OBRAS DEL MENSAJE


Expectativa
Battle Creek Michigan, U.S.A.
52-0817A
1 Gracias a nuestro Hermano Baxter. Sí señor. Buenas tardes amigos. Estoy muy feliz de estar aquí para escuchar estas charlas estimulantes de estos hombres: el Sr. Jackson de Sudáfrica. Justo cuando me puse detrás de la cortina, justo cuando entraba, tenía ganas de escucharlo. Yo estaba un, creo que un poco tarde para la dedicación del bebé, pero era… El Hermano Baxter me dio algunas notas sobre las personas por las que se orará.
Queremos agradecer a nuestro Señor por lo que hizo anoche. Él fue maravilloso, y yo solo creo que será – realmente, lo extraordinariamente abundante.
Y me alegré de volver a encontrarme con el Hermano Bosworth. Uds. saben, estuvimos hablando de él anoche, él y su hijo y ellos. Y el Hermano Bosworth se siente guiado a adelantarse a nosotros hacia Sudáfrica. Él quiere ir de inmediato con un… para hacer arreglos allá y tener algunos servicios en Ciudad del Cabo, Port Elizabeth, Grahamstown, Kler, Klerksdorp o… Supongo que lo pronuncié bien: Klarksdoff y Bloemfontein, y por esa parte del país allá. Y justo antes de que lleguemos… Estamos… De acuerdo con la visión que el Señor me ha dado: de regresar a Durban, y luego de allí a Bombay o en algún lugar de la India. Y solo recuerdan lo que les dije anoche sobre la visión que el Señor dio, y vean si no es exactamente así.
2 Ahora, su contribución esta tarde, muchas gracias por ello, el Señor les bendiga. El Hermano Baxter hizo un muy buen trabajo al hacer eso, y él sabe cómo hacerlo. Nosotros no pedimos por dinero. Nunca… Yo no tendría un administrador que pidiera dinero. Cuando llegue el momento de que nuestras reuniones no se paguen, es hora de que me vaya a casa. Y nosotros no creemos en eso. Y hemos sido enmendados por muchos de los hermanos todo el tiempo, y en revistas, y demás, de mantener baja la parte financiera, sin decir nada al respecto. Tenemos que tener finanzas para dirigir las reuniones, pero no hay nada personal, solo para nuestras reuniones. Y nosotros… Y si yo… Muchas y muchas veces he dejado de lado la ofrenda de amor que me entregan. Todo eso no es sólo exactamente lo que tengo para comer… Y la gente me da mi ropa. Y lo que no tengo que tener, eso va directamente a las misiones extranjeras. Y sé esto: ser un mayordomo de Sus bienes, si eso va a misiones en el extranjero, y yo mismo tomo el mensaje que el Señor me ha dado, entonces en aquel día sabré que he hecho lo correcto con la porción de Dios. Y Uds…
3 Algunas veces vamos a una ciudad y la entregamos a diferentes organizaciones, y demás. Y no salimos de la ciudad sin que nos estén llamando “santos rodadores, sanadores Divinos”. Y una vez, se lo di a cierta organización, y vi, yendo por la calle en un gran Cadillac. Un auto, y un hombre con un gran cigarro y anillos de diamantes, sacando alrededor de seis— setecientos dólares al mes, simplemente distribuyendo el dinero que… Bueno, eso no estaba bien. Pobres niñitos, muriendo de hambre… Y una cosa sé, cuando el Hermano Jackson les decía a los pequeños nativos allá atrás, y demás, nunca habían oído el Evangelio, no sabían nada acerca de Jesús… No. Está en mi corazón llevarles el Evangelio. Y las órdenes generales fueron: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”. Y esa es lo que esta contribución y todo lo que yo… Cada centavo que no tengo que usar para mantener mis reuniones, eso va directo hasta que tenemos fondos suficientes para ir. Y entonces nos vamos: Suecia, o donde el Señor nos guíe.
4 Ahora, estamos esperando por Sudáfrica e India. Y en ese gran Día, para cuando nuestro Señor venga y los muertos en Cristo se levanten, esto mortal se revestirá de inmortalidad, y nos pararemos ante Él para coronarlo Rey de reyes y Señor de señores, confío en que todo hombre y mujer esta tarde, que incluso puso un centavo en esa ofrenda, será multiplicada por miles de veces para Uds. en esta vida, y vida eterna en el mundo venidero. Que Dios se lo dé es mi oración. Y con un… Como administrador de Sus bienes, de Sus finanzas, hago lo mejor que puedo para mantenerlo reverente y delante de Dios y…
Tan pronto como tengamos lo suficiente… No obtenemos demasiado, porque nosotros… Es una gran tensión, si se dan cuenta de cómo tenemos que celebrar las reuniones. Pero nosotros simplemente vamos, tomamos la ofrenda. Lo que sea que tomemos, está bien. ¿Lo ven?
5 Ahora, el Hermano Bosworth, yo dije, se supone que irá delante. Él se siente guiado por el Señor para ir delante de nosotros allí para conseguir algunas de esas ciudades más pequeñas, donde vamos a regresar al otro lugar, allá a Durban. Oren por el Hermano Bosworth mientras se va.
Y yo no sé cuándo Él me enviará, pero sé que debo ir. Recuerden que les conté la visión de anoche. Tendré que ir allí, porque el Señor está enviando. Y haré lo mejor que pueda para predicar el Evangelio. Y sé que el Hermano Bosworth es un muy, muy buen maestro y que será capaz de hacer lo que quiera— o que Dios quiere que él haga.
Uds. saben, es extraño, mientras lo veo parado aquí tratando de hablar con Uds., el Ángel del Señor está cerca, y acabo de ver a una mujer sanada de problemas estomacales, ahora mismo, sentada aquí en la reunión. Correcto. ¿Es eso correcto? Lo tenía, ¿Cierto? ¿Es eso correcto? Levante su mano. Eso es correcto. Ud. está sana de eso ahora. Acaba de ser sanada mientras estaba sentada allí.
Oh, hay muchas veces, si solo hablo lo que Él muestra, pero acabo de ver a esa pobre mujer sentada allí. Y solo miré a mí alrededor y ella estaba muy interesada. Cuando dije algo acerca de que yo debía ser muy reverente con el dinero para llevarlo allí, ella asintió con la cabeza un poco… Ella pudiera saber de alguna manera. No lo sé. Y ella fue muy sincera. Miré a mí alrededor y vi que una mesa se movía ante ella y la vi a ella retroceder así. Supe que era un problema estomacal. Miré hacia atrás otra vez, y la vi comer entonces. Yo sabía que ella estaba sana y que bien podía decírselo. Eso es correcto. Así que….
6 Aquí hay una persona querida que acaba de ser… El hermano estuvo en un accidente aéreo y fue muerto; fueron Ben y Florence Smith. Y aquí hay otra: “Oración especial, Hermano Branham, por un hombre que está en el hospital y [palabras inaudibles] que solo tiene cuarenta y dos…” Muy bien. Inclinemos nuestras cabezas y oremos por estos mientras Él está aquí ahora.
Padre Celestial, te ruego que, mientras miras hacia abajo en este escritorio esta tarde y ves a estas personas, oh, pienso en el hogar desconsolado de ese hombre muerto en ese accidente. Dios, todas las cosas obran para bien de los que te aman. Confiando en que su alma estaba bien Contigo, y hoy él no regresaría si tuviera que hacerlo. Si se le pidiera que lo hiciera, él tomaría su decisión; él se quedaría dónde está. Ruego que haya sido salvo, Señor, para que consueles a todos sus seres queridos, y les hagas saber esto, que él dijo: “No quiero que ignoréis, hermanos, acerca de los que duermen, porque si creemos que Cristo murió y resucitó al tercer día, así también, traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él, Dios los resucitará con Él”. Creemos eso, Señor. Él dijo: “Por lo tanto, consolaos los unos a otros con estas palabras”. Y creemos que es la verdad.
Y si este tabernáculo terrestre se deshiciere, tenemos uno que ya está esperando al cual mudarnos: uno, no hecho de manos; pero Dios mismo nos ha hecho un cuerpo, que cuando estos espíritus sean liberados de este, vamos a ese cuerpo glorioso. Dándonos cuenta de que un día la sangre de toros y bueyes y ovejas cubrió el pecado, pero la Sangre de Jesús lo quita, y vamos directamente a la Presencia de Dios. Cómo te agradecemos por esto. Oh, no es de extrañar que podemos pararnos sin temor, Señor, porque tenemos la visión. Tenemos la seguridad del Espíritu Santo, y Él está aquí para vindicar y probar el poder de Dios para nosotros, que Él nos ama y está con nosotros en estas horas oscuras del cierre de la historia del mundo.
Este otro hombre aquí, Señor, en el hospital, te pido que lo sanes. Que Tu Espíritu esté sobre él y lo liberes esta tarde. Y que su testimonio cause que otros en ese hospital simplemente se levanten, salgan y sean sanados. Concédelo, Padre.
Que haya una reunión chapada a la antigua, de algún modo, de alguna manera, Señor. Irrumpe aquí en Estados Unidos y haz grandes cosas antes de que venga nuestro Señor. Porque lo pedimos en el Nombre de Jesús. Amén.
7 ¿Cuántos van a orar por el Hermano Bosworth a mientras va hacia allá? Veamos sus manos. Muy bien, Dr. Bosworth, vea… creo que está sentado en el balcón. El Señor este con Ud. Y estas personas estarán orando por Ud. y yo también. Y entonces, ¿Orará por nosotros cuando vayamos en camino más tarde hacia donde el Señor nos guíe?
Ahora, cuando… A veces, cuando se debate aquí y hay médicos brujos y todo lo demás parados cerca, escépticos e incrédulos y todo intentando, lo primero que me viene a la mente es: “Mis seres queridos en Estados Unidos están orando”. Alguien está comprometido a orar, porque literalmente tenemos cientos y cientos de miles de personas que se comprometieron a orar. Y tanta gente, hay una oración que se dirige a Dios constantemente por mí (¿Ven a lo que me refiero?). Moviéndome constantemente todo el tiempo. Así que esa es la manera…
8 El Ángel del Señor me dijo que fuera, y eso me da valor. Vean, sé que Él está aquí. Ahora, Uds. que están sentados aquí esta tarde, solo… No sé si voy a hablar o no. Yo… El Ángel del Señor se está moviendo por este pasillo otra vez, hay… ¿Creen Uds. que soy un fanático? No, señor, no lo soy. Les estoy diciendo la verdad. Y sus tarjetas de oración que el muchacho reparte, eso no tiene nada que ver con su sanidad. Es probable que esta mujer nunca haya visto una tarjeta de oración, que no sepa nada acerca de eso, o cualquiera de los demás en el público que haya sido sanado y saben que no tienen que tener eso. Lo único que deben tener, es creer que lo que les estoy diciendo es la verdad; y esto es, Jesucristo, el Hijo de Dios, que resucitó de entre los muertos, viviendo entre nosotros hoy, tal como lo hizo con los discípulos en Emaús. Él está viviendo aquí. El hace cosas. Ahora, esos discípulos habían caminado con Él todo el día y no lo reconocieron. Pero por la manera en que Él hizo algo, ellos reconocieron que era Él. ¿Es eso correcto?
9 Ahora, Uds. fueron a la escuela dominical esta mañana. Es posible que hayan cantado sus himnos y estudiado su lección, y demás, y vuelven como lo hacen todos los Cristianos normales. Pero solo miren aquí lo que Él acaba de hacer esta tarde, sentada aquí. ¿No se dan cuenta de que Él está aquí? Es Él y Él está aquí para hacer bien todo lo que Él ha prometido en Su bendición.
Ahora, en el… No tengo tiempo para predicar. Uds. se dan cuenta de eso. Sólo usaré treinta minutos. Quiero usarlos para un testimonio solo para traerlo a un punto para algo, como en un texto pequeño, y trato de vigilar mi reloj allí para salir las cuatro y media, así que tienen tiempo para volver aquí a las siete y media para los servicios.
Ahora, esta noche es el servicio de clausura. ¿Cuántos van a estar orando por grandes cosas esta noche? Eso es maravilloso. Trataré de volver alrededor de las… Creo que el muchacho me dijo que repartiría las tarjetas de oración alrededor de las seis y media, o algo así. Y al venir; traigan a sus enfermos y afligidos, y pónganlos aquí cerca. Y estén orando por ellos. No se preocupen por la tarjeta de oración; solo estén en oración. Y luego Dios hará el resto cuando Uds. solo… Sólo estén orando.
10 Muy bien. En el segundo capítulo de San Lucas, una Escritura muy familiar, sobre el nacimiento de nuestro Señor, quiero leerla solamente— no para continuar esta charla misionera. Ciertamente que no. Pero, solo para obtener un punto que creo que les ayudará esta noche. Yo… ¿Cuántos de Uds. aquí son Cristianos, levanten su mano? Oh, parece que un cien por ciento. Eso es maravilloso.
Algo sucedió en esta reunión que nunca sucedió antes en mi— ninguna de mis reuniones. Justo cuando el Ángel del Señor estaba tratando con la gente, se detuvo y dijo: “Haz un llamado al altar”. Y escuché al Hermano Baxter, mi hermano que es un genio en eso, hacer un llamado al altar la noche anterior— o, creo yo, tal vez la misma noche. No sé cuándo fue. Pero acabo de entrar, y Billy había salido, se encontró conmigo y me llevó a la habitación. Y cuando lo escuché hacer un llamado al altar, salí y aproximadamente cinco personas se pusieron de pie para aceptar a Cristo, y justo entonces en el momento, en el momento en que el Señor se estaba moviendo sobre la audiencia, me detuvo y dijo: “Haz un llamado al altar”. Y llegaron unos treinta y tantos vinieron. ¿Ven?
Vean, la obediencia, hagan lo que Él les diga que hagan. No importa cómo se vea, hagan lo que Él diga que hagan y Dios se encargará del resto. ¿No les parece? Oh, si la iglesia solo pudiera llegar a un lugar donde simplemente nos olvidemos de la rutina, o lo que sea; simplemente perdamos la noción del tiempo o cualquier otra cosa y sólo quédese con Dios: hagan lo que Él diga que hagan. ¿No creen que la iglesia necesita una guianza espiritual como esa?
Tenemos todos nuestros programas interminables y en fila, y demás. No creo que haya sido jamás estipulado que la iglesia apostólica de Dios fuera dirigida por un programa. Creo que el programa de Dios es guiarnos por Su Espíritu Santo, de la manera que Él desee.
11 Ahora, en el versículo 23 del segundo capítulo, leamos. Creo que tengo eso bien. Un momento. No, es el verso 25 del segundo capítulo.
… He aquí, había en Jerusalén, un hombre llamado Simeón… y este hombre era justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo estaba sobre él.
Y le había sido revelado por el Espíritu Santo… (No por la asociación; el Espíritu Santo) … que no vería la muerte, antes que viese al Ungido del Señor.
Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres trajeron… al niño Jesús, para hacer por él conforme al rito de la ley,
Él le tomó en brazos y bendijo a Dios, y diciendo:
Ahora, Señor, despides a… Tu siervo en paz, conforme a Tu palabra:
Porque han visto mis ojos Tu salvación,
Que el Señor añada Sus bendiciones a esta Palabra ahora, mientras… Si me prestan toda su atención durante unos treinta minutos, Uds. junto al reloj allá atrás, trataré de orar y estarán despedidos. Pero deseo que escuchen de atentos ahora. Quiero testificar.
12 Ahora, quiero testificar por medio de un texto. Tomaré el texto y lo nombraré así: Expectativa: Estar esperando Algo.
¿Alguna vez esperaron por algo? Por lo general, uno obtiene lo que espera. ¿Sabían Uds. eso? Si Uds. vienen a la reunión y dicen: “Bueno, voy a ir allí. No hay nada en eso”. Bueno, eso es lo que obtendrán. Si van allí y dicen: “Bueno, yo… yo iré allí; pero no hay necesidad de que vaya porque yo… no voy a sanar”, bueno, así es como Ud. volverá. Pero si Uds. vienen esperando que Dios haga algo por Uds., Él lo hará. Si esperan hallar algo para criticar la reunión, criticar la forma en que se lleva a cabo, Satanás les mostrará un montón. Uds. hallarán bastante. Pero si vienen, no para criticar la reunión, han venido diciendo: “Dios, quiero ver dónde estás”, Dios se mostrará en ella. Exactamente lo que esperan, Dios se los dará. Es su expectativa.
Ahora, quiero que vengan esta noche esperando ver a Dios moverse en la manera más grandiosa que Él se ha movido desde que hemos estado aquí. Pidámosle a Dios que no deje a una persona lisiada, una persona ciega, una sorda, una muda; ni una persona enferma, ni una persona lisiada en medio de nosotros esta noche. Vamos a creer en ello. ¿Lo harán conmigo? Y yo creo que Dios lo hará, si esperamos eso ahora, para que todos sean sanados.
13 Normalmente, cuando estamos hablando de expectativa, pues, pensamos que lo que esperamos hacer, eso es lo que será. Y ahora, si estoy esperando… tengo un compromiso o una cita para reunirme con Uds., yo espero que estén allí. Y yo sé una cosa; que nosotros, cada uno hoy, tenemos una cita con la que vamos a encontrarnos con Dios en algún lugar, en algún momento u otro. ¿Sabían eso? “Está establecido que el hombre muera una sola vez y después de esto el juicio”. Y todos vamos a cumplir con eso. Los pecados de algunos hombres van delante de ellos, si Ud. los confiesa aquí. Algunos siguen después. Así que vamos a encontrarnos con Dios ahora. Arreglemos la cosa y luego esperémosle cuando Él venga en Su gloria y poder, para que Él diga: “Bien hecho, Mi buen siervo fiel, entra en los gozos del Señor”.
14 Hay muchas cosas de las que me he fijado a lo largo de la jornada… Recuerdo una cosa, especialmente, cuando tenía una reunión. Acababa de empezar en mis servicios. Y nunca lo olvidaré… Mi esposa no está aquí esta tarde, así que puedo decir esto, sin problema. Y fuimos… Fui a San Louis primero, donde sanó la pequeña Betty Daugherty, donde todos los médicos de San Louis la habían desahuciado. Y fui allí y oré. Y el Sr. Daugherty, un ministro muy conocido en la ciudad— me acababa de ser revelado unas dos semanas antes. Yo no tenía dinero para ir por tren, y mi congregación reunió once dólares para comprar mi boleto de ida y vuelta. Y yo no tenía un abrigo, así que uno de mis hermanos me dejó usar su abrigo. Y me fui en un vagón de tren y llegué allá a la mañana siguiente. El Sr. Daugherty, parado allá, estaba… él esperaba algo. Él dijo: “Hermano Branham, he escuchado que el Señor Jesús lo ha visitado para mostrar visiones”.
Y yo dije: “Eso es correcto”.
Dijo: “¿Sabe Ud. algo de mi hija?”
Le dije: “No, señor, no lo sé”. Fuimos a su casa y la cosita postrada allí gritaba y se movía. Ella pesaba unas… Solo una niñita de cabello rizado, en una condición terrible… Y yo dije: “¿Qué dice el médico?”
Dijo: “Oh, Hermano Branham, he gastado dinero tras dinero y ninguno de ellos puede decir lo que es”. Dijo: “Ellos piensan que es el baile de San Vito [Enfermedad cuyos síntomas son movimientos involuntarios que asemejan a un baile -Trad.], pero no están muy seguros”. Y dijo: “Ha estado así durante semanas, y las iglesias han ayunado y orado, y no sabemos qué hacer. Y alguien me habló de…” cómo, yo no sé…
15 Y así que, entré y oré por la niña. Todos los grupos de personas estaban en oración. Entramos por la casa pastoral hasta la iglesia y oramos allí. Y volví. Nada sucedió. En esos días, yo no tenía reuniones como esta, por supuesto. Cuando me metía en un caso, permanecía allí con ese caso hasta que averiguaba lo que Dios iba a hacer al respecto. Así que….
Y salí al patio y caminé de un lado a otro. Yo no conocía mucho San Louis. Caminaba un poco por la calle y me regresaba. Pasaron las horas, y yo había estado allí unas ocho horas, y estaba sentado en el auto del Sr. Daugherty, y justo al otro lado del auto, una visión comenzó a moverse. Entonces supe lo que ocurriría.
16 Entonces el Sr. Daugherty, el anciano padre del Reverendo Daugherty, se acercó a la puerta y dijo: “Hermano Branham, ¿Ya ha oído algo?” Y el joven Sr. Daugherty venía alrededor la casa.
Le dije: “Sí, tengo ASÍ DICE EL SEÑOR”. Él comenzó a gritar y alzar las manos. Y dije… Él era de algún lugar de… Su hogar era… había estado en Kentucky, pero se habían mudado a St. Louis, hacia donde fue enviado por su iglesia, creo, para hacerse cargo allí. Y entonces dije: “Tengo ASÍ DICE EL ESPÍRITU SANTO.”
Él dijo: “¿Qué debo hacer?”
Le dije: “Ahora, primero, entre y saque a todos fuera de la casa, excepto a su esposa— a toda la gente”.
Él dijo: “Muy bien”.
Le dije: “No dude de nada ahora”. Entramos, entramos en la habitación y allí estaba la niña. Le dije a la madre, dije: “Ahora, no dude nada. Vaya a su cocina. Yo no había visto dónde estaba su cocina; era una casa grande”. Y dije: “Abajo, en el fondo de un cajón, encontrará una pequeña sartén de esta manera, que Ud. acaba de comprar hace unos dos días: de granito azul. Nunca ha tenido nada en el”.
Ella dijo: “Sí, señor, eso es correcto”.
Le dije: “Llene eso aproximadamente la mitad de agua limpia del grifo y traiga un pañuelo blanco”.
Y ella dijo: “Está bien”.
Ella fue y los trajo, y dije: “Ahora, Reverendo Daugherty, arrodíllese aquí a mi lado derecho al pie de la cama, y el padre— al padre, le dije: ”Ud., arrodíllese aquí “(al padre del Reverendo Daugherty, el abuelo de la niña.); Él lo hizo.
Le dije: “Ahora, señora Daugherty, mientras repito la Oración del Señor, cuando diga: Padre nuestro que estás en el cielo, Tome ese trapo de la sartén, escúrralo y páseselo por su cara. Y entonces, casi a la mitad de la oración, pásesela por sus manos. Y entonces, al final de la oración, pásesela por sus pies, porque ASÍ DICE EL SEÑOR el diablo que tiene atada a esa niña se irá cuando la última agua se le ponga en su pie”. Yo dije: “No dude”. Y ella… Bueno, su lengüita estaba toda mordida y sus labios y todo, sus ojos hundidos… Semanas y semanas, y creo que ella había estado en cama…
17 Si quieren escribirle, ese es el Reverendo Robert Daugherty, 2002 Avenida Gano, St. Louis, Missouri, si desean su… [palabras inaudibles] quieren escribir su dirección. Y así fue como, él fue el… La cosita había estado allí, creo, tres meses así. Nada podía detenerlo; solo gritando y arañando su pequeño pelo así, y las marcas en su cara y gritando; su madre toda agotada.
Así que nos arrodillamos. Le dije: “Padre nuestro que estás en el cielo…” La Sra. Daugherty frotó el trapo en su cara. Hacia abajo cuando dije— al final de la oración, en “Amén”, cuando dije: “Amén”, la niñita seguía gritando. Entonces me levanté y dije: “Señor Dios, quien creó los cielos y la tierra, que has enviado a orar por esta niña, en el Nombre de Jesucristo, le ordeno al espíritu de enfermedad que está sobre la niña que se vaya”. La niña miró a su alrededor y dijo: “Mamá, ¿dónde estás?”. Y su madre comenzó a gritar, dejó caer la sartén y cayó hacia atrás al piso de esa manera. El padre comenzó a gritar y cayó al piso. Uds. hubieran pensado entonces que él era un santo rodador (Ajá), entonces la forma en que estaba actuando. Y ese anciano papá, el abuelo, cayó atravesado en la cama y comenzó a alabar a Dios. Toda formalidad se había ido entonces.
La niña se levantó. La tomé de la mano. Le dije: “Cariño, ¿qué te gustaría comer?”
Ella dijo: “¿Quién es Ud.?”
Yo dije: “Soy el Hermano Branham”.
Y ella dijo: “Me gustaría tener uno, uno de estos batidos de leche, Uds. saben”.
Yo dije: “Vamos a por el”. Yo simplemente pase por una farmacia. Con su pijamita puesta, por primera vez fuera de cama después de tres meses, caminé hasta la farmacia y ordené dos batidos de leche y lo bebí con la niña. Y las puertas estaban llenas y atascadas y el césped alrededor. Tuvimos una reunión en St. Louis, en el auditorio de Kiel, y la primera noche allí, catorce mil personas llenaron el lugar y tuvieron que despacharlos: la Expectativa. ¿Ven lo que quiero decir?
18 Allá en Jonesboro, Arkansas… ¿Cuántos conocen a Richard T. Reed, de Jonesboro? Alguien aquí. Alguien tiene sus manos en alto. El Hermano Reed… Ese hombre allí, allá atrás por acá… Un hombre muy fino. ¿Estuvo Ud. en la reunión de Jonesboro cuando estuve por allá? Muy bien, aquí hay una confirmación. Bien.
Tuvimos varios días de reuniones. Mi esposa nunca había visto una de esas reuniones así, era mi primera vez que salía. Y la gente se había rebosado allí hasta que ellos… Creo que el periódico “The Sun”, “The Arkansas Sun”, dijo que había veintiocho mil personas que habían entrado en la ciudad. Y si el periódico decía que había veintiocho mil, allí estaban todos. Y así, simplemente se habían apiñado, por, hasta treinta a cuarenta millas [De 48.28 a 64.37 Km-Trad.] alrededor de la ciudad. Ni siquiera se podía encontrar una granja que tuviera una habitación para alquilar. Y ellos tenían lugares preparados y concesiones de comida, y la gente en el edificio literal, ni siquiera salían del edificio; se quedaban allí, y le traían hamburguesas, a sus seres queridos. Ahí es donde me quedé por días y días y días tratando de orar por todos ellos.
19 Y recuerdo la noche, que mi esposa llegó. Estábamos a dos cuadras de la ciudad. La policía estaba allí, las calles simplemente estaban llenas. No-no el auditorio, los patios, y los campos, y las calles— en todas partes, simplemente parados, bloqueadas con personas, para ver si podían oír algo. Y cuando llegué allí, cuatro ujieres estaban esperando para llevarme a través de la multitud. Ya no supe qué fue de mi esposa a partir de ahí, cómo pasó por allí, cómo regresó. Y llegamos al lugar. Y justo cuando llegué al lugar donde estaba el auditorio, bueno, entré a la plataforma.
Y justo cuando llegué a la plataforma, miré. Un lugar había sido acordonado así solo con camillas de ambulancia. Dos enfermeras estaban paradas aquí y una niñita muriendo de tuberculosis, de unos quince años. Ella seguía mirándome. Yo supe que ella iba sanar. Podía decir la manera, igual que sabía que la dama sería sanada en ese momento. Ahora, yo sabía que ella iba a ser sanada. Y seguí mirándola.
Solo unos momentos, seguí viendo a alguien que se movía de esa manera, con un traje azul, parado en la parte posterior en esa dirección. Y parecía un taxista. Yo dije: “¿Me está llamando, señor?”
Dijo: “Sí, señor”. Dijo: “Hermano Branham…”. Había unas quince ambulancias allí, la fila de ambulancias. Él dijo: “He venido…”
20 Hubo un hombre sanado ese día de Kennett— Clement, Missouri, creo que era— hasta esa parte recóndita de Missouri. El hombre había estado totalmente ciego durante diez años, recibiendo una pensión para ciegos. Y esa noche él fue sanado allí en la reunión, y se fue de regreso. Bueno, a la mañana siguiente llegó a casa como al amanecer. Él tenía su bastón para ciegos, su sombrero en el bastón así. Vino caminando a través de la iglesia Metodista, gritando y alabando a Dios (ellos lo echaron), comportándose así. Fue por ahí, fue hacia la iglesia Católica y lo echaron. Pues, él estaba a punto de volver loca a la toda la ciudad.
Y lo sacaron allí y lo llevaron a la radio. Él pasó por esa pequeña estación allá, desde Jonesboro, creo, y… Oh, Bly— Blytheville, la estación Blytheville. Uds., me supongo que Uds. de Arkansas, saben dónde está la estación Blytheville. Ahí es donde estaban— su transmisión lo tuvo en la radio esa mañana. Él era un zapatero allí, años y años antes de eso. Y allí estaba él, perfectamente normal y sano. Y él podía ver. Se paró allí en la iglesia y leyó la Biblia y todo: había estado totalmente ciego; recibiendo una pensión de ciego durante diez años. Y así que ellos estaban pasando un tiempo horrible.
21 Él… Este hombre dijo: “He traído algunos pacientes aquí. Y tengo una mujer aquí que se está muriendo aquí ahora, si no es que está ya muerta”. Y dijo: “No puedo hallar al médico en ninguna parte”, y dijo: “Yo… no sé qué hacer”. Dijo: “¿No puede Ud. venir a ella?”
Yo dije: “Hermano, mire. Probablemente haya mil personas amuralladas en esa pared. ¿Cómo pudiera yo entrar allí?”
Y algunos hombres se ofrecieron y dijeron: “Lo llevaremos si Ud. quiere”.
El Hermano Reed se acercó a la plataforma y dijo: “Adelante”. Y a través de eso— y la parte lamentable, esas personas queridas… No estoy diciendo esto porque haya algunas personas de Arkansas sentadas aquí. ¿Ven? Pero se los digo porque puede que ellos no tengan demasiados bienes de este mundo, pero sí tienen una fe que puede hacer que algunas de estas grandes ciudades- ciudades se sientan avergonzadas de sí mismas. Eso es correcto.
Ellos iban allá. Vi a muchachas jóvenes cargar sus zapatos y medias en sus— en sus manos, y venir. Ellas no sabían que yo estaba en el bosque orando. Y verlas caminar a un lado del camino, descalzas, y luego quitarse el polvo y ponerse sus zapatos y medias: señoritas, dieciséis, diecisiete años, e ir directamente a la iglesia de esa manera. Llegaban en viejos vagones de algodón y cosas así, tratando de llegar…
22 Y aquí, hace algún tiempo alguien quería regalarme un auto Cadillac. Y yo dije: “¿Quiere Ud. decirme que tengo…?” Le dije: “Hermano, me alegro de que Ud. tiene uno”.
Alguien dijo: “Acabamos de darle uno a Avak, ¿Por qué no le doy uno a Ud.?
Le dije: “Mire, hermano, ¿quiere Ud. decirme que iría yo a través de Arkansas, y algunas de esas pobres mujercitas que están cargando ese saco de algodón y que se rompen la espalda, y que comen tocino gordo, quizás, y harina de maíz para el desayuno, y que digan: Ahí va el Hermano Branham, va por la calle en un auto Cadillac? ” Le dije: “Yo no, hermano. No está en mi sangre hacer eso”. No, señor. Si recibiera lo que merezco, yo andaría en bicicleta o estaría caminando si estuviera pasando por allí. No, es cierto, hermano.
Pero todo está bien ahora, cualquiera de Uds. que tiene un Cadillac, no estoy diciendo nada en contra de un Cadillac, pero eso es solo… Eso es para Uds. ¿Ven? Muy bien.
23 De todos modos, allí, esta pobre gente, tendida allí… Y llegué a la ambulancia, y él me subió allí, y amigos, una de las vistas más patéticas que he visto. Ahí en esa ambulancia había un anciano padre triste, las lenguas de sus zapatos por fuera, remendadas… Oh, cuánto me recordó a mi propio padre, su vieja camisa azul, descolorida y remendada por todas partes. Un sombrero viejo en su mano estaba cosido con un cordel trenzado, así, diciendo: “Oh Dios, devuélvemela. Dios, devuélvemela”. Retorciendo sus manos así.
Y el conductor dijo: “Aquí está el Hermano Branham”, lo llamó por su nombre. Y yo… y yo…
“Oh”, y él dijo: “Oh, Hermano Branham, ella está muerta; está muerta”. Y él dijo:“ Oh, mamá se ha ido”, comenzó a llorar.
Dije: “¿Qué es, papá?” Y yo miré.
Él dijo: “Mírela”.
Bien, en verdad, no creo que la mujer estuviera muerta. ¿Ven? Pero su boca estaba abierta al… Le habían quitado los dientes, y ella tenía… Sus ojos estaban fijos hacia atrás, y como agua fangosa, corría por el lado. Su frente estaba rígida.
Ahora, yo he visto personas muertas y he visto al Señor darles vida. Si tuviera tiempo, testificaría y se los diría; pero Uds. lo han leído en las revistas y los periódicos, y han visto los sellos notariales y demás que testifican lo mismo. He visto a tres personas muertas que fueron declaradas muertas, y en el suelo y ya habían partido, que regresaron a la vida, porque Jesucristo lo hizo. Eso es correcto. Y….
24 Pero de todos modos, en este caso aquí, creo que la mujer estaba en coma. No estoy seguro. Pero subí allí y la agarré. Ella estaba… La sacudí, y ella estaba tendida… Y yo dije: “¿Puede— puede— puede oírme?” Y su boca estaba abierta. Ella estaba acostada rígida. Yo dije: “Papá…” Yo tomé su mano. Y yo dije: “Papá, oremos, oremos”. Y él dijo… Yo dije: “Dios, por favor, consuela la vida de este pobre hombre aquí, que su esposa…”
Él dijo: “Oh, Hermano Branham, ella era tan dulce”. Dijo: “Ella… ella… Criamos a nuestros hijos”. Dijo: “Lo hicimos. Nos sacrificamos por ellos juntos, toda su vida”. Dijo: “Hemos trabajado muy duro”. Y dijo:“ Y [palabras inaudibles] contrajo cáncer”. Y él dijo: “Cuando se enfermó”. Dijo: “Yo— yo vendí mi granja. Hice todo lo posible para salvar su vida”. Y dijo: “ Y vendí mis mulas”. Y dijo: “Y yo… gasté todo”. Y dijo: “El médico ha hecho lo mejor que pudo, pero no pudieron detenerlo”. Y él dijo: Hermano Branham, cómo venimos aquí“, dijo: ”Vendimos sus edredones que ella ha estado acolchando y haciendo“. Dijo: ”Y— y algunas de esas moras que ella enlató el año pasado“, las vendió para pagar la ambulancia, trayéndonos ciento cincuenta millas al Sur”. Dijo: “Ella se ha ido ahora, Hermano Branham”.
Yo dije: “Bueno, papá, ella era un Cristiana”.
“Oh, sí, Hermano Branham, ella era una Cristiana”.
Yo dije: “Bueno, Ud. la verá de nuevo”.
25 Yo dije: “Oremos”. Y nos pusimos a orar. Y mientras yo oraba, así, yo decía: “Señor Dios, Tú hiciste los cielos y la tierra. Tú sabes todas las cosas. Ruego que consueles. Tú eres Dios. Yo no sé qué decir”. Y como en ese instante sentí algo moviéndose. Pensé: “Pues, eso es sólo psicología. Sólo estoy pensando eso”. Y continué. Yo dije: “Señor Dios, Tú sabes todas las cosas; todo te lo encomendamos a Ti”. Y como en ese momento, sentí su mano sacudir la mía. Ahora.
Bueno, Satanás dijo: “¿Sabes lo que era eso?” Dijo: “Eso es… Ella se está muriendo; esos son sus nervios saltando así”. Pero todo el tiempo podía sentir la vibración de ese cáncer. Y ahora, la razón por la que pensé— sé que ella— no creía que estaba muerta, porque el cáncer se habría ido de ella; pero el germen del cáncer todavía estaba allí. Lo sabía.
En unos instantes, el cáncer cesó. No se movió más. Y yo seguí sosteniendo su mano y orando. Después de un rato miré hacia abajo; ella apretó mi mano Yo sabía que eso no era nervios que se contraían. Así que él seguía llorando y orando. Lo miré. Y cuando lo miré, él solo estaba llorando y orando. Miré hacia ella, y esta piel en su frente estaba arrugándose de nuevo, y ella estaba moviendo sus ojos de esa manera. Solo me quedé quieto. Él siguió orando tan fuerte como pudo, solo gritando y llorando y gritando: “Dios, devuélvela”.
Y ella levantó la vista; ella dijo: “¿Quién es Ud.?”
Yo dije: “Soy el Hermano Branham”.
En ese momento él levantó la vista, y él oyó eso, y él miró; él gritó, “Madre, Madre, Madre”, y él la tomó en sus brazos así y comenzó a gritar.
Aproximadamente un año después de eso, ella estaba testificando en la radio al respecto en uno de mis programas en Texas, en algún lugar allá donde fue, dio un testimonio.
26 Bueno, yo dije: “Bueno, voy a volver ahora al auto”.
Y ese hombre dijo: “Pues, Hermano Branham, hay dos mil personas reunidas entre aquí y esa puerta-”. Dijo: “Ud. no pudiera regresar si tuviera que hacerlo”. Dijo: “Ahora mire, los hombres que lo trajeron”, Dijo: “Yo los envié que rodearan por la parte trasera de un gran estacionamiento. Ud. sabe dónde está, detrás del lugar allí”. Y él dijo:“ Ahora, nadie lo conoce allá atrás”, ya que habían estado parados allá atrás, pero nadie entró. Dijo:“ Ahora, baje por aquí por esta dirección, vaya por esta fila de ambulancias y regresa. Hay un callejón como ese que viene de detrás de ese lote; luego suba al lugar donde hay reflectores. Dijo: ”Suba a la esquina y ellos están tratando de abrirse camino entre esas personas“.
Y yo dije: “Pues, me verían salir”.
Él dijo: “Me quitaré el abrigo y lo sostendré en la puerta de esta manera para que no lo vean”. Ahora, me pareció horrible hacerlo, pero me subí al asiento y salí por la parte del frente, de lado; subí por esa fila de ambulancias y subí y comencé a cruzar. Y yo estaba presionando a la gente de este lado y de ese lado (¿Saben?), Entrando. Había un poco de llovizna.
Alguien dijo: “Dejen de empujar”.
Dije: “Sí, discúlpeme”. Seguí presionando, yendo a través de ellos, avanzando.
Alguien dijo: “Siéntate”. Seguí andando (¿Saben?), Todos…
Y después de un rato empujé contra un gran y enorme típico Arkansino [De Arkansas-Trad.] “Disculpe”. Ajá. Y él dijo. Y lo apreté; él estaba parado allí tallando con un cuchillo. Y yo… Alguien me rebotó contra él. Yo dije… Él dijo: “Siéntate”.
Y le dije… Tenía miedo de que él me sentara, así que… Le dije: “Disculpe, señor, no quise hacer eso”.
Dijo: “¿No sabes nada mejor que empujar así?”
Yo dije: “Sí, señor, sí, pero lo siento mucho”.
Se dio la vuelta y siguió tallando, y dijo: “Como estaba diciendo…” (¿Sabes?), Hablando así.
Y pensé, “bien”.
27 Así que lo miré un poco. ¿Uds. saben? Y después de un rato escuché a alguien gritar: “¡Papi! ¡Papi!”
Pensé: “¿Dónde es eso?” Vi viniendo a través de la multitud. Ahora, la ley de Jim Crow está en Arkansas: la segregación, el de color no está permitido con el blanco. Así que Uds. saben eso. Entonces… Y miré, viniendo por allí, y allí venía una joven de color. Parecía estar en su adolescencia tardía, muy bien vestida. Y ella estaba tan ciega como podía estar. Sus ojos estaban blancos con cataratas como mi camisa. Y ella estaba avanzando así, gritando: “¡Papi! ¡Papi!” Nadie le prestaba atención.
Bueno, pensé: “Esa pobre cosa”. Y pensé: “Puedo hacer algo por ella, tal vez”. Y miré a mí alrededor; no pude ver a los hombres. Ellos jamás hubieran llegado a esa esquina hasta donde estaba el— el edificio, así que yo… Era un gran lote allí, mucho más grande que este lugar aquí, aproximadamente media cuadra, una manzana de allí. Así que yo… y yo estaba allí parado mirando. Y ella comenzó a venir en esta dirección, empujando y golpeando a todos, disculpándose y gritando “¡Papi! ¡Oh papi! ¿Dónde estás?”
Así que solo me incliné hacia ella. Parecía un poco…
28 Ahora, Uds…. Ahora, esperen hasta que esto termine, porque pensarán que yo fui un hipócrita haciendo esto. Así que me moví hacia donde yo estaba justo en la línea; cuando ella fue por esta dirección, me quedé de esa manera hasta que chocó conmigo. Y ella me tropezó así. Algo me dijo que fuera allí. Y ella me golpeó. Ella dijo: “Perdóneme”.
Le dije: “Sí, señora”.
Ella dijo: “¡Papi!”
Yo dije: “¿Qué quieres? ¿A quién llamas?”
Ella dijo: “Señor” (ese es acento sureño. ¿Saben?); ella dijo: “Señor, quiero a mi papá. No puedo encontrarlo en ninguna parte”. Dijo: “Yo… simplemente no sé quién… Nadie me ayuda”.
Yo dije: “¿De dónde eres?”
Ella dijo: “Soy de Memphis”. Eso es casi ochenta millas [128.74 Km-Trad.] Miré a esos autobuses alquilados y vi a uno que decía: Memphis.
Le dije: “¿Qué estás haciendo aquí?”
Ella dijo: “Vengo a ver al sanador”.
Dijo: “¿El qué?” Pensé que intentaría probar su fe. Ahora, eso se ve horrible, el hacer eso.
Y ella dijo: “Vengo a ver al sanador”. Ella dijo: “Me dicen que esta es su última noche aquí, y ni siquiera puedo acercarme al edificio. Perdí a mi papi. Nadie me ayudará a volver al autobús y no sé qué hacer. ¿Me ayudará Ud., amable señor?
Y le dije: “Quiero interrogarte un minuto. ¿Dijiste que vienes a ver quién?”
Ella dijo: “Al sanador”.
Le dije: “¿Crees tú en cosas así?”
Ella dijo: “Sí, señor”.
Y pensé… Bueno, eso me hizo sentir poco… ¿Saben? Y yo dije: “Bueno, ¿qué…? ¿Cómo…? ¿Crees que él pudiera… él pudiera ayudarte?”
Ella dijo: “Sí, señor”. Ella dijo: “Mire, el…” Ella dijo: “Yo era una niña de unos diez años. Tengo cataratas en mis ojos. El médico me dijo que cuando maduraran, él las sacaría”. Ahora, no sé lo que significa “Madurar”. Pero dijo: “Cuando maduraran, él las sacaría”. Dijo: “Ahora ya maduraron, y el médico dice [el Hermano Branham tose]. (Perdóneme). Que si las sacaba, sacaría los nervios ópticos de mis ojos Y jamás puedo sanar hasta que entre en el edificio y lo vea a él”.
29 Yo dije: “Bien, muchacha, ¿crees tú en algo así, en los días en que tenemos estos excelentes médicos y ciencia médica y esas cosas, y crees que esa historia acerca de ese Ángel apareciendo a ese hombre es la verdad?”
Ella dijo: “Sí, señor”.
Y dije… Ahora, ella no podía verme, porque estaba totalmente ciega. Y dije, dije: “¿Cómo te enteraste de esto?”
Ella dijo: “En la radio esta mañana, escuché a un hombre testificar que había estado ciego”. Así que ese era el hombre de hacía diez años, de por allá. Dijo: “Lo escuché testificar y lo escuché leer la Biblia”. Y ella dijo: “Señor, esa es la única esperanza que tengo para ver”.
Y yo dije: “¿Quieres decir que crees tal cosa?”
Ella dijo: “Oiga, señor, ¿hay alguna manera de que me pueda llevarme a dónde está él?” Dijo: “Si Ud. me lleva a donde él está, encontraré a mi papi después de eso”. Oh, Dios mío. Eso fue demasiado para mí. “Encontraré a mi papá si puedo entrar allí”. Expectativa, si ella alguna vez llegaba a donde Dios se estaba moviendo, algo iba a suceder.
30 Pensé en eso de ese ciego, esta mañ— esa mañana. Entonces pensé en la anciana ciega Fanny Crosby:
No me pases, gentil Salvador.
Escucha mi humilde clamor;
Mientras que en otros, Tú estás llamando,
No me pases.
Tú eres la Fuente de todo mi consuelo.
Más que vida para mí,
31 Pensé: “Esa pobre y ciega muchacha Etíope, parada allí, cómo lo intentaba…”. Si un ciego pudo recibir su vista, ¿por qué no podría ella? Y allí sentí pena por ella. Yo dije: “Mira; quédate muy callada ahora, ¿Lo harás?”
Y ella dijo: “Sí, señor. ¿Va a llevarme?”
Y yo dije: “Sólo un momento ahora. Ahora, nadie sabe que estamos hablando”. Le dije:“ ¿Quieres… a quién decías que quieres ver? ”
Ella dijo: “Al sanador”.
Yo dije: “Mira. ¿Quieres decir que quieres ver al Hermano Branham?”
Ella dijo: “Ese es él”.
Yo dije: “Yo soy el Hermano Branham”. Dijo… Y ella me agarró así, y ella dijo… Yo dije: “Mira, suéltame. Gira…”
“Oh no. No, no”. Me agarró así. Dijo: “No”. Ella dijo: “¿Es Ud. el sanador?”
Yo dije: “No, yo soy el Hermano Branham. Jesús es el Sanador”.
Ella dijo: “Bueno, tú eres el hombre que oró por ese hombre que recibió… Oh…” Ella dijo: “Gracias, Señor. Gracias, Señor”. Sólo agarrándome así, justo de las solapas del abrigo.
Le dije: “Mira, dama, quiero tomar tu mano”, pero no había forma de hacerlo. No pude soltar sus manos. Me tiraba así, y ella me quitaba el abrigo. Y yo no quería llamar la atención, así que solo agarré sus manos así y las sostuve. Le dije: “Ahora, incline tu cabeza y no digas nada. Mantente en silencio, ¿Ves?”, dije: “porque la gente empujará hacía acá, y entonces no podré orar por ti”.
Y ella dijo: “Lo escucho. Lo escucho”.
Y dije: “Ahora, inclina tu cabeza y ¿crees que Jesús te va a dar la vista?”
Ella dijo: “Sé que es Él ahora”.
32 Y así que ella inclinó su cabeza así. Y yo… Aquí está la oración que hice. Yo dije: “Dios Todopoderoso, el Creador de los cielos y la tierra, respeta la oración de esta pobre muchacha negra”. Yo dije: “Hace unos mil novecientos años, había una antigua cruenta cruz que bajando de Jerusalén, arrastrando las sangrientas huellas del Portador. En Su camino hacia la colina, Su pequeño cuerpo frágil, con tal carga, cayó. Él no podía ir más lejos. Él estaba sangrando; una corona de espinas sobre Su cabeza; y Sus hombros irritados; Su espalda sangrando; azotado y herido; la sangre cayendo por toda la calle; Su pequeño cuerpo frágil cayó. Simón, el Etíope, un hombre de color, vino, recogió la cruz y dijo: Lo ayudé a llevar la cruz.” Dije:“ Querido Dios, Tú te acuerdas de eso, Señor Jesús”. Le dije:“ Aquí está una de Sus hijas, tambaleándose en total oscuridad. Y no sé por qué me enviaste a este lado de este edificio, pero se nos enseña que los pasos del justo son ordenados por Dios. Entonces, Señor, todo lo que sé hacer es pedirte. Ruego que le des su vista a esta pobre muchacha. Concédelo, Señor”.
La vibración del cáncer, o los tumores en sus ojos; las cataratas se detuvieron. Esa es la única manera que yo tenía de saber en esos días. Uds. saben cuándo sucedió eso, testifiqué que este otro vendría. Yo sabía que ella estaba sana entonces. Yo dije: “Ahora, mantén la cabeza inclinada”. Le dije: “No levantes tu cabeza hasta que te lo diga ahora. Ahora, mantén los párpados cerrados”.
Ella dijo: “Sí, señor”. Ella dijo: “Siento mis ojos muy fríos”.
Le dije: “Solo mantén la cabeza inclinada”. Le dije: “Ahora, levanta la cabeza hasta el punto en el que crees que me mirarás directamente a mí”.
Ella dijo: “Sí, señor”. Dijo: “¿Está bien así?”
Y dije: “Ahí está bien”. Dije: “Ahora, en el Nombre del Señor Jesús, recibe tu vista. Abre tus ojos”.
Ella dijo: “¿Son esas luces?”
Y yo dije: “Sí”.
Dijo: “¿Qué son esos negros— esos puntos que pasan a mi lado?” Dijo: “¿Es eso gente?”
Yo dije: “Sí”.
Ella dijo: “Oh, Señor, yo quien una vez estuve ciega, ahora puedo ver”. Oh, hermano, ella atrajo a todo mundo alrededor. Ella gritó y saltó en el aire.
33 Y en ese momento, comencé a pasar en medio por si podía llegar a la esquina y ver si los hombres ya habían llegado. Y vi a un anciano parado allí, con el pie torcido sobre una estera, postrado, parado ahí con un bastón así, sujetándolo. Dijo: “Hermano Branham, yo lo conozco”. Dijo: “He estado parado aquí durante ocho días bajo esta lluvia”. Dijo: “En dos días no he podido comer mientras estoy sentado aquí esperando”. Expectativa.
Yo dije: “¿Cree Ud.?”
Él dijo: “Solo pídale a Dios. Dios hará el resto”.
Dije: “Entonces dame su bastón, en el Nombre del Señor Jesús”. Aquí está mi Biblia delante de mí. Con mi vista sostenida, y espero ver a Jesús algún día. Y lo vi cuando tenía su pierna así. Tenía un montón de niños en casa. Él se aferraba a este viejo bastón así.
Él dijo: “Sí, señor”, y él entregó eso… Mientras lo alcanzaba así… Cuando sus piernas… Saltó en el aire de esa manera, y gritó al máximo de su voz, y comenzó a gritar y a levantar sus manos así.
Y empecé a tranquilizarme… Vi a estos hombres tratando de alcanzarme y todos empezaron a correr desde todas las direcciones. Y, amigos, la gente, tratando de alcanzarme, trataban de sostener a los bebés así, tratando de hacer que incluso me tocaran o algo: fe, fe, expectativa. Ellos creyeron.
34 Y escuchen, esto no es pecado. Hasta ese momento, no tenía—yo no tenía un traje de ropa. Ni siquiera les dejaba recoger una ofrenda para mí. Correcto. Solo… Simplemente subsistía de lo que la gente me enviaba por correo. Y mi hermano, uno de mis hermanos solteros, había estado en un accidente con un viejo traje marrón. Recuerdan, Uds. de Arkansas, yo lo tenía puesto: un abrigo de un tipo, pantalones de otro. Los pantalones… Primero, cuando empezamos, él había tenido un accidente, se rompió el bolsillo de esta manera en el auto, y lo cortó de un lado, en dos o tres lugares. Y mi esposa y yo fuimos a la tienda de diez centavos y compramos esos que parecen parches (¿Los conocen?) los ponían con una plancha caliente y los planchábamos de un lado a otro. No sé, alguna clase de parche. Y así es como los parchábamos. Y este bolsillo del abrigo aquí, tomé una aguja y la enhebré y lo cosí. Y estoy muy lejos de ser un sastre. Y lo cosí de ese modo.
35 Y es la verdad, cuando me reunía con predicadores, yo, los predicadores venían. Yo no conocía a muchos predicadores. Y cuando me reunía con ellos, yo estaba avergonzado de ese viejo abrigo harapiento. Yo ponía mi mano encima así con mi brazo derecho y con mi mano izquierda estrechaba su mano y decía: “Disculpe mi mano izquierda, pero esta está más cerca de mi corazón”. La cosa era… No era eso. Era ese viejo abrigo harapiento que yo no quería que vieran. Eso es correcto. Pero déjeme decirle algo, hermano. En medio de todo eso, el Señor Dios del cielo, la gente empujaba y se agolpaba, tratando de tocar ese viejo abrigo harapiento y estaban sanado. Ellos esperaban a que si podían tocar, Dios los recompensaría. Ese mismo Dios que estuvo en Arkansas esa noche está aquí hoy, si tan sólo pueden esperar en Dios. No era… Ese viejo abrigo harapiento no tenía nada que ver con eso; fue esa fe de las personas en Dios. Lo habían visto moverse y ellos creían eso. Si no están en expectativa de nada, no pueden recibir nada.
36 Simeón… Ojalá hubiera tenido tiempo de meterme en eso. Pero aquí estaba Simeón, un anciano, a quien el Espíritu Santo le había prometido que no iba a morir sin antes ver al Cristo del Señor. A él no le importaba lo que dijera el resto de la asociación ministerial; él creyó que el Espíritu Santo se lo había dicho. No hay dos Espíritus Santos; sólo hay uno. Ese mismo Espíritu Santo que le dijo a Simeón eso— que él esperaba ver al Cristo, es el mismo Espíritu Santo que les está diciendo que hay una Fuente llena de Sangre, sacada de las venas de Emanuel. Eso es correcto. Ese mismo Espíritu Santo que les dice que hay una Fuente abierta para la sanidad. ¿Cuántos de Uds. creen que hay salud en la Fuente? ¿Veamos?
Escuchen. ¿Saben qué? David dijo: “Como el abismo llama al abismo…” El abismo, los desagües… Miren aquí, tiene que haber un abismo que responda a cada llamado del abismo aquí. ¿Lo creen?
Miren aquí. Y de lo contrario, antes de que haya una aleta en la espalda de un pez, tenía que haber agua primero para que él nadara, o no habría tenido la aleta. ¿Es eso correcto? Seguro que lo es.
37 Y miren aquí; vi un artículo en el periódico hace a unos años, hace uno o dos años, cuando un pequeño bebé se había comido los borradores de los lápices. Se comía los pedales de una bicicleta. Dijeron: “¿Qué le pasa al niño?” El médico examinó y analizó su sangre; y llegó a descubrir, que él necesitaba azufre. El azufre está en el caucho. ¿Ven? Un abismo llama a otro abismo. ¿Ven lo que quiero decir? Ellos tuvieron que… Si hay una llamado… Si hay un llamado aquí por azufre, pidiendo azufre, tiene que haber azufre en algún lugar para responder, o no habría un llamado por azufre. ¿Ven lo que quiero decir? Oh, hermano, cómo me siento: muy religioso.
Escuchen. Déjenme decirles algo ahora. Si hay un abismo llamando… Aquí no hace mucho tiempo, cuando la iglesia comenzó a enfriarse y formalizarse a través del gran avivamiento de Wesley, la gente comenzó a tener hambre por más de Dios. Si Uds. tienen hambre por más de Dios, es probable que haya más de Dios para responder a eso en alguna parte. Si solo han sido justificados por la fe y no saben nada acerca del bautismo del Espíritu Santo, y tienen hambre de él, tiene que haber un Espíritu Santo en algún lugar para llenar esa hambre. Eso es correcto. Y si creen hoy que hay un Dios que sana, tiene que haber una Fuente abierta en algún lugar para sanidad, o ese deseo no estaría allí.
En otras palabras, así: antes de que hubiera una creación aquí, tiene que haber un Creador para crear esa creación. ¿Es eso correcto? Y si hay una creación en su corazón aquí para tener hambre y sed de sanidad Divina, de un Dios que tendrá misericordia de Uds., tiene que haber un Dios en algún lugar para tener misericordia que produce esa creación. Amén. Ahora, eso es verdad. Algo, Uds. tienen hambre…
38 Bueno, ¿no es eso extraño? Miren a Simeón. El Espíritu Santo le prometió: “No verás la muerte hasta que veas al Cristo”.
“Pues”, Dijeron: “David lo buscó, y éste lo buscó, y este lo buscó a Él”.
“No importa lo que ellos lo buscarán, el Espíritu Santo me lo ha dicho así”. Él esperaba verlo. A Él no le importaba lo que la gente dijera; él estaba en expectativa.
Cuando Jesús nació en Judea, en Belén, hubo algunos astrónomos que vigilaban a través observatorio estrellas místicas. Ninguno de los hombres en el observatorio, o el planetario, la vieron. Ellos no sabían nada al respecto. Pero mi Biblia dice que ellos siguieron una estrella. Yo lo creo. Ellos lo vieron. Era para ellos.
La sanidad Divina hoy, no es para el incrédulo; es para los que creen. El bautismo del Espíritu Santo hoy no es para los incrédulos; Es para los que creen. Jesús murió por los creyentes, no por los incrédulos; es para los que creen. Lo Sobrenatural sigue a quién tiene una mentalidad sobrenatural. Es eso correcto. Cuando el hambre y la sed, cuando tienen una expectativa, cuando leen la Palabra de Dios y esperan ver a Dios hacer lo que Él dijo que haría, Dios lo hará.
39 Aquí viene… Puedo ver allá en aquel día cuando nació Jesús. Aquí unos pastores allá fuera… Los Ángeles bajaron. Nunca fueron a la gran iglesia. Nunca fueron a lo alto y exaltado, y educado, y aquellos con los DDs [Doctorado en Divinidad-Trad.] Ellos vinieron a los pastores, los campesinos.
Discúlpenme por gritar. No estoy emocionado. Yo sé dónde estoy. Ajá. Eso es correcto. Si sienten que lo estoy, Uds. probablemente estarían haciendo las mismas cosas. Permítanme decirles. Lo que es hoy, es Dios el mismo ayer, hoy, y por los siglos; Él no cambia. Él se mueve entre la gente. Él es el Sobrenatural. Él es el Todosuficiente.
Cuando Él le apareció a Abraham cuando tenía cien años de edad, Él dijo: “Yo soy El Shaddai”. “El Shaddai” que significa… “El” viene de Dios. “Shaddai” de Shadah, que significa “el pecho, como de una mujer”. En otras palabras, “Abraham, yo soy el que tiene pechos. Tú sólo ven a Mí. Sé que eres anciano, y no puedes— tú no puedes ver cómo será posible; pero sólo inclínate aquí en Mi pecho y yo te mostraré cómo lo haré”. Él aún es el Todopoderoso. Él es el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, y nosotros somos la simiente de Abraham. Estando muertos en Cristo tomamos la simiente de Abraham y somos herederos conforme a la promesa. ¿Pues no debiéramos nosotros creer lo Sobrenatural? Amén. Fíjense. No se asusten. “Amén”. Quiere decir: “Así sea”.
40 Muy bien. Observen con atención ahora. Puedo ver a Simeón allá atrás en el templo esa mañana. Ellos no tenían radio, y prensa, y cosas, la manera que hoy tenemos de esparcir las noticias, si la hubieran tenido, jamás habrían sabido nada al respecto. Ellos dijeran: “Sólo algunos fanáticos por allá”. Y: “Una mujer ha dado a luz a un bebé por allá. Es un hijo ilegítimo, ¿Qué hay con eso?” Ni siquiera lo pusieran en los periódicos; no perderían el tiempo. Nosotros tenemos que discutir acerca de política: Quien será el próximo político o algo; ya sea si Herodes va a ser electo el próximo o no“. ¿Ven? Ellos no habrían puesto eso ahí.
Lo que el hombre llama tontería, Dios lo llama extraordinario. Lo que el hombre llama insensatez, Dios lo llama grande para y lo que… Y viceversa. Eso es correcto. Lo que para Dios parece insensatez, para el hombre es extraordinario. Lo que para Dios es grande, para la gente es insensatez. Uds. tienen que salir del mundo para entrar a la esfera sobrenatural para entenderlo. Ciertamente, tienen que hacerlo.
41 Ahora, quiero mostrarles algo aquí con la ayuda del Espíritu Santo. Y espero que penetre bien profundo en su alma.
Miren. Tomemos un lunes en la mañana, digamos que era lunes. Cada vez que había algunos niños Hebreos… un par de millones de más Judíos en Palestina en aquel tiempo, cada ocho días tenía que haber una circuncisión para los niños. Ellos tenían que ser circuncidados, la purificación de la madre en el octavo día. Bueno, imagínense cuántos niños nacían en veinticuatro horas. Todos los días había una fila de mujeres paradas con sus bebes para ser circuncidados y la purificación. Lo correcto…
Y una persona rica normal podía ofrecer un cordero, un macho sin defecto. Una persona pobre tenía un palomino para ofrecer. Ahora, miremos aquí. Hagamos un pequeño drama aquí un minuto. Oh, yo sé que Él está cerca. Oh, si yo pudiera de alguna manera, justo en esos momentos cruciales así como estoy parado ahora… si pudiera transferirles lo que estoy pensando ahora, lo que estoy haciendo, no habría ni una persona enferma en el edificio o uno sin ser salvo. Desearía poder hacerlo, pero no está en mi capacidad. Oh, hermano, cómo Sus alas cubren el lugar.
42 Miren a Simeón. Echemos un vistazo a esa línea que está allí, una fila de madres. Allí hay una mujercita parada, una muchachita Hebrea de casi dieciocho años de edad, casada con un hombre de casi cuarenta y cinco. Ella todavía es virgen. Sostiene a un bebito en sus brazos, envuelto en pañales. Esa es la cosa de la parte del yugo del buey. Los cuelgan allí en el establo. Ellos afirman que eso era. Y lo envolvieron en eso: sin ropa, sin embargo, Él era el Rey de la gloria.
Ella tenía un mal nombre que enfrentar. “Ella era una mujer que vivía inmoral, y este bebé había nacido fuera del santo matrimonio”, así decía el mundo. Pero ella sabía de Quien era ese Bebé. Y ahí está ella esa mañana, con un Bebé en sus brazos, sosteniendo la ofrenda del campesino, un palomino, sosteniendo al amiguito mientras observa al Bebé, el velo sobre su cara. Las otras mujeres diciendo: “¿Saben?, ese eh… lo que ella es. Ese bebé nació sin un padre”. ¿Ven? “Aléjense; no se le acerquen”. ¿Ven? Ella se quedó sola ahí, pero ella, igual como toda genuina persona sobrenaturalmente renacida, muchas veces tiene que pararse sola. Pero si uno sabe… Eso no molestó a María. Ella sabía todo lo que estaba sucediendo.
Aquí viene él. La línea avanza un poquito. Ellos llamaron a otra madre. Tomaron la ofrenda. El sacerdote llega para circuncidar al niño. María se acerca unos pasos más. Muy bien.
43 Echemos un vistazo un poco más allá en una habitación pequeña. Veo en un cuarto de oración, a un anciano sabio sentado por ahí. Tenía un pergamino desenrollado, leyéndolo. La cabellera blanca colgándole, la barba blanca, bien mayor en sus noventas, todos decían: “Él es un poco raro (¿Saben?), porque él dice que va a ver al Cristo. ¿Alguna vez pensaron semejante cosa?” Pero él esperaba verlo, leyendo el rollo. “Todos nos descarriamos como ovejas. El Señor ha puesto sobre Él las iniquidades de todos nosotros. No lo estimamos, herido de Dios y abatido; mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo… paz fue sobre Él; por Sus llagas fuimos nosotros curados”. Puedo ver a ese sacerdote anciano frotar sus ojos, mirar de nuevo, y casi… Él estaba esperando, dijo: “Ahora, Espíritu Santo, Tú me dijiste que uno de estos días lo vería”.
Y como en ese momento el Espíritu Santo dijo: “Simeón, levántate”. Aleluya.
“¿Qué pasa, Señor?” Algo está sucediendo…
“Comienza a caminar, Simeón. Te lo prometí. Has estado esperando algo. Te voy a mostrar algo, porque tú has estado esperando algo”. Eso es correcto. “Voy a mostrarte algo…”
44 Muy bien, aquí viene caminando. “No sé a dónde ir, Señor, pero Tú dijiste: Solo camina”. Lo veo caminar entre ese grupo de personas; llegar a esa fila de mujeres; va al lado de esas mujeres buscando. Se detuvo al lado de esa mujercita con ese Bebé envuelto en sus brazos, se acercó y levantó al Muchachito; lo miró; dijo: “Señor, despides a Tu siervo en paz, conforme a Tu Palabra; porque han visto mis ojos Tu salvación”. ¿Por qué? Él lo reconoció. Él lo sabía. Él tenía la promesa. Aleluya.
No tengan miedo. Aleluya significa: “Alabad a nuestro Dios”, y Él es digno de todas las alabanzas que podamos darle. Muy bien. Miren esto, amigos. Uds. vayan, llámame santo rodador de todos modos, así que bien pueden empezar.
Miren. Déjenme decirles algo. Miren. Él lo estaba esperando. Él tenía la promesa de Dios. Y cuando llegó, Él lo reconoció. Aleluya. Cualquier hombre o mujer que tenga una promesa de Dios, cuando llegue, lo reconocerá. Cuando el Espíritu Santo está en este edificio, yo lo reconozco. Cristo, el Sanador está aquí; yo lo reconozco a Él. David dijo: “Daré a conocer mis alabanzas; Levantaré mi voz mientras lo adoro y le alabo; en la congregación de los santos lo alabaré”. Seguro. Aquí está Él.
45 Pienso en él, viniendo por allí, tomando a ese Bebé. Dios lo había prometido. Y cuando Dios lo prometió, el Espíritu Santo bajó y dijo: “Ahora, Simeón, has estado esperando verlo; ven afuera. Quiero que lo veas porque lo has estado buscando”.
El mismo Espíritu Santo que llevó a Simeón allí a ver al Niño Cristo en los brazos de Su madre, cuando lo esperaba, el mismo Espíritu Santo los ha guiado aquí a este día. ¿Creen Uds. en la sanidad Divina? ¿Sí? Digan: “Amén”. ¿Creen en la sanidad Divina? ¿Están esperando ser sanados? Bueno, el mismo Dios que prometió la sanidad Divina está aquí en la Fuente. Esperen algo. Créanlo. Señales y maravillas….
46 Miren ahora en un rincón, ya que tenemos una visión mental. Veo a una anciana profetisa, sentada allí llamada Ana. Nos dicen que ella era ciega. Una vez vivió con un hombre… Ella fue llamada virgen, pero una vez había vivido con un hombre, unos siete años. Y él había muerto, así que solo vivía en el templo, orando constantemente por la Consolación del pueblo. Y el Espíritu Santo estaba sobre ella. El Espíritu Santo la impactó y le dijo: “Ana, tú has estado buscando la Consolación de Israel. Levántate”. Oh, hermano, puedo verla venir; ciega, moviéndose a través de las personas, guiada por el Espíritu Santo, moviéndose a través de las personas. Llega hasta donde Simeón tiene en brazos a ese Bebé, levantó sus manos y bendijo a Dios. Ella lo estaba esperando.
Hermano, hermana, Él está aquí esta tarde para bendecir, para agregar gracia, para hacer cualquier cosa que Ud. espera que Él haga. ¿Lo creen? ¿Creen que Él nos va a dar una gran reunión esta noche? Mi tiempo ha terminado. Inclinemos nuestras cabezas.
47 Dios Todopoderoso, oh Dios, ten misericordia, ten misericordia. No sé lo que digo, Señor. Estoy perdido por las palabras cuando pienso que te oro a Ti y te digo: “¿Qué puedo ver cuando veo que el nombre de Icabod está escrito en todo el país?” La gloria del Señor se está yendo, y la gente, Señor…. Oh Cristo de Dios, envía una reunión arrasadora chapada a la antigua, Señor. Concédelo, para que la gente vea que estás enviando a Tu Ángel. Él está confirmando la Palabra. Señales y maravillas están siguiendo; están sucediendo grandes cosas, como se nos enseña en la Biblia: “Un poco y el mundo no me verá más. Mas vosotros me veréis”. Ud., ¿quién? El que espera. “Estaré con vosotros, aun en vosotros, hasta el fin del mundo”. Tú dijiste: “Estas cosas no las hago… El Padre me muestra qué hacer”. Y aquí estás ahora, noche tras noche, noche tras noche, día tras día, lugar tras lugar, obrando, probando, mostrando Tu gran poder y manifestación; que Tú eres el mismo ayer, hoy y por los siglos. Dios, despierta a la gente, rápidamente, Señor. Ruego para que despierten antes de que se acabe el tiempo.
Oh, el día está avanzado y la noche está llegando cuando nadie puede trabajar. Señor Dios, envía un poder chapado a la antigua de despertar en este edificio esta noche, y que haya personas llenas del Espíritu Santo; esos que están descarriados y se han ido, que sean llamados de regreso al reino de Dios. Concédelo, Señor. Ruego que cada ciego vea esta noche; todo lisiado caminará; todo cáncer será matado; todo sordo oirá; todo mudo hablará Y todo… El poder de Dios llevará la reunión, bien profundo en las esferas más allá, donde la gente ni siquiera sabrá lo que están haciendo; pero que el poder de Dios pueda sanar a cada uno de ellos. Concédelo, Señor. En el Nombre de Jesucristo, lo pido. Amén. Dios les bendiga.
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