Miren, parados arriba en alguna parte, acá en los balcones y en dondequiera que Uds. puedan. Uds. que desean ser recordados en esta oración ya para terminar, pónganse de pie y digan: “Hermano Branham, yo ahora, yo quie… yo quiero ser recordado en esta oración para que Jesucristo…” Eso es maravilloso.
¿Alguien más? ¿Alguien más? Eso es correcto. Eso es maravilloso. Oh, yo estoy tan contento de verla a Ud. hacer eso. La madre con el niñito, Dios la bendiga a Ud., hermana.
156 Yo me pregunto, me pregunto. ¿Saben lo que me gustaría hacer? A mí me gustaría estrechar su mano. A mí sencillamente me encantaría estrechar su mano y orar con Ud. aquí en el altar. Me pregunto mientras la música está cantando, o la música está tocando, y nosotros estamos cantando, en voz baja: “Casi Persuadido, ahora para creer”, yo me pregunto si Ud., allí abajo, si Ud. quiere pasar rápidamente aquí al altar. Baje de los balcones, por favor, aquí, y déjeme pararme aquí y orar con Ud., aquí mismo, delante de Ud., yo puedo poner mis manos sobre Ud. ¿Hará Ud. eso? Ud. aquí que desea aceptar a Cristo, ahora, como su Salvador. Yo quiero ver.
Hermanas allá atrás, si Uds. vienen aquí, yo estaré contento de orar con Uds., si tan sólo pasan al frente. Eso está bien. Dios les bendiga, eso es maravilloso. Bajen de los balcones, de las gradas, Uds…. Y pasen aquí al frente ahora. Y nosotros queremos que Jesús nos escuche. Oh, cuán maravilloso.
“Casi Persuadido”. Ahora para creer;
“Casi Persuadido” para recibir a Cristo;
Parece ahora que algún alma dice: “Ve, Espíritu, vete por Tu camino:
Algún día más conveniente, a Ti invocaré“.
Miren. Uno de estos días Dios va a apagar la luz de sus ojos. Oh, ser mortal, ¿no vendrá Ud. ahora? Si Ud. cree que Dios escucha la oración, ¿no vendrá Ud. aquí, se parará aquí en Su Presencia para hacer una confesión de que: “Yo ahora le creo a Jesucristo y lo acepto a Él como mi Salvador?” ¿No vendrá?
Qué tiempo tan maravilloso. Qué tiempo para que los pecadores vengan. Correcto. Sólo mírenlos reuniéndose aquí alrededor ahora, un llamamiento al altar chapado a la antigua. ¿No es maravilloso? Todavía hay gente con lo suficiente haciéndose pedazos en sus corazones. No importa qué tan almidonada se ha vuelto la gente, todavía el Espíritu Santo se mueve y hace pedazos el corazón y los trae directo al altar.
157 ¿Cuántos conocen ese canto: Oh, ¿Por qué No Esta Noche? ¿Uds….? ¿Alguna vez lo han escuchado? ¿No muchos de Uds.? Muy bien, organista, ¿nos quisiera dar el tono de eso: “¿Por qué No Esta Noche?” ¿Ud. lo sabe, hermana? Muy bien. Muy bien, cantemos todos ahora.
Oh, ¿por qué no esta noche?
Oh, ¿por qué no esta noche?
¿Quieres ser salvo?
Oh, entonces ¿por qué no esta noche?
Mañana el sol pudiera no salir, para bendecir tu vista engañada por tanto tiempo;
Este es ese tiempo, oh, entonces sé sabio,
Oh, salvo, oh, esta noche.
Oh, ¿por qué, dime por qué no, esta noche?
¿No quiere Ud. venir mientras que la gente está bajando y reuniéndose aquí? Ud. va a ver al Espíritu Santo caer, creo que en unos cuantos momentos aquí, algo que Ud…. Si Él sana al enfermo, Él seguramente salvará al perdido… ser salvo.
Entonces ¿por qué no esta noche?
158 Escuchen mientras que ellos están viniendo. El órgano, continúe hermana, por favor. Todo cristiano esté orando. Miré aquí hace un rato hacia la audiencia… Yo no diría esto a menos que el joven estuviera parado aquí. Yo vi a un joven soldado con un uniforme. Sé que Dios le estaba hablando al corazón de ese muchacho. Si tengo el presentimiento correcto, ese muchacho se dirige a las aguas. ¿No es así? Dios está salvando a ese joven soldado ahora.
159 Veo a una jovencita sentada en la audiencia. No voy a mencionar su nombre. Pero Dios le ha hablado a ella, yo sé que ella debería venir. Confío que ella lo haga, es por ella por quien estoy esperando. Quizás hay otros en alguna otra parte. ¿No vendrá Ud.? Hasta los jóvenes. Esta es la hora, este es el tiempo. Hoy es la hora para ser salvo. Mientras llamamos una vez más Por Qué No Esta Noche, ¿quiere Ud. levantarse y venir? Yo… Antes de que hagamos eso, oremos.
160 Padre, yo creo con todo mi corazón que esta pudiera ser la decisión final para algunas personas. Dios, yo ruego que estas personas sobre la cual me estás hablando ahora, yo te pido que seas bondadoso una vez más. Habla al corazón de esa persona ahora y envíala aquí arriba. Este pudiera ser un tiempo de separación, cruzando entre la misericordia y el juicio. Dios, si eso es así, yo no lo sé, Señor, pero Tú lo sabes. Si lo es, ruego que esta… esa… la mujer pase rápidamente al altar ahora mismo. Concédelo, Señor. Bendice ahora a todos los demás por aquí a los cuales Tú les estás hablando. Yo lo encomiendo a Ti ahora, Padre. Mientras cantamos una vez más, que el Espíritu Santo llame; mientras que los cristianos están orando.
Oh, ¿por qué no esta noche?
Oh, ¿por qué no esta noche?
¿Quieres tú ser salvo?
Entonces ¿por qué no esta noche?
161 Jesús de Nazaret, rogamos ahora en Tu Nombre, que hables ahora. “Estos”, Tú has dicho: “Que vengan y Me confiesen delante de los hombres, Yo los confesaré delante de Mi Padre y de los santos ángeles”.
Mientras que todos tenemos nuestros rostros inclinados, ¿hay alguno en el edificio que quisiera el bautismo del Espíritu Santo ahora, que Ud. quisiera venir y ser lleno con el Espíritu Santo? Métase en la línea aquí con estos, si Ud. quisiera recibir el Espíritu Santo. Esto pudiera marcar una gran diferencia. Si Ud. está aquí como un pecador, una persona enferma, y viene y acepta a Cristo, eso pudiera marcar una gran diferencia. Esta es la hora.
¡Maravilloso! Mire a esos que están hambreando por Dios. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”. Dios, sé misericordioso. Sólo miren, amigos. “A menos que un hombre nazca del agua y del Espíritu, él no puede ver el Reino”.
162 No en base a la fortaleza de mi esposa muerta. No, señor; en base a la fortaleza de la Biblia de Dios, yo voy a decir esto, amigo: si Ud. no tiene el Espíritu Santo, no trate de encarar la Eternidad sin ser nacido de nuevo. Dios tenga misericordia de nosotros. Maravilloso.
Eso es correcto, joven. La jovencita debería haber venido también.
Muy bien. Todos juntos ahora mientras cantamos: Haz lo que quieras, Señor. Vamos, juntos ahora. Muy bien. Denos el tono, hermana.
¡Haz lo que quieras, de mí, Señor!
Tú el alfarero; yo el barro soy.
Manso y humilde hoy quiero ser,
Cúmplase siempre, en mí Tu querer.
[El hermano Branham comienza a tararear: Haz Lo Que Quieras, Señor.
163 Muy bien. Ahora, si todos están reunidos, obreros personales, en ¿dónde están Uds. ahora? Muy bien, obreros personales, reúnanse justo detrás de esta audiencia ahora, justo detrás de esta multitud; obreros personales, ministros del Evangelio, júntense alrededor.
Uds. van a ver la gloria de Dios llenar este lugar. Yo lo sentí ahora mismo en mi corazón. Dios se está moviendo. Él me estuvo diciendo por mucho rato: “Espera ahora, sólo un momento. Hay muchos”, dijo Él, “que están viniendo ahora buscando a Dios que van a ser llenados, serán enviados regocijándose. Y esta noche será la noche más grandiosa que tú has visto”.
Que los obreros personales se junten con ellos, cerca ahora, donde ellos pueden estar listos. Muy bien.
Ahora, mientras que ellos se están reuniendo, inclinemos todos nuestros rostros en todas partes. Ahora, yo quiero que los pecadores, aquellos que aún no han aceptado a Cristo, y que Uds. desean ser salvos, yo quiero que miren en esta dirección, hacia mí. No los que están buscando el Espíritu Santo; sólo el pecador.
164 Jesucristo murió por Uds. Él quiere que cada uno de Uds. sea salvo. Y algún día, mi amigo, yo debo encontrarme con Ud. allá para pararme en Su Presencia para dar cuenta por lo que yo le he dicho a Ud. Dios no permita que yo sea hallado como uno que interpreta mal la Palabra de Dios. Miren, Jesús dijo: “El que viene a Mí, Yo no le echaré fuera. Y el que oye Mi Palabra”, ese es el Espíritu Santo llamando, “y cree en El que me envió”, ese es Dios, tiene Vida Eterna y no vendrá a condenación mas ha pasado de muerte a Vida“.
¿No está Ud. contento de que Ud. viene esta tarde, amigo? Ud. es aquel del cual yo estaba hablando. Ahora mire, Algo le habló a su corazón. Aquí está el muchacho. Muy bien.
165 Ahora, ¿es esa la Escritura? Ahora, ¿cree Ud. que Jesucristo es el Hijo de Dios? ¿Ud. cree esa historia de la Biblia, Su nacimiento virginal? ¿Ud. cree que esa es la verdad? Y ¿Ud. ahora lo acepta a Él como su Salvador? ¿Ud. ahora mismo renunciará a todo pecado en su vida y lo aceptará a Él como su Salvador, y según lo mejor de su conocimiento, Ud. vivirá para Él el resto de sus días? Si Ud. lo acepta, levante su mano, pecador. Acéptelo a Él ahora.
Ahora, mientras que Uds. inclinan sus rostros, yo voy a decir algo. Y lo que yo… La oración que yo diga, Uds. oren. Esto es lo que se requiere para limpiar su vida, ¿ve Ud.?, esta oración que… Ud. repita lo que yo diga; sólo que yo lo estoy diciendo. Pero Ud. órelo a Dios, no repitiendo conmigo, pero Ud. órelo a Dios. Ahora, mientras que todos tenemos nuestros rostros inclinados, que el pecador diga esto:
Dios Todopoderoso, yo ahora vengo a Ti como un pecador, aceptando a Jesucristo Tu Hijo como mi Salvador. Yo creo en Ti, Dios, y yo creo que Tú enviaste a Jesús para tomar mi lugar en el Calvario. En aquello que yo no podía hacer por mí mismo, siendo un pecador, yo acepto lo que Él hizo por mí. Y yo creo que en Su muerte, Tú te complaciste en recibirme a mí por medio de Su obediencia. Por lo tanto, Señor, no traigo nada en mis brazos, ninguna justicia mía, nada que yo pueda hacer, solamente yo creo Tu Palabra, y yo la acepto en mi corazón ahora. Recíbeme, oh Señor, pues yo soy sincero, y desde este día en adelante, yo seré Tu siervo. Y en la hora de mi muerte, que Jesucristo venga a través del valle de la sombra de la muerte, y alumbre el camino, y lleve mi alma cansada a un puerto de descanso. Hasta ese momento, yo te buscaré y buscaré por el Espíritu Santo hasta que Tú me lo hayas dado. Y yo haré de mi vida, según lo mejor de mi conocimiento, un patrón o una sal para el incrédulo, para que ellos puedan ver mi fe por medio de mis obras, y vengan a Ti. Recíbeme, oh Dios, en el Nombre de Jesucristo.
Ahora, mientras sus rostros están inclinados… Padre, Tú has escuchado su confesión. Ellos creen realmente que Tú les has hablado a su corazón. El Espíritu Santo que llamó a Adán en el Huerto del Edén ha pasado a través de este edificio hoy y ha llamado a estas personas a venir a este altar aquí para aceptarte a Ti. Tú estás en la plataforma, Tú y esta hueste de Ángeles que están parados cerca. Y Tú dijiste: “El que Me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de Mi Padre y de los santos ángeles. Entonces, Señor, de acuerdo con Tu Palabra, sus pecados han desaparecido. Tú has oído su confesión. Ellos han venido públicamente y abiertamente y te han aceptado a Ti como su Salvador. Y ahora, Padre, yo ruego que Tú enriquezcas su vida con el Espíritu Santo. Concédelo, Señor, y que cada uno de ellos sea lleno con el Espíritu Santo mientras que estos otros aquí, están buscando Tu bendición del Espíritu Santo. Que ellos también sean llenos con el Espíritu Santo en esta misma hora. Concédelo, Señor en el Nombre de Jesús.
Ahora, mientras que todos Uds. tienen sus rostros inclinados, Uds. que tienen el Espíritu Santo, miren Uds. – cada uno de Uds. que cree y aceptó a Jesucristo como su Salvador mientras que el resto de la audiencia mira en esta dirección, levante su mano. Levante su mano, Ud. que aceptó a Jesús como su Salvador. Ahora, como un testigo. Ahora, de acuerdo con la Palabra de Dios, Dios le da testimonio a Ud. en el cielo. Hace una hora, Ud. se habría ido al infierno. Y ahora Ud. se iría al cielo si muriera. Esa es la diferencia entre muerte y vida, por su fe en Jesucristo. ¿Es correcto eso? Ud. está vivo ahora; Ud. es hecho una nueva criatura. Yo—si yo conozco a Dios, si yo soy Su profeta, yo sé que ha habido Vida Eterna dada a la gente parada aquí ahora mismo. Eso es correcto. Yo lo sentí; se está moviendo a través de mí a tal grado que, mírenme las protuberancias por todas partes así; yo sé que algo ha sucedido aquí mismo en esta audiencia. Uds. son salvados por su fe en Jesucristo.
Ahora, mientras que estos están buscando el Espíritu Santo, yo quiero que Uds. oren también. No en base a la oración que… Yo quiero que Ud. alce sus manos y de alabanzas a Dios por salvarlo. Y Ud. que desea el Espíritu Santo, yo quiero que Ud. alce sus manos y diga: “Señor, ahora yo creo. Yo estoy ofreciendo a Ti los frutos de mis labios dando alabanzas a Tu Nombre”. Y así es como ellos estaban en el día de Pentecostés; y el primero que sienta el primer movimiento del Espíritu Santo, permítale a Él hacer lo que Él quiera. Ud. lo recibirá allí mismo.
Muy bien, en toda la audiencia, Uds. afuera, Uds. que están afuera, pónganse de pie. Pónganse de pie. Muy bien. Alcemos nuestras manos. Alcemos nuestras voces en alabanza.
Dios Todopoderoso, como Salomón, cuando él dedicó el Templo, el Ángel de Dios descendió a través del edi—descendió y entró detrás del lugar Santísimo, y el Espíritu de Dios llenó el salón a tal grado que no hubo manera de ministrar. Oh Dios, que Jesucristo envíe el Espíritu Santo ahora mismo sobre estas personas, Señor Dios, que Tú has salvado y tienes listas aquí ahora. Que ellas reciban el bautismo del Espíritu Santo. Oh, satanás, apártate del camino. Espíritu Santo, entra en ellos, en el Nombre del Señor Jesucristo, lo pido.
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